Olvido García Valdés



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Este
conocido temblor
de las hojas con la brisa y este verde
de abril como un vómito
en la luz. Suficientes
aún las antiguas palabras:
no percibe el cadáver
dulzura ni calor y sí, en cambio,
el silencio y el frío,
puesto que se percibe lo que se es.
Discontinua vivencia, porque todas
aquí somos iguales
. Como mirlos
y mirlos esbeltos en el canto y en el negro
intercambian sonidos:
acepta la vida, el acorchamiento
de la vida, desecha
la vieja hybris, nada
pierde quien muere, nada gana
tampoco. Es nítido
el sonido tras la lluvia,
se percibe ahora el tren
con violencia veloz, el obsesivo
zureo de palomas.

de caza nocturna (1997)



Sólo lo que hagas y digas
eres, incierto lo que piensas, invisible
lo que sientes dentro de ti.
¿Qué significa
dentro de ti? Nada eres si, como dicen,
no es intersubjetivamente comprobado
(al menos comprobable). Juan de la Cruz no es
más que unos poemas, Emily
Dickinson, Edgar Allan Poe, sólo palabras.
¿Qué significa
intersubjetivamente? ¿Cuántos sujetos
hacen falta? ¿Cuántos que digan
a la vez: Juan de la Cruz, Emily
Dickinson, Edgar Allan Poe son cimas
de la vida humana, cimas
de la miseria humana en este hermoso
mundo?

de caza nocturna (1997)



La muerte es una forma
en algunas pinturas del XV,
una curva que el cuerpo figura
entre quien lo sostiene y su propio
peso. Una curva también
la forma del amor, plegarse
dúctilmente. O de otro modo,
recto, peso muerto sobre paño
verde, mariposas aéreas, amarillas,
o sombra pálida, bullentes.
Tú tenías anillos, dedos en las manos.

de caza nocturna (1997)



el gesto de la boca previene la muerte
también la mano
también la luz
en la garganta
la claridad excesiva

en ese tiempo cruces
túmulos y la casa roja
la soledad del rojo bajo el cielo
la soledad de la mano

se acomodan los humores
febrero y reclinar la cabeza
se hace sólo peso el peso del cuerpo
vivir sin ligereza intenso el cielo
y frío todavía las casas son oscuras
no recuerdo su voz sólo la sensación
de su voz

hilos sostienen la vida de los vivos
hilos que enjugan

ninguna elevación sin embargo
puedo hablar a los otros
miro frutas fresas
antes de tiempo
miro frutas la piel
encendida de las naranjas

de caza nocturna (1997)



Sube el ruido de quienes asisten
a la boda, mientras la brisa mueve
ramas y hojas frente a los sillares.
Si en vez de verlo, y ver
el sol dorando bajo
las piedras y las hojas, viera sólo
una foto –sillares, pináculos y un trocito
de árbol, todo bajo la luz-, me perdería,
además de la brisa, la móvil levedad
de las hojas, los vencejos chillando, las voces
que me excluyen, la sombra
que casi imperceptible se desplaza, la vida,
cómo suena, su fugitivo ojo.

de Del ojo al hueso (2001)



Si el lobo te ve antes,
te quedarás sin voz. En las podres
entrañas zumban, bullen,
brotan en nubes y formando
racimos, de la trunca
cabeza brota el canto,
de lo podre la abeja.

de Del ojo al hueso (2001)



Al salir a la calle, sobre los plátanos,
muy por encima y por detrás de sus hojas
doradas y crujientes, el cielo, muy por encima
azul, intenso y transparente de la helada.
A cuatro bajo cero se respira
el aire como si fuera el cielo
que es el aire lo que se respirara.
Corta y se expande y un instante
rebrota antes de herir. Ritmos
de la respiración y el cielo, uno
lugar del otro, volumen
que quien respira retrajera, puro
estar del mundo en el frío,
de un color azul que nadie viera, intenso,
que nadie desde ningún lugar mirara,
aire o cielo no para respirar.

de Del ojo al hueso (2001)



Los animales se mueven en parejas, si uno
describe círculos
sobre el suelo blanco y luego muere,
el otro en la siguiente noche repetirá
las huellas. Late bajo los pies
el recorrido de otros pies, casi deslumbra
el suelo al encender la luz, negra
naveta diminuta.

de Del ojo al hueso (2001)



El sol de la mañana
de enero envuelve el árbol gris
y brillan todas sus ramas
leñosas de rocío. La brisa mueve
el brillo y hace ondear los hilos
que hilaron las arañas, hilos al sol,
pregunta desflecada por la ductilidad
y resistencia. Antes,
quien tenía juicio para juzgar veía
por encima de avatares y ejemplos
una forma moral. La convicción juzgaba,
tejía sin enmarañarse. Cuando se nubla
el sol se apaga el brillo. Para quien escribe
el largo poema por la muerte
del padre, la convicción ordena
lo que lengua confunde y vida
aniquila. Su convicción es norte,
oriente, como si propusiera: en ese caso
repliégate, mira desde más atrás

                                                     resonancia
que se expande en el pecho, líquenes
nacen y se adhieren tenaces a la roca
volcánica: en sus nichos desnudas
vides e higueras, sólo
limones amarillos de un limonero nombran
el contrapunto; mira con la añoranza
de quien ya no está, dulce
principio de este octubre

                                          ¿y cómo mantener
el icono sagrado que se elige? Quien
convalece canta, canturrea
su canción para sí, no la oye sino que canta,
le sirve para orientarse, la voz
humana, de quien convalece.

                                 (octubre de este enero)

de Del ojo al hueso (2001)



los dos caminan, animal
tras animal, con confianza
y cadencia, con conocimiento siguen
entre dulces encinas y crespos
robles amarillos, animales
que duermen en el campo
y con su aliento se acogen

de Del ojo al hueso (2001)



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OLVIDO GARCíA VALDÉS
(Asturias, 1950) es licenciada en Filología Románica y en Filosofía. Ha publicado los siguientes libros de poemas: El tercer jardín (1986), Exposición (1990, Premio Ícaro de Literatura), ella, los pájaros, (1994, Premio Leonor de Poesía), caza nocturna (1997) –recientemente traducido al sueco (Nattlig jakt. Stockholm, 2004)- y Del ojo al hueso (2001). Es también autora del ensayo biográfico Teresa de Jesús (2001), de la traducción del libro de Pier Paolo Pasolini, La religión de mi tiempo (1997), de textos para catálogos de artes plásticas (Kiefer, Tàpies, Zush, Broto, Bienal de Venecia 2001, Vicente Rojo...), y de numerosos trabajos de reflexión literaria. Co-dirige la revista Los Infolios desde 1987, y fue miembro fundador de la revista El signo del gorrión, (1992–2002). Sus poemas han sido recogidos en antologías nacionales y extranjeras. Ha formado parte del Jurado en la última edición del Premio Cervantes. Es medalla Góngora de la Real Academia de Córdoba, España.




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