FERNANDO GARAVITO

 

EJERCICIOS DE SOLEDAD

Estamos solos la mosca y yo
en esta tarde de sábado.
No intento sorprenderla como ella,
que surge sin saber cómo
mientras levanto la vista del libro donde leo
de atardeceres y congojas.
Lo más admirable de la mosca no es su vuelo geométrico
ni su lenguaje de figuras,
sino esa suerte echada que la distingue
y que la obliga a aceptar el destino
de haber llegado a morir a este sitio sin boñigas,
donde el único horizonte posible es la almohada.
Es evidentemente joven la mosca,
de pequeño tamaño, silenciosa, casi aséptica,
ni siquiera con el deseo de encontrar una borona,
un compañero,
con el que pueda hablar de sus preocupaciones de mosca
-que yo ignoro-,
de viajes al basurero y a los desperdicios,
que ella haría con actitud deportiva en caso de no haberse
extraviado aquí
lejos de sus hermanas.
Sé bien que las moscas no son acariciables
menos con el pensamiento,
de suerte que me acostumbro a pensar en ella
como un hecho súbito que surge y desaparece,
para nada necesitada de mí o de mi creencia,
satisfecha consigo misma en sus esguinces y rincones.
Esta mosca es lo menos mosca que haya conocido,
pero ella debe saberse mosca para ser tan encantadoramente solitaria:
toda clasificación parte de mí, a ella la tiene sin cuidado
ser mosca u hombre o elefante,
en su fuero íntimo le importará poco que ella sea hombre y yo mosca,
y no se extrañará de no verme volar
cuando compruebe que llevo mis dos patas a la cabeza
y la sacudo para que produzca palabras y pensamientos,
o cuando suene el teléfono trayéndome tus noticias
o cuando me siento descuidadamente cerca del periódico,
mientras le ayudo a que aparezca muerta y ya. Como yo, como todos.


*Fernando Garavito Pardo (Bogotá, 1944). Bachiller del Colegio Mayor de San Bartolomé. Estudió derecho en la Universidad Javeriana y se graduó con honores 27 años después de terminar la carrera con una tesis sobre El poeta Julio Flórez frente al Código Penal. Empezó el periodismo en la universidad. Trabajo en diferentes medios impresos, y allí hizo conocer sus reportajes a políticos, artistas e intelectuales, firmados como Juan Mosca. Algunos de ellos fueron libros: Bogotá, ayer, hoy y mañana (1978); El corazón de oro (1993); Querido Ernesto (1993) y Tres años de soledad (1994), País que duele (1995). Dirigió Estravagario, suplemento del periódico El Pueblo, de Cali, publicando colaboraciones de los principales escritores de los años setenta. Actualmente pertenece al servicio diplomático. Sus libros de poemas son: Já (1976) e Ilusiones y erecciones (1989). Preparó las antologías Diez poetas colombianos (1976); Cien años de poemas de amor (1991) y Cien mujeres colombianas (1992) en colaboración con Fernando Umaña Pavolini.



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