Un arte oscilante ante el otro
José Luis Corazón Ardura

 

Están los brazos levantados del Deseo y están los brazos extendidos de la Necesidad. Oscilo.
Roland Barthes

 

 

 

La cuestión de si el arte tiene como origen una afección del cuerpo en el alma, o si el inicio es una crisis producida por la ausencia de ambos en el espacio de la decisión, es un tema tradicional en la estética del amor. La vinculación del amor y el arte, surgida entre la identificación platónica de lo bello, lo bueno y lo verdadero y los planteamientos retóricos orientados a establecer una persuasión en el auditorio y en el otro, es lo que precisamente viene a convocar la pregunta dirigida a desentramar de lo que se ama u odia en el arte, del arte y a través del arte. Como en una correspondencia que emerge en una conversación acompasada, aquello que nos hace hablar es la presencia del deseo, la consecución de un extrañamiento donde borrarse, es la necesidad de decir y decidir.

Las artes se convierten en una manera de expresar lo que nos pasa, desde los temas tradicionales de la literatura del amor, hasta la pasión capaz de vencer a la muerte y a lodio que distribuye sus efectos y, lo que se aprecia o menosprecia del arte, es resultado de la mediación entre el espectador, la pasión y su representación. Parafraseando a La Rochefoucauld, si no hubiéramos leído acerca de ello, nunca nos habríamos enamorado. Es la afección al arte y el amor que conduce a un discurso de tipo performativo y dialógico donde el deseo emerge a través del amor polarizado en el odio, la distancia siempre aplazada: es el arte como un encuentro oscilante.

Para ello, en esta instalación titulada escépticamente ODIO EL ARTE, Gema Ramos, acompañada de su hermano el diseñador Luis Ramos, ha desplegado cuatro conceptos en torno a un desdramatizado acercamiento a la vivencia de lo artístico: la imagen-objeto, la perspectiva descendente, el polarizado equilibrio entre el odio y el amor al arte, y su exposición en vitrinas que tratan de preservarlo. ¿A qué corresponden estos términos realmente? ¿Se trata de utilizar la autorreferencia al arte como un recurso temático del odio? Como recordaba Roland Barthes en Fragmentos de un discurso amoroso, lo imaginario acucia a la realidad de lo que vemos. Como necesitamos depositar el recuerdo de alguien a través de sus objetos, la moda trata de resguardar en vitrinas, como reliquias, objetos a los que otorgamos un valor simbólico y fetichista. Aunque no sabemos si amamos u odiamos una imagen real, su potencia está dirigida a conocer si es una presencia vinculada al deseo del ser ausente (pothos) o bien, si es el deseo del ser presente (himeros). Una imagen variable donde observamos como espectadores el discurrir de una coreografía silenciosa y mímica alredor de términos asociados a una metafísica del amor, entre una pareja que escribe acrobáticamente un vivén sentimental. ¿Cuál es el objeto de esta imagen oscilante? La utilización de la proyección de una imagen considerada como objeto corresponde a una intención poética y lírica, escenográfica.

Como escribe Barthes, "hay una escenografía de la espera: la organizo, la manipulo, destaco un trozo de tiempo en que vaya imitar la pérdida del objeto amado y provocar todos los efectos de un pequeño duelo, lo cual se representa, por lo tanto, como una pieza de teatro". Es en esa danza donde Gema y Luis Ramos se refieren a la reproducción de imágenes sostenidas de una manera espacial y mimética. Así, los volúmenes y dimensiones de los objetos quedan en un espacio neutro y ficticio que vislumbramos elevados, sobrepuestos. Este recorte es el límite de las cosas, señalando hacia lo que parece quedar en suspenso en el lugar donde los objetos han devenido memoria de la intimidad. Por tanto, se trata de hablar de una imagen que se hace objeto y un objeto que vuelve en forma de imagen.

Una metamorfosis envolvente donde se muestra la celeridad del cambio en el transcurso de un odio agradecido, a pesar de que los artistas muestren en su proyección una amabilidad ante el drama que parece esconderse en una prevención ante el arte. Esta perspectiva perseguida con el perfilado envolvente de los cuerpos, indica un enfoque ascensional donde predomina la verticalidad y la perspectiva determinada por lo cinematográfico. El plano picado contribuye a dar sensación de buscar entre las sombras de los cuerpos los actores. Son personajes que van a dotar de un equilibrio necesario a la figuración de unas palabras que anuncian un enfrentamiento, una animadversión, el encuentro del otro. Pero, en realidad, lo que trata de perseguir la proyección de los hermanos Ramos es integrar al espectador en una obra artística, ser partícipe del mismo equilibrio que la danza alcanza. Finalmente, este ofrecimiento es una vuelta que habla del propio simulacro del arte. Una metamorfosis convertida en metafórica oscilación ante el otro, cuando se desliga el deseo de la necesidad, las palabras de las cosas, la imaginación de la realidad. Así, el encuentro del otro como algo inesperado se convierte en la posibilidad de buscar en el movimiento del cuerpo la apropiada inserción de un límite silencioso.

A través de la invención del amor, el sentimiento imaginario de la posibilidad del deseo se transforma en su contrario. Si los autores lo han convertido en video, danza, fotografía o escultura, es porque este odio queda identificado con una oscilación sentimental e íntima. Porque no siempre la creación es el lugar donde lo real adviene, tendemos al sueño ilusorio de la transformación de la realidad a través de una acción deseante. ESta voluntad de dar tensión al discurso es lo que viene a conducir de las imágenes a los objetos, de los pensamientos a las cosas: una imagen válida de la necesidad de expresar el odio en la propia escenificación del mundo del arte. Este equilibrio simbólico es la propia referencia del sujeto como máquina deseante y, por tanto, la inquietud mostrada, como una emoción retenida, es el descubrimiento de lo que indican las palabras en el límite de los cuerpos. Unos cuerpos que abrazan y sostienen la sombra de una proyección que aguarda una intrusión de lo subjetivo, una forma de comunicar al otro aquello que aún ignoramos.

 

 

 

 

* Texto extraído de ODIO EL ARTE. Catálogo de exposición, Museo Barjola, Sevicio de Publicaciones del Principado de Asturias, 2007.




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