Varujan Vasgonian
Traducción de Joaquín Garrigós



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Sólo

sólo mi poema es ardiente
como un ladrillo llevado de mano en mano
hasta lo más alto del templo
sólo tu hermosura, Nefertiti, merece rematar
la pirámide
sólo los rayos de la luna forcejean en la ventana
sin poder abrirla
sólo mi sangre me atraviesa el corazón
sin matarlo



Vartanants
-el día de los héroes-

mi nombre perteneció a un guerrero caído en el campo de batalla
y a un joven poeta muerto a pedradas
ellos son los muertos más hermosos de mi pueblo
llevo una túnica blanca empapada de sangre
que no corre por mis venas
pero que está viva
siento un dolor en la sien donde la piedra
atravesó el hueso blando
y un pensamiento surgido muy pronto se transfoma en sangre

recibo mi nombre como agua que cae goteando de las paredes de un pozo
desde allí las alturas del cielo y las profundidades de la tierra son una misma cosa
me refresco los labios y me lavo la caraahora puedo hablar y puedo llorar
el libro de mi nombre está lleno de imágenes
del mundo tal como lo he visto
y me doy cuenta de que, durante dos mil años,
los tres hemos amado a la misma mujer
bienaventurada seas, pues nadie puede desearte más
que nosotros, un guerrero y un poeta



Cuento

-hierogamia-

estoy en la cabecera de mi cama
velándome a mí mismo
inmortal y redondo como un grano de trigo
como la serpiente Kundalini mordiéndose la cola
como un anillo en tu dedo



el ojo velado de la reina

la bendición de estar ciego
y poder descubrirte sólo
acariciándote
al no saber de inmediato
lo hermosa que eres



La voz del ángel en la hierba

la caída en pecado viene acompañada de signos
el mundo que andas buscando está más allá de los signos
me dijo mi ángel de la guarda
el fluir de la sangre en las venas es lo más silencioso que existe
pero también el silencio es un signo
las manzanas rojas anuncian que la cosecha está próxima
los cascos de los caballos dejan en el suelo mojado por la lluvia
las huellas de su marcha insomne
ojera tras ojera
lo que está más allá de los signos es tan puro
que ninguna llama podría consumirlo
en aquel lugar, mi hermosa señora,
todos los signos se cubren, toda huella desaparece,
tan limpio de pecado es su paso por la hierba...



Naturaleza estática

el águila de mí
revolotea sobre mi cabeza
se eleva a cada palabra
y solo cuando dueromo o cuando muero desciende
y se posa en mi hombro

el lobo de mí husmea el miedo
pegado al muslo de la mujer que hay en mí

los dos están al acecho

el yo de mí es un vaho polvoriento
una firma
en un espejo



la cuarta dimensión

yo soy un escriba... tengo los dedos apretados
en la pluma
como la garra de aves congeladas
no me preguntes por mí, reina,
mi aliento está más allá de este mundo
como el vapor se levanta suspirando
de los surcos recién removidos
hace mucho que se me ha olvidado hablar
cada palabra escrita mata decenas de otras palabras
desciende y mira por encima de mi hombro
la fina línea con la que coloco en el mundo
la cuarta dimensión
el tizón arañando las paredes de Altamira
el barro liso y caliente como la mejilla de un niño
el papiro donde se mezcla el ala de un dios
tres veces alabado
con la sonrisa del filósofo de Estagira
he escondido el libro de arena pero dejando
que de su polvo surja la buena nueva
he copiado manuscritos he aplastado
la pulpa de la hoja hasta prensarla
y en las paredes de los bulevares he hecho
pintadas
estoy condenado a escribir sobre cosas ajenas
hasta que la tinta extenuada sea reemplazada
por mi sangre
estrechos márgenes tiene el mundo
para que quepamos nosotros,
amada mía,
reina mía
Nefertiti...



Vals lento

bailemos un vals, hermosa mujer,
he colocado las velas en un círculo especial
lo bastante pequeño para conservar el misterio
lo bastante grande para que el centro
quede lo más oscuro posible
a lo largo y a lo ancho de la vía láctea
nuestros pies removerán la arena
mezclada con nácar
giraremos lentamente alrededor del reloj
hacia el primer segundo del mundo
cuando solo existía nuestro círculo infinito e ínfimo
como el número mágico Aleph
entonces te entrarán deseos de llorar
los pájaros se posarán en tu hombro felino
y abrazados a esa lágrima
rodaremos por tus blancas mejillas
en un vals lento, silencioso
y sin fin
amen

Todos los poemas pertenecen al libro El ojo velado de la reina, 2001



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