Selección
María Isabel Vargas Arango


 

 

Kikina

Una luz intensa que veo como el ciego
Me recuerda que tú fuiste mi madre
Mi niñez y la mano que me sigue guiando.
Hoy te doy las gracias de nuevo con una sonrisa
Hoy trato de imitarte para algún día convertirme
En un ser azul tan humilde como tú.

 

Humildad

Me miro de frente buscando la humildad,
He perdido lo que traía al nacer,
El cielo me pide que no lo mire con orgullo
Con mi carencia de reverencia y resignación.
Hoy tengo que recuperar tiempo y olvido
Ese tiempo en que sólo era un pez
Ese tiempo en que mis palabras
Ni siquiera me pertenecían
El tiempo del no yo
El tiempo de mis ancestros
De mi memoria de agua y luz
Cuando no buscaba el cielo
Cuando no buscaba el agua
Cuando era un pedacito de alma
A quien le bastaba dormir y callar.

Hoy el orgullo no me permite recordar
Hoy no puedo encontrar un alma
Ausente de palabra y deseo
Hoy trato de entender la gran pregunta
Hoy comprendo que en la palabra me pierdo
Que no encuentro al ser original
Que fui, que me debo reencontrar
Haciéndome parte de cielo
Haciéndome parte de mar.

En el árbol que crece sin buscarlo
Está la clave del amor
Me buscaré como un árbol sin raíz
Como ese ciprés de mis entrañas
Que claman por un segundo de paz.

Hoy trato de olvidar el agua
La palabra y el árbol
Que me han visto crecer.

 

En la madrugada busco un poema

Pasa un despistado carro
Que patina en la curva.
En el edificio sueñan
Los insomnes
Los soñados.
La ciudad también duerme
Estamos solos,
En nuestras soledades,
Los dos.
Salgo a la noche
Por la ventana cerrada
Inmune al frío seco
De esta ciudad andina
Que ya no piensa
En su ausencia de sol;
El gris invadió el cielo
Con su escuadrón de nubes.
“La belleza, como la felicidad,
es frecuente”
Borges, el ciego, lo vio.
El gris brillante
De su mundo
Abraza mi deseo apagado.
Donde hay belleza
Hay dicha y gozo.
Veo con mis oídos
La respiración acompasada
De tu sueño.
Duerme el frailejón,
El resurrecto,
Protegido por el bosque
Y los troncos del páramo.
Tus ronquidos me invitan al sueño
“Esa borrosa patria de los muertos”.(Paz)
Sueño con renacer
Con remorir
Con entrar en la caverna
De los símbolos visibles.
Al despertar,
Lo soñado,
Se refugia en la caja sellada.
El sueño no me pertenece
Desde que entraste tú
Con tu boca torcida
Tu bigote amarillo-nicotina
Tu barba blanca
Tus ojos arrugados-mansos
Tu dormir tranquilo
Tu lengua rosada-partida.
Por la ventana
La noche abre paso
Al azul culposo.
El vidrio de Seguridad Templado
VST
Antibombas,
No me distancia,
No me protege
De tu sueño.

Mi vecino el ingeniero
Sueña con el cálculo integral
Con 27X a la Y,
Con 5 toneladas de cemento
Para el puente.
No sueña con el puente.
Mi vecina la reina de belleza
Es perseguida
En su pesadilla
Por miles de hombres
Que la acorralan
Como a una vaca.
Sueña con un rimel eterno.
Duerme con el maquillaje
Que ya no se puede quitar.
Mi vecino de cama
Sueña que lo estoy soñando.
Es cierto.
Estamos siendo soñados
Por un poema de alguien.

Por la Avenida
Un carro sin color,
Vallenato en el pasacintas
A todo volumen,
Dos adolescentes borrachos
Enamorados
Del carro , de la velocidad,
Ni se preguntan,
Por qué el poste del alumbrado
Aparece frente al carro.
Sólo se preguntan,
Con las caras cortadas,
Con los huesos rotos,
Con las caras ensangrentadas,
Con las rodillas heridas,
Qué le habrá pasado
Al que iba cantando,
Por qué tras el golpe
Enmudeció.
Llega la ambulancia
A recoger a los adolescentes.
La grúa se lleva
Al carro malherido.
El vallenato
Es el único muerto.

El don está presente
Hay que buscar
Busco
En el humo
Del cigarrillo que me fuma,
En el sábana quemada,
En el cenicero lleno
De colillas,
En los libros que están
Sobre tu respiración,
En tu aliento,
En tus lunares
En mi mesa de noche,
En los ruidos de la calle
Que veo desde mi ventana,
En tu sueño que puede ser
El que me dicta este poema
En tu esferográfico negro,
En la tinta verde
Que se acabó,
En mi uña rota,
En mi niña rota.

El poema
Me poema
Me palabra
Me silencia
Me silencio
Al amanecer
Me huyen
Las palabras
Callo.

 

Corazón lunar

En busca del camino
Ando a ciegas
Con los ojos miopes
Del corazón
Corazón lunar
Que anda lento
Caminante del cielo
En la bóveda se encuentra
Sin lazarillo
Sin guía
Sin horizonte
Destejiendo la madeja
De estrellas
Para rearmar
Su hilo de plata.

 

Valor

No me falta valor ante la vida,
es ante la pregunta,
ante el interrogante despiadado
del cuarzo que invade el espacio.

La celosía se apaga,
la nada se torna mesurable,
los pasos del ciego con su bastón
borran el sentido de las palabras.

Pienso en dorado.
Creo en verdes y lilas,
en la montaña roja.

El mar platinado
abre paso a la piedra
del sacrificio.

Ante el ara caldeada de secreto
enmudecen mis oídos.
Ante la revelación
los murciélagos,
asolan el patio
asaltan el salón,
están menos ciegos
que mis propias ansiedades.

 

 

Torre de papel

El campanario de piedra ajada por los siglos
reclama mudo con su presencia de hielo
el llamado a la liturgia y al perdón.
Sus arcos encuadran el paisaje de la noche,
mientras una brisa despiadada sacude al penitente.

La escultura acostada reposa
frente a la devoción del vidente, y,
presagia, estática, siglos inmóviles
aunque ciega por la pátina
llore lágrimas de verde-bronce.

 

Memoria

Si en mi memoria
estuviera el futuro,
recordaría tus manos
que deseo tanto,
tus ojos alejados
de la pregunta,
de la palabra
que nunca me dijiste;
recordaría tu anhelo
de ser libre junto
a mi pasado.

Si en mi memoria
estuviera el futuro,
olvidaría que no te conocí,
que nunca supe quién fuiste;
que el sendero de eucaliptos
y las libélulas encantadas
se posaron en mi desmemoria
deseosa de pasado.

He olvidado
que nunca tuve un padre,
que fui hija de la montaña,
de la sabana encantada,
sin cipreses, sin olor a mar.

En mi memoria
quise ser un delfín,
un ave sin nido,
un río sin peces,
un ser deshabitado
escucharme
como el cuarteto 15.

He olvidado mi memoria.

 


 

*Vladimir Holan, poeta checo nacido en Praga en 1905. Sus primeros años transcurrieron en el campo. A partir de los quince años se radicó en la capital, estudió Leyes, desempeñó varios oficios, viajó por Italia y publicó los primeros poemas. Aunque fue notoria la influencia que Mallarmé ejerció en el estilo de sus primeras publicaciones, la ocupación nazi, el pacto de Munich y la guerra, fueron definitivos para que el poeta expresara su dolor de patriota en sus versos, razón por la cual fue condenado al silencio público durante quince años. Esta etapa de ostracismo se tradujo en el período más importante de su carrera literaria, representado en la publicación, a partir de 1963, de varias antologías y textos entre los que sobresalen "Sin título" en 1963 y el poema dramático "Una noche con Hamlet" en 1964. Está considerado por la crítica como el más importante de los poetas checos, con obras tan importantes como "Un gallo para Esculapio", "En el último trance" y "Abismo de abismo".A pesar de que su obra fue premiada internacionalmente y reconocida en su país tardíamente , nunca abandonó su encierro hasta su muerte, ocurrida en Praga en el año de 1980.




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