La XVII Bienal Internacional del Deporte en el Arte es un encuentro organizado por el Consejo Superior de Deportes de España destinado a descubrir la relación entre el deporte y el artea través de las distintas formas que asume esta vinculación en la experiencia artística contemporánea. Dieciocho artistas procedentes de diversos países componen la muestra que reúne vídeo, instalación, fotografía, dibujo, danza y escultura, en obras que transitan la exploración y el cuestionamiento de tal relación desde diferentes perspectivas, valiéndose de distintas estrategias y apelando, de manera sincrónica, a la reflexión sobre lo deportivo y lo artístico.
La primera relación que puede establecerse entre ambos campos es su dimensión lúdica. Arte y el deporte son diferentes juegos, y como tales se dan bajo determinadas reglas y normas, más o menos explícitas, rígidas o consensuadas, de modo público o privado, personal o colectivo… En tanto actividades lúdicas, deporte y arte comparten el hecho de ser ejercicios que se traducen en vitalidad para el cuerpo y la mente, que favorecen la introspección y la concentración, y que se desarrollan gracias a un trabajo constante de esfuerzo y auto-superación. El entrenamiento físico consiste en la repetición, el camino en el perfeccionamiento de la ejecución, el tiempo y las condiciones del deportista.
Así como los artistas desarrollan un lenguaje y una capacidad creativa propia, los deportistas –profesionales o aficionados- son personas que en igual sentido llevan sus capacidades físicas más allá de sus límites, superando las mayores exigencias y estableciendo nuevos récords. Para el deportista, la marca o récord es la misma obra hecha carne, la perfección consumada en el propio cuerpo.
Marta Moriarty y Antonio Areán proponen una lectura del binomio arte-deporte a partir de la articulación de una serie de palabras-clave que configuran un campo semántico común: dibujo, color, movimiento, ritmo, destreza, audacia, orden e imaginación. Un tejido de asociaciones entre ambas disciplinas permite una aproximación más ceñida a la injerencia del deporte en el arte, así como a la cualidad del arte en el deporte. Por ejemplo, no existe deporte ni arte sin movimiento pero cuando Daniel Canogar (Madrid, 1964) menciona la “parálisis física de la modernidad” en su obra ‘Ciclos de movimiento colectivo’, lo hace para develar la paradoja de un mundo en desplazamiento constante en el cual el movimiento físico individual es reducido al mínimo, con suerte relegado a unas horas robadas de deporte y gimnasia.
En efecto, el ejercicio físico para perfeccionar el aspecto o la salud se ha convertido en nuestras sociedades en un tipo de sacrifico regular, o penitencia. La obra “El ejercicio físico” de Anna Gimein (San Petesburgo) aborda la relación entre los aspectos físicos y espirituales mediante el acto del arrodillamiento, un video de nueve minutos donde la protagonista, mecánica y pacientemente se arrodilla y se levanta. Postura de adoración, recogimiento y entrega, lo es también de súplica y humillación: los arrodillamientos hay sido y son una forma muy extendida de dotar al ejercicio religioso de un aspecto físico, una acción compleja que además denota sumisión.
Manu Arregüí (Santander, 1970), con el proyecto “Un Impulso Lírico del Alma” dibuja un perfil de deportista en contraste con el estereotipo hipermasculino de los deportistas de élite, a través de un video que integra imágenes reales y virtuales de una coreografía en un austero paisaje onírico. Su exquisito intérprete, Rubén Orihuela, es el primer deportista varón que ha participado de manera profesional en un certamen nacional de gimnasia rítmica. El cuerpo y la destreza, el movimiento y la música son, en este caso los ejes entre arte y deporte.
De manera análoga, Diy Remix, un conjunto de dibujos de Azucena Vieites (Guipúzcoa, 1967), como parte de un proyecto en la dirección de descubrir el efecto que el deporte ha producido sobre los cuerpos de las mujeres y la nueva imagen que de los mismos se tiene socialmente. Un cuerpo distinto, más fuerte y autónomo, produce y reproduce otros espacios de identificación, alejados de la idea convencional de feminidad como opuesto a la masculinidad.
Quizá la relación más evidente entre ambos campos en encuentre desde una perspectiva económico-sociológica: la cultura y el deporte son dos recursos claves que sostienen el crecimiento en el siglo XXI. Esto es especialmente cierto para las desarrolladas naciones del primer mundo; satisfechas las necesidades con una amplia holgura, un ascendente consumo cultural, junto al democratizado turismo y ocio hipertecnológico. Tanto la cultura como el deporte son campos que involucran un amplio abanico de actividades que generan riqueza, contribuyen al bienestar social y crean empleo de calidad.
Capitalismo cultural, es el término acuñado por ciertos autores para describir este estadio del sistema que se dá en ciertos paises, sostenido por estrategias de consumo en la penetración de las industrias culturales -devenidas en "mutimedios" centralizados que engloban (y acotan) la diversificación de la producción cultural- y su institucionalización. Y es que la explotación económica de lo cultural -ya sea a través de prácticas deportivas o artísticas- es un engranaje fundamental y necesario en las adelantadas sociedades gracias a los beneficios directos obtenidos como a su impacto sobre el turismo, la industria o los servicios generales.
En la sociedad actual, la lucha, el temor al fracaso, el imperativo de auto-superación y la constante búsqueda del éxito son otros aspectos de la relación entre arte y deporte. La video-instalación “Vital Parallelae”, de Artemis Potamianou (Atenas, 1975) se compone de una proyección de dos videos en sinergia directa: uno compuesto por una selección de escenas de películas que presentan a artistas trabajando, o a los propios artistas hablando de su obra; el otro, consiste en un mosaico de escenas de películas y documentales sobre atletas y deportistas. La obra reúne de este modo imágenes reales de la vida de artistas y deportistas, así como su versión manipulada y estereotipada por el cine, pero también demuestra la forma en que los protagonistas eligen promover su propio mito, su estilización y la producción de una marca asociada a su imagen.
En este sentido, Avelino Sala (Gijón, 1972) llega a través de un sueño a materializar en ‘Sobre una experiencia regeneradora: del fuego, la vida y lo que queda por venir’, una metáfora del carácter mitificador que adquiere el juego en la sociedad globalizada: “una vez tuve un sueño en el que jugaba a un partido de fútbol y la pelota ardía, mientras todos jugaban contra todos”. Es la necesidad de encontrar nuevos héroes que alimenten nuestras pesadillas de mediocridad; es el deseo de arder, insistir en la llama, trascender-se, ya sea en el deporte, en el arte, o en cualquier otro aspecto de nuestra humanidad.
El recorrido continúa de múltiple modo, con las obras de Jamie Aledo, Xavier Geneau, Caio Resewitz, Arelio Ayela, Anastasia Khoroshilova, Felibe Barbosa, Diana Larrea, Eder Satos, Ana Busto, Martín y Sicilia, Los Superelegantes y Tomás Miñambrares. Así, como un prisma despliega del haz de luz sus componentes, BIDA explora la polifacética relación entre arte y deporte desde las más diversas vertientes.
Suscríbete
a Enfocarte.com y recibe las actualizaciones en tu e-mail