Porque las palabras pueden más que los
fusiles
por MANUEL TIBERIO BERMÚDEZ
II Encuentro Nacional e Internacional de Escritores por la
Paz de Colombia
10, 11 y 12 de noviembre de 2000 - Caicedonia, Valle del Cauca
- Informe especial de Enfocarte.com -
ESCRITORES PARTICIPANTES
OSCAR COLLAZOS
Le correspondió abrir al escritor Oscar
Collazos, quien denominó su ponencia: "¿Nos
Volvimos Definitivamente Locos?". Con una voz grave y recia
el escritor nos dijo:
"Cada vez que se comete un nuevo crimen o
un genocidio, entre los tan sucesivos crímenes y genocidios
que se cometen en Colombia, nos preguntamos por el estado de
salud mental y ética de individuos y sociedad.
"Los colombianos nos volvimos definitivamente locos",
nos decimos, entre la indignación y impotencia, pues
hay que haber llegado a un alto grado de demencia para actuar
como actuamos, para matar como nos matamos y para seguir matándonos
precisamente en respuesta a la manera como se matan unos a otros.
Nos matamos, rematamos y contramatamos, por usar la dolorosamente
afortunada reflexión de la antropóloga María
Teresa Uribe".
Más adelante el escritor nos contó:
"Hace unos pocos días tuve la incómoda experiencia
de ser entrevistado por una emisora radial de Miami. Abrió
sus líneas a los oyentes y me aterró la irracionalidad
casi unánime de quienes llamaban, en su mayoría
colombianos humildes, en contados casos personas afectadas por
las acciones de la guerrilla, fugitivos de la extorsión
o del secuestro extorsivo. Una inmensa mayoría estaba
a favor de una intervención norteamericana. Léase
bien. No multinacional sino norteamericana. De nada valieron
mis argumentos. Ni siquiera el de aceptar que se estaban lanzando
señales de humo desde los países fronterizos y
que esas señales permitían prever un futuro de
intervenciones defensivas u ofensivas en territorio colombiano".
"Di por perdida la batalla de la cordura. Como la han dado
por perdida importantes sectores del país. Aquí
no vale el dicho según el cual la esperanza es lo último
que se pierde porque ya la desesperación ha hecho mella
en la conciencia de los colombianos. Ni guerrilla ni paramilitares
escuchan este clamor. Y en altos estamentos del Ejército
regular que representa al Estado, se extiende una desesperación
que sólo ve la solución del conflicto en el fortalecimiento
del poderío militar ofensivo. El sórdido pragmatismo
de la guerra conduce al fortalecimiento de posiciones, a la
recuperación de territorios, a golpes cada vez más
contundentes al enemigo, dando por supuesto que entre el "enemigo"
siempre hay víctimas inocentes".
Y remató su intervención con estas
palabras:
"Estamos aquí para hablar imaginativamente de la
guerra y de la paz. Supongo que los escenarios antes descritos
no consiguen más que aumentar nuestra zozobra. El otro,
lejano aunque probable, nos devuelve a la idea de una paz negociada.¿Será
necesario que se consiga, como lo predican el pragmatismo bélico
y la derecha política, gracias al debilitamiento militar
de la subversión? ¿O, por el contrario, podrá
esperarse de ésta un gesto definitivo de paz que abandone
la idea de llegar a la mesa de negociaciones, no como fuerza
beligerante fortalecida sino como propósito nacional
sin más costos que los de su responsabilidad ética?
Los politólogos son tal vez menos ingenuos que nosotros.
Y llevan varias décadas dedicando inteligencia e incluso
sus propias vidas en la interpretación del siniestro
rompecabezas de la guerra en el cual se vuelve esquiva la pieza
de la paz. ¿Qué nos queda a nosotros, escritores
de ficción desdoblados a menudo en pensadores? ¿Otra
vez la esperanza? ¿De nuevo la ética que nos impide
transigir con cualquier fórmula belicista? Suelo fatigar
a mis amigos con la paradoja que pone a dialogar al pesimista
y al optimista. "Creo que ya tocamos fondo" -dice
el pesimista. "No te hagas ilusiones -le responde el optimista-.
Todavía no, todavía no, amigo." Pero si algo
he de decir y lo digo con la convicción de quien por
un impulso moral ha decidido desdoblarse en opinador profesional,
es que, aunque lejana, la búsqueda de la paz nos exige
la entereza de pensar la guerra desde la ética civil
y esperar la paz como el inicio de un proceso civilizador que
reconstruya, desde la educación, el infernal universo
de odios que han venido dejando en sus víctimas los actores
del conflicto armado".
Los aplausos llenaron el escenario para decirle
al escritor que había tocado las fibras más íntimas
de sus escuchas; que había dilucidado algunas preguntas
que hacían precario equilibrio en el alma de quienes
estaban allí buscando una respuesta valedera al porqué
de la guerra que nos está diezmando lentamente, no solo
a nuestros hermanos, sino los sueños y la esperanza.
MIGUEL FERNANDO CARO
Es un hombre muy joven que ama la literatura,
pero que sobre todo piensa que la misma no es un arcano vedado
que pueden practicar unos cuantos elegidos por los dioses. Para
Miguel Fernando Caro, escribir debe ser un juego, un ejercicio
cotidiano, una forma hermosa de mirar el mundo con otros ojos.
Para Miguel Fernando, la literatura es una maravillosa forma
de contar y de vivir, y es por ello que se ha especializado
en recorrer el Valle del Cauca realizando sin cansancio, talleres
de lectura y producción de textos con los niños
y jóvenes de los municipios.
La historia de su vida es apasionante y ejemplar.
De escolta a escritor y de escritor a formador de nuevas generaciones
de escritores, porque muy seguramente en el fondo de su alma
Miguel Fernando prepara una tropa de escoltas de los sueños
y las letras.
En su ponencia que tiene un nombre bien particular:
"Del Smith Wesson calibre 38, al bolígrafo multicolor
o leer y escribir como una opción vital y alucinante",
nos descubre que: "Hace ocho años yo era escolta
de un gobernador del Valle del Cauca, de cuyo nombre no quiero
acordarme. Mis días transcurrían entre angustias,
armas, afanes y un deseo morboso de matar o morir. Afortunadamente
ninguna de las motivaciones anteriores se cumplió".
Luego nos cuenta: " Con el pago de las prestaciones
publiqué un pequeño libro de cuentos, para venderlo
a bajo costo en los colegios que me invitaban a leerle a sus
estudiantes: Así, sin ninguna experiencia, pero con todas
las ganas de aprender, inicié en 1995, con la complicidad
de la Cámara de comercio de Cali, el Encuentro Escrito
de Cuento Corto y Prosa Breve, Viva lo Breve, cuyo propósito
es crear espacios de acercamiento e interacción entre
los jóvenes, los libros, la lectura y la producción
de textos".
Y más adelante señala: "Seis
años después tenemos cinco libros colectivos donde
están presentes los sueños, los miedos, los universos
de miles de muchachos y muchachas que encontraron en los libros
y en el papel en blanco, una posibilidad para comunicarse y
expresar ese malestar que todo joven lleva dentro".
Claro que su contribución a la paz es valiosa,
y por eso la propuesta de Miguel Fernando quedó prendida
en el alma de todos los jóvenes de Colombia: "No
sé cuál será el siguiente capitulo de esta
historia -decía en su ponencia- pero siento que invitando
y acompañando con amor a la juventud de mi país
a leer y a escribir cuentos, estoy ayudando a construir mundos
diferentes, donde podamos mirarnos a los ojos y compartir nuestras
historias, donde las armas no son necesarias, porque sentimos,
comprendemos y vivenciamos, que las palabras construyen mas
que los fusiles".
GUSTAVO ESCOBAR BAENA
Desde siempre y para siempre pedagogo con un sentido
justiciero de la enseñanza que lo hace un caso único
y especial. Fue en este encuentro el representante de la tierra
anfitriona. Llegó de Bogotá, en donde vive hace
algunos años, a representar la gente que realizaba el
evento, pero sobre todo a hacernos sentir orgullosos de su camino
por la enseñanza, de su recorrido por el magisterio,
de su vocación de profesor que no termina de aprender
y de enseñar.
Su ponencia la denominó "Las pedagogías
de la Paz" y desde su comienzo nos recuerda el porqué
de la convocatoria de este encuentro de escritores: "Vivimos
una guerra o varias guerras que hacen que los colombianos nos
mantengamos en una total incertidumbre. La crisis de la que
formamos parte es de tal magnitud, que en una de sus muchas
facetas esta la imposibilidad que tenemos para dar sentido a
lo que pasa, y de contribuir como ciudadano a la resolución
de tan agudos conflictos. Como educador y pedagogo, quiero contribuir
al esclarecimiento, si así se pude llamar a estos dos
tópicos planteados, para lo cual recurro a disciplinas
como la pedagogía, la literatura y la política.
Así, espero encontrar tal vez un camino que guié
por el intrincado laberinto de la guerra, con la posibilidad
de mantener y fortalecer el sueño de la paz".
Y más adelante su preocupación de
educador se refleja en este análisis: "Es que desde
siempre en la guerra, las escuelas han sido destruidas algunas
veces, y en otras, utilizadas para el alojamiento de las tropas.
Maestros y niños violentados por la guerra,
hasta llevarlos a perder sus vidas, sino sus territorios y sus
gentes. Los derechos de los niños y el derecho a la educación
fueron quebrantados por la lógica de la guerra y su justificación
en"pro de la defensa".
Las escuelas no sólo son espacios para
la enseñanza, son también acontecimientos de saber
sobre las realidades humanas más difíciles y complicadas,
en donde se dan los espacios de dialogo para repensar el acto
educativo, favorecer la convivencia y la búsqueda de
una formación responsable y ética del ejercicio
de la política".
Todo lo anterior puede ser posible si se escucha
la voz de los niños y de los jóvenes sobre el
país que quieren; si los educadores compartimos sus sueños
y promovemos su liderazgo; si decidimos vivir la intensidad
de la guerra con la resistencia cultural de anhelar la paz y
construirla en las aulas, en los espacios en donde se encuentre
la comunidad educativa; y si al anhelo de la paz no le ponemos
mas dificultades de las que ya ofrece la expresión de
la violencia".
ANA MILENA PUERTA
La representación femenina en este encuentro
sobre la guerra y la paz.
Santiago de Cali, 1961.
Comunicadora Social, Publicista y especialista en Gerencia para
las Artes.
Ha trabajado en diversos medios de comunicación
locales y nacionales. _Activa gestora cultural, colaboradora
del Festival Internacional de Arte de Cali y promotora de eventos
culturales.
Obra publicada: ACTO DE PALABRAS (Ediciones Embalaje, 1986),
A CONTRAPELO (Ediciones Univalle, 1994)
Premios: Mención de honor Premio Nacional de Poesía
Carlos Castro Saavedra, 1992.
Ganadora del Concurso Internacional de Poesía Erótica
de la Fundación Plexus, 2000.
La ponencia de Ana Milena se llamó: "LOS
INTOLERANTES VENGADORES ANÓNIMOS" en la que cuestiona
al colombiano, cuando señala: "El espíritu
vengador e intolerante del colombiano, unido a su pensamiento
premoderno - en contravía con su desarrollo tecnológico
- nos impide acceder a una identidad nacional, a la construcción
de una visión compartida.
Si visionamos es a partir de los modelos foráneos,
de nuestra capacidad para adaptarlos e imponerlos; nunca a partir
de la construcción de uno propio que sea consecuencia
y acción real de nuestros problemas".
Desde su alma femenina, desde su oficio de poetisa, desde su
análisis de este caótico momento que vive el país,
lanza una propuesta para todos:
"Propongo comenzar desde el presente, bastante atroz y
sangrante, y visionar el futuro posible y probable, aceptando
que la perfección es bastante molesta y que la única
salvación -si es que de algo debemos salvarnos- consiste
en aprender de nuestras falencias y generar un pensamiento fundado
en nosotros y no en la mirada extranjera. Pensar es, tal vez,
la única obligación de los intelectuales. Y solamente
puede cumplirse en la medida que ese pensamiento, con el que
nos construimos, se divulgue y sea apropiado por todos; que
exista el retorno y el diálogo.
Por eso el proyecto de una visión compartida nos exige
alejarnos de las fórmulas de representación, en
las que casi ninguno se siente representado por nadie, y pedir
fórmulas más incluyentes, como aquellas que partiendo
de la base de la pirámide social expresen y ofrezcan
una radiografía real del pensamiento común, es
decir, con todos.
Porque en este país carecemos de fantasmas. Nosotros
somos el espanto."
FRANCESCO VINCENTI
Es el representante del Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo en Colombia y desde que conoció
el trabajo de CORPOCAICA, se vinculo apoyando, de manera clara
y precisa, nuestro II Encuentro Nacional e Internacional de
Escritores por la Paz de Colombia.
Su paso por distintas naciones latinoamericanas
al servicio de la PNUD, le han dado una visión amplia
y certera de lo que somos los países en vías de
desarrollo. Es consciente de nuestras falencias, de las necesidades,
de los dolores, de las miserias, pero también conoce
el empuje, la tozudez de todos estos pueblos que luchan día
a día, minuto a minuto, por superar esas deficiencias
en busca de un destino mejor para sus hijos y sus sueños.
No pudo asistir a nuestro Encuentro pero fue representando
por su hombre de confianza y su segundo en la escala jerárquica
de la entidad en Colombia, el señor Roberto Lippi,
quien en su nombre leyó el texto que Vincenti tenia preparado
para la ocasión: " Mi profesión -aseveró-
no es la de escritor, pero sí la de pensador y quizás
la de ensayista. Ello no me impide, sin embargo, participar
en un evento como el que hoy nos reúne, pero con la mirada
que, como representante de un organismo internacional como el
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, puedo ofrecer".
Su análisis del arte es bien claro frente
a lo que sucede en Colombia: " El arte y la creación
son mágicas. Combinan la magia de la palabra con la de
los movimientos y las lecturas. Pero en Colombia esta magia
se ve obligada a redimensionarse a diario. Bien sabemos todos
los aquí presentes, cuan difícil es la producción
y la creación en medio de un conflicto que une el temor
por la vida propia -y la de otros -, con el desequilibrio interno
que provoca la angustia cotidiana, la incertidumbre, e incluso
el miedo. En unas regiones más que en otras, el creador
es presionado directa o indirectamente. E incluso, ya son varios
los casos en que los actores de la violencia han decidido voltear
sus ojos hacia a quienes, desde la palabra, se rebelan frente
al recorrido de la muerte".
Más adelante, Vincenti, por intermedio
de Lippi sentencia: "Estamos aquí hoy porque comprendemos
esto: Colombia es hoy el reto que nos regala la vida, pero un
reto que exige acciones prontas, propósitos colectivos
y esfuerzos compartidos. Hoy en Colombia, no hay lugar para
la indiferencia. El creador protegido por su espacio interior
o sus muros exteriores no puede existir y seria incluso un contrasentido.
Ese lujo es hoy un imposible para la Colombia de hoy".
"Países en conflicto como el de Colombia necesitan
de la cultura para su sustento diario. Como el pan de cada día,
la cultura, la letra y la creación son fuentes de vida,
de sabiduría, de ideas y de soluciones. Pienso incluso
que hoy en Colombia el creador encuentra su más importante
campo de creación en el marco del conflicto y frente
a la necesidad de nuevos liderazgos, la cultura tiene un reto
obligado: ofrecer miradas distintas que alimenten en quienes
toman decisiones fundamentales para el futuro del país,
nuevas posibilidades y respuestas. En el PNUD nos repetimos
con frecuencia que de los retos surgen las oportunidades. Esto
no es retórica".
ARTURO ALAPE
Lo invitamos por segunda vez, y por segunda vez
dijo sí a la convocatoria de CORPOCAICA.
Llegó cargado de pensamientos, de posiciones
verticales como las que siempre ha asumido a lo largo de su
vida, pero, se le notaba la tristeza.
Pudo mas el afecto que la discreción y
le interrogué por ese brillo triste que se escondía
muy adentro de sus ojos y que dejaba entrever en cada frase,
en cada palabra, en cada sonrisa silenciosa, que algo no andaba
bien. Con voz asordinada, como para que el viento no descubriera
sus temores me dijo "debo dejar el país": No
necesité de mas palabras, entendí que nuevamente
los odios de la guerra en un país de odios, lo condenaba,
como a tantos otros, al exilio, al alejamiento, a la huida para
proteger lo único verdaderamente valioso que tenemos
los seres humanos: la vida.
Su ponencia lo decía todo para quienes
descubrimos acurrucadas las palabras que otros no miran. Su
ponencia tenía el sabor de un adiós que no quería
dar. La tituló: "El Poeta en el exilio".
Definitivo en el señalamiento Alape comenzó
su intervención diciendo: "La Escritura del Terror
en Colombia, esa escritura anunciada y difundida por mentes
enfermas y por un odio infecundo, tiene una larga historia.
Es una Escritura que busca crear en el hombre aludido, el escozor
de su piel cuando se levanta con la escarcha del miedo y en
su respiración se agita un ajetreo sordo que se vuelve
como gusano atragantado en la boca. Es una Escritura que maniata
al hombre a quien se dirige, a la inercia de su propia indefensión,
lo agita sus emociones en dimensiones desconocidas y desequilibra
su propia interioridad. Por temor el hombre se vuelve un muerto
vivo con el caminar cotidiano, al disfrazar su cuerpo con ropas
ajenas y pensamientos distintos. Son muchos los significados
simbólicos de esa Escritura perversa: representación
de la muerte que llega sin anuncio; el miedo como goteo chino
que golpea la conciencia; la incertidumbre que cubre la mirada
con la oscuridad perpetua; la sospecha y desconfianza hacia
el círculo cercano a afectos familiares y amorosos; el
preludio imaginario de odio en crecimiento y deseos de venganza
contra un enemigo invisible".
Y desde las posibilidades que brinda la palabra
denunció su condena para que nosotros la intuyéramos:
"La voz enjaulada en un silencio premeditado vuelve presagio
el anuncio de la amenaza decretada por escrito: el poeta nervioso
levanta el teléfono en las horas de la madrugada, nadie
responde, sólo escucha el ronroneo de un carraspeo inaudible;
el poeta suelta el aparato y sumido en la incertidumbre no concilia
el sueño, repica el teléfono, lo vuelve a levantar,
nadie contesta, al otro lado de la línea responde el
ronroneo nefasto de un carraspeo. Trata de dormir abrazado al
cuerpo de su compañera, quien despierta no ha perdido
detalles de su ajetreo nervioso. Sobre los ojos despiertos del
poeta, caen como árboles deshojándose cientos
de mariposas que huyen del sueño que no ha podido atraparlas.
Él busca refugio silencioso al declamar como un monosílaba
agonizante, fragmentos de un poema suyo, "Libreta de apuntes":
Cada amigo está vivo en mi libreta./ Su nombre escrito
allí recrea mi afecto/ impreso en signos rojos, en balbuceos
azules,/ en claves verdinegras, en consigna afanada/ o de su
propio trazo el paraíso./... Y cuando cae un amigo, un
compañero,/ cuando ese rayo negro petrifica sus pasos/
debo borrar sus nombres de vino o de palomas/ y así los
van tachando mis temblorosos dedos./
Quizá él también quisiera tachar su nombre
de su libreta de apuntes, para hacerse invisible como hombre
y presencia en arabescos indescifrables, perdido y arrugado
en las pequeñas páginas blancas.
El poeta ha recibido tres panfletos con amenazas de muerte,
por presidir una institución de solidaridad con Cuba
y por la inocencia de sus actos y de su firma, que otros utilizan
como mampuesto político e ideológico".
La tristeza nos golpea en cada palabra, en cada
giro verbal, en cada denuncia que compromete más su integridad.
"La representación simbólica de la Escritura
del Terror tuvo sus avances en burdas manifestaciones públicas,
por ejemplo: en las puertas y ventanas de quienes eran señalados
para morir, se pintaban burdas cruces rojas. También
la voz comenzó por reemplazar la palabra escrita: un
muchacho de quince años con voz aguda y melodiosa daba
una serenata en las horas de la madrugada, frente a la casa
de la familia escogida para el rito de la muerte colectiva.
Y no era por azar, al día siguiente esa familia unida
en su sangre había dejado de existir por razones de su
pensamiento político: así eran de simple los resultados
de la serenata. Después la grafía tendría
como desarrollo en papeles arrugados un solo sonido: el de la
muerte. El pulso equilibrado de los dedos del asesino, después
de disparar con paciencia tachaba el nombre de las víctimas
como misión cumplida, el papel arrugado regresaba al
bolsillo del pantalón. El justiciero oficial o sicario
memorizaba el siguiente nombre: el revólver listo, aceitado
continuaba escondido en la pretina, esa noche descansaba y soñaba".
JULIÁN MALATESTA
De la anarquía de sus años mozos
a la madurez y a la razón razonada que ofrece el paso
de los años. Malatesta, es sin lugar a dudas uno de los
poetas de Colombia que ha venido sufriendo una transformación
que cada día lo posiciona más y mejor en el mundo
de las letras. A Caicedonia llegó la primera vez como
relator y en esta oportunidad fue a formar parte de los protagonistas
del evento. Lúcido y analítico, Malatesta habló
sobre los territorios de distensión que tiene nuestro
país en este conflicto. Su ponencia se llamó:
"Los Territorios de Distensión: ¿Territorios
de Paz o de Guerra?"
"Si se rastrea la información de prensa sobre las
acciones militares de la guerrilla en los últimos años,
es fácil detectar una particular forma de distribuir
militarmente el país. Parece ser que el centro de operaciones
es la Cordillera Oriental, quizá la región más
desigual en su desarrollo económico y político,
la más pobre de la nación y donde se encuentra
el centro del poder. El ELN entretanto, se fortalece en las
zonas históricas donde surge, y logra consolidar unos
frentes de guerra en el sur y en la zona norte. Sin embargo,
su desarrollo militar mantiene cierta distancia cualitativa
con la guerra de movimientos, aunque tampoco, se pueda señalar
exactamente que permanecen las condiciones iniciales de la guerra
de guerrillas."
También señala Malatesta que "
La ausencia de un proyecto ideológico-político,
capaz de interpretar adecuadamente los intereses e imaginarios
del hombre urbano en sus diversas condiciones sociales"
son algunos de los factores que agudizan la confrontación
en Colombia.
Pero fuera de cuestionar también propone
soluciones: "En las grandes capitales con un alto índice
de violencia en los cinturones de miseria, es preciso adelantar
territorios para la convivencia ciudadana, pactados desde la
mesa de negociaciones, que desalojen las milicias populares
del área establecida y en un acuerdo con las comunidades
el ejercicio de un control sobre las pandillas juveniles. Estos
deber ser territorios donde se ensaye un fuerte proceso de inversión
que comprometa a los diversos sectores de la sociedad. Las labores
de policía deben quedar circunscritas a las Casas de
Justicia y debe desarrollarse la participación a través
de las veedurías ciudadanas y comunitarias".
OSCAR PIEDRAHITA GONZÁLEZ
El poeta de la tierra, el cantor de la ciudad
que ofrece sus espacios al evento. El literato que ha vivido,
padecido y cantado a Caicedonia. Actualmente residente en la
Capital de la República. De sus manos de campesino exiliado
en la gran ciudad han salido los cantos más hermosos
y sentidos por su tierra. Desde siempre, ha combatido la injusticia,
ha señalado la violencia de los violentos, ha soñado
con una patria que no le duela al hombre.
"Pero un día soltaron a la muerte/
preñada de fusiles y puñales/ y los hombres rodaron
por el suelo/ manchando con su sangre tu paisaje" dice
el poeta rememorando las épocas de los disparos y la
sangre en la ciudad que ama. Desde hace pocos meses, Oscar Piedrahita
fue llamado a ocupar una silla en la Academia Colombiana de
la Lengua, sin lugar a dudas un nombramiento muy bien merecido
pues ha sido un desvelado por la pureza de nuestro idioma.
Su ponencia, como buen poeta, fue muy sintetizada
y se llamó: "La Palabra Paz" y en ella nos
señala que "La palabra paz viene del latín
pax. Como toda palabra es un poema en miniatura, un micropoema,
pues tiene una forma y un contenido, que Saussure llamó
significante y significado. Según el gran lingüista,
el significante es la imagen acústica, es decir, la musicalidad,
la palabra pronunciada que envía una imagen al cerebro.
Y el significado es el concepto, es decir, lo que significa
la palabra. O sea, la imagen. Pero resulta que el lenguaje humano
es más que todo eso, ya que nació de la praxis
social y de la necesidad social de la comunicación".
Más adelante nos dice: "Entonces la
palabra paz significa para nosotros no sólo sosiego,
tranquilidad, sino también convivencia, hermandad, piedad,
amor, solidaridad. Y en el campo de lo práctico y de
lo social deviene aún en más significados. Significa
techo, trabajo, alimentación, salud, educación,
recreación, plenitud humana. Estos son los significados
que ignoran los que nos gobiernan. Porque ellos mutilan semántica
y socialmente la palabra paz. Pero la mutilan para nosotros,
para el pueblo, porque para ellos, en su fuero interno, secreto,
privado, clasista, la palabra sigue siendo polisémica.
Para ellos mismos sí significa todo lo anterior. Para
ellos y para sus hijos. Y por eso en Colombia no hay paz. Porque
la palabra paz no se deja mutilar. La palabra paz es un micropoema
solidario, que se da todo o no se da, que se entrega en su totalidad
o se autosacrifica. Y el pueblo tampoco la acepta mutilada sino
íntegra. Porque el pueblo ya aprendió a hablar
y conoce el significado de las palabras, sobre todo de las palabras
que más le conciernen. El pueblo tuvo maestros como Gaitán
y Uribe Uribe, que le enseñaron el significado de esas
palabras. Y que dieron su vida por ellas. Paz, democracia, libertad,
derechos humanos, palabras que le conciernen al pueblo y por
las cuales hay que luchar. Palabras polisémicas, múltiples,
pero a la vez sagradas e irrenunciables, que en el momento actual
de Colombia no se pueden cambiar por un plato de lentejas ni
dejar olvidadas en el cuarto de San Alejo. Por las que todos
los colombianos tenemos que luchar, para que sean el lenguaje
de todos, la charla de la cotidianidad, pero nunca la cháchara
de las minorías. Si esto no sucede, entonces la palabra
paz seguirá siendo lo que ha sido hasta ahora: el lenguaje
de los fusiles, la paz de los muertos".
ARTURO GUERRERO
Arturo Guerrero nació en Cúcuta,
Colombia, en 1946, pero ha vivido siempre en Bogotá.
Estudió filosofía y periodismo. Ha oficiado como
redactor en radio, televisión, prensa escrita y agencias
de noticias. De su pluma han salido las siguientes publicaciones:
"La manipulación de la información"
en 1981, "Nuevos vientos sobre el Caribe" 1982, "Anarcoiris.
Textos casuales" 1995, "Trópico. Visiones de
la naturaleza colombiana" con fotos de Aldo Brando 1997,
y "El amor bravío" 1999.
En 1981 ganó los premios nacionales de periodismo "Simón
Bolívar" y "Alfonso Bonilla Aragón"
de Cali, en la modalidad de investigación. En 1990 obtuvo
mención del jurado en el premio "Círculo
de Periodistas de Bogotá, CPB", modalidad comentario
editorial.
En tres años consecutivos, 1990, 1991 y
1992, fue nominado al premio "Simón Bolívar",
modalidad mejor columna de opinión. Actualmente es columnista
permanente de varios medios colombianos, entre ellos los diarios
"El Colombiano", "El País", y las
revistas "Alternativa" y "Comercio" de FENALCO.
También es colaborador de Lecturas Dominicales de "El
Tiempo" y de la revista "Avianca".
Guerrero se ganó el cariño de los
caicedonenses, pues se caracteriza por la tranquilidad, por
su bonhomia, por sus palabras pensadas en un ejercicio de no
decir mas de lo que elucubra. No hiere, no ofende. Provoca la
acción, cuestiona, indaga, y da respuestas a las preguntas
que nos hacemos en busca de un futuro mejor. Su trabajo para
presentar en Caicedonia lo llamó: "Prosistas y poetas,
testigos y utopistas", en él analiza al hombre que
tiene el oficio de las letras:
"Los escritores son o prosistas o poetas.
En tanto prosistas hablan de la realidad tal cual es. Como poetas
presentan el mundo como debería ser. En la prosa el escritor
es testigo; en el poema, utopista. Con la narración el
escritor hace crítica, es látigo; con la poesía,
eleva, instituye sueños, aviva la esperanza. ¿Alguien
se atreve a dividir con un cuchillo la prosa de la poesía,
tal como lo hemos hecho en el inicio de esta plática
únicamente a manera de ilustración? Ojalá
que nadie lo aventure. Pues bien, hay un país en el mundo,
en este tenebroso mundo, que requiere con urgencia el servicio
de los escritores. De los prosistas y de los poetas, por parejo.
Ese país, ¿habrá que explicitarlo?, ese
país es nuestro país, el país de los países
de Colombia".
Más adelante nos cuenta su experiencia
de hombre que analiza y observa:
"Hay en una universidad de Bucaramanga un joven periodista
español, que después de renunciar a la gloria
de la redacción en el primer periódico de su país,
aceptó venirse a comunicar a Colombia. Alarmado por el
contraste de cifras de los dos mil secuestrados, tan proclamados
y reclamados, frente a los dos millones de desplazados, tan
ignorados y arrinconados, optó por organizar a una tropa
de reporteros que irían a los pueblos devastados a recoger
los despojos de la catástrofe, para luego volver a los
cambuches de los que huyen y contarles sobre su tierra, sobre
sus familiares aterrados, a comunicarles la noticia de la aldea
de sus raíces extirpadas. Ignoro la suerte presente de
esta iniciativa, pero sea cual fuere ésta, su sola concepción
es una vislumbre de lo que está aguardando a los narradores.
Podría asegurar que los periodistas que andan en estas
aulagas han superado el miedo a los peligros, han averiguado
un cúmulo de datos dramáticos, han manipulado
cámaras y aparatos de última generación,
pero a la hora definitoria del relato, de la estructuración
eficaz y conmovedora de las palabras, tal vez han naufragado
por carecer del don de la narración, por no ser escritores,
por ser esquivos a la magia de la creación y de la recreación
verbal. Esta es la mayor carencia de nuestros reporteros y el
mayor capital de nuestros escritores. Allí donde los
periodistas hacen esfuerzos por contar un país, se nota
la ausencia de los escritores. Es como si los primeros tuvieran
las piernas, y los segundos el corazón y la cabeza. Hay
aquí, con evidencia ancha, un espacio para las palabras
que debe ser llenado por los escritores".
Guerrero comprende que la fuerza de la palabra,
nos ayudará a salir para siempre jamás de la crisis
en que nos ha sumido la sinrazón de los violentos y termina
su intervención convocando a los que trabajan con la
palabra:
"Narradores y poetas de Colombia, en este día plenilunar,
en esta semana volcánica y tronante, cuando han sido
abatidos muros, estatuas sensitivas y palacios, y cuando los
presidentes del mundo no salen de su empate, en esta aldea centinela
de lagos con peces que siguen siendo vivos en nuestros estómagos
de lata, los incito, no a que nos volvamos políticos,
no a que disputemos con los abogados, no a que forjemos fusiles
de palabras. Los exhorto a seguir siendo prosistas y poetas,
testigos y utopistas, creadores de universos colombianos, aglutinantes
del deseo colectivo, nombradores de un pueblo y de un país
que nos lo ha concedido todo".
JAVIER DARÍO RESTREPO
No fue a Caicedonia, pero nos entregó su
ponencia para que la gente conociera su pensamiento frente a
la guerra que nos tiene acorralados. Y lo escuchamos atentos
porque es uno de los hombres de prensa de Colombia que más
conoce sobre nuestro conflicto. Su trayectoria lo dice todo:
"Periodista en prensa escrita (40 años) y televisión
(25 años. Es ampliamente conocido en Colombia como reportero
estrella de televisión, debido a su vinculación
por largo tiempo al noticiero 24 Horas. Experto en ética
periodística, catedrático de las universidades
Javeriana y de los Andes, y conferencista en temas de comunicación
social. Fue miembro fundador de la Comisión de Ética
del Círculo de Periodistas de Bogotá y del Instituto
de Estudios sobre Comunicación y Cultura -IECO-. Es columnista
de los periódicos El Colombiano de Medellín y
El Espectador de Bogotá. Recibió el premio nacional
de Círculo de Periodistas de Bogotá en la categoría
de prensa en 1993, así como, el Premio Nacional de Periodismo
Simón Bolívar en las modalidades de crónica
e investigación en televisión en 1985 y 1986.
Además, recibió los premios San Gabriel del Episcopado
Colombiano en 1994 y Germán Arciniegas de la Editorial
Planeta en 1995. Es autor de los siguientes libros: Puebla para
el pueblo (1980), Avalancha sobre Armero (1986), Del misil al
arado (1989), Periodismo diario de televisión (1990),
Ética para periodistas (1991) en colaboración
con María Teresa Herrán, Más allá
del deber (1992), La revolución de las sotanas (1995),
Testigo de seis guerras (1996) y Desde las orillas (1996), en
colaboración con Germán Rey. En el marco del I
Congreso Latinoamericano de Periodismo, realizado en Panamá
en 1997, recibió el premio latinoamericano a la ética
periodística otorgado por el Centro Latinoamericano de
Periodismo -CELAP-, auspiciado por la Universidad Internacional
de la Florida".
La ponencia que envió lleva el nombre de:
"Paz y Sabiduría". En ella analiza el poder
y los poderosos de todos los tiempos:
"Con la misma avidez con que los poderosos
de hoy acuden a la asesoría de los técnicos en
busca del poder del conocimiento, los soberanos de ayer se rodeaban
de sabios para exorcizar los demonios del poder. Siguiendo su
intuición, Platón describió en La República
unos gobernantes aconsejados por los filósofos.
Pero la filosofía abandonó su función de
sabiduría. Aún en Descartes es posible encontrar
esa doble dimensión de la ciencia y la sabiduría.
A partir de él se inicia un movimiento racionalista de
progresivo debilitamiento de la sabiduría y de poderío
de la ciencia en el que, según Revel: " se desarrolla
la idea de que el conocimiento supremo se identifica con la
alegría del sabio que habiendo comprendido cómo
funciona la realidad, conoce así la felicidad, el bien
supremo".
La ciencia, mirada como la gran cumbre y la gran panacea, llegó
a eclipsar la sabiduría. Así se construyó
esa inmensa paradoja de un mundo que parece liberado de sus
limitaciones físicas y cada vez más esclavizado
por las mas variadas servidumbres. Mientras la ciencia ha dispersado
al espíritu humano en una inmensa variedad de conocimientos,
la sabiduría señala en dirección contraria,
esto es, hacia la concentración del espíritu en
lo esencial; mientras el conocimiento abarca lo externo y divorcia
lo externo de lo interno del hombre, un principio de la sabiduría
es la unidad entre lo que se dice y lo que se hace, lo que se
proclama y lo que se es. Como anota Matthieu Ricard, un monje
tibetano, " el principal atractivo del sabio es ser la
ilustración en carne y hueso de la perfección
que enseña."
El mundo de hoy contempla, pues, cómo el conocimiento
toca las cosas e, indirectamente, a las personas, mientras la
sabiduría modifica a las personas".
Luego el periodista analiza nuestras guerras y
nuestras debilidades frente a la misma.
"Hay un detalle revelador, como el que más,
en la historia de nuestras guerras y es que en cada una de ellas
se han utilizado las armas de las guerras anteriores, que se
habían guardado enterradas como semillas de odio. Durante
siglo y medio se han firmado acuerdos de paz y se han enterrado
las armas, debidamente protegidas contra la humedad. El resultado
de esas gestiones de paz a medias ha sido una sociedad que bajo
una apariencia de reconciliación ha seguido atada a un
pasado de odios, guardados como si fueran las joyas de una herencia.
Es la herencia que sigue marcando la vida nacional con las cicatrices
de la intolerancia, de la desconfianza, del rencor, de la venganza
y de la incapacidad para construir un futuro no marcado por
la maldición del odio. Nuestra supervivencia física,
la que nos corresponde como ciudadanos, tiene que ver con el
desmantelamiento de esa herencia.
Los romanos intuyeron, para ese círculo vicioso del odio,
una respuesta que nunca cupo en la mentalidad griega porque
iba contra la lógica y la desbordaba, que fue la institución
del perdón de los vencidos y la conmutación de
la pena de muerte. El perdón de los vencidos era una
segunda victoria que se agregaba al triunfo de las armas. Se
otorgaba en medio de la euforia de la paz lograda por la fuerza,
les_permitía a los vencedores sentir que su gloria no
estaba tejida sólo con hilos de destrucción y
de muerte, sino con los hilos de oro de una nueva creación.
Quizá nunca profundizaron en el hecho, no conozco texto
alguno que lo demuestre, pero eso es lo que ocurre cuando se
perdona".
Finalmente de su deseo de nuevas posibilidades
de sus ansias de que Colombia sea mejor nos cuenta una historia
que lo resume todo:
"Finalmente, para que haya perdón se necesita, como
mínimo, el respeto del otro, el reconocimiento de la
persona, la valoración de las diferencias, y este es
el aporte que todos estamos debiéndole al proceso de
salvación y supervivencia de la sociedad. El momento
central de cualquier proceso de paz es el del perdón
y el de la reconciliación, hecho que confirma que la
paz antes que asunto de dinero, armas o leyes es asunto del
espíritu, es creación de la sabiduría.
Hablando de este tema con mi hija le pregunté si ella
encontraba alguna diferencia entre conocimiento y sabiduría.
El conocimiento, dijo, se lleva en la cabeza y la sabiduría
está en el corazón. Y esa es probablemente la
clave: la paz es una construcción del corazón".
ELMO VALENCIA
Fundador del nadaismo en Colombia junto con otro
grande que ya se fue: Gonzalo Arango. Fue el reemplazo de otro
Nadaista que nuestro país admira y valora, Jota Mario
Arbeláez.
Elmo, llegó tan Nadaista como siempre,
tan lleno de vida a pesar de los años, tan cargado de
verdades y de sueños como nunca. Su pluma sarcástica
y burlona ha dibujado al país desde su óptica
de desertor de las verdades establecidas.
Aunque peina canas, en su alma de Nadaista, Colombia
le sonríe a la esperanza, las gentes de sus sueños
caminan otra vez los caminos del enfrentamiento de las ideas,
no de los fusiles, Estoy seguro que cree en las posibilidades
de un país en donde los hombres nos aceptemos a pesar
de las diferencias.
Su ponencia: "Legalización de la Droga",
muestra qué tanto se ha narcotizado el conflicto y cuáles
son los intereses escondidos que se encierran entre tanta alharaca
del Proceso de Paz. Dice Elmo: " Puedo decir sin temor
a equivocarme, que es más fácil hacer pasar una
Gorda de Botero, por el ojo de una aguja que encontrarle una
rápida solución al problema de la guerra que estamos
viviendo. Los llamados diálogos en las mesas de negociación
han perdido credibilidad y la paloma de la paz esta cansada
de tanto volar por encima de las cabezas de las partes comprometidas
en el conflicto.
Sacar viudas y niños de los colegios a
las plazas para que agiten pañuelos blancos como mensaje
del corazón, por noble que sea, no es la estrategia de
seguir. No falta sino que saquemos a los muertos de los cementerios
para que agiten fantasmalmente sus propias osamentas pidiendo
paz y más paz para todos los colombianos. Y para acabar
de rematar, hoy el gobierno acaba de informar que se va a crear
una comisión de alto nivel bipartidista para analizar
los avances del proceso de Paz. Es decir, seguimos con las mismas.
Y en cuanto a la palabra proceso, me recuerda el Proceso de
Kafka. Lo que quiere decir que la situación se ha vuelto
Kafkiana; no falta sino que por metamorfosis, las partes comprometidas
en el conflicto se conviertan en cucarachas".
Frente al narcotráfico que asola nuestro
país Elmo tiene sus apreciaciones: "El narcotráfico
es un instrumento político diseñado para chantajear
a países débiles que necesitan de prestamos internacionales.
Esta es la lectura semiológica que hay que darle al fenómeno
del narcotráfico. Obviamente hay intereses oscuros, internacionales
y de alta política que no permiten que en Colombia logremos
la Paz".
ALEJANDRO JOSÉ LÓPEZ
Un nombre que ya se perfila dentro de los escritores
nuevos con cierta importancia. Dos pasiones son sus motivantes
vivénciales: la literatura y los medios audiovisuales.
Su juventud ya se ha paseado por el país y en especial
por las zonas de conflicto registrando con las cámaras
la dura realidad de nuestro medio.
La ponencia que llevó a Caicedonia la denominó:
"Las Noticias que no Ocurren" y en ella señala:
"Con frecuencia oímos decir que los
noticieros de televisión nos venden la catástrofe
universal como una diversión cotidiana. Y nos quedamos
tan perplejos ante una afirmación semejante como frente
a la pantalla misma con su interminable acumulación de
datos calamitosos. Se trata de una suerte de sentencia que trae
consigo todo el peso fatal de lo irremediable. Pero es también
una trampa; la misma que nos hace suponer que las noticias ocurren.
Sin embargo, una mirada más atenta puede hacernos revelaciones
insospechadas, puede devolvernos el sentido común que
tantos dictámenes apocalípticos nos niegan. Los
que suceden son los hechos. Las noticias son textos, y, de tal
suerte, están soportadas en el discurso: son fabricaciones.
"No estoy queriendo decir con esto que las
masacres, o los desplazamientos forzosos, o los secuestros,
sean productos de la imaginación retorcida de algún
periodista o jefe de redacción perverso. Tampoco insinuaría
que éstos son ángeles de la guarda. Lo que sí
quisiera señalar es la improcedencia tanto analítica
como social de esas concepciones que despachan los medios de
comunicación entendiéndolos como ciclópeos
mastodontes destinados a apachurrar, en su paso cotidiano, la
buena conciencia y la tranquilidad ciudadana. Lo que deseo recordar
ahora es algo ingenuo y a la vez urgente: la diferencia entre
palabra y realidad. Ni las noticias ocurren, ni la realidad
se la inventan los medios de comunicación. Hay en esto
una suerte de facturación de lo imaginario: el particular
ministerio de la mediación".
Pero Alejandro no deja allí su discurso:
"Hay una pregunta mil veces repetida: ¿y los escritores,
académicos e intelectuales qué están haciendo
y qué están dispuestos a hacer por la paz? De
nuevo las preguntas de errática formulación. Ésta
lo es por dos razones: porque en su trasfondo se alberga aquella
concepción mesiánica según la cual alguien
ha de salvarnos del inminente naufragio colectivo al cual nos
ha conducido la violencia; pero también porque exige
peras al olmo, como si los médicos tuvieran que construir
los hospitales. Un país tiene la sociedad que se merece
y no hay tabla de salvación posible como no sea aquella
que flota con el concurso de todos: el tejido social está
hecho con una fibra que a todos toca. Por otra parte, la función
social de escritores, académicos e intelectuales no consiste
en hacer proselitismo alguno; y ni siquiera tanto en dar respuestas,
como sí en contribuir con la formulación de las
preguntas adecuadas. En el confuso mare mágnum que hoy
vive el país, y en el caso concreto que me he propuesto
abordar, los medios informativos y el conflicto colombiano,
habría que explicitar una vez más que el asunto
no es cubrir o no cubrir la guerra. La violencia no se resuelve
con una huelga de televisores apagados. El problema está
en cómo cubrir; y como es allí donde caben todas
las perspicacias, como es allí donde habitan los intereses
de los dueños de los medios, pues entonces es ése
el lugar sobre el cual es preciso concentrar toda la atención:
en la mediación.
Son muchos y de muy diversa índole los
inconvenientes que se presentan en la manera como los medios
están cubriendo la realidad nacional. Hacer un desarrollo
analítico de cada uno de ellos es una tentativa que desborda
descomunalmente las posibilidades de esta embrionaria presentación.
Sin embargo, podrían plantearse algunos de los más
notorios.
El hecho de que en las noticias correspondientes
a la alteración del orden público se privilegie
la mirada militarista; es decir, aquella que se contenta con
inventariar las víctimas de la confrontación o
con indicar la devastación inmobiliaria, pero que en
cambio nada dice sobre el trasfondo político de cada
escena de la guerra. Esto impide a la ciudadanía comprender
la realidad del conflicto colombiano.
Cuando se agudizan los combates y deliberadamente
se oculta el proceso histórico de la guerra, sus antecedentes
lejanos y cercanos; o cuando se hace lo propio respecto de las
negociaciones de paz, como si cada una fuera la primera y la
única, desconociendo con ello todos los logros y fracasos
de las anteriores, no se permite a la nación comprender
las verdaderas posibilidades y dimensiones de la que está
en curso".
Y finaliza diciendo: "No creo que la función
social de escritores, académicos e intelectuales sea
propiciar a toda costa sueños e ilusiones. Una esperanza
que no esté soportada en un buen diagnóstico es
una actitud ilusa, y, por tanto, inaceptable. Tampoco estoy
haciendo un llamado a la depresión colectiva: cada cual
que se las arregle con su temperamento. Lo que quiero señalar
simplemente es que el primer paso para resolver los problemas
es formular las preguntas adecuadamente; así que es preciso
generar reflexión y divulgarla. Y es justo aquí
donde se tocan la misión social de escritores, académicos
e intelectuales con la misión de los medios de comunicación.
Había hablado al comienzo de una suerte de facturación
de lo imaginario, y, respecto de ésta, de un particular
ministerio de la mediación. He ahí la piedra de
toque que tantas formulaciones equívocas ocultan. Eso
era lo que yo quería comentar hoy".
JULIO CESAR LONDOÑO
Nació en Palmira, Valle del Cauca en 1953:
Entre sus obras se encuentran El Arte de Tachar, Sacrificio
de Dama y Los Geógrafos. Libros de Cuentos: El descubrimiento
de América, La Biblioteca de Alejandría. Ensayos
de Humanidades: La Ecuación del Azar.
Ha obtenido varios premios entre los que destacan:
Premio de Cuento, Alejo Carpentier de Bogotá; Carlos
Castro Saavedra de Medellín, Jorge Isaacs de Ensayo Científico,
y el concurso de Cuento "Juan Rulfo" en Paris. En
la actualidad es columnista del diario El País de Cali
y lector de ensayo del sello editorial Planeta.
La ponencia que presentó: "Siete razones
para apostarle a Colombia" esta llena de simbolismos y
de mensajes. "Como los analistas y los pastores se encargan
de demostrarnos todos los días que el fin del mundo esta
cerca, y como soy de esos que se quieren ir para el Cielo pero
todavía no, he sacado en limpio una lista de siete signos
que permiten abrigar esperanzas de salvación para Colombia.
Talvez pienso con el deseo -lo acepto- pero no veo que haya
de malo en ello, ni creo que uno deba pensar sólo con
la cabeza"
"En las ciudades pequeñas -dice Londoño-,
hay que reconocerlo, se siguen imponiendo los caciques y sus
bien aceitadas maquinarias. La razón de este rezago estriba
en la fragilidad del periodismo de provincia. En los pueblos
y en las ciudades de menos de 500 mil habitantes el periodista
es prácticamente un empleado más de la Alcaldía
-que es la principal fuente de noticias y el único anunciador.
Así, amordazada con un mendrugo, se neutraliza en provincia
a la prensa, el veedor natural y de mayor impacto en una democracia."
Su diagnostico también alcanza a algunos
organismos de control estatales: "A pesar de su innegable
politización, la labor de la Fiscalía, la Procuraduría
y la Contraloría puede calificarse, en promedio, entre
buena y excelente. Gracias a su trabajo se han descubierto multimillonarios
asaltos al fisco, sancionado a miles de funcionarios públicos
y vistos tras las rejas auténticos peces gordos -hecho
que, amén de producir inocultable frescor entre la población,
resulta estimulante para la civilidad del país".
En lo que tiene que ver con los grupos subversivos
precisa: "Signo de buen augurio son las muestras de decadencia
de los dos principales grupos guerrilleros. El terrorismo desesperado
del ELN y los execrables actos de barbarie de las FARC (amén
de la evidente falta de control sobre sus frentes) nos están
diciendo a las claras que sus mejores días ya pasaron.
Al ELN lo derrotaron las autodefensas y sus escrúpulos
(no comulgaron con el narcotráfico. A las FARC las está
perdiendo el éxito, como a cualquier muchacho descocado;
y las malas compañías; y la falta de brújula
política; y la preponderancia, en el seno del Secretariado,
de sus voces militaaristas en desmedro de las opiniones de sus
ideólogos.
Como los partidos tradicionales, la guerrilla
se autodestruye por sus propias contradicciones, por su mezquindad,
por sus obscenas ambiciones, por su desconexión del país
real".
Luego de sus análisis el escritor lanza
su salvavidas esperanzador: "Creo que esta lista de signos
prueba que el sistema inmunológico de la nación
no está derrotado; que los enemigos no son tan invencibles
como pensábamos; que hemos empezado a corregir el rumbo,
y a construir un país a la medida de nuestros sueños".
RAÚL ZELICK
Llego de Alemania a darnos una mano solidaria
en el análisis de este conflicto que desborda todas las
expectativas, que agota todas nuestras esperanzas, que cansa
el alma ya cansada del pueblo colombiano.
Joven, con un manejo del español envidiable,
con cocimiento de los regionalismos que nos hacia parecer que
hablábamos con un colombiano más sino fuera por
ese extraño acento que daba a las frases.
Valiente como el que más Zelick hablo en
tono fuerte, quizá el mismo que puede dar la seguridad
de ser extranjero, pero como sea, se mostró solidario,
valiente y conocedor de nuestro país, de nuestros dolores,
de nuestras esperanzas de nuestras, hasta hoy, inútiles
luchas por alcanzar la paz.
Desde sus 1,90 de altura nos señalo: "Cuando
voy a Colombia, siempre me acuerdo de esta canción del
cantante hispano-francés Mano Chao que dice "mentira
lo que dice, mentira lo que da, mentira lo que hace, mentira
lo que va, mentira la mentira, mentira la verdad, mentira lo
que cuece, bajo la oscuridad, mentira el amor, mentira el sabor,
mentira la que manda... mentira mentira mentira".
En este país todos tenemos miedo a decir
las cosas tal como son. Hasta los extranjeros que somos los
únicos cuyas vidas todavía se respetan un poco,
somos presos de este temor. Nos callamos - y esto no solo estando
en Colombia. La paranoia de que cada palabra podría ser
utilizada en contra de uno el día cuando uno vuelva acá,
nos persigue hasta en el exterior. Los tentáculos de
la muerte llegan a tierras lejanas. Así es que la mayoría
de los crímenes pasan desapercibidos, son borrados de
la memoria, simplemente parecen ser una pesadilla personal.
O como dice una de los pobladores después de la masacre
bananera en "Cien años de soledad": "Aquí
no ha pasado nada."
El olvido no es casualidad, es promovido por una
maquinaria de propaganda que nos pinta la situación colombiana
de una manera totalmente parcial. Es la realidad de unos medios
de comunicación que dicen ser objetivos pero que, estando
en manos de muy pocos consorcios económicos y familias
políticas, sirven ante todo a los intereses de sus propietarios.
Uno debe tener mucha comprensión para la difícil
situación de un periodista en Colombia, pero, sin embargo,
a veces da vergüenza que mal informan los medios aquí
sobre la situación del país, que poco investigan,
cuanto tergiversan, cuan evidente es su disposición a
hacer parte de la maquinaria propagandística. Es un periodismo
que menciona los desplazamientos sin explicarlos, que hace aparecer
las masacres como el resultado de una violencia difusa sin responsables,
evitando la más mínima confrontación con
los poderosos.
No me entiendan mal. No quiero aparecer como el
extranjero sabelotodo que esté juzgando a los colombianos.
Mi crítica también se dirige a los corresponsales
extranjeros que apenas salen de sus barrios de clase media y
que dicen conocer al país. Y es mas: Siempre defenderé
a los colombianos contra las extrañas acusaciones de
la llamada violontología. La violencia en este país
ni es una herencia genética ni una rara tradición
cultural. Detrás de los terribles hechos que azotan al
país está una situación social que tiene
mucho que ver con intereses extranjeros. La mentira en cuanto
a Colombia no es creación exclusiva de los colombianos.
Me pidieron que hable sobre mi visión de
la guerra en Colombia, mi visión de afuera. Pero creo
que vale mas que aproveche este espacio privilegiado para hacer
escuchar a aquellos cuyas voces raras veces se escuchan: los
desplazados, sindicalistas, pobladores, campesinos. Me da miedo
repetir lo que me contaron por que sé que decir la verdad
a veces lleva a la tumba. Pero si yo, el extranjero, no me atrevo,
¿quién se atreverá? "
Pero Zelick desde su óptica de extranjero
también tiene análisis y culpables para esta desazón
reinante en Colombia: "Ya les he dicho que mi crítica
no va en contra de los colombianos. Al contrario, desde mi punto
de vista las terribles violaciones de DDHH no se darían
si no hubiera los intereses económicos de las transnacionales.
Con Eduardo Galeano podríamos decir que la tragedia de
este país no es su pobreza sino sus enormes riquezas.
Y realmente, si miramos un mapa de Colombia nos
daremos cuenta que el paramilitarismo está allí
donde están los megaproyectos y los recursos naturales.
Los primeros desplazamientos en el Chocó ocurrieron justamente
cuando se empezó a hablar del canal seco, la construcción
del pedazo que falta en la Panamericana y la explotación
de las reservas biogenéticas. Suecia, gran ejemplo del
equilibrio socialdemócrata, tuvo su responsabilidad en
la guerra contra los embera-katíos cuando una empresa
sueca construyó la represa de Urrá. Un equipo
investigador del Guardián y El Espectador - felicitaciones
a los colegas que desarrollaron este trabajo - mostró
ante el mundo los vínculos de la transnacional petrolera
BP con la empresa de seguridad privada Defence Systems Limited
y la mafia mercenaria. La explotación de petróleo
llevó a una intensificación de la guerra sucia
tanto en Casanare donde se encuentran importantes campos petrolíferos,
como en el Nororiente Antioqueño donde pasa el oleoducto
Yopal-Coveñas. De la OXY, interesada en los yacimientos
de Arauca, se sabe que presiona fuertemente a los U´was
para que cedan sus tierras. Y hace unas semanas pudimos leer
en El Espectador - felicitaciones otra vez - la entrevista con
un ex agente estadounidense que nos explicó que el Plan
Colombia estaba en buena medida motivado por el interés
de la Transnacionales petroleras y que el proyecto de recuperar
el control sobre el sur del país tenía que ver
con los yacimientos del Putumayo.
Mencionemos también a Coca-Cola y Nestlé,
dos empresas que por lo menos aprovecharon la presencia paramilitar
en sus sedes de producción para liberarse de sindicalistas
demasiado inconformes. En Carepa / Urabá, el sindicato
de Coca Cola se acabó con una incursión paramilitar,
fue asesinado el presidente del sindicato y quemada la sede.
En la Nestlé, por otro lado, también hubo amenazas
y asesinatos contra el sindicato. No sé decir si estas
acciones fueron ordenadas por las direcciones de las empresas
pero si es seguro que tampoco les molestaron."
Finalmente Raúl, nos dice: "Uno no
tiene que ser profeta para predecir que el Plan Colombia traerá
mas guerra y no reducirá la producción de la cocaína.
La violencia en este país tendrá muchas raíces
pero una buena parte de la responsabilidad la tiene el norte:
los gobiernos europeos y norteamericanos que buscan mejores
condiciones de inversión y estabilidad para su dinero.
La gran pregunta ahora para todos es: ¿cómo
hacer la paz y la justicia? No lo sé, realmente. La agudización
del conflicto va a impedir el cambio social por que el idioma
de las armas no da para la emancipación de los seres
humanos. La guerra procrea el militarismo y una cultura de la
obediencia en vez del espíritu crítico y la cultura
de la disidencia que necesita el cambio.
Pero por el otro lado, la desaparición de las armas tampoco
significaría paz. Miremos a El Salvador donde por primera
vez conocí la dramática vida de los desplazados.
Allí la guerra política se ha convertido después
de la desmovilización guerrillera en guerra social. Los
que antes murieron en combate, hoy mueren en atracos y asaltos.
La estadística dice que las muertes violentas se han
mantenido en el mismo nivel como en los años 80. Una
de las razones de las guerras salvadoreña y colombiana,
y yo creo la más importante, es la injusticia, la miseria,
el hambre. Y dudo que se pueda acabar una guerra sin hacer desaparecer
las razones.
En este sentido quiero acabar con unas últimas
preguntas. Los que tenemos una vida mejor, los de la clase media
y alta, los extranjeros, los funcionarios internacionales, hablamos
mucho del secuestro que nos aterroriza. No podemos viajar por
tierra, decimos, estamos perseguidos por el miedo, esto no parece
tener lógica. Y es verdad: El secuestro es terrible y
cada vez más masivo. Pero tampoco nos olvidemos que medio
país se encuentra secuestrado. Secuestrado de una miseria
que no tiene salida. Una miseria que cierra los accesos a la
salud, la educación, la cultura y la tranquilidad - por
que ¿quién puede disfrutar la vida si no sabe
lo que comerán sus hijos por la noche? Tenemos miedo
de los secuestros que nos lleven a una montaña oscura,
fría y húmeda donde estamos lejos de nuestras
familias y donde sufrimos hambre y la falta de todo. ¿Pero
qué nos dirán los gamines de Bogotá que
viven toda su vida en el frío y la humedad, sufriendo
hambre y soledad?
No quiero que me interpreten como un cínico
pesimista - pero debemos estar claros que este conflicto necesita
una solución que dé paz, justicia, bienestar,
democracia y tranquilidad a todos, y no solo a unos privilegiados.
Una paz que se preocupe mas de la gente humilde que de las ganancias
de las Transnacionales. Una paz íntegra y digna. Una
paz para los gamines, desplazados, víctimas de la guerra
sucia, campesinos, trabajadores, prostitutas, desempleados.
Una paz que pone fin a la guerra social que vivimos todos los
días en Colombia y en el mundo".
JOE BRODERICK
Precedido de la aureola fascinante de ser el
mejor biógrafo de Camilo Torres, el cura revolucionario
Colombiano que un día se fue a las montañas para
cambiar el evangelio por el fusil, Joe Broderick, llegó
a Caicedonia para quedarse prendido al alma de sus habitantes.
Jovial, que no joven, vital, y espontáneo.
Cada una de sus actuaciones es un canto a la vida y cada una
de sus reflexiones es una invitación al análisis.
Cálido y a veces tierno, Joe Broderick, quien lleva 32
años en Colombia y quien a pesar de la guerra no ha abandonado
el país, se siente tan colombiano como cualquiera de
los habitantes de esta patria herida.
De una locuacidad que impacta, Broderick es, además,
un excelente contador, dueño del gracejo oportuno, justo
preciso, inteligente. Llego para hacernos reflexionar sobre
nuestro destino, vino para descubrirnos las claves que en medio
del fragor de los disparos se nos han ido perdiendo; pero sobre
todo, nos enseñó que por encima de la guerra,
mas allá de la realidad triste debe haber un espacio
para la alegría. Esa misma que sale de sus ojos verdes
y que expresa en frases cargadas de verdades pero que producen
una sonrisa.
Estaba eufórico con nuestros paisajes,
con nuestra tierra, con nuestra gente y también lo sentimos
alegre por la próxima aparición de su libro que
seguirá los pasos de "Camilo El Cura Guerrillero"
(Al momento de escribir esta nota, "El Guerrillero Invisible"
como llama su libro sobre el Cura Manuel Pérez, figura
cimera del ELN, ya está caminando las principales librerías
del país y saltando a las manos de quienes tienen en
Joe Broderick a un autor, serio y de una magnifica pluma.
La ponencia que nos dejó la llamó:
"¿No será que Marx tenía razón?"
y que empezó con la sencillez de una charla en la que
luego se convirtió su intervención: "Chévere
encontrarme entre los que representamos aquí el sector
internacional. Porque después de 33 años de vida
en Colombia, sigo siendo extranjero, naturalmente.
Soy un irlandés, nacido -y mal criado-
en Australia. Ni siquiera jurídicamente soy de aquí.
Al cumplir los 30 años en el país
se me ocurrió solicitar la nacionalidad pero me la negaron".
Y después de contar sus peripecias para
hacerse colombiano sin ningún resultado nos dio una lección
de colombianismo: "A muchos colombianos les parece incomprensible
-¡incluso inconcebible!- que uno esté aquí
por voluntad propia. Son tantos los que quieren estar fuera.
Y me dicen: "¿Cuánto tiempo llevas en Colombia?
" Y cuando contesto: "30 años", algunos
todavía me preguntan, incrédulos: "¿Y
estás amañado?" Les digo: "Pues no estoy
amarado". Y para que me entiendan un poquito, les explico:
"En Australia me siento en casa. En Dublín, Irlanda,
me siento en casa. Aquí no. Aquí en Colombia estoy
en casa".
Broderick continua en su análisis de la
guerra: "Para las fuerzas armadas, la sola existencia de
la guerrilla representaba un bien innegable, casi una necesidad:
su existencia se consideraba "good for business".
Durante varias décadas, el gobierno de turno imponía
el Estado de Sitio, de manera casi permanente, lo cual garantizaba
a los oficiales del ejército, por ejemplo unas condiciones
optimas".
"Es preciso tomar en serio a Marulanda, por
lo que él dice de sí mismo, y por lo que ha producido.
Sin duda Marulanda es también una conciencia moral, algo
que no depende de él y ante lo que él mismo se
siente llamado a responder. Pero, para hablar de lo que a todos
nos interesa, no es con su conciencia moral con quien hay que
hablar. Nadie habla con la conciencia moral de otro sino a petición
suya. Y Marulanda no nos lo ha pedido"
Y remata su intervención con lo siguiente:
"Con Marulanda no hay que hablar de la vida como uno de
los derechos del hombre, que es el más reciente de los
mitos creados por los poderes que hegemonizan la vida internacional.
Como toda abstracción mental producida por un poder hegemónico,
el derecho a la vida es una herramienta al servicio de la prolongación
del poder hegemónico que la produce. La vida no es un
derecho que puedan decretar los hombres. La vida es un don exclusivo
de la generosidad de Dios".
GUSTAVO ÁLVAREZ GARDEAZÁBAL
No podíamos dejar por fuera de este evento
a uno de los mayores luchadores por la Paz de Colombia, el gobernador
detenido por la injusticia colombiana. El autor de uno de los
libros en donde se retrata la primera violencia, el escritor
de "Cóndores no entierran todos los días"
Desde la prisión en donde hace mas de año
y medio purga un delito que en 1992 no existía, nos hizo
llegar su ponencia para que fuera leída durante el II
Encuentro Nacional e Internacional de Escritores por la Paz
de Colombia. Pero también nos envió la grabación
de la ponencia. Estremecedor momento durante el cual su voz
llenó el recinto para decirnos su mensaje que titulo:
"Olvidémonos de la Paz". En su voz, recia,
desafiante, analítica, escuchamos que nos dijo: "
Los intelectuales se vuelven a reunir en Caicedonia porque la
guerra continúa. Si fueran víctimas de ella, no
se reunirían aquí. Estarían en el cementerio
o en el exilio. No quieren ser sus protagonistas. 40 millones
de colombianos tampoco quieren serlo"
Mas adelante señaló: " Los
intelectuales colombianos no hablamos de la guerra, por eso
la siguen negando nuestros lectores. Los intelectuales colombianos
no hacemos la guerra, por eso no sabemos de su absurdo. Los
intelectuales colombianos no atacamos la guerra, por eso nadie
cree que es perversa. Los intelectuales colombianos hablamos
de paz, por eso nos mantenemos distantes de la verdad".
Y remata su ponencia proponiendo: "Hablemos
de la guerra para entenderla. Discutamos de la guerra para combatirla.
Denunciemos la guerra para estigmatizarla. Escribamos sobre
la guerra para vivirla. Hablemos de la verdad. No sigamos creyéndonos
la mentira. ¡Olvidémonos de la paz!".
La jornada finalizó con un cerrado aplauso
del auditorio en agradecimiento a todos los pensadores que habían
pasado por este escenario y en especial como un homenaje a Gustavo
Álvarez Gardeazábal, el Prisionero de la Esperanza.
Luego, en la noche, el Municipio de Caicedonia,
rindió a su manera un homenaje de la población
a los escritores invitados. En el parque principal, acompañados
de un gran numero de caicedonenses, se presentaron grupos musicales
que interpretaron canciones de los años 60, música
folclórica latinoamericana, canciones colombianas, notas
llenas de mensajes de nostalgia y de recuerdos. Remato la noche
una de las orquesta de la Capital del Valle que puso la nota
fiestera a la noche.
Las estrellas y la luna descubrieron a los escritores
jugando a las palabras, haciéndole la fiesta a la esperanza,
a los sueños, al amor. hasta altas horas de la noche
la música se perdió en las montañas que
rodean a Caicedonia y en las que, quizás en aquellos
momentos, algunos de los llamados actores del conflicto escuchaban
que la búsqueda de la paz también es una fiesta.
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