EL ALBATROS
Traducción de Enrique López Castellón
A menudo, por divertirse, los hombres de la tripulación
cogen albatros, grandes pájaros de los mares,
que siguen, como indolentes compañeros de viaje,
al navío que se desliza por los abismos amargos.
Apenas les han colocado en las planchas de cubierta,
estos reyes del cielo torpes y vergonzosos,
dejan lastimosamente sus grandes alas blancas
colgando como remos en sus costados.
¡Qué torpe y débil es este alado viajero!
Hace poco tan bello, ¡qué cómico y qué
feo!
Uno le provoca dándole con una pipa en el pico,
otro imita, cojeando, al abatido que volaba.
El Poeta es semejante al príncipe de las nubes
que frecuenta la tempestad y se ríe del arquero;
desterrado en el suelo en medio de los abucheos,
sus alas de gigante le impiden caminar.
*Charles Baudelaire, nace en París
el 9 de abril de 1821. Tiene 6 años cuando su padre,
un sacerdote que había colgado los hábitos convertido
en funcionario, muere sexagenario. Su madre se vuelve a casar
poco después con Aupick, un oficial que llegará
a ser general comandante de la plaza fuerte de París.
El niño siente aversión por este padrastro,
y en los internados donde está pensionado, en virtud
de las extravagancias de su detestado padrastro, se aburre,
soñando ser «ora papa, ora comediante».
Después de su bachillerato, rechaza entrar en la carrera
diplomática con el apoyo de su padrastro. No quiere
ser sino escritor. En gran perjuicio de su familia burguesa,
que él horroriza con sus calaveradas, frecuenta la
juventud literaria del Barrio Latino. Un consejo de familia,
bajo la presión del general Aupick, lo envía
a las Indias, en 1841, a bordo de un navío mercante.
Pero Charles Baudelaire no quiere probar la aventura en el
confín del mundo. No desea más que la gloria
literaria. Durante una escala en la Isla de la Reunión,
no acude a presencia del capitán y vuelve a París
a tomar, puesto que ha alcanzado su mayoría de edad,
posesión de la herencia paterna. Se une a Jeanne Duval,
una actriz mulata de la cual, a pesar de frecuentes desavenencias
y numerosas aventuras, seguirá siendo toda su vida
el amante y el sostén. Amigo de Théophile Gautier,
de Gérard de Nerval, de Sainte-Beuve, de Théodore
de Banville, participa en el movimiento romántico,
juega a ser dandy, y contrae deudas. Sus excentricidades son
tales que su madre y el general Aupick obtienen en 1844 del
Tribunal que sea sometido a un consejo judicial. Baudelaire,
herido, no se repondrá de esta humillación.
Privado de recursos, no cesará desde entonces de evitar
los acreedores, mudándose, escondiéndose en
casa de sus amantes, trabajando sin descanso sus poemas intentando
mientras tanto ganarse la vida publicando artículos.
Una primera obra marca sus comienzos como crítico de
arte. Loa a su amigo Delacroix, critica a los pintores oficiales.
Ese mismo año, una tentativa de suicidio le reconcilia
provisionalmente con su madre. En 1846, descubre la obra de
Edgar Poe, ese maldito de Ultramar, allende el Atlántico,
ese otro incomprendido que se le asemeja, y, durante diecisiete
años, va a traducirla y revelarla. Después de
la revolución de 1848, en la cual ha participado más
por exaltación que por convicción (durante las
revueltas, sugiere a sus compañeros de armas fusilar
a su padrastro...) prosigue sus actividades de periodista
y de crítico. En 1857, la publicación de Las
Flores del Mal juzgadas obscenas, crea escándalo. Baudelaire
debe pagar una fuerte multa. Sólo Hugo (que le escribirá
«Usted ama lo Bello. Deme la mano. Y en cuanto a las
persecuciones, son grandezas. ¡Coraje!»), Sainte-Beuve,
Théophile Gautier y jóvenes poetas admirados
le apoyan. Amargo, incomprendido, Baudelaire se aísla
aún más.
Su salud comienza a deteriorarse. Se ahoga, sufre crisis gástricas
y una sífilis contraida diez años antes reaparece.
Para combatir el dolor, fuma opio, toma éter. Físicamente,
es una ruina. En la soledad orgullosa donde él se ha
encerrado, dos luces: los escritos admirados de dos escritores
todavía desconocidos, Stéphane Mallarmé
y Paul Verlaine, sobre su obra que se resume en una única
recopilación. Las Flores del Mal, a lo que hay que
añadir los poemas en prosa del Spleen de París,
ensayos, (Los Paraísos artificiales, estudio sobre
los efectos del opio y del hachís), sus artículos
de crítica y su correspondencia. En 1866, durante una
estancia en Bélgica, un ataque lo paraliza y lo deja
casi mudo. Agoniza durante un año; amigos, para ayudarle
a sobrellevar el dolor, acuden junto a su lecho a interpretarle
Wagner. Se apaga a los 46 años, el 31 de agosto de
1867, en los brazos de su madre.