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Decía Cioran que hay pueblos inteligentes pero que por hablar una
lengua provinciana están condenados al anonimato. La literatura rumana
no es ni mejor ni peor que otra, simplemente es desconocida. Y ello
por las razones de lengua que apuntaba el pensador transilvano, ya que
el hecho de haber sido escrita en un idioma que apenas rebasa las
fronteras del estado rumano le quita posibilidades de expansión. A
ello hay que sumar las tendencias editoriales actuales de
mercantilización de la cultura, las cuales dan primacía a la
literatura nacional y a la anglosajona, por ser de más fácil venta, y
relegan las demás a la categoría de «periféricas», de modo que la
presencia de estas en el mercado del libro es casi simbólica.
Otra razón que contribuye al desconocimiento de la literatura rumana
es su relativa modernidad. Tampoco el italiano es lengua que se
extienda fuera de los confines de Italia pero, desde hace siglos, es
vehículo de una formidable cultura y muchos de sus autores son
referencias de la literatura universal.
Por razones históricas cuya exposición no procede en estas sucintas
líneas, la literatura rumana propiamente dicha no nace hasta el siglo
XIX. Ese nacimiento marcha al compás del nacimiento de la propia
Rumania como estado, que también tiene lugar en la segunda mitad del
siglo XIX, y cuando la vieja lengua romance, que la población nunca
había dejado de hablar desde la conquista de la Dacia por las legiones
de Trajano, se moderniza y se transforma en una lengua literaria
robusta y de enorme expresividad que alcanza su máximo esplendor con
Mihail Eminescu (1850-89), cumbre de las letras rumanas.
No obstante, y por las razones citadas, el de Eminescu es un nombre en
letra pequeña en las enciclopedias cuando por la altura de su poesía
tendría que figurar como uno de los gigantes del romanticismo europeo.
También la falta de buenas traducciones ha impedido su valoración
adecuada. Piénsese que hasta 2004 no aparece en España la primera
traducción completa de su poesía y directamente del original rumano.
Lo mismo podemos decir de otros autores: en 2002 se publicó la de El
lecho de Procusto, novela de Camil Petrescu escrita en 1933,
considerada la cima de la novelística rumana. A esa distancia
temporal, la publicación ya solo tiene un interés histórico y
cultural. En ningún caso se va ya a situar convenientemente al autor
entre los escritores de su época pues a un escritor hay que valorarlo
de forma coetánea a sus escritos.
Precisamente una de las características de la literatura rumana es que
quizá sus mejores representantes sean poetas, lo que tampoco ayuda a
su difusión. Es la novela la que da la auténtica dimensión a una
literatura y la que la populariza fuera de sus fronteras.
La novela rumana, si bien cuenta con notables representantes en el
siglo XIX, no alcanza niveles de calidad continental hasta el XX, en
que se rompe con el campesino autóctono como tema, con una literatura
que podríamos llamar incluso regional, y se inserta en los moldes
europeos. El punto de inflexión está en 1926 cuando Hortensia
Papadat-Bengescu publica su Concierto de música de Bach. La huella de
Marcel Proust es evidente, se venía tanteando, pero hacía falta una
novela como esa, de altísima calidad literaria, que lanzara a la
literatura rumana en medio de las corrientes europeas y se homologara
con ellas.
Ese año es el punto inicial de una etapa que dará lugar a excelentes
escritores que llevarán a la literatura rumana a unos niveles que la
guerra truncó y nunca más volvería a alcanzar. Por el camino abierto
por Hortensia Papadat-Bengescu transitaron otros proustianos como
Anton Holban o el inmenso Camil Petrescu, novelista crítico y
dramaturgo, cuya novelas se pueden comparar con las mejores que por
entonces se escribían en la Europa occidental. No es exagerado afirmar
que si hubiese estado en las librerías de París en los años treinta,
Camil Petrescu podría haber disputado el Nobel de Literatura a los
grandes escritores de entonces. La huella de Kafka la siguió Max
Blecher, escritor judío muerto en plena juventud, que dejó una obra
corta pero muy estimable. Todos ellos fueron escritores con
personalidad propia, sin ser en modo alguno imitaciones serviles del
modelo occidental.
Es la etapa de debut de Mircea Eliade, Emil Cioran y Eugen Ionescu
(más tarde Eugène Ionesco). Mihail Sebastian triunfa como novelista,
dramaturgo y crítico. Su diario póstumo escrito entre 1935-44 se ha
considerado uno de los grandes diarios europeos del siglo, una vez se
tradujo a las lenguas de gran circulación en estos últimos años. Otros
escritores como Gib Mihăescu, Vasile Voiculescu, Liviu Rebreanu, Ionel
Teodoreanu, etc., son nombres desconocidos en Europa pero con un
destacado lugar en la República de las Letras rumanas.
Este brillante panorama se oscurece a partir de 1945 y la literatura
rumana entra en barrena. Varias son sus causas. Por un lado, la muerte
en plena juventud de algunos de los grandes escritores, como el citado
Blecher, Mihail Sebastian, Anton Holban o Gib Mihăescu. Por otro, las
consecuencias de la guerra: muchos escritores se van al exilio, como
Cioran, Vintila Horia, Ionesco y Eliade, donde, con la excepción de
este último, cambiarán de lengua y darán sus mejores frutos en su
lengua de adopción. Otros vivirán el exilio interior, marginados por
el nuevo régimen, como Hortensia Papadat-Bengescu, o incluso
encarcelados, como Vasile Voiculescu, y otros pondrán su pluma al
servicio del poder, como Mihail Sadoveanu y Camil Petrescu, y solo
producirán obras panfletarias de propaganda política y nulo valor
artístico, como la novela de Sadoveanu que lleva el significativo
título de La luz viene del Este.
Tampoco la férrea censura de los años del comunismo era lo más
propicio para el desarrollo literario, sobre todo de la novela. Tan es
así que los cuarenta y cinco años de régimen fueron estériles, salvo
contadas excepciones, en este campo y solo se encuentran valores en la
poesía de algunos autores como Marin Sorescu, Gellu Naum o Nichita
Stănescu.
La caída del comunismo en el 89 abre una nueva etapa donde la
literatura ya puede desenvolverse con libertad y en la que se aprecia
el nacimiento de nuevos valores. Hay que colmar el desfase de más de
cuatro décadas con Europa y eso no es fácil. El reto que tiene ante sí es enorme y precisa de la ayuda de los poderes públicos, quienes no
parecen muy proclives a darla.
En la antología que integra este número hemos apostado por valores
actuales o por escritos menos conocidos de algún clásico, como Blecher
o Bacovia. Otros grandes clásicos como Tudor Arghezi, Lucian Blaga, Ion
Barbu, Nichita Stănescu, etc., han sido ya recogidos en antologías y
publicados en forma de volumen, en alguna ocasión, aunque hoy se
encuentren agotados. Por ello queremos dar primacía a voces que no han
tenido ocasión de expresarse en nuestra lengua o, si la han tenido, ha
sido en muy escasa medida y no por ello son menos valiosas. También el
respeto a los derechos de autor nos condiciona la selección.
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(*) Joaquín Garrigós (Orihuela, España, 1942) licenciado en Derecho y en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia. Es intérprete jurado de lengua rumana, miembro de la Asociación Colegial de Escritores, sección de Traducción. Ha sido galardonado con el premio de traducción de la Unión de Escritores de Rumania.
Algunas de sus traducciones son:
CIULEANDRA, Liviu Rebreanu, Bucarest, Fundatia Culturala Româna, 1992.
LA SEÑORITA CRISTINA, Mircea Eliade, Barcelona, Lumen, 1994.
BODA EN EL CIELO, Mircea Eliade, Barcelona, Ronsel, 1995
EL OCASO DEL PENSAMIENTO, Emil Cioran, Barcelona, Tusquets, 1995.
EL LIBRO DE LAS QUIMERAS, Emil Cioran, Barcelona, Tusquets, 1996.
DIARIO ÍNTIMO DE LA INDIA, Mircea Eliade, Valencia, Pre-Textos, 1997.
LA INDIA, Mircea Eliade, Barcelona, Herder, 1997.
BREVIARIO DE LOS VENCIDOS, Emil Cioran, Barcelona, Tusquets, 1998.
LA NOCHE DE SAN JUAN, Mircea Eliade, Barcelona, Herder, 1998.
LOS JÓVENES BÁRBAROS, Mircea Eliade, Valencia, Pre-Textos, 1998.
TIEMPO DE UN CENTENARIO, Mircea Eliade, Barcelona, Kairós, 1999.
DIECINUEVE ROSAS, Mircea Eliade, Barcelona, Kairós, 1999.
RELATOS FANTÁSTICOS, Mircea Eliade, Barcelona, Kairós, 1999.
MAITREYI, Mircea Eliade, Barcelona, Kairós, 2000.
EL SOBRE NEGRO, Norman Manea, Madrid, Metáfora, 2000.
DIARIO 1945-69, Mircea Eliade, Barcelona, Kairós, 2001.
DIARIO PORTUGUÉS 1941-45, Mircea Eliade, Barcelona, Kairós, 2001.
EL LECHO DE PROCUSTO, Camil Petrescu, Madrid, Celeste, 2002.
LA CABEZA DE URO, Vasile Voiculescu, Madrid, Espasa Calpe, 2002.
DIARIO 1935-1944, Mihail Sebastian, Barcelona, Destino, 2003
ISABEL Y LAS AGUAS DEL DIABLO, Mircea Eliade, Madrid, Espasa Calpe, 2003.
EL ACCIDENTE, Mihail Sebastian, Barcelona, Destino, 2004.
PEREGRINO (poesía), Liliana Popescu, ed. Empireuma, Orihuela, 2004.
EL REGRESO DEL HÚLIGAN, Norman Manea, Barcelona, Tusquets, 2005.
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