Entrevista a Fernando Sánchez Castillo*



Leer: ABAJO LA INTELIGENCIA


¿Qué va a encontrar el espectador al visitar Abajo a la Inteligencia?
Fernando Sánchez Castillo: El espectador que venga a visitar la muestra del MUSAC se va encontrar en primer lugar con un cartel de bombillas en el que pone Abajo la Inteligencia. Normalmente el museo, especialmente el museo de arte contemporáneo, es un lugar en el que se festeja la cultura, la capacidad de trasgresión y la audacia intelectual de poder pensar de manera diferente, de encontrar diferentes respuestas al mundo contemporáneo. Abajo la inteligencia tiene su origen en un momento en el que cualquier tipo de discrepancia ideológica con el poder iba a ser suprimida. En mi opinión, esta censura, esta amenaza por parte del poder hacia el rigor intelectual y hacia la cultura en general hizo un daño tremendo a nuestro país. Este “¡Abajo la Inteligencia!, ¡Viva la muerte!” que Millán Astray le espetó a Unamuno dio origen no sólo a una censura real, física, a un temor real de los intelectuales a pensar y a decir lo que pensaban, sino que trajo una dinámica que se ha prolongado hasta nuestros tiempos. Todavía hoy en nuestra sociedad existe la autocensura, y creo que esta es la peor forma de censura, es decir, no poder decir lo que realmente deberíamos decir porque pensamos que es demasiado atrevido o trasgresor. Creo que este es el principal leitmotiv de esta exposición.

¿Qué efecto pretendes producir en aquel que observa tu obra?
F.S.C: La verdad es que no pretendo producir ningún efecto en el espectador, simplemente pretendo llevar a cabo una exigencia intelectual, mi exigencia de representación de la manera más libre posible. No hay una interpretación en arte, no hay un efecto, está muy claro que hay que distinguir entre lo que es arte y propaganda, porque son cosas radicalmente diferentes. Yo lo que trato de hacer es un ejercicio intelectual, que por supuesto tiene unas consecuencias conceptuales, pero me veo incapaz de predecir los efectos de mi trabajo sobre el espectador.

Para la exposición Abajo la inteligencia que se inaugura próximamente en el MUSAC estás produciendo obras específicas. ¿Puedes adelantar al espectador algo sobre ellas?
F.S.C: Aparte de la pieza de las bombillas de la que ya he hablado, hay otras piezas específicas para Abajo la Inteligencia. Una de las nuevas piezas de producción estrella para el MUSAC es un video que llevaba bastante tiempo intentando realizar y por el que llevo desde finales del 2003 intentando colaborar, entre comillas, con una institución como es el Museo del Ejército. Para este video he intentado conseguir unas piezas que este museo custodia, concretamente la máscara funeraria y la mano en bronce de Francisco Franco, y me he encontrado todo tipo de motivos para no poder acceder a ellas. El arte contemporáneo parece ser que tiene un poder trasgresor que genera una cierta desconfianza, y por eso no se me ha permitido el acceso a estas obras. En estos momentos el museo se está trasladando de sede, pero mi interés por ellas se inició en el año 2003 y, pese a que teníamos el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores, de Apple Foundation y de diversas instituciones fue totalmente imposible conseguirlas, a pesar de tratarse proyectos más o menos neutros. Por ejemplo, en uno de ellos se trataba de colocar la máscara funeraria al lado de una estatua ecuestre de Franco, es decir, del contraste entre el momento de muerte como ser humano y el momento de máximo esplendor de representación del héroe. Debido a estas dificultades, para realizar este video hemos buscado una vía alternativa. A una fotógrafa que realizó labores de investigación sobre la Guerra Civil hace unos años se le ofreció acceso a estas piezas, las tuvo en sus manos y pudo fotografiarlas. Yo por casualidad entré en contacto con esta artista y ella me cedió las fotografías que hizo. Con ellas lo que hemos hecho es desvelar algo más oculto, inédito, sobre la personalidad de Francisco Franco. Sabemos que el General tuvo una vida pública, e incluso privada, harto conocida y sabemos que era aficionado al ocultismo. Lo que hemos hecho con esta mano fundida en bronce, que tiene las líneas de la mano de Franco que el metal ha copiado perfectamente, ha sido llevarla a diferentes videntes que no sabían en ningún momento que se trataba de la mano del general Francisco Franco. Como mucho utilizamos su seudónimo artístico, Jaime de Andrade, bajo el que firmó películas como Raza o novelas como Diario de una Bandera. Con este nombre supuesto, o muchas veces sin nombre, los quiromantes nos han desvelado aspectos ocultos de la personalidad de Franco y para nuestra sorpresa, la imagen que estos adivinos dan del dictador a través de esta mano se corresponde bastante con la imagen que históricamente tenemos de él. Para este video hemos entrevistado también a la persona que fundió las piezas y al escultor Santiago de Santiago, que fue el encargado de sacar esa máscara mortuoria del cadáver de Francisco Franco. Aparte de esta pieza, como nueva producción tenemos una representación escultórica del momento en el que se destruye la primera escultura que fue erigida en honor a Francisco Franco, hecho que sucedió en la aldea de Narón, en Ferrol, en el año 2003. También nuevo para el MUSAC tenemos también el mástil y los bancos del barco Azor, que era el barco del general Francisco Franco. Curiosamente este barco no ha corrido la misma suerte que han tenido otros objetos de nuestro pasado más reciente, no ha tenido la “fortuna” de poder ser conservado en un museo, en parte porque fue utilizado durante los últimos años de singladura por el presidente del Gobierno Felipe González y quizás por eso la administración de ese momento prefirió deshacerse del barco a mantenerlo como parte que es de la historia de España. Actualmente el Azor se encuentra en Cogollos, Burgos, en el Mesón El Labrador (Km.223). Hemos entrado en contacto con su actual propietario y nos ha dejado para la exposición una parte singular del barco como es el mástil para realizar una instalación con ella.

¿Cuál es tu relación artística y vital con la Historia de España? ¿Por qué sientes tanto interés por el pasado histórico?
F.S.C: Yo he vivido y he crecido en un clima de cierta congelación del tiempo. Del año 1936 al año 1978 o incluso hasta el 1981 con el intento del golpe de estado, mi familia no ha podido hablar de lo que pensaba, o de lo que estaba pasando. Creo que es importante conocer en profundidad las imágenes que nos han sido legadas, o a veces en exceso presentadas. Creo en el arte como re-presentación, y pienso que es importante volver la mirada a estos temas. El mero ocultamiento de algunos hechos luctuosos, la imposibilidad que tenemos de enfrentarnos a un objeto real, como el coche de Carrero, que estuvo expuesto en un museo hasta bien entrada la década de 1980, nos indica que hay una voluntad oculta de no reflexionar sobre estos temas. A veces, tengo la sensación de que la guerra no ha terminado. Decir esto es muy fuerte, porque precisamente es lo que se quiere evitar Por otro lado, creo que para cualquier artista contemporáneo, intentar escapar del pasado, intentar escapar de la historia, del momento que nos toca vivir, es, sino un error, cuanto menos imposible. Lo que sí creo y por lo que muchos de mis temas son recurrentes a cierto pasado reciente histórico es que, ya que muchos de los artistas de mi generación y la anterior, sobre todo de la anterior, no han podido hablar de muchas cosas sobre las que deberíamos haber hablado profusamente, creo que tengo una obligación moral, si puedo usar una palabra tan grande, o al menos una necesidad intelectual de hablar de temas de los que las que generaciones actuales y pasadas deberían haber hablado y no lo han hecho. Quizás fuera lógico, a veces el vivir un momento te impide el poder representarlo.

¿Crees que el no haber hablado de estos temas, de estos símbolos, hace que su influencia en la sociedad actual sea de algún modo todavía muy fuerte, por tratarse de temas en cierto modo “tabú”? ¿Crees necesario reconstruir la memoria de los eventos del pasado?
F.S.C: No sé, desde luego, el ocultar ciertos hechos hace que muchas veces estén más presentes. Los silencios son a veces mucho más importantes que los gritos. También es cierto que nuestra historia últimamente se está perdiendo, cuanto más nos esforzamos en defender una identidad cultural o nacional más estamos inmersos en una sociedad global, en la que el 10-20% de nuestra población ya pertenece a otra raíz histórica. La inmigración está cambiando radicalmente nuestro sentido histórico de lo que es España, y creo que esto es bueno, e inevitable.

¿Cuál es tu visión de la relación entre arte y poder?
F.S.C: Estoy muy interesado en la relación entre arte y poder, especialmente en la aparición casi ritual del momento de terror revolucionario, el fracaso de la utopía revolucionaria una vez que ésta accede al poder. El momento incierto en que los líderes antiguos han sido derrocados y los nuevos monumentos aún no han sido erguidos. El momento de vacío. Ese corto periodo de tiempo en el que se podría pensar en una nueva relación con le poder. El momento en el que la guillotina se convierte en monumento (que ayuda a recordar). Pedestales con los restos de estatuas ecuestres derribadas que también tienen su función. Se convierten en lugares de sacrificio simbólico, lugares en los que se transmuta el bronce. La ocupación de los pedestales es el primer síntoma del fracaso de una revuelta y del posicionamiento de un totalitarismo tolerado, en el que no hay lugar para la reflexión, sin más bien para una adhesión nostálgica, sentimental al antiguo régimen. Con mi trabajo uso las mismas estrategias y materiales que el poder ha usado pero de manera que se cuestione su esencia con la misma belleza de lo derrotado con la que aparecen ante nosotros. ¿Por qué no conmemorar el vacío? ¿Por qué no celebrar nuestra habilidad para eliminar los héroes impuestos o deseados? Recuperar la habilidad para pensar, defender el cuestionamiento continuo como la esencia del ser humano contemporáneo.

¿Piensas que la reflexión histórica es un hecho compartido en la sociedad española actual?
F.S.C: No lo sé. Pero es verdad que hay ahora centenares de familias que buscan a familiares muertos o enterrados quién sabe dónde. No se trata de afán de revancha. Es muy difícil juzgar a un país. Pero hay situaciones personales que no están resueltas, como un marido, un padre o abuelo en una fosa común.

¿Qué crees que puede aportar el arte, a la hora de reflexionar sobre nuestro pasado reciente, que no aporten otras disciplinas como la historia o la filosofía?
F.S.C: Primero, el arte no tiene una finalidad única, lo único que se pretende es tener la capacidad de percibir los problemas, las nuevas situaciones de una manera más amplia. Un video como el de la mano no corresponde al ámbito del documental ni a lo que conocemos como “videoarte”, es un producto bastardo, que se hace partícipe de diferentes disciplinas como el documental o el arte. Creo que el arte contemporáneo tiene esa gran capacidad de ser un híbrido. Un híbrido que molesta, que plantea cuestiones sobre temas por los que pasamos a diario con una mirada mucho más superficial El arte contemporáneo nos permite tener un acercamiento más cognitivo hacia estos hechos. Mi necesidad de trabajar sobre estas imágenes del pasado reciente surge precisamente por superar su carencia. Tenemos pocas, básicamente una versión de opereta de lo que pasó, vista sólo por un bando. Algunas son muy conocidas, como el Gernika de Picasso o la maqueta de la destrucción del Alcázar. Otras, se han ido recuperando. Nos falta una visión más analítica y menos propagandística.


*Entrevista realizada por el MUSAC. Enero de 2007




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