ANA MARÍA IZA

 

LA ADVERTENCIA

Señores:
el trasatlántico se hunde,
mucho pesa la angustia sobre el agua.

Desde mi camarote de tercera,
sudando tinta
os aviso
porque me da la gana.

Miro
pasar los barcos del odio confundidos
entre las alas de los alcatraces.

La salmuera
invade ya el oxígeno,
—en dónde esconderé mi frasco de aire—.

Dentro
de un tumbo,
la ola más grande de la tierra
nos tragará por necios.

No habrá
un valiente pescador que nos rescate.

No asomará un Noé
que nos construya
una cápsula a prueba de naufragios.

Señores:
Yo no tengo médicos de cabecera,
ni bienes raíces,
ni día fijo,
ni nada fijo.

No me gusta.

Pero amo la vida como pocos.

Amo la vida
como amáis vosotros las monedas,
los cocos las palmeras
y el queso los ratones.

Yo
defiendo la vida como puedo.
Aquí
se pasa riendo y llorando.
Lindo.
Señores:
No me hundan.




CARTA A MÍ MISMA


¿Recuerdas
cuando era el teléfono un pájaro
cantando en el alambre... ?

Nunca creíste
que sólo se trataba de un vil artefacto.

Eras insoportable.
Por eso hasta quisiste un lunes
regalarte.

Tenías la mirada llena de barcos.
Dabas de comer
a los perros del parque
y te sabías de memoria el número
de árboles,
a fuerza de ser viento,
de ser hoja,
de husmear
no sé qué estrella entre las ramas.

Eras
un raro espécimen,
una degeneración futura,
un grifo siempre yéndose,
ya ni sé qué decirte,
eras
algo bastante feo que me gustaba.

Te pregunto,
por preguntarte,
porque sí,
porque llueve
y algún entremetido te ha empujado:
¿Qué harías si te dejara libre,
si de un manotón quitara la montaña ...?

De ley
irías a refugiarte en la ternura,
a estrellarte en el borde de un retrato.
A escabar en el suelo un sucio anillo
del que nacieron rosas,
lombrices,
telarañas.

Tú,
siempre serás tú.

No habrá abracadabra que te cambie.
No habrá

reencarnación que te libre del lodo de los sueños.
No habrá forma
de librarse de ti
ni estrangulándote.

Oye:
no vayas
a suicidarte.
Me es indispensable tu presencia:
triste,
desafiante.

Terminada en punta
-como una hoja-
detrás de la ventana.

 




Ana María Iza, poeta y periodista ecuatoriana nacida en Quito en 1942. Suspendió los estudios universitarios para ingresar al Conservatorio Nacional de Música.   Formó parte de la selección de seis poetas ecuatorianos que aparecieron en "Young poetry of the American", edición de la Unión Panamericana, de Washington.  Obtuvo el Premio Nacional de Poesía "Ismael Pérez Pazmiño" convocado por el periódico "El Universo" de Guayaquil en los años 1967, 1974, 1984 y 1995.
Su obra poética está contenida en los siguientes volúmenes: Pedazo de nada 1961,  Los cajones del insomnio 1967, Puertas inútiles 1968,  Heredarás el viento 1974,  Fiel al humo 1986, Reflejo del sol sobre las piedras 1987,  Papeles asustados 1994,  Herrumbre persistente 1995. Cuento: La casa de tía Berta (Quito, 1974). Consta en las antologías: Lírica ecuatoriana contemporánea (Bogotá, 1979); Antología de la poesía ecuatoriana (1985), Poesía viva del Ecuador (Quito, 1990); Between the Silence of Voices: An Anthology of Contemporary Ecuadorian Women Poets (Quito, 1997)