Fondo (Selección)
Natalio Ohanna*


 

 

I

Se me constipó.
La muñequita blanca con su canesú se me constipó.
A lo mejor,
con el jarabe que le daba
de a palo,
de a cucharón inmenso en ayunas,
debí aliviarle la excusa.

Que me arrodillara, dijiste, en vos,
con los empeines tocando el suelo en sabana.
Mejor así.

Yo vacilante
entre acuclillarme o dejarme hacer hasta lo que púberes
habíamos querido tanto,
con la magnolia en la oreja.

 

Mirá para atrás.
¿Estás listo?
A la una.
A las dos
y alaaas...

¡Huy, mamá!

 

 

II

En el fondo:
maculada pared de humedades,
patio de yuyo siempre eréctil,
morera
talada a la que volvería a trepar para quedarme inmóvil
aguantando lágrimas de mono.

Si me rompés las bolas,
voy a dormir en el fondo, Jipita.
Y voy a cubrirme mejor por si alargasen siluetas
las colas de los gatos miopes contra esta luna.

Ánima maldita,
dame tu palabra que regreso a casa,
ven a desvelarme que hoy me siento más
raudal de serpentina adentro
para clamar la ida de quien cuyo nombre
embrollaron las nenas.

Dale, metele que ahí vuelve,
reculó Mambrú.

 

 

III

Bulla parranda en las majadas cárneas.
Todas bailan.
Todas cantan.

Lavanderas y planchadoras de la mano dan,
mientras maderos ni hueso,
circulando en derredor del punto que dolió
en las noventa que me abstuve al suicidio.

Sobre el puente de Avignon lloré, Jipita.
Pero en vano evoqué tu cara
o la creí cerca,
pues no haberte dejado nada,
siquiera un verso,
me daba lástima.

De permanecer en casa te habrían defenestrado
como en el sueño de Segismundo.

 

 

IV

El aire olía enrarecido
—sobre la mesa de fórmica
había un paquete de yerba sin palo—
cuando le dije a tu viejo que te íbamos a poner de ishire.

Fregotéame, baldéame bien,
vacíame el detergente encima,
pediste.
Pero ahora que lo pienso de nuevo no estoy
ni arrepentido
de haberte cargado lejos en disfraz de reina.

Jipita reina, cariño.
¿Te acordás?
¿Te acordás cómo nos enloquecía
la gorda de al lado?
Fue por mi culpa que la encerraron.

 

 

V

Reminiscencias.

Cabe esperar.

De permanecer en casa te habrían desheredado
como al peor de todos.

De permanecer en casa te habrían rehecho a medias
con aguja e hilo.

De permanecer en casa te abría caído encima
la musaraña.

De allende el mar
vibrando
vuelven las manos de dos muertos.

 

 

VI

Hasta el tuétano.
Hieren los marianos cardos donde debí una vez
enaguacharla.

Que venga, nomás,
cediste,
y el más chiquitito se quiso quedar,
cabeza adentro como avestruz.
Pero cayó la cana como decía el negro:
Jorge, rajemos.

Ni para el bondi pedí.
Con tu bombacha en las rodillas caminé a casa.

¿Sabés cuántas noches diferí?
Más de quince
tenía yo
la última vez que deflegmé solo.

Filaucía:

Tu recuerdo no anima, me herramienta.

 

 

VII

Mañana de sol.
La musaraña cuelga.
Cascos de un caballo anciano en Saint-Sacrement.

¿Qué hora es?
No importa.
Si aún respira, la matamos.

 

 

VIII

Ya nadie amasa bolitas de cozcuzú.
Si no esta vieja que mira el viento
sufrir por entre rendijas falsas.

¿Cuándo vuelve tu papá?
No vuelve.
¿Y tu mamá?
Se quedó en casa porque prefirió al novio.
¿Y tus hermanos?

También quedaron
untando almizcle de prepucios blancos
dele que dele
noche y día.

¡Abrid!
¡Por Dios abrid la reja de una vez,
que soy yo el que se está mojando!

 

 

IX

No has de ver fisonomías
cuando los pobres se arrellanen sobre el escalón.

Sí que estremece
barrer las máscaras de payaso.

Aunque es la una y quieres, Jipita.
Habría sido mejor si yo mismo
te hubiera brindado más que el girasol de Kiefer.

¿Estás bien?
¿Qué sueña la niña?

Todas las cosas lindas de la vida.

 

 

X

Ahí van las gordas desnudas,
rasurándose los pelos de los dientes,
mientras los gordos a un tiempo
rezan al pie de una muñeca.

Ahí van las madres atadas
de los senos camino al vendaval
mientras los críos a ciegas
juegan en piscinas fecales.

Ahí van los dogos brincando
tras el hombre que robó un pan,
cuando en la margen del limbo
huraño
me he sentado.

Jipita sueño, corazón.
¿De dónde vuelven los huérfanos?
Dame
ese pedazo de amianto si te lo digo.

 

 

XI

Veinte años en el horno y no se quema.

Pero duele, ¿verdad?
Bastante.
Sobre todo en las tardes blancas de hoy,
cuando el bramido de la usina aturde

y me pongo a comparar los lados del pleonasmo.

 

 

XII

Menorragia.

Invertir el cuerpo inerte
             hiede a encierro.

Olvida el veinticinco apisonado
si los capullos frescos no traen semilla.

Qué guacho, dirás.

Al ver las alas de murciélago azotar
tu más recóndita guarida,
sabrás que habré pasado a saludarte,
a preguntarte qué tal
merma la malicia hecha añicos, partes
que gusanean.

 

Lo siento, amor.
Nunca me enviaste un e-mail.

 

 

XIII

Si te he visto no me acuerdo,
tampoco,
de la primicia insulsa del hipo de noche
que se hizo día ocho
veces
casi.

Respiro en calma al saberme lejos.
Que no me veas, respiro.
No respiro.
Me la banco y luego vuelvo a suplicar:

¡Ahora!
¡Que no se enhieste todavía!
¡Que no me emerja de la fiebre aún!
¡Que no me mate!

Pero ahí vas,
templando lanzas que debieron ya enhebrar.
Tornasol de los bajos fondos.
                 
                   ASFIXIA

Y un pinchazo apenas
por cada una de nuestras culpas.

 

 

XIV

Cuarenta grados a la sombra.
Toda la ventana abierta y la cortina ondula.
Ni un poco.

Se asienta el estancamiento.

 

 

 

 

 

*Natalio Ohanna (1973) estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y se graduó con Summa Cum Laude en el Departamento de Estudios Españoles y Latinoamericanos de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Actualmente reside en Montreal, ejerciendo la docencia y la investigación en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad McGill. Ha sido editor asistente del libro Borges en Jerusalén (Vervuert – Iberoamericana, 2003). Ha colaborado en la investigación de la Profesora Ruth Fine, en el área de la crítica cervantista, y en una investigación del Profesor David Boruchoff, dedicada a un manuscrito atribuido a Catalina de Erauso, conocida como la monja alférez. Obtuvo varias becas y distinciones, entre otras una McGill Majors Fellowship (2006-2007). En su tesis doctoral explora el tema del cautiverio mediante un enfoque transatlántico, abordando un corpus que incluye obras áureas y coloniales de los siglos XVI y XVII. Ha dictado conferencias sobre literatura latinoamericana contemporánea, colonial y del Siglo de Oro, y tiene publicaciones de crítica, narrativa y poesía en Argentina, Israel, Canadá y Estados Unidos. Parte de su obra literaria se ha comenzado a traducir al inglés. De próxima publicación son sus libros Forma de los charcos (La Bohemia, 2006) y Tedio (Alción, 2006).




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