Hubo una vez un reino, en donde hasta las cosas más difíciles fueron posibles. Fue posible, por ejemplo, construir un castillo con tres lápices, que llegó a ser la vivienda de un príncipe: el Príncipe de madera. Y fue también posible que una mano con dedos de metal, diera luz, donde siempre fue oscuridad. Un caballo de juguete se sintió capaz de correr el Gran Derby, mientras un embudo oxidado se convirtió en el mejor lugar donde estacionar un automóvil igualmente oxidado. Morder un pincel resultó, sin duda, muy sabroso. Y el Hotel Metropol esperó huéspedes para la temporada de otoño en sus confortables instalaciones. En algún lugar, una flecha de papel, cruzó con rebeldía, el espacio cortado por cables extendidos para unir puntos que no necesitaban ser unidos.
Enormes cajas de madera escondieron seculares secretos, mientras un osito esperó largo rato, a quien darle todo su amor. Un unicornio se exhibió orgulloso en una plataforma de circo y un viajero regresó, finalmente, a su querido hogar.