Julia Uceda



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LA EXTRAÑA

La fatiga e’sedersi senza farse notare.
Cesare Pavese, Il vino triste

Me levanté sin que se dieran cuenta
y salí sin hacerme notar.
Había estado todo el día
entre ellos, intentando
hacerme oír,
procurando decirles
lo que me habían encargado.
Pero el recado que me dieron
no era preciso. El humo,
la música, el ruido de las risas
y de los besos –estallaban
como las rosas en el aire-,
eran más fuertes que mi voz. Cansada
de mi trabajo inútil,
me levanté
abrí la puerta
y salí del hermoso lugar.
Desde la calle
miré por la ventana: nadie había
advertido mi ausencia.
Caminé. Volví el rostro:
ninguno me seguía.

de Extraña Juventud (1962)

 


LA CAÍDA

Hay que ir demoliendo,
poco a poco, la sombra
que vemos. Que nos dieron.
Que nos dijeron: «eres».
Hay que apretar las sienes
entre los dedos. Hay
que asentir a ese punto
-comienzo, duda o hueco-
que yace dentro.
                    Y es preciso
que en una noche todo arda
-el «eres», el «seremos»-
y un terror polvoriento
nos muestre su estructura.
Es urgente bajarse
de los dioses. Tomar
el fuego entre las manos.
Destruir esos «yo» que nos presentan
una hilera de sombras agotadas.
Y dejarse caer sobre el principio
de la vida. O del sueño.
Ser solamente vida
presente. Sin recuerdo
de ayer ni de mañana.

de Extraña juventud, 1962


DIÁLOGO

Aquí estoy -murmuró-. Vengo a traerle
su libertad
. Sobre la mesa estaba
doblada con cuidado, limpia,
recién salvada. Alzó
su rostro hacia el jardín:
dulces barcos de humo
marchaban hacia el mar.
El mar... Ningún camino
podría conducirla..Todo era
una espiral interminable.

Él dijo:
Te amaba... te he amado... Ella
―tenía vueltos al jardín los ojos ―
oyó: Yo temo. Y sonreía
a los barcos que eran catedrales,
y luego montes y después rebaños
y al fin ya nada: sólo
una gran pesadumbre.

¿Qué temes? -dijo. Y su voz venía
del país de las sombras- Oh, no,
no temas nada.
Y él: No dije
«temo», sino te amo. Parecía
sorprendida. Miró
la libertad: sobre la mesa
ya no estaba. Recordó: Te amo...
Alguien, una vez, dijo eso,
pero quién, cuándo, dónde...
No pudo
recordarlo. Él esperaba su respuesta
y entonces, con dulzura,
se abrió la blusa y le mostró la muerte.

de Sin mucha esperanza, 1966


NADA SE OYE

The abandoned ruins of the dreams I left behind.
De una canción popular inglesa.

¿Estuve sola
a través de los tiempos y los grupos
dorados del otoño, a través de la sombra
del árbol en el agua
inquieta o dura, y más y más allá?

¿Fui o fuimos hablando entre la niebla
que fingía triunfantes
contornos a mi lado: un rostro puro
muy extraño en su noche, con los signos
de un idioma remoto en su frente, en su boca?

¿Yo le hablaba a la niebla y a la sombra
o es que alguien me oía?

¿Oía alguien?

La respuesta, ¿era una voz o el viento?
Era una voz ¿o el agua
salvaje de ese río cruel y poderoso
que el amor no conoce?

Nada se oye.
En la casa vacía, las preguntas ─los pájaros─
se estrellan, silenciosas, contra el muro
y una muy tierna gota de sangre sustituye
a la huella del ala en el cemento.
Un instante fue el roce y destruidas
una a una se ocultan.

El silencio, ¿no es mucho para cada criatura?
La eternidad es sólo un peligro invisible
porque las roncas voces de la montaña claman
por los cuerpos perdidos que hablaron a las sombras.

Nada se oye.
Pero entonces, ¿me oía?

El silencio es como una eternidad sin fondo,
sin principio: una espalda
a la vida, a los hombres.

Para después no quiero contestación ninguna.
Es aquí donde tuve la urgencia de saberlo.

Oh sí, ya nada se oye.

Pero entonces, ¿me oía?

de Poemas de Cherry Lane, 1968


CONDENADA AL SILENCIO

Para Ramón Sender

Nada más natural que estos paisajes
y esta luz en mi mesa y esta casa
-posible ya que se ha perdido todo-
y este extraño país en el que estoy.

Nada más natural que los nombres que oigo,
nada más natural que la nieve que cae,
la cama donde duermo,
los caminos que anduve . . .

Nada más natural. Nada más misterioso.

Aún no veo el conjunto
de todos los enigmas.
Sólo tengo fragmentos
Amargos, disparates
De mí: gran disparate. O verdad honda.

Lo nuevo es la costumbre.
Lo acostumbrado olvido.
¿Soy otra? ¿Soy la misma? Los espejos
reflejan a una niña que se va y a una anciana
que blancamente llega,
pero nunca responden.

La respuesta está al filo:
Cuando ya nada importa y no regresa el hombre.

Pero entre tanto hay músicas
y luz en las estancias y retratos,
y horas que pasan esperando oír voces
que miran desde ayer. Y también son misterio.

Habría que marcharse.
No haber venido nunca
porque el hondo misterio no está en los escalones
que bajamos: se agita,
mortal y eterno, en nuestro lado izquierdo,
y estamos impacientes porque amamos
lo que no debe amarse
ni ser amado quiere.

Yo me pregunto ahora,
en este pozo hondísimo,
si aún me quedan más pozos,
cuántos pozos me quedan
y hasta dónde el misterio será, como hasta ahora
natural, cotidiano
y si un día, en mis nieves,
no sentiré ya nada:
¡qué vergüenza, Dios mío!

Y digo que me quiero
marchar.
Que el juego es sucio,
que yo nada comprendo y que no hay paraísos
terrestres ni celestes. Sólo noches y noches
y una lenta caída del insomnio a la nada:
desde un sueño a otro sueño.

Lo más limpio es marcharse:
No dejar que se ensucie
Nuestra mano inocente. Pero suena el teléfono
y Sí, yo soy, decimos
a las voces extrañas que, siempre equivocadas
de número, en la niebla
a cenar nos invitan.

Todo tan natural. Todo tan misterioso.

Cada hombre, en su noche,
Sin saber dónde echarse como un perro,
Descuelga los teléfonos, acude
A a la cena, sostiene
hermosas copas de cristal: decora
un friso monstruoso. Sigue.

Nada más natural. Lo extraño es esto:
no poder derrumbarse en las aceras
porque hay que mantener el orden público.

de Poemas de Cherry Lane,1968


ESO

Eso, a lo que han gritado ¡fuera! Hace mucho tiempo,
Eso, eso que está ahí, en la orilla,
¿por qué se obstina aún
en subir
desde la noche a la luz que no le pertenece?
¿Por qué se agarra
a la rama azul de la esperanza y vive y vive
y no sabe otra cosa más que vivir?

                                 ¿Qué es eso,
de qué materia,
que flota todavía, que trepa,
que respira y casi
sonríe y se recuesta
en el color de la amapola?

                                 Quién ha traído eso
Y lo ha dejado ahí, entre nosotros, si no sabe
más que vivir,
más que esperar acaso
y no aprende su nada, su ser único.
Si mucho antes de ser
No era. Todo lo que eso vive
Ha sido ya vivido, hace edades.

                                 Y sabiéndolo, sigue.
¿Está esperando un poco de calor?
¿Acaso que alguien diga: “Sí, te conocemos”?
¿O tal vez otra cosa que ni sabe?
          ¿Por qué no se ha dejado caer sobre las aguas
y olvidar?

de Campanas en Sansueña, 1977


LIBERTAD DE LA LUZ

Alguna vez he de volverme
y mirar hacia atrás. No sé
si habré de dirigir mis ojos hacia arriba
o hacia abajo, pero tú, a quien no escribí un poema de amor
y di más que el amor, comprenderás
(¿He dicho que no creo en el amor
sino en la luz? Amor . . . He visto demasiado
esas palabras: conteniendo la vida,
engalanando la muerte, arrastrada por lechos,
desvaneciéndose en los idiomas –love,
liebe, amore . . . amore mío
, amor: sonidos,
confusión de sonidos que ocultan
algo. Luz: tan sólo en ella creo).
                                Nadie es su voluntad: es su destino.
Ni es sólo su presente: es el pasado
y el futuro también –un peligroso borde
donde, no siempre ciegos, caminamos-.
Inevitable despeñarse
mas tal vez no terrible. La luz sólo
puede liberar a las sombras,
derretir sus cadenas,
dar a las aguas transparencia y vida,
aire al espacio clausurado.
Y el presente de ayer
no es ya más una soledad sin sentido
en que se puede llamar amor a las sombras.
Porque ¿puede ser una garra el amor?
¿Puede ser un desierto el amor? ¿Puede ser
una alta muralla?
¿Podría haber sido, yo sola, el amor y el amante
viendo otro cuerpo donde nada había?
No sé: ¿cómo saber quién fui, quién, ellos, fueron
sin luz?
                      Yo, a mí misma,
regresaré por esa luz -semilla de una luz ahora-
restaurando los rostros mordidos por el tiempo,
ordenando la casa que me habita
-puesto el mirto en los vasos
en honor de las sombras ancestrales-,
porque no hay que renunciar a la pena,
ni al testimonio de los escombros,
sino a la destrucción.
                                 Porque ser o no ser destruida,
sólo depende de mí: de que mi mano
tape la luz o la deje pasar
por el pequeño espacio que entre mis ojos vive,
hasta el fondo infinito,
y me incluya en su círculo.
En ese día inacabable
en el que los vocabularios se fundan en la luz,
y sea suficiente mirar,
¿para qué llamar nada a nada?

de Campanas en Sansueña (1977)


DRIVING

Me pregunto si alguien, alguna vez,
podrá imaginarme, como yo no puedo,
formando parte de estos bosques, en los que no pienso,
de este mar, que a veces ignoro y del que huyo, a veces
-driving and driving and driving alone-: necesito
en otra lengua porque su sonido
pone el punto de soledad, de aislamiento, mejor,
a las tres partes: mujer en un coche, bosques, mar.

Siempre creo estar en otra escena
Y encuentro mi lugar en la que ya he perdido. Y eso significa
tal vez, que nunca estoy en parte alguna.

Pero alguien,
alguna vez, supongo con excesivo optimismo
sobre el valor posible de unos cuantos poemas, tendrá curiosidad
por saber cómo fui. Y pintara un atractivo cuadro si contempla
los hermosos paisajes que me acogieron
y que tan fielmente, aunque ya perdidos,
se pueden entrever en toda mi escritura.

Puede que el conjunto resulte hermoso.
Me gustaría verlo, pero será imposible.
De todos modos, quiero hacerle un favor al curioso futuro:
nada estará completo si se olvida
-driving and driving and driving alone-
de este verso extranjero.

de En el viento, hacia el mar (2003)


INCLUSIONES EN UN ZAFIRO VIOLETA

Quizá en el territorio del zafiro los puedas encontrar.
                                Se reconocen en la lejanía de haber sido, sin ser jamás ni voz ni tiempo sino sólo recuerdo que, como ciega, palpas en la incierta pared de la memoria.
                                Siempre jóvenes son, aunque las hojas de todos los otoños unidos
                                intenten acercárseles.
Pero nunca los tocan. Los años, con respeto, se arrodillan en los umbrales del zafiro, que es urna y universo.
                                Tal vez la muerte, un día, suprimirá el espacio en que dialogan las sombras fieles de quienes nunca fuimos.

También, entonces, tú habrás muerto.

de Del camino de humo, 1994


BOCETO PARA MOMENTO DE HÉROE

          Se oye el teléfono, pero no hay nadie en casa. Ya no vive

en la ciudad. Oyen el timbre los retratos, las mesas,
el sofá, un poco hundido por su lado, los visillos, las tazas
de café, limpias, colgadas con sus platos; unos lápices,
tal vez alfombras, y el cepillo de dientes. No huellas,
no desorden, pocos libros
                                El teléfono
termina de sonar: un ruido mecánico
me dice que no insista.
                                El telón
ha caído.
                     Esta escena vacía tuvo un héroe
que la llenó, pero ahora es polvo dividido
                     (cruzan el escenario otras figuras,
                     otros pasos resuenan, colocan los cojines del sofá, a un lado
                     dejan los lápices, llaman a otros teléfonos),
es polvo dividido en dos montones:
¿acierta con su mano a su cabeza?,
¿cómo sus ojos encuentran a sus pies?
¿qué palabras se rompen en cristales?
              ¿Y el frío?
                          No hace

No publicado en libro



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JULIA UCEDA
, Doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla, es la primera mujer en recibir el Premio Nacional de Poesía de España en 2004, por En el viento, hacia el mar, (ed. de Sara Pujol R., Fundación J.M.Lara, Sevilla, 2002 y 2003), que reúne sus siete libros anteriores y poemas inéditos. Su obra ha sido traducida al inglés, chino, hebreo, italiano, entre otras lenguas. Se autoexilia en Estados Unidos en 1965, donde ejerce la docencia en la Universidad de Michigan hasta 1973, y con posterioridad en Irlanda hasta 1976, año en que vuelve a España y se instala en Galicia para fundar la editorial Esquío. Una recopilación de su obra crítica y ensayística, así como de sus relatos aparecerá en breve. En 2005, también por vez primera a una mujer, recibe el título de Hija Predilecta de Andalucía.




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