Porque las palabras pueden más que los
fusiles
por MANUEL TIBERIO BERMÚDEZ
II Encuentro Nacional e Internacional de Escritores
por la Paz de Colombia
10, 11 y 12 de noviembre de 2000 - Caicedonia, Valle del Cauca
- Informe especial de Enfocarte.com -
El documento denominado "DECLARACIÓN
DE CAICEDONIA" en el que los intelectuales asistentes
al II Encuentro Nacional e Internacional de Escritores por la
paz de Colombia, fijan sus posiciones frente a la realidad nacional,
fue la conclusión al finalizar este evento que duro 3
días y que tuvo como sede el municipio de Caicedonia,
al norte del Valle del Cauca.
En el documento analizan la guerra que nos envuelve
a todos y que de tanto disparo y tanta sangre nos tiene al borde
de la desesperanza. "La guerra colombiana -dicen los escritores-
avanza apoderándose de los lenguajes y de las conciencias,
y ya pareciera que lo fundamental en Colombia no es la vida
sino la muerte."
Así mismo los intelectuales reflexionan
sobre el Proceso de Paz actual, señalan lo que piensan
sobre el controvertido Plan Colombia, invocan la solidaridad
de los colombianos y alertan sobre "la vida o la muerte
de la nación".
El siguiente es el Texto de la Declaración
de Caicedonia:
DECLARACIÓN DE CAICEDONIA
La guerra colombiana avanza apoderándose
de los lenguajes y de las conciencias, y ya pareciera que lo
fundamental en Colombia no es la vida sino la muerte. Fruto
de los viejos males de una sociedad injusta y excluyente, la
guerra ha traído en los últimos tiempos nuevas
formas de acción, que no se detienen ante la masacre,
el secuestro, la extorsión, el destierro de vastas poblaciones
y la proscripción del pensamiento. En un territorio de
asombrosa riqueza natural, convertido en escenario de guerra
y en objeto de codicia, la población se ve cada vez más
inerme entre el fuego de los guerreros, sean paramilitares,
guerrilleros o fuerzas del Estado, de modo que, paradójicamente,
muchos ciudadanos comienzan a creer que la solución a
la guerra es la guerra, que la solución al horror es
el horror.
El actual proceso de paz, en el que la sociedad
entera ha puesto sus esperanzas, parece también haber
quedado preso de la lógica de la guerra. Una guerra que
no distingue al enemigo y prodiga las víctimas inocentes,
que recurre al chantaje del miedo para silenciar las conciencias
libres, que ha desterrado a dos millones de campesinos a los
suburbios de las ciudades y ha dispersado centenares de miles
de colombianos por el mundo, hasta construir, dentro y fuera
de las fronteras, un país en el exilio. En este proceso
de paz, donde la búsqueda del cese al fuego y de la negociación
son urgentes, lo que más se percibe hoy es la ausencia
de la ciudadanía, que parece esperar inerme las decisiones
de los guerreros. Mientras el gobierno cifra su estrategia de
paz en un "Plan Colombia" que oculta su naturaleza
militarista, grandes sectores de la población ven en
éste, con alarma, una injerencia norteamericana que "narcotiza"
el conflicto y amenaza con intensificarlo.
Poniendo el énfasis en la ayuda militar
y en el vicioso forcejeo político, el gobierno, que abandona
sus responsabilidades sociales y parece dispuesto a dialogar
con los guerreros pero no con los ciudadanos, desdeña
de un modo suicida el papel que deben jugar la cultura y la
educación en la conquista de la paz y la reconstrucción
del país.
Muchos intelectuales, escritores y artistas, que
deberían ser parte activa en la solución de la
tragedia nacional, permanecen callados por indiferencia o por
miedo. El extremo individualismo colombiano, unido a la persecución
del pensamiento, parecen justificar esa actitud, pero es vital
que esa comunidad creadora se una y participe en la búsqueda
de soluciones, demostrando cuán capaz es la cultura de
desencadenar efectos transformadores, de propiciar diálogos,
de cicatrizar las heridas de la barbarie y de ayudar a la reconciliación.
Si esta guerra que padecemos es producto del orden
social en que hemos vivido, la solución del conflicto
exige un replanteamiento del modelo social. Es allí donde
la recuperación de la memoria, la reinterpretación
del país, el diálogo de las culturas y una revolución
educativa se convierten en prioridades históricas. El
lenguaje creador recupera la memoria, da vigor a la conciencia
crítica y puede fortalecer el despertar de los ciudadanos.
De la presencia de la ciudadanía en el
proceso de paz, y de la irrupción en él de una
cultura creadora, va a depender ahora la vida o la muerte de
la nación.
Caicedonia, Noviembre 12 de 2000
Firman el documento: William Ospina, Arturo Alape, Oscar Collazos,
Julio Cesar Londoño, Oscar Piedrahita, Julián
Malatesta, Arturo Guerrero, Darío Henao, Elmo valencia,
Gustavo Escobar Baena, Miguel Fernando Caro, Joe Broderick,
Alejandro José López, Raúl Zelick y Ana
Milena Puerta.
SUMARIO DEL INFORME
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