CUARTETAS DE OTOÑO
Me han concedido el fuego del pecado.
Sólo el fuego; el amor jamás ha sido
En mí sino una sombra. Yo he soñado,
-en las eternas noches del olvido-,
Que alguien me ama y me sueña. No he podido
Corresponder. Soy triste como el hado
Que invierte los destinos del amado.
Soy el amado; no quien ama. He sido
El traidor y el amigo. He complacido
A oscuros dioses el manjar sagrado.
Alguien en la penumbra me ha buscado.
Alguien en la penumbra me ha vencido.
DÓNDE ESTARÍA YO DE NO HABER SIDO
Dream not of other worlds
Milton, Paradise Lost, VIII
¿Dónde estaría yo de no haber sido
Éste que ahora deambula en corredores?
¿Sobre qué sombra busco los rigores
De la luz en las puertas del olvido?
¿Dónde estaría yo sino en la nada,
En el polvo, en el oro, o en el sueño
De aquel que se aproxima con empeño
Y paciente me acerca hacia su almohada?
¿Dónde, sino en la noche, la silueta
De mi sombra recorre la entrañable
Belleza de otra sombra, cruel saeta
Que en tan sólo un instante me sorprende?
¿Dónde mi larga muerte se desprende
De algo tan hondo, oscuro, inevitable?
UN TAPIZ DONDE EL BOSQUE SE ILUMINA
En el bosque de Erec y Enid
Chrétien de Troyes
Amanecer que siempre estás llegando
Y llegando te quedas impasible,
Fijado por el tiempo que terrible
Oculta ya tus bestias murmurando.
Saberte tan lejano como el sueño
Hiere como la flecha que lanzada
Vuela, fugaz, ansiosa en la soñada
Urdimbre del tapiz del entresueño.
Y sin embargo nos quedamos viendo
Los altos pinos donde la penumbra
Niega la breve luz, la que no alumbra
Siquiera ya las cosas que van siendo.
Todo está suspendido y muy distante
En la tela, en el tiempo, en el instante.
AUTORRETRATO
Morir es imposible: la cicuta
La bebemos, despacio, como el vino
Y no morimos. Miro la pistola;
El círculo del cabo es sólo noche.
Juego con el gatillo y nada ocurre.
A solas, ya sin nadie, me aborrezco.
Pienso que no le importo al asesino.
Soy un tirano más. Nadie conspira
A mis espaldas. Niego a mis mujeres.
Sueño incendiar las casas de este pueblo.
Abjuro de mi nombre y de mi historia.
Morir es imposible. Nada ocurre.
Nadie muere. La muerte nos escribe
Poco a poco los días y las noches.
MANUAL DEL CONDENADO
Debo tu nombre al reino, oscuro pueblo.
Por una de tus calles he mirado
El palacio de Cnosos, las ventanas
Abiertas al abismo y a la noche.
Pienso en Dushara, su secreta historia,
Y en las altas batallas de Numancia
Que acaso ocurrieron sólo en sueños.
Entre muros de piedras he dormido
Y vislumbrado el alba en un instante.
Sé el oscuro misterio de los templos,
Y esa imagen de Kaaba con su piedra
De sacro mármol negro y misterioso.
Yo he querido morir en estas calles.
He querido encontrarme con mi muerte.
Me llaman Hollinshed. Mi nombre callan.
Solitario me escurro entre las sombras.
Otra gloria no quiero. Poco importa.
Desde aquí me desmienten las penumbras.
Mis pasos ya se pierden sin destino.
La condena de un hombre es mi condena.
Aquí puedo decir, oh, ciegos dioses,
No existen ya las luces ni las sombras,
Ni la rosa, ni el bosque, ni el estuario.
Ni la espada del último guerrero.
Ni el oro de esas tardes tan lejanas.
Ni el muchacho que aguarda temeroso
En Düsseldorf, sentado en una esquina.
Ni la paciente ergástula, acechando.
Ni el anillo de Odín ni de sus elfos.
Ni el recuerdo que el Nilo me prohíbe.
Ni el cuerpo que he lanzado hacia las aguas.
HAIKUS
1
Mano en la noche.
Un pájaro sombrío,
Sombra de pájaro.
2
La muerte bebe
Su oscuro vino amargo,
Y luego sigue.
3
Fugaz crepúsculo
Que alumbras por las tardes,
Lámpara breve
4
Canto en la noche.
Las sirenas me llaman;
Sueñan mi muerte.
5
Sueño mi muerte,
Los clavos, la madera.
Cuelgo del sueño.
6
Piedra o espada.
Excalibur soñado.
Mano que duda.
CARPE DIEM
El mañana no existe, ni el futuro,
Que es el mañana del mañana. Juego
A no creerme estas cosas. Miro el juego
Que los niños entablan y procuro
El difícil trasfondo de ese juego.
Por más que me sorprenda es siempre duro
Repetirse uno mismo en el oscuro
Espejo de los días. Como el fuego
Silencioso que abraza y me devora,
El instante me pierde en cada instante
Y al final sólo queda el breve humo
Perdiéndose en la sombra. Cada hora
Me acontece fatal y muy distante:
Cada hora en que ardo y me consumo
TINIEBLA Y LEJANÍA EN MI CONMUEVEN
Let's seek out some desolate shade
Macbeth. Act IV. Sc. III
Tiniebla y lejanía en mi conmueven
Las ciegas criaturas que el silencio
Engendra desde el sueño o de la muerte.
Las dos en mí a solas van llenando
Sutiles copas, cálices sombríos,
Oscuros cuencos, ánforas de un barro
Extraño y enlutado y ya muy viejo.
Con qué desolación busco mi rostro.
Murmuro las palabras. Me entristezco.
En qué instante quedarme así tranquilo,
Como quien sabe, como quien espera
Una voz familiar, un gesto ambiguo
De alguien que sin saberlo nos conduce
Muy lejos ya del reino y de la casa,
Por velados zaguanes, cobertizos
De mármol blanco y altas verjas negras.
Con qué desolación busco ese rostro
De quien nos llama siempre en la penumbra,
Con esa voz que pienso conocemos.
LA LECTURA
Goya. Serie Negra.
En la penumbra un libro oculta los secretos
de una imposible página, soñada y misteriosa,
que también puede ser terrible o acaso hermosa,
o vana como el tiempo que intuye sus decretos.
Nunca nadie sabrá quién lo escribió: sus retos
me ofrecen la locura y el sueño de una rosa
que ya presumo roja. Sé que una extraña cosa
me habrá entrevisto hurgando por esos vericuetos
que las letras conciben acaso interminables.
Sé que un siglo no vasta para esa lectura,
que a nadie es revelada y que quizás perdura.
Sé que también la página es ciega e impenetrable.
Sé que ningún lector intuye esa fortuna
con que su horror persiste bajo el sol y la luna.
CESARE PAVESE DESCUBRE POR ÚLTIMA VEZ,
ANTE EL ABISMO, LA BELLEZA DE UNOS OJOS FAMILIARES
a Yimali González
Vendrá mi muerte y no tendrá tus ojos.
Desde la noche al alba te he esperado
como quien sabe el fin en el soñado
rostro que en el espejo ven mis ojos.
Vendrá mi muerte insomne, también ciega,
y yo me detendré sólo a mirarla,
sin descubrir siquiera si al amarla,
también seré la muerte insomne y ciega.
Vendrá la muerte como un viejo canto
Que tal vez recordamos con sosiego,
Vendrá como si todo fuera un juego:
Vendrá la muerte como un viejo canto.
ORIGEN DE LOS NOMBRES
Un apellido tengo que pintado
Me recuerda el origen de los nombres.
De Asturias y Canarias ya los hombres
Mi historia conformaron. He soñado
Con un guerrero. El nombre ya no importa.
Adivino su mano en la penumbra.
Sé que me sueña. Alguna luz alumbra
La oscuridad del cuarto. No soporta
Saberme entre sus cosas. Sólo sabe
Que vengo de otro tiempo. Soy extraño.
Un oráculo dicta mi destino:
"Aquel que fuiste, eres; no hay engaño"
Nada me salva. No hay otro camino:
Entre los dos la muerte es ya la clave.
EL CANCERBERO
Dicen que en la penumbra el cancerbero
espera tan paciente que su aullido
no termina ya nunca, y que ese aullido
Hiela el alma y el sueño del guerrero.
Hesíodo le concede tres cabezas;
Virgilio tres gargantas le adivina.
Dante le da las barbas, lo conmina
a desgarrar las almas con destrezas
incalculables. Tres cabezas tiene
el perro que custodia los infiernos.
¿Será qué sólo existen tres infiernos
o hay uno que, secreto, él no previene?
Devorar él quisiera soles, lunas.
Devorar él quisiera soles, lunas.
ALGO HABRÁ ANTE NOSOTROS
por esos sotos, antes de nosotros,
pasaba el viento cuando había viento.
Pessoa
Recorríamos los bosques en la noche.
Yo leía un poema de Pessoa,
susurraba despacio:
por esos sotos, antes de nosotros,
pasaba el viento cuando había viento.
Después te abrazaba como si fuera
el fin del mundo.
Lejos de allí buscábamos la choza,
su sagrado interior dorando un fuego,
la lámpara para no perdernos
en la sombra del otro,
la ventana abierta al frío y a la muerte,
eran una anunciación de pérdida.
Lejos de allí, miraba
cómo cubrían los toldos para los fuertes vientos,
lanzaban flechas al venado,
y alguien cantaba
descalzo
una canción al verano y a la tarde.
No conjuramos el dolor.
Faltaba el recuerdo sucesivo
de esos días,
el roce de mis manos en tus manos.
Temí rozar los bordes de la trampa.
Oculta la cuerda nos besábamos
sin pensar en otra desolación que en el regreso.
De noche,
recorriendo esos bosques,
comentaba aquella leyenda de pájaros
devorando las carnes de los hombres.
EL DÍA
El día ya me atrapa y envejezco
Con la breve quietud de lo que pasa,
Sombra de sombras, cuerpo sin su casa,
El día ya me atrapa y envejezco.
Si de morir viviendo yo padezco
Terrible suerte, incertidumbre, brasa,
Tal vez en la penumbra me traspasa
Todo el horror de un mundo que aborrezco.
UNA HABITACIÓN DE ARLES
Nada conmueve más que aquella silla,
Que el pintor ha dejado ya inconclusa,
Quizás imaginando la difusa
Maraña de la luz, la pesadilla
De vivir nada más con una oreja.
Nada perturba el cuadro; la agonía
La sentimos nosotros; la agonía
De él no existe. La silla tan perpleja
Sigue en su tiempo inconmovible y sola.
Poco importa la pipa que figura
Inaccesible al humo que no puede
Alzarse del dibujo. Triste y sola
Ha de quedar por siempre en la pintura,
La silla que otra suerte ya no puede.
GLORIETA DEL PARQUE DE LA ALAMEDA
El que me espera sin decir palabra
Con sus oscuras ropas tan antiguas
Hablando sin hablar qué cosas siempre,
Contándome qué historias y entresijos,
En el banco del parque en el que espero
Con mis oscuras ropas tan antiguas
Hablando sin hablar qué cosas siempre
Contándole qué historias y entresijos
En el banco del parque en que me espera
Sin murmurar siquiera algún cansancio,
Y así los dos nos vamos saludando,
Con las mismas palabras tan iguales,
Repitiendo las mismas cosas siempre
Esperando qué instante, qué momento.
HOMBRE CON CABEZA DE PÁJARO
El hombre es un dios cuando sueña
Hölderlin
Acaso sueño o duermo. ¿Quién lo sabe?
¿Qué prodigios el reino me confiere?
De luz y sombra un sueño ya me hiere,
Un sueño que en mi sueño nunca cabe.
El suplicio del hombre es el del ave
Que breve y silenciosa cielos quiere,
Un ave que sin dudas me confiere
La gloria y el amor, oscura llave
Que tantas puertas abre y tantas cierra.
Acaso desde el sueño me contemplo,
Negándome el olvido, oscuro templo.
Acaso desde el sueño alguien me encierra.
Sé que he de despertar y ser testigo,
También verdugo, juez, tal vez amigo.
IGNORO DE MIS DÍAS EL DESTINO
Ignoro de mis días el destino.
No hay tal cosa. Mi fin está previsto.
Bajo la eterna noche sólo he visto
Un único horizonte y un camino.
Quisiera recordar aquel pasado
En que las cosas no sabían nada
De sus nombres. Quisiera la soñada
Urdimbre de ese día que ha engendrado
La eternidad de lunas y de rosas.
Acaso sea cierto que las cosas
De hoy van de lo sagrado a lo perdido.
Ignoro si en mi sueño otro convive.
Una estatua me vela y me recibe
Y en su sueño seré el que yo he sido.