EJERCICIOS DE SOLEDAD
Estamos solos la mosca y yo
en esta tarde de sábado.
No intento sorprenderla como ella,
que surge sin saber cómo
mientras levanto la vista del libro donde leo
de atardeceres y congojas.
Lo más admirable de la mosca no es su vuelo geométrico
ni su lenguaje de figuras,
sino esa suerte echada que la distingue
y que la obliga a aceptar el destino
de haber llegado a morir a este sitio sin boñigas,
donde el único horizonte posible es la almohada.
Es evidentemente joven la mosca,
de pequeño tamaño, silenciosa, casi aséptica,
ni siquiera con el deseo de encontrar una borona,
un compañero,
con el que pueda hablar de sus preocupaciones de mosca
-que yo ignoro-,
de viajes al basurero y a los desperdicios,
que ella haría con actitud deportiva en caso de no
haberse
extraviado aquí
lejos de sus hermanas.
Sé bien que las moscas no son acariciables
menos con el pensamiento,
de suerte que me acostumbro a pensar en ella
como un hecho súbito que surge y desaparece,
para nada necesitada de mí o de mi creencia,
satisfecha consigo misma en sus esguinces y rincones.
Esta mosca es lo menos mosca que haya conocido,
pero ella debe saberse mosca para ser tan encantadoramente
solitaria:
toda clasificación parte de mí, a ella la tiene
sin cuidado
ser mosca u hombre o elefante,
en su fuero íntimo le importará poco que ella
sea hombre y yo mosca,
y no se extrañará de no verme volar
cuando compruebe que llevo mis dos patas a la cabeza
y la sacudo para que produzca palabras y pensamientos,
o cuando suene el teléfono trayéndome tus noticias
o cuando me siento descuidadamente cerca del periódico,
mientras le ayudo a que aparezca muerta y ya. Como yo, como
todos.
*Fernando Garavito Pardo (Bogotá, 1944).
Bachiller del Colegio Mayor de San Bartolomé. Estudió
derecho en la Universidad Javeriana y se graduó con
honores 27 años después de terminar la carrera
con una tesis sobre El poeta Julio Flórez frente al
Código Penal. Empezó el periodismo en la universidad.
Trabajo en diferentes medios impresos, y allí hizo
conocer sus reportajes a políticos, artistas e intelectuales,
firmados como Juan Mosca. Algunos de ellos fueron libros:
Bogotá, ayer, hoy y mañana (1978); El corazón
de oro (1993); Querido Ernesto (1993) y Tres años de
soledad (1994), País que duele (1995). Dirigió
Estravagario, suplemento del periódico El Pueblo, de
Cali, publicando colaboraciones de los principales escritores
de los años setenta. Actualmente pertenece al servicio
diplomático. Sus libros de poemas son: Já (1976)
e Ilusiones y erecciones (1989). Preparó las antologías
Diez poetas colombianos (1976); Cien años de poemas
de amor (1991) y Cien mujeres colombianas (1992) en colaboración
con Fernando Umaña Pavolini.
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