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La literatura, como cualquier otro producto generado por
una sociedad, surge siempre en un momento histórico
concreto que responde una serie de coordenadas -económicas,
sociales, políticas, etc.- específicas que
deberán tenerse en cuenta a la hora de analizarla.
Así, los cambios formales y estéticos que
la literatura va experimentando a lo largo de los años,
sintonizan en buena medida con los avatares que marcan también
el devenir de la sociedad que la produce y este axioma se
hace aún más cierto cuando se utiliza como
medio expresivo una lengua no normalizada. Tal es el caso
del gallego y de su literatura. Por lo tanto, a la hora
de determinar las características que definen a la
poesía escrita por los autores más jóvenes
es necesario tener siempre muy presentes dos circunstancias
fundamentales: el conflicto diglósico que viven el
gallego y el castellano, enfrentados desde hace siglos;
además de la repercusión que esta “anormalidad”
lingüística tiene sobre los propios creadores
y sobre su obra. Así pues, para poder trazar las
coordenadas estéticas de la poesía última,
es necesario establecer previamente el marco histórico
en el que estos escritores se ven inmersos.
Los precedentes: el siglo XX y su periodización
Para su estudio, la literatura gallega
del siglo XX se divide en tres grandes períodos determinados
por la guerra civil (1936-1939) y por la desaparición
del franquismo (1975) como hechos históricos clave.
Así, la preguerra (dominada por una serie de voces
que enlazan con las grandes líneas temáticas
propias del siglo XIX y por una tímida introducción
de las innovaciones vanguardistas gracias a los autores
más jóvenes) y la posguerra (período
de muy difícil regreso a la literatura tras el silencio
impuesto a los idiomas peninsulares que no fuesen el castellano
-y que, en el caso gallego, llega hasta 1947, año
en que se publica el primer poemario de la posguerra- donde
van a sucederse las tendencias existencial y socialrealista,
fundamentalmente) van aportando ciertas renovaciones formales
y temáticas que darán su fruto en la época
más contemporánea, la que se inicia en el
año 1975 y define el final del siglo XX. En estos
últimos años del siglo se consolida una democracia
parlamentaria que pone fin a casi cuarenta años de
dictadura y represión política, social y cultural
que se dejó sentir con especial crudeza en los ámbitos
vinculados a lenguas como el catalán, el euskera
y el gallego.
Hasta bien entrados los años sesenta,
no se podrá ir superando la profunda crisis económica
que asola al país tras el conflicto bélico
de 1936. Es en estos años cuando los más jóvenes
van a experimentar una serie de vivencias enriquecedoras
que eran impensables poco antes como, por ejemplo, la posibilidad
de viajar por Europa, la lucha política y sindical
clandestina, el conocimiento (si bien burlando siempre la
censura) de autores y obras foráneos cuya influencia
se dejará sentir en sus propias creaciones. A esta
generación de intelectuales (que en la literatura
gallega se denomina “Xeración das Festas Minervais”
y recoge a los nacidos entre 1930-1940) se debe la modernización
de la prosa en la “Nova Narrativa Galega” (creada
a imagen del “Nouveau Roman” francés)
y la introducción del existencialismo en la poesía
a través de la, significativamente llamada, “Escola
da Tebra” (Escuela de la Tiniebla). Son ellos también
los que potencian la poesía social como tendencia
hegemónica en las décadas de los sesenta y
setenta, un estilo poético que hace girar alrededor
del mensaje directo, y en ocasiones panfletario, lo más
esencial del poema quedando así supeditada la forma
a la inteligibilidad del texto. No importa, por tanto, descuidar
la estética en aras de la comprensión, característica
que influirá notablemente en el desgaste que esta
tendencia muestra ya entrados los años setenta y
que llevará a sus autores más destacados a
abandonarla en favor de otras vías que ayudan a consolidar
el cambio poético finisecular.
1975: el año del cambio
Aunque el verdadero cambio literario se
va a producir en la poesía gallega en la década
de los ochenta, los factores políticos acontecidos
en 1975 son tan relevantes que ya es un lugar común
entre la crítica situar esta fecha como punto de
partida de la renovación poética efectuada
por la “Xeración dos Oitenta”, grupo
que engloba a un conjunto de autores que van a ir modificando
las estructuras líricas en esa década. En
este momento, la literatura comprometida representada por
el Socialrealismo va a verse superada por un texto que,
desde un exquisito cuidado estético, investiga nuevos
temas y busca el diálogo con el lector sin renunciar
a un lenguaje poético elaborado. Con todo, el hondo
compromiso ético con causas contemporáneas
a creador y lectores se deja sentir en las obras de este
período.
Los cambios en la política estatal
española también van a provocar una serie
de mudanzas que afectan a Galicia como, por ejemplo, la
concesión del Estatuto de Autonomía en 1978
que le reconoce su carácter de nacionalidad histórica
y su derecho a gobernarse, aunque no totalmente. La entrada
en vigor del Estatuto va a permitir la elaboración
y puesta en marcha de la Ley de Normalización Lingüística
(1983) que, entre otras cosas, regula la enseñanza
del gallego desde la infancia. Así, los autores más
jóvenes superan una carencia propia de sus predecesores:
la que les obligaba al conocimiento autodidacta de la lengua
y la literatura.
También en los primeros años
ochenta, el panorama cultural gallego, hasta entonces en
una lenta maduración, va a sufrir rápidamente
una serie de cambios significativos que favorecerán
el aumento de títulos publicados. En esta época
se fundan nuevas editoriales, aparecen colecciones exclusivamente
dedicadas a la poesía, se potencia a través
de diversos premios literarios la creatividad, surgen revistas
y suplementos culturales (en la prensa periódica)
que van a ir dando noticia del desarrollo de la lírica
e incluso, algunas veces, se recurre a la autoedición.
Todo son facilidades para que los más jóvenes
poetas se vayan dando a conocer. En este sentido de descubridores
de nuevas voces, los premios poéticos tienen un papel
relevante. Son galardones como el Esquío, Leliadoura,
Cidade de Ourense, etc., vinculados a diversas instituciones,
que irán afianzándose como citas clave o desaparecerán
para dar paso a otros certámenes originados en años
posteriores. Además, y ésta es una característica
específica de esta generación, desde muy pronto,
la crítica muestra su interés por ellos dando
cuenta de las novedades y elaborando una serie de antologías
que establecen el canon de autores y obras. Desde la primera,
publicada en 1984 (Desde a palabra, doce voces
de Luciano Rodríguez) se van sucediendo otras con
criterios, selección de voces y tendencias muy diversas
pero compartiendo todas ellas el objetivo de establecer
la valía de los poetas de los ochenta.
Este gran esfuerzo de difusión
tiene también su reflejo en el panorama editorial
gallego que se va normalizando en esta década con
la aparición de sellos editoriales generalistas que
dedican parte de sus esfuerzos a publicar poesía.
Así, Galaxia -la editora más veterana de las
letras gallegas, fundada en 1950- crea la colección
Dombate; Xerais tendrá varias colecciones a lo largo
de las décadas de los ochenta y noventa siendo las
más importantes Vento Branco (en los ochenta) y Ablativo
Absoluto (en los noventa); Sotelo Blanco publica los libros
premiados con el Leliadoura en una serie del mismo título,
algo que también hace Ediciós do Castro con
los galardonados en el certamen Eusebio Lorenzo Baleirón,
etc. A estos ejemplos hay que sumar los libros que se editan
fuera de colección y los patrocinados por ayuntamientos
y asociaciones culturales de diverso signo que, normalmente,
se relacionan con la convocatoria de algún premio
poético como pasa, por ejemplo, con el Esquío
que dispone de su propia colección. Aún así,
a comienzos de la década de los ochenta, son varios
los poemarios autoeditados por sus autores, bien en formato
individual, bien reunidos en grupos y colectivos poéticos
como, por ejemplo, Rompente ó De amor e desamor.
Todos estos factores, y otros más
que sería muy prolijo enumerar, posibilitan que los
poetas de la “Xeración dos Oitenta” vayan
ocupando su espacio en la poesía gallega con gran
rapidez y que sus obras se sucedan con una frecuencia constante
en estos años. Con todo, a finales de esta década
el ritmo de publicación se irá ralentizando
hasta el momento en que irrumpen los más jóvenes
autores que renuevan los canales comunicativos con el lector
y se preparan para ir entrando en un sistema literario que
les acoge, en general, con franca alegría a pesar
de alguna polémica generacional que estallará
en los años finales del siglo.
Los años noventa
Los años noventa se caracterizan,
en lo que toca a la poesía gallega, por dos factores
esenciales: uno es el que se refiere al aprovechamiento
que los más jóvenes hacen del magisterio y,
sobre todo, las vías de publicación que ya
habían abierto los autores precedentes. Otro es la
coincidencia en estrenarse como poetas los creadores que,
procedentes del ensayo o la narrativa, publican ahora sus
poemarios coincidiendo con los que hacen su entrada en el
panorama poético gallego desde la madurez (pertenecientes,
por lo tanto, cronológicamente a generaciones anteriores)
y los que a penas han dejado atrás la adolescencia.
Esta confluencia se revela como un factor muy positivo,
en general, puesto que algunos de los poetas “tardíos”
actuarán como elementos magistrales sobre los más
jóvenes como pasa, por ejemplo, con Chus Pato. Con
todo, son los jóvenes los que más se van a
empeñar en buscar su propia voz, sus modelos literarios
que, en ocasiones, colisionan con los precedentes o proceden
del mundo audiovisual, la música y el cine. Ellos
hablan de la actualidad más impactante o de las cuestiones
que les preocupan pero también cultivan temas clásicos
y dejan ver su compromiso social y lingüístico.
Su irrupción en el panorama poético gallego
de finales del siglo XX se produce ligada, en buena medida,
a varios factores que les permiten afianzarse en poco tiempo
como voces indispensables y que son:
1. Los premios literarios en los años
noventa
La inmensa mayoría de los creadores
más jóvenes que entran en el panorama poético
de los años noventa lo hacen ganando un premio de
poesía que les ofrezca, además del reconocimiento
público, editar su obra. Así, por ejemplo,
Yolanda Castaño gana el premio Bouza Brey con su
primer poemario (Elevar as pálpebras) y,
desde entonces, galardones distinguirán su poética;
Emma Couceiro consigue el Espiral Maior (Humidosas)
en el momento en que este certamen se dirigía a autores
inéditos; Estevo Creus se descubre gracias al premio
Miguel González Garcés (Areados)
y Estíbaliz Espinosa se da a conocer ganando el prestigioso
Premio Esquío (Pan. Libro de ler e desler)
que ya habían alcanzado la mayoría de los
autores de la generación anterior. Son cuatro ejemplos
aleatorios a los que habría que sumar una amplia
lista. Los certámenes poéticos, que aparecen
y desaparecen a lo largo de esta década final del
siglo, se vinculan a instituciones diversas que los convocan
con objetivos y criterios muy variados: asociaciones culturales
(por ejemplo, el Premio Esquío), Diputaciones Provinciales
(Miguel González Garcés), ayuntamientos que
recuerdan a sus figuras singulares (Johán Carballeira,
Lorenzo Baleirón) o editoriales (como Espiral Maior
que crea el único galardón de estas características
dirigido en sus primeras convocatorias a autores sin obra
publicada). Los premios reportan dinero, reconocimiento
y publicación a los ganadores y ellos, a cambio,
responden participando masivamente en los certámenes.
2. Espiral Maior (1992): un espacio para la lírica
En el año 1992, un autor de la
“Xeración dos Oitenta”, Miguel Anxo Fernán-Vello,
crea Edicións Espiral Maior, primer sello dedicado
-durante varios años en exclusiva- a la publicación
de poesía. Este objetivo inicial de potenciar sobre
cualquier otro género el poético se suma al
hecho de poseer a día de hoy un catálogo que
ronda los doscientos títulos (organizados en diferentes
colecciones) lo que supone un hito histórico en la
literatura gallega (1), aún más importante
si tenemos en cuenta que en la nómina de autores
publicados por Espiral Maior conviven voces de todas las
generaciones, edades y tendencias. Además, la creación
del Premio Espiral Maior, dirigido en sus primeras convocatorias
en exclusiva a autores inéditos menores de 35 años,
supuso el descubrimiento de figuras que hoy por hoy son
imprescindibles en la poesía gallega como Rafael
Lema ó Emma Couceiro.
El ejemplo de Espiral Maior sirve de revulsivo
para otras editoriales que crean colecciones, más
o menos estables, para la poesía. Es el caso, por
ejemplo, de Xerais que funda la, recientemente desaparecida,
colección Ablativo Absoluto como un espacio destinado
a potenciar la creatividad de los más jóvenes,
o Edicións Positivas cuya colección Diversos
va enfocada a las obras más novedosas y experimentales.
También en ellas van a ir ocupando su espacio los
más jóvenes creadores que, ante las dificultades
para entrar en el mercado editorial, optarán en muchos
casos por fundar sus propios sellos.
3. Letras de Cal: una cooperativa poética
A pesar de su entrada en los espacios
que ya habían instituido los autores precedentes,
los jóvenes poetas van a fundar también sus
propios medios editoriales con mayor o menor fortuna. En
este sentido, son de destacar dos iniciativas: Edicións
do Dragón y Letras de Cal. La primera, Edicións
do Dragón, surge en 1989 como un intento de publicar
carpetas artesanales donde el texto (manuscrito por sus
autores) conviva con la parte plástica haciendo de
cada una de ellas un producto especial y diferente a cualquier
otro. Dirigido por Paco Souto, Miro Villar y Fran Alonso,
el sello editará varias obras colectivas (Ao
mar de adentro con textos de veintisiete poetas jóvenes,
A rota dos baleeiros con poemas de los editores,
Oito e medio cartapacio formado por los versos
de ocho poetas gallegas y Dous bocetos con versos
escritos al alimón por Francisco Souto y Adriana
Castro) e individuales (No mesmo espacio de Rafa
Villar y A teta sobre o sol de Olga Novo). Sin
embargo, la difícil difusión de sus obras,
fundamentalmente a través de recitales y presentaciones
de los libros, fue un factor determinante en su final.
Por su parte, Letras de Cal reúne
a más de veinte personas que, en forma cooperativa,
dirigen sus esfuerzos a dar oportunidad de publicar a voces
que no llegaban a las editoras más generalistas.
En su corta historia (1997-2001), los catorce libros editados
por Letras de Cal fueron distribuídos por todo el
territorio gallego a través de recitales poéticos
y presentaciones en muy diversos espacios (librerías,
pubs, universidades, etc.). Así, lograron demostrar
que la poesía podía dejar de ser un género
minoritario y que era editorialmente factible sostener una
empresa de este tipo. Vinculadas al proyecto de Letras de
Cal, bien como fundadores y partícipes (Yolanda Castaño,
Emma Couceiro, Estevo Creus, Rafa Villar, Marta Dacosta,
etc.), o bien publicando en este sello (María Lado:
A primeira visión, Celso Fernández Sanmartín:
Propriamente son captivo, Olga Novo: A teta
sobre o sol) figuran muchas de las voces que marcan
el panorama poético de los últimos años
del siglo XX. Además, entre sus logros está
la edición en 1999 del volumen dEfecto 2000, primera
muestra antológica de los autores más jóvenes
elaborada por ellos mismo, y de una selección de
poesía vasca traducida al gallego en A ponte
das palabras (Poesía vasca 1990-2000).
4. Grupos poéticos: el Batallón
Literario da Costa da Morte
Recuperando en cierto sentido el espíritu
grupal de sus antecesores -en 1977 varios poetas noveles
habían creado tres grupos poéticos de muy
diferente signo y fortuna: "Rompente", "Cravo
Fondo" y "Alén"; y en 1984 diez autores
de la ciudad de A Coruña se reunían en el
colectivo "De amor y desamor" para potenciar el
conocimiento de su obra así como su publicación
conjunta-, los jóvenes darán vida a lo largo
de la década de los noventa a varios colectivos o
grupos que sirven de plataforma para muchos de ellos. La
mayoría de estos ("Blas Espín",
"Colectivo Poético Humilladoiro", "Sete
Naos", "Serán Vencello"... ) serán
efímeros y dejan apenas alguna publicación
más o menos artesanal. Sin embargo, el "Batallón
Literario da Costa da Morte", que reune a casi treinta
autores nacidos en esta zona de la costa coruñesa,
va a significar un revulsivo a la hora de llevar la poesía
a ámbitos que no eran los puramente habituales. Así,
pubs, fiestas locales, cafeterías, tabernas, etc.
van a ser los lugares donde el Batallón organice
recitales de poesía sin descuidar los espacios ya
comunes (librerías, centros culturales, etc.). Si
a esto le sumamos la intensa actividad editorial de sus
miembros y la publicación de dos volúmenes
colectivos (Nós en 1997 y Mar por medio
en 1998, colaborando con poetas de la ciudad cubana de Holguín)
entenderemos que la importancia del Batallón no ha
sido baladí. De hecho, de él proceden, por
ejemplo, Estevo Creus, María Lado o Modesto Fraga,
que dan sus primeros pasos poéticos dentro del colectivo
y a él pertenecían también autores
ya conocidos en el momento de su fundación como los
hermanos Miro y Rafa Villar.
Los autores de los noventa: características
propias
La renovación formal y temática
que se había empezado a experimentar en los años
ochenta va a consolidarse ahora favorecida por muchos factores,
entre ellos, la introducción del gallego en los diferentes
niveles educativos que va a librar a estos autores de la
carga de autodidactismo lingüístico que tenían
sus precedentes inmediatos. Este es un rasgo propio de los
jóvenes autores de los noventa que se caracterizan,
además, por:
1. El papel de las poetas
En este momento se produce la llegada
masiva de las poetas a la creación y, si bien las
generaciones anteriores contaban entre sus voces destacadas
con alguna escritora, ahora son ellas las que van a dominar
el panorama poético al ofrecer las obras más
renovadoras y atrevidas. Así, cuestionan los modelos
patriarcales, se empeñan en ofrecer una nueva visión
del erotismo (que pasa del yo observador al yo sujeto) y
van ganando la mayoría de los premios literarios.
La aportación de las poetas jóvenes
a la literatura gallega se define a través de varias
líneas temáticas primordiales. Una de ellas
es la que rompe con los mitos clásicos que son escritos
de nuevo desde el punto de vista de sus protagonistas femeninas.
Esta tendencia supone dejar atrás los tabues, las
falsas imágenes impuestas a la mujer a lo largo del
tiempo y reivindicar el papel de las pioneras en este camino,
de aquellas que fueron cambiando los estereotipos a fuerza
de soportar la crítica social. Se le otorga ahora
la palabra a las grandes heroínas míticas
y literarias para que expresen su propio punto de vista
siguiendo los modelos marcados por poetas de generaciones
anteriores como, por ejemplo, Xohana Torres quien, en Tempo
de ría (1992), otorga voz a una Penélope
que pide: “Eu tamén navegar” y supera
así su destino atávico. Este mismo personaje,
Penélope, da pié a Ana Romaní para
reelaborar su historia en Das últimas mareas
(1994) como una esclava que se libera por propia mano
de la tiranía del telar e inaugura un mundo matriarcal
y libertario. Son dos autoras que pertenecen, respectivamente,
a la Xeración das Festas Minervais que inicia su
camino literario en los años cincuenta y a la Xeración
dos Oitenta.
Esta vía de modificación
de los modelos impuestos a lo largo del tiempo permite también
a las poetas más jóvenes reivindicar a esos
grupos femeninos rechazados por la sociedad al no amoldarse
a unos cánones comportamentales demasiado restrictivos
para ellas. Son varias las autoras de los años noventa
que rompen una lanza en favor de las prostitutas o las brujas,
pero será Olga Novo quien se atreva a ir más
allá cambiando la imagen del ser creador en este
breve poema:
e algún deus negra abre as coxas contra
o inmenso
e pare a verba.
Olga Novo, Nós nus, 1997.
(y algún dios negra abre los muslos
contra la inmensidad / y pare la palabra).
Los autores más jóvenes
siguen cultivando los temas universales de la literatura
(amor/desamor, existencialismo, sentimiento telúrico)
pero desde registros muy diversos que les llevan a adoptar
a veces un tono intimista o confesional y otras a buscar
la innovación en la voz lírica. Si los autores
de los ochenta habían recuperado para la lírica
un discurso intimista centrado en el amor, ahora éste
admite nuevos matices dada su relación con otras
líneas temáticas como, por ejemplo, el telurismo
que conlleva la identificación con una Tierra-Matria
representada en el cuerpo femenino. Sin embargo, los jóvenes
poetas traen aires singulares al verso amoroso sobre todo
en lo que toca al erotismo que se vehicula ahora mediante
dos vías paralelas.
La primera, más propia de los autores
precedentes, crea climas sensuales gracias a la contemplación
de una mujer que es objeto de deseo y centro de todo un
universo de sensaciones gozosas. Por eso se idealiza su
belleza, observada a distancia, que llega al poema a través
de un aparato simbólico más o menos elaborado.
En este caso se busca más la descripción del
objeto amado que la vivencia del amor físico.
La segunda vía erótica comparte
el sensualismo con la anterior pero es mucho más
explícita y directa porque prefiere, antes que describir
el objeto de deseo, mostrar la vivencia íntima de
la relación rompiendo cualquier tipo de tabú
moral. Ahora la mujer asume un papel activo y pasa de objeto
a sujeto para exponer su gozo erótico, el disfrute
de una sexualidad liberada de cualquier limitación.
En este caso, el lenguaje es directo, provocativo e, incluso,
violento ya que no utiliza eufemismos y reivindica los modelos
femeninos rechazados socialmente. Un claro ejemplo de esta
poética se encuentra en Yolanda Castaño:
Vivimos no ciclo das bengalas.
Prometémonos violarnos ás escuras.
Será que nos desgaxamos durante varios latexos
e os teus labios se pousaron sobre a miña incontinencia.
Será que foron máis fortes os meus estímulos
crudos
que ó final abriron todos en guirnaldas incendiarias.
Pero ninguén que me lea te coñece tan
ben
como para saber cómo as miñas pernas
por encima das túas ideas arquivoltáicas
e fetichistas.
Somos morboadictos. (...)
Yolanda Castaño, Vivimos no ciclo das erofanías,
1998.
(Vivimos en el ciclo de las bengalas /
nos prometimos violarnos a oscuras. // Será que nos
desgastanos durante varios latidos / y tus labios se posaron
sobre mi incontinencia. / Será que fueron más
fueres mis estímulos crudos / que al final se abrieron
todos en guirnaldas incendiarias. / Pero nadie que me lea
me conoce tan bien / como para saber cómo mis piernas
/ por encima de tus ideas arquivoltáicas y fetichistas.
// Somos morboadictos)
Un aspecto muy importante en esta segunda
vía de renovación del erotismo es la búsqueda
de formas expresivas novedosas ligadas a recursos lingüísticos
como la enunciación directa, el lenguaje de jerga,
los registros marginales y los neologismos (o palabras inventadas)
que producen diversas sensaciones en el lector. Asimismo
se produce la entrada en el poema de lenguajes hasta ahora
ajenos a el como las terminologías científicas,
los mundos domésticos o el léxico de las Ciencias
Naturales. Avanzando un paso más, el erotismo establece
vínculos con el telurismo lo que permite introducir
en el poema ciertos topoi ya arquetípicos
que aportan al texto sus significaciones simbólicas.
Esta tendencia va a tener su reflejo, por ejemplo, en la
poética de Olga Novo como forma de autodefinición
erótica.
Mas también existe una línea
paralela a la vivencia amorosa que emana del desamor, la
tristeza existencial, la soledad y el desarraigo que se
dejan ver en muchos de los poetas más jóvenes.
Ahora los textos son densos y complejos, crean mundos opresivos
y angustiosos mientras el ser debe asumir la pérdida
del ser amado lo que le obliga a enfrentarse al dolor oponiendo,
a un presente caótico, el intenso recuerdo de los
momentos felices. Así, se ve, por ejemplo, en este
fragmento de Miro Villar
(...)
é tan só nese diario de soños onde
existe
a muller que máis amo, por iso cando esperto
os zumes que se deitan comigo tornan agres
e percibo na boca, nos labios e nos ollos
un regreso salobre da pertinaz ausencia.
é tan só nese diario de soños
onde podo
dar e recibir todo, todo absolutamente,
e cando pestanexo descubro na verdade
o mesmo pesadelo da soidade dos días
e idéntica esperanza de amar anoitecida.
(...)
Miro Villar, Abecedario da desolación,
1997.
(es tan sólo en ese diario de sueños
donde existe / la mujer que más amo, por eso cuando
despierto / los zumos que se acuestan conmigo se tornan
agrios / y percibo en la boca, en los labios y en los ojos
/ un regreso salobre de pertinaz ausencia. // es tan sólo
en ese diario de sueños donde puedo/ dar y recibir
todo, todo absolutamente, / y cuando pestañeo descubro
en la verdad / la misma pesadilla de la soledad de los días
/ e idéntica esperanza de amar anochecida).
Los vínculos entre el tema amoroso
y el dolor actualizan en los poemas el existencialismo propio
de una filosofía de la vida desencantada que contiene
una buena carga de angustia vital. Así, los jóvenes
poetas muestran la desazón que provoca en el ser
la consciencia de su propia finitud, el hecho de que las
cosas pierden su esencia: los jardines envejecen sin cuidados,
los edificios se derrumban, los seres dejan entrever el
paso del tiempo... Todas estas imágenes conforman
una simbología desoladora que aparece, como tema
recurrente, en Martín Veiga a través de una
métrica elegante que recurre al verso clásico
y se abre a múltiples referencias culturalistas:
(...)
Escenas recordadas como a través dunha parede
que se derrumba, urdime fráxil, quebradiza,
a poesía, os fragmentos recobrados,
restos silentes dunha aldraxe antiga
que nunca ha ser desvelada,
íntimo pensar, temor esquivo.
Aquel que partiu un día non é o
que regresa.
A inocencia perdida non será recuperada
nin o distante rumor nas furnas, as gaivotas.
Martín Veiga, Novas voces da poesía
galega, 2000
(Escenas recordadas como a través
de una pared / que se derrumba, urdimbre frágil,
quebradiza, / la poesía, los fragmentos recobrados,
/ restos silentes de una afrenta antigua / que nunca será
desvelada, / íntimo pensar, temor esquivo. // Aquel
que partió un día no es el que regresa. //
La inocencia perdida no será recuperada / ni el distante
rumor en las cuevas, las gaviotas).
El sentimiento de desolación provocado
por la pérdida de ese paraíso perdido que
es la infancia se va a matizar, principalmente, de dos maneras:
la primera a través del sentimiento amoroso, perviviendo
gracias a la potencialidad maternal y reproductiva del cuerpo
femenino; la segunda a través de la literatura, hecho
que introduce en los poemas la temática metaliteraria,
un discurso que se introduce mayoritariamente en la poesía
gallega de los años ochenta. Esta veta metadiscursiva
permite, por ejemplo, a las poetas ahondar en las disfunciones
sexistas del lenguaje, en el desajuste discriminatorio entre
masculino y femenino tomando como referente un poema de
Rosalía de Castro, la gran autora del siglo XIX y
figura emblemática de la literatura gallega, quien
se preguntaba:
De aquelas que cantan ás pombas i as frores
todos din que teñen alma de muller,
pois eu que n’as canto, Virxe da Paloma
¡ai!, ¿de qué a terei?
Rosalía de Castro, Follas Novas, 1880.
(De aquellas que cantan a las palomas
y a las flores / todos dicen que tienen alma de mujer, /
yo que no las canto, Virgen de la Paloma / ¡ay!, ¿de
qué la tendré?)
y, por ejemplo, Marta Dacosta se cuestiona:
Cada tarde as palabras chaman cedo
á cancela da casa que procuro
sen saber que na man o leite acedo
transportan, ou a codia do pan duro.
E con eles a miña fame aumento,
o anceio dun grande verso puro.
Marta Dacosta, Crear o mar en Compostela, 1993.
(Cada tarde las palabras llaman temprano
/ a la puerta de la casa que procuro / sin saber que en
la mano la leche ácida / transportan, o la corteza
de pan duro. / Y con ellos mi hambre aumento, / el deseo
de un gran verso puro).
La reflexión sobre el propio lenguaje
como código incompleto para expresar los sentimientos
más íntimos sirve también para reflejar
la historia sociolingüística del gallego como
lengua minorizada y las repercusiones que este hecho tienen
para el creador. Así, Chus Pato (autora que se da
a conocer ya en los años noventa, al mismo tiempo
que los más jóvenes, pero que, cronológicamente
pertenecería a la generación anterior) identifica
lengua y fascismo:
A miña lingua natal é o fascismo
A imposibilidade do fascismo para dicir os nomes do
real.
Perturbación
Orixe
Chus Pato, Fascinio, 1995.
(Mi lengua natal es el fascismo / La imposibilidad
del fascismo para decir los nombres de la realidad. / Perturbación
/ Origen).
La defensa de la propia lengua conlleva,
para los más jóvenes autores, asumir un tema
ya recurrente en los escritores gallegos de cualquier época:
la esperanza inquebrantable en la liberación de la
patria y así, desde la veta telúrica que entroncaba
con el tema amoroso y tiene sus raices en autores clásicos
de nuestra literatura, van a aparecer tres caminos principales
relacionados con la presencia de la tierra en las obras
de los autores de los años noventa.
El primero es puramente paisajístico
y pone de manifiesto las relaciones entre el ser y el entorno
hasta el punto de llegar a crear un paisaje ético
y estético ligado a la idea de patria.
El segundo implica la defensa del paisaje
desde una visión ecologista o patriótica que
entiende a la tierra como madre. Esta tendencia propugna
la conservación de la naturaleza frente al aniquilamiento
gratuito que conllevan la ciudad y el progreso desmedido
y se deja sentir en Celso Fernández Sanmartín:
(...)
o rinoceronte inmenso non ten nada que ver cos coches
ata
que o cacen baixándose dun coche para recoñecer
que era
unha boa peza de rinoceronte
báixanse do coche para ver se o levan consigo
ou se non o
levan consigo
ou collen o trofeo
auga na selva
(...)
Celso Fernández Sanmartín, Propiamente
son captivo, 1997.
(el rinoceronte inmenso no tiene nada
que ver con los coches hasta / que le cacen bajándose
de un coche para reconocer que era / una buena pieza de
rinoceronte // se bajan del coche para ver si le llevan
consigo o si no le / llevan consigo // o cogen el trofeo
/ agua en la selva).
La tercera vía se vincula a la
defensa de la tierra como patria desde un tono épico
que busca implicar colectivamente a la sociedad en los cambios
de esta situación. Ahora la voz lírica abandona
su individualismo en favor de la dimensión colectiva
y habla como un oráculo que anuncia la esperanza
de nuevos tiempos. Es habitual en este caso que aparezca
la imagen simbólica de un pueblo en constante viaje
por mares tenebrosos en busca de un lugar prometido desde
antaño.
En otro orden de cosas, los autores más
jóvenes también recuperan en ciertas ocasiones
el tema social, sobre todo, relacionado con ciertos hechos
de la actualidad (la guerra de Irak, el conflicto palestino,
el desastre ecológico del petrolero Prestige...)
y con causas contemporáneas a ellos mismos y al propio
lector (el antimilitarismo, el consumismo estéril,
la ecología, etc.). En este sentido, es de destacar
la introducción en el poema de la cotidianeidad,
de formas expresivas más sencillas, de la experiencia
común que llega a los poemas como una forma de extrapolar
lo colectivo desde el individuo. Las posturas comprometidas
implican la denuncia de las desigualdades de esta sociedad
finisecular, la presión ejercida sobre los más
desfavorecidos así como la falta de perspectivas
y de horizontes de futuro.
Al mismo tiempo se produce un cambio en
los escenarios poéticos que permiten la introducción
del mundo urbano, con su problemática inherente,
en los versos. Al texto llega la influencia de la contracultura
y de las culturas alternativas, ya presentes en las obras
del grupo Rompente a comienzos de los años ochenta.
El lenguaje se renueva para hablar de estos temas y así
las jergas, los vocabularios de argot, el léxico
publicitario, la influencia de la música moderna,
los medios audiovisuales, la cibernética, etc., van
dejando su impronta en los poemas junto con los términos
más cotidianos. Todo esto se liga a la búsqueda
de una mejor comunicación con el lector optando por
el verso directo, sin demasiada carga estilística
y que ofrece una mayor sensación de sinceridad.
El culturalismo, que se destacaba como
uno de los rasgos más importantes de los autores
de la Xeración dos Oitenta, se manifiesta ahora con
mucha menos fuerza en los poetas jóvenes si bien
se perciben rastros de la tradición literaria, por
ejemplo, en la obra de Rafael Lema (enlazando con el vanguardismo
de Manuel Antonio desde la presencia de un mar simbólico
que se identifica con la vida humana), en Estevo Creus (siempre
presente en él un vínculo directo con el surrealismo
conjugándolo con el manejo de otros temas y formas)
o en Celso Fernández Sanmartín (mezclando
el impresionismo y la sencillez del naïf en sus versos),
por citar sólo algunos de ellos.
Los más jóvenes autores
gallegos muestran una doble tendencia formal que les libera
de las ataduras métricas o les hace seguidores de
las estrofas clásicas mientras tratan de superar
las fronteras intragenéricas y se ocupan de componer
poemas estructuralmente complicados. El abandono de la métrica
pautada se deja sentir, sobre todo, en una poesía
esencial, de gran sencillez formal y que busca la concisión
lingüística. Prefiere así el verso desnudo
antes que la complicación del culturalismo y conforma
una corriente denominada por algunos críticos como
“poesía del silencio o estética del
silencio”. Rafa Villar es uno de sus representantes
como se deja ver en este texto que pertenece a un libro,
Illa dentro, publicado exclusivamente en Internet:
(...)
A illa:
esa pinga vertida ao mar.
Espello do horizonte lonxe.
A illa como pantasma errante
que encallou un día na soidade,
e alí nacemos
e desde alí andamos a furia do mar.
(...)
(La isla: / esa gota vertida en el mar.
// Espejo del horizonte lejos. // La isla como fantasma
errante / que encalló un día en la soledad,
/ y allí nacemos / y desde allí andamos la
furia del mar.)
Por otra parte, las estrofas métricas
clásicas tienen su reflejo en autores que optan por
ceñir su mensaje al molde ya establecido. Destaca,
en este sentido, sobre todo la presencia del soneto y de
las décimas en Miro Villar, o el verso formalmente
muy cuidado de Martín Veiga.
De una u otra forma, todos ellos se muestran
preocupados por superar las fronteras que existen entre
los géneros, por introducir en el poema discursos
propios de otras modalidades artísticas, por jugar
visualmente con los versos (llegando, incluso a hacer poesía
visual), por renovar constantemente la forma poética
para que ésta les permita ofrecer también
un discurso nuevo. Ejemplos de estas innovaciones están
en las obras de Yolanda Castaño cuyo último
poemario, O libro da egoísta, se decanta
por utilizar la prosa poética en forma de diario,
carta, monólogo teatral, etc. O en María do
Cebreiro cuando conjuga poema y letras de canción
infantil en varios textos de O estadio do espello.
Se trata, en todos estos casos y en otros muchos más,
de ir explorando nuevos caminos para el verso.
Final
Signo de los tiempos que vivimos, la relación
que se establece en nuestros días entre la poesía
y las artes visuales es cada vez mayor. Sea a través
de la llamada poesía visual que cuenta con un grupo
de fieles seguidores dentro de la literatura gallega, si
bien sus obras a penas se divulgan; sea aprovechando las
posibilidades de la red Internet, la “interferencia”
entre verso e imagen es cada vez mayor. También es
novedosa en nuestra literatura la conexión entre
música y poesía destacando, en este sentido,
la edición del disco de Yolanda Castaño, Edénica,
donde ella misma canta sus propios poemas. Todos estos síntomas
nos permiten afirmar que la lírica hace un gran esfuerzo
por seguir la evolución de la sociedad que la produce
y por ofrecerle a ésta productos innovadores propios
de los tiempos actuales. Y, además, la implicación
en este esfuerzo de los diversos medios audiovisuales es
cada vez más importante. Así, los recitales
de poesía se van convirtiendo en auténticas
performances, fiestas para los espectadores y para
los poetas más jóvenes que nos ofrecen, en
estos primeros años del siglo XXI, versos para un
futuro lleno de esperanza.
(1) Así lo hemos demostrado en el estudio “A
voz en espiral. Datos para a análise da primeira
década (1991-2001) de Edicións Espiral Maior”,
Anuario de Estudios Literarios Galegos, (10), Galaxia,
Vigo, 2001, pp. 91-133.
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