“No hay entre las ruinas quien me hable de los amigos.
¿A quién pediremos noticias de Córdoba?
No preguntes a nadie que no sea la Dispersión:
Ella sola te dirá dónde fueron sus habitantes…”
(“Elegía a las ruinas de la Córdoba omeya”, Ibn Shuhayd.
Traducción de Emilio García Gómez)
¡Cuánto tiempo ha pasado ya! En marzo de 1973 se publicaba en Madrid un libro titulado: Literatura
iraquí contemporánea, editado por el Instituto Hispano-Árabe de Cultura. Se inauguraba entonces la
serie de “Antologías Nacionales” que emprendía un esforzado Seminario de Literatura y Pensamiento Árabes Modernos” de aquel Instituto.
La citada obra se iniciaba con un Prólogo y la Nota preliminar de Pedro Martínez Montávez,
investigador del Instituto entonces y catedrático de Árabe en la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad Autónoma de Madrid actualmente. Él fue el verdadero impulsor de aquellas publicaciones y quien pudo animar y coordinar a aquel grupo de jóvenes arabistas (e hispanistas) que entonces
iniciábamos nuestros primeros pasos por el mundo de la literatura árabe contemporánea.
(Nunca olvidaré la primera visita a aquel Instituto que sería un lugar imprescindible para los
estudiosos -¡tan escasos entonces!- de nuestro arabismo: fuimos invitados en inolvidable ocasión,
y nuestro profesor, el Dr. Pedro Martínez, nos presentó al Secretario General que era el embajador, y luego vecino próximo, Antonio Serrano de Haro Medialdea… Las publicaciones del propio Instituto,
la Biblioteca que dirigía el benemérito islamólogo P. Félix Mª Pareja, las conferencias impartidas,
quedarán siempre en nuestro recuerdo con la nostalgia de la labor realizada y luego abandonada). En este libro sobre la literatura iraquí –verdadera primicia del arabismo europeo en lo que se llamó “literatura neoárabe", y que llegó a alcanzar una segunda edición, ampliada, en 1977– se recogía, según
hemos dicho, la labor del incipiente arabismo madrileño, especialmente, aquel grupo de licenciados en
Filología Semítica (así se llamaba entonces) de la universidad Complutense, la Central, según se
decía, y fueron diecisiete colaboradores, algunos de ellos desgraciadamente ya fallecidos: Marcelino
Villegas, cuyo nombre es imprescindible en este caso, por su dedicación a la literatura árabe
contemporánea en general, y a la iraquí en partícular, tema de su tesis doctoral.
Se ofrecía en esta obra –que fue presentada en los “Martes de la Editora Nacional", el 8 de mayo, en el
Palacio de Congresos de Madrid por el propio Martínez Montávez- una panorámica de los
principales géneros literarios y de los autores más destacados. Distribuidos en tres tiempos: 1920-1945
(“La literatura de una nueva nación”); 1945-1958 (“La primera gran crisis existencial”); 1958-1972
(“Conflictos de una literatura “revolucionaria”). Y, seguidamente, se dedicaba un capítulo al “Ensayo”, sobre el “Viejo y nuevo Iraq”.
Un apéndice bio-bibliográfico, para finalizar, daba noticias detalladas de los autores y sus obras “Terrible es para nosotros declarar que “detrás de estas hojas hay un pueblo…”, decía Martínez
Montávez en el prólogo, escrito “para acercar más a la vivencia personal del tema al lector, para
predisponerlo más a la aventura de su propio descubrimiento protagonista…” Y reconocía a
continuación: “me asalta el temor de que no quede aquí el mensaje de los hombres. De esa comunidad
aluvial, elemental e incandescente, dualista y conflictiva, reprimida y fogosa, que es la iraquí. De ese “país de dolor”, de esa zona de neurosis histórica que es el Iraq”… ¡Cómo resuenan las palabras en
estos días de amenazas de guerra que nos oprimen el alma, ante tanta sinrazón!
En homenaje a los poetas iraquíes, presentaré a continuación, tres libros, exponentes de aquella
literatura que podrán ilustrar nuestras palabras: son muestras de la bibliografía, abundante, por otra
parte, de las traducciones hechas por especialistas de primera fila entre los arabistas españoles de
amplia dedicación a estos temas:
Pedro Martínez Montávez recoge en su magnífico libro titulado: El Poema es Filistin (Palestina en la poesía árabe actual), publicado por la Editorial Molinos de Agua, de Madrid, en 1980, y en versión
bilingüe, los siguientes poemas de autores iraquíes: Abdel-Wahhab Al-Bayati (1926); Bland Al-Haydari (1926); Fawzi Karim (1945); Jáled Ash-Shawwaf (1924); Muhammad Mahdi Al-Yawahiri (1903).
De Bayati, que residió en Madrid, después de vivir en el exilio, como consejero cultural de su
embajada, tan buen amigo de Pedro Martínez, recordaremos su expresivo poema:
La gloria para los niños y los olivos
La gloria para los mártires, de mi pueblo, y los vivos,
Para los desgarrados contumaces.
La gloria para los niños en la noche sufriente,
Y en las tiendas.
La gloria para los olivos en la tierra de la paz,
Para los pájaros pequeños, que buscan en el polvo
De mi campo, para la tropa atada a las fronteras
De mi grande país
-tropa del Arabismo, salvadora-.
La gloria para los poetas y escritores, amados de la Vida,
Sumergidos ahora en la lucha final,
golpeadores del brazo de los tiranos.
La gloria para los que yacen en los lechos del llanto.
Y para las mujeres, las proletarias,
Y las madres.
A este mismo grandísimo poeta, nuestro amigo y compañero Federico Arbós, director del
Instituto Cervantes en Casablanca, luego profesor de la Universidad Complutense, ha dedicado
espléndidas traducciones de sus principales libros de poesía. Escogeremos el titulado: La muerte en la vida, de la editorial Ayuso y fechado en 1980 (en el prólogo figura: Majadahonda, julio de 1978). El
original árabe está firmado en El Cairo, entre junio de
1966 y agosto de 1967.
De este hermoso libro destacaremos “la presencia de Federico García Lorca”, tal como tituló su
ensayo el profesor Martínez Montávez hace años: así , por ejemplo, el poema: “Elegías a Federico García Lorca”, del que recordaremos los siguientes versos:
“Fragante muchacha de zarcillos y ojos negros,
adornada con hojas de limonero y flechas,
perfumada con agua de rosas de fuego
y mágicas gotas de lluvia.
Granada de la infancia feliz,
cometa de papel,
poema atado con un hilo de esa luz
que tiembla sobre el muro.
Granada la inocente,
que intenta arrojar el viento y las estrellas,
que duerme bajo copos de nieve en las tejas,
que aterrada señala algaidas negras.
Porque de allí hermanos enemigos vinieron
en caballos de muerte
y anegaron en sangre esta casa”
De Bland al-Haydari, fallecido en 1996, destacado representante también de la tendencia informalista
y del “verso libre” (sobre este tema, ver las páginas del libro: Introducción a la literatura árabe moderna, publicado por la editorial Cantarabia, de Madrid, obra del mismo Martínez Montávez),
escogeremos un fragmento del poema titulado: “Pastillas para dormir”:
“Párate
Párate…
¿Qué hay en los periódicos de hoy?
Nixon lanza un discurso en el Congreso
Las declaraciones del Papa Pablo
Un banco que se arruina
Una danza en las plazas de ejecución
Pero el mundo, en los periódicos de hoy,
Habla de bien y paz,
De pastillas para dormir
Para los muertos de Vietnam,
Para los muertos de Jerusalén.
Un niño lee…Dame una pastilla
Un hombre lee…Dame una pastilla…
Una niña lee…una pastilla…una pastilla
Mi madre desearía…
¡Duerme en paz, madre mía!
El mundo sigue hablando
Aún de bien y paz”.
Fawzi Karim es un poeta iraquí de la generación “sesenta/setenta”, según precisa Martínez Montávez.
En su obra alienta un decidio propósito de vuelta y refugio en algunas de las más espléndidas moradas del legado poético árabe clásico, unido a la búsqueda de la propia originalidad, en sintonía con su
tiempo.
Jáled Ash-Shawwaf, nacido el año 1924, es un poeta que se ha mantenido en la línea de la preceptiva árabe clásica y se distingue por su inspiración nacionalista.
Muhammad Mahdi Al-Yawahiri (1903) es el gran cantor nacional. Siempre ha sido, según destaca el
profesor Martínez Montávez, un gran poeta político, acre y polémico, agitado por una violenta racha
de ventarrón místico, tan arraigado en la telúrica alma iraquí, mesopotámica.
De Al-Yawahiri recordaremos su poema titulado: “Sangrante Palestina” que dice:
Alzadas, las heridas palestinas recuerdan
Las heridas del Andalus, todavía sangrantes,
Y la pena reciente se incrementa
Con el viejo dolor ahora renovado.
¡Oh nación seducida por la suerte, y que olvida
a todas las naciones que envolviera ya el Tiempo!
Aun al fin de todo apretando los dientes,
Quemada, arrepentida, parecías soñar.
Y todos los santuarios sentirán compasión
Por una Palestina y un Andalus .
Recordemos también a las dos grandes figuras que hacia 1947 abanderaron la escuela iraquí del “verso libre”: la poetisa Nazik al-Malaika (1923) y Badr Shakir al-Sayyab (1926-1964) . Martínez
Montávez, de nuevo, nos ofrece sus versos traducidos con gran belleza y recordaremos aquel
fragmento que dice:
“La noche se pregunta quién soy yo.
Yo soy su secreto profundo, inquieto,
Y negro, su secreto rebelde.
He escondido su esencia en el silencio.
He envuelto el corazón en conjeturas.
Y me he quedado aquí, pálida, inerte,
Viendo cómo los siglos se preguntan
Quién soy yo”.
Todavía recuerdo la noche llena de estrellas y la emoción del viaje, cuando fui invitado a asistir al famoso Festival de Poesía del Mirbad en Bagdad. Y tiemblo pensando en las amenaza de guerra que
sufrimos en estos tiempos, viendo las fotografías que hice entonces a dos niñas que nos sonreían, o a
los compañeros, colegas de la universidad, en el departamento de Español, estudiando y
difundiendo nuestra cultura: Bassam Yasin Rashid, Wayiha Fadhel, Ali Fais, Mohammed Bashir Radi,
y representantes tan cualificados del hispanismo iraquí que trabajaban en la “Dar al-Mamún” y
publicaban esmeradas traducciones de la literatura española e hispanoamericana al árabe, como
Marwán Ibrahim Sadiq… Y en Ferial Husein, de la televisión, y en escritores que se han visto
obligados a buscar otras tierras diferentes para sobrevivir como Issa Hasan al-Yasiri (su hijo
estudiaba español entonces). A Dunia Mijail que me dedicó sus poesías aquel día en Bagdad…
Y recuerdo también a los poetas que disfrutaron de aquellos paseos por Bagdad, entre recitales de
versos y conferencias algunas impartidas por ellos mismos como Octavio Uña, Joaquín Benito de
Lucas o Antonio González-Guerrero…y las arabistas Luz García Castañón, Rosa Isabel Martínez
Lillo, Ingrid Bejarano, además de Salvador Peña, Marisa Prieto, la hispanista libanesa Nadia Záfer Chaabán, Mohamed Serghini, de Fez, Juan Yáser, el palestino-argentino, que falleció tiempo después,
etc. ( Y la amabilidad de Marlín Namato, en Madrid, personas que nunca podré olvidar, y menos en
estos tiempos de tribulación...).
Para ilustrar estos recuerdos, mencionaré al poeta chileno Sergio Macías, asesor cultural en su
embajada en Madrid, actualmente, que también visitó Iraq y participó en varias ocasiones en aquellos
festivales del Mirbad. Su poemario titulado: Crónica de un latinoamericano sobre Bagdad y otros lugares encantados, publicado también en árabe por el Ministerio de Cultura iraquí, traducido por el
diplomático e hispanista iraquí Dr. Jayri al-Zubaydi en 1988, (Yawmiyyat amriki latini fi Bagdad)
reúne varios poemas llenos de nostalgia por tantas emociones surgidas al calor de la amistad e
inspiradas en sus recorridos por las calles de Bagdad y por aquellas tierras milenarias, como en éste
que veremos ahora:
Nostalgia
Cuando regresé
de la tierra de los jardines,
estreché una y otra mano.
Besé las mejillas de los que cultivaron la amistad.
Y me quedé triste.
Como un huerto sin naranjos”.
(..........)
Llegué al festival del Mirbad
Vestido con el traje de la lluvia,
Con versos que volaron como pájaros sobre los árboles.
Estreché cuerpos árabes
Que hablan como el sol
Por sus bocas de arena.
Sonreímos por la paz y el amor
De los pueblos que beben
En el cántaro de la libertad.