Vemos unas herramientas quirúrgicas, vemos unas pantallas, vemos unas fotografías, unas imágenes, nos quedamos en silencio ante ellas; imágenes de nosotros mismos en directo o la imagen de otro en diferido, en movimiento o congelado en el instante, “otro” en silencio; vemos y sin embargo parece que no vemos verdaderamente nada, o más bien no vemos nada directamente; siempre hay una parte que nos es ausente, una parte que escapa a nuestra mirada y percepción, una parte de la que nos desposee el otro, ese “otro” que percibe justamente lo que se nos escapa: nuestra propia imagen.
Francis Naranjo ubica directamente su campo de investigación al nivel analítico. Unas herramientas quirúrgicas, el mobiliario de una habitación de hospital, las referencias clínicas, médicas, funcionan como metáfora de un enfoque científico que, de entrada, sitúan el campo de investigación al nivel analítico y colocan al visitante-observador en la posición de un paciente. Entonces lo que actúa es el dispositivo; y es nuestra mirada aquello que se ha de operar, sobre lo que se trata de actuar.
Las herramientas quirúrgicas adquieren un significado doble y paradójico. El de significar el análisis y el de señalar lo analizado. La función de la herramienta señala su objeto, las herramientas quirúrgicas vuelven a introducir una dimensión corporal ahí donde parecía haber sido apartada.
Desde la primera sala de exposición, con la obra “Custodia”, se trata de un celador, a la vez guardaespaldas y celador de exposición. Una imagen-receptáculo, la imagen de un cuerpo custodiando los objetos-herramientas para la disección del cuerpo. Una imagen silenciosa, una imagen que custodia en silencio.
Este celador vigila los objetos expuestos, impide tocar, mover. Él es una imagen. Sólo está presente como imagen pues también está ausente. Hay dos sillas vacías situadas frente a los objetos médicos colocados en el suelo. De la vigilancia del celador quedan las fotografías, huellas de su trabajo mudo. Él es una imagen y por ello señala algo más que a él mismo, “cobra imagen”, subraya la distancia entre dos niveles de realidad inconexos en el tiempo, se convierte en metáfora de la mirada ambivalente que a la vez prohíbe y preserva, una invitación a sentarnos en su sitio vacante y hacer la labor de vigilancia o la de mirar.
Espacio del museo, espacio médico y espacio penitenciario, tres lugares aparentemente distintos que tienen en común un tipo de mirada necesaria; tres sistemas en circuito cerrado que examinan, multiplican y amplifican lo que ocurre en su seno.