Buena parte de los discursos artísticos, emergentes o institucionalizados, han desechado la alternativa de ver en la pintura un medio de exposición de la actualidad artística; es más cautivante el encanto de la especulación desmaterializante y los juegos conceptuales que intentar explorar los laberintos del análisis denotativo o los complejos caminos de la interpretación simbólica.
En efecto, ante las nuevas formas de plantear lo artístico, la "pureza" del medio ha quedado desplazada por visiones híbridas -y en ocasiones teratológicas- mezclas de distintos lenguajes plásticos denominados eufemísticamente por algunos teóricos como “territorios ampliados” de la pintura: collage, ensamblaje, instalación, foto intervenida y demás fusiones. Fernando Reyes, no obstante, ha logrado apuntalar una suerte de bastión desde el cual confronta esta inercia “expansiva” de lo pictórico con la reafirmación constante de la denotación en actos visuales que muestran, más que virtuosismo o dominio técnico, una obsesiva necesidad de autoexploración, practicando con la pintura una suerte de autoconstrucción de su individualidad, aceptando y defendiendo una de las facetas más sólidas del arte relacionada con la documentación sensible de la experiencia vital por encima del “hallazgo” conceptual.
Este afán por ver la pintura como un reducto de lo sensible encierra la osadía de violentar las formas teorizadas de ver el arte, y especialmente, la manera en que ha sido asociada pintura con estructuras lingüísticas, y sitúa a Fernando Reyes en un territorio extremadamente inestable, en topografías de la imagen relacionadas con la negociación entre pintor y materia en un acto casi primitivo. Su obra conlleva el reto de superar el efecto estetizante de la presentación visual para adentrarse en la construcción de signos visuales inéditos, ajenos a la referencia simbólica con el fin de crear atmósferas sensibles, enclaves de potenciales procesos fenomenológicos a los que intenta someter al espectador.
La obra de Fernando Reyes evade la representación, lo que no signfica que carezca de vínculos con la realidad: plantea vasos comunicantes con la vivencia directa de los estímulos sensoriales contenidos en la imagen en aras de dar con una repercusión eminentemente sensible. Este reto responde fielmente a una postura en la que las evasiones conceptuales no tienen cabida por encima de su tan enunciada muerte sin fin.
JULIO CHAVEZ GUERRERO
Fernando Reyes Varela (serrat10398@hotmail.com) México DF, 1981. Es Licenciado en Artes Visuales por la Escuela Nacional de Artes Plásticas, México, y Master en Artes Visuales con orientación en Pintura, ENAP-UNAM. Profesor de
Pintura IV y V, Grabado IV y V, e Introducción a Las Artes Plásticas (Teoría), UNAM. Ha realizado las exposiciones “Piel estelar” (Escuela de Conservación Restauración y Museografía “Manuel del Castillo Negrete” y Galería “José Clemente Orozco” Centro Histórico, D.F; 2007); “Aire-Carne” (Galería de la ENAH CONACULTA INAH, 2005);“Distante estar" (Universidad Tecnológica de TECAMAC, Instituto Mexicano de La juventud; 2004); “Filtraciones etéreas” Galerías 2 y 3 de la ENAP; 2003) y participado en más de una veintena de exposiciones colectivas. Se ha desempeñado como colaborador del Departamento de Difusión Cultural de la ENAP, en las actividades de museografía, registro y montaje de exposiciones. Vicepresidente de la Asociación de Arte y Cultura Deportiva de la UNAM
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