Donde el progreso no existe
                                                        y gozo
*
Cristina Grisolía

 

No quiero contemplar el mundo racionalmente
para que me devuelva la mirada racional;
no quiero ningún equilibrio.

Imre Kértesz

I

ARÁNDANOS ESDRÚJULOS

          Arándanos inútiles en tanto
desconozco forma color
sabor del apetito originario
tronco, raíz y temporada.

          Jugosos en mis manos que pronuncian
y en mi lengua hundida en la radiante imaginación del sexo.
Arándanos inútiles
a botánicas plantas.

          Floridos en el centro del azul
cuya embriaguez me consta.

 

 

 

VISITA

          Viene otra vez y desconozco el color de la hora
lo propicio.
          Viene
no trae fragancia ni sabor consigo.

          El tacto es mi mano y mi alma
secreto roce en donde yo me aparto
me excluyo
hasta estrellar esta deriva en una roca
y esperar su partida.

 

 

 

COMO UNA VIEJA ALGA EN UNA ROCA*

          o es el fin del dolor
o inicia el tiempo
de dejarse agitar por la intemperie.

*Cita textual de Virginia Woof, Diarios, 1939.

 

 

ALTERNATIVA AL SILENCIO

          Pongo en la voz
ni más ni menos que el silencio.
          Pongo en la voz
oír la transcripción de la mirada
de aquel que estando solo se inventa los paisajes.

          Pongo en la voz
la parquedad del adjetivo.

 

 

LAVORE STANCA

          Vuelve el insomnio durante la hora del regreso
camino a casa se vacían las manos, ya no hay sueño.
          Cansancio y sin sentido
cuando el amor no basta
no justifica el hueco acurrucado del alma.

          Como pueriles molinillos
en el balcón de una casa abandonada
giran los ojos en la hora del regreso
sin proponer reposo ni locura.

 

 

GEOMETRÍA

          Como sujeto a un instrumento de tortura
el hombre diagonal de espacio y tiempo
centra el círculo.
          Propuesto al espectáculo
el arco inmediato tensa su perfección.

          Al hombre se le impide
abrazar sus rodillas:
la rueda humanista se echó a rodar
y es imparable.

 

II

ESTA MUJER

          Esta mujer que nada ocupa y hace y dice
y calla para llenar de aire los pulmones
esta mujer pequeña
ignorante de verbos definidos
descriptores precisos de una verdad pasada
y masculina.

          Esta mujer
ni bíblica, ni estética
pegada a mi alma
transparente
se me muere a diario
apenas sola, apenas deja de respirar
y resucita.

 

 

CURIOSIDADES

          Yo que busqué la prosa con afán masculino,
disciplinada hija de postguerra
siempre un paso más atrás de la vida,
característica infalible del rigor,
me encuentro entre poesías
fluidas como el desliz de una media de seda.

 

 

MI PIE URBANO

          Ciego
el pie por la mañana busca
un cielo de rayuela donde iniciar el día.

          Privado de la benevolente lentitud
mi pie salta
sortea sin rozar los límites reales
arrastra empuja un tejo imantado
y se planta eurfórico de rabia en el infierno.

 

 

ABATIDA

          Por qué camina, esa, tan curvada
piensa acaso despedregarle a la calle
un pensamiento.

 

 

CUENCOS

          Me han leído las manos, las arrugas,
el cuenco de la espera.

          Como un escarabajo panza arriba
no pude renegar del infortunio.

 

 

INEFICACIA

          No acabaré de insinuar lo suficiente mi sonrisa
detrás de los paisajes mutantes de los trenes.

          No la perfilaré finita entre los troncos
y los tejados ambulantes:
seguierá siendo un croquis sobre el vidrio
y pasarán de largo los viajeros.

 

 

ESCENAS

          Las posibles sonrisas y los posibles llantos
ausentes prematuros
hacen de mí un transeúnte.
          No hay dolor
el vínculo de vida es tenue.
          No hay deseo
la seda del cordón deshilachado
no retiene ni une ni ahoga.

          El actor aumenta su figura
en un a contraluz que lo devora.
          Esto es melancolía:
no me toques las manos.

 

 

III

SALA DIEZ*

          Andamios de placer contemplados en la sala
aquella sala visitada por la miseria de mi necesidad.
          Y me dirás que mi poema es mi pequeño cuento,
mi historia fragmentada de modo deshonesto y arbitrario.

          Como ya nada importa, te daré la razón.
Y treparé al andamio, a la pintura arquitectual de las ideas.
          Sería capaz de viajar, incluso con mi cuerpo,
por sentarme en el sillón raído y viejo de la sala.
Allí donde el progreso no existe y yo gozo.


* Sala del Kunsthiostorisches Museum de Viena dedicada a Pieter Brueghel el Viejo.

 

LA PIRA

          Voy al prado
al prado americano
con mi vaso de whisky de centeno
y una espiga alta que me araña la cara.

          Voy al prado y permito a la náusea
salir por mis agujeros.
          Me calmo con el grito, el silencio, el color amarillo
me voy calmando en el susurro horizontal del paisaje.

          De a poco
la basura del hombre y su progreso se acumula en mi oído,
en la sin importancia taquicardia puntual de las mañanas
se junta
se amontona.

          Enciendo una cerilla, la de fumar tranquila,
y se hace pira
es rápida en arder tanta inmundicia.
          Le doy la esplada al fuego
ni su humo me interesa
me alejo de su olor
me desentiendo...

          En mi boca
el centeno me cura como un buche,
la palabra centeno
me viste, me desnuda
hace girar mi cuerpo
como la ancha mano de un amante.

 

 

HABRÁS LLEGADO YA

          Habrás llegado ya.
Detrás de todas las puertas
en los prismas de todos los rincones
tendrás espacio para dejar caer
una palabra una prenda una duda un gesto
una sospecha.
          No soy tu prisionera
pero habrás llegado ya cuando yo aún
no haya acabado de saltar las bisagras
y de elegir el trozo de memoria más decente.

          Habrás llegado ya.
Desde el cristal de la ventana
una hormiga me mira y me sonríe.

 

 

NÁUFRAGO

          En la orilla sin diluir del paraíso
el náufrago, figura vertical, sostiene el horizonte.
          Es el guardián del tiempo detenido
él ordena las piedras
en su valor de olvido y de memoria.

          No es nadie importante, es necesario:
cuando la luz se va y entre ellos,
paraíso y naufragio, el ángulo se forma
cualquiera de nosotros puede buscar su compañía
burlarse de sus pies nostálgicos de arena
o añadir una piedra al derrumbe.

 

 

DESTREZAS

          Tal vez mi madre o la hermana de mi madre
pintarían de mis visión insomne un retrato,
bordarían las líneas principales de mis sueños.

          Transformación, domésticos milagros
de flores, de lámparas azules, de ríos detenidos
donde guardar pañuelos.

          Ellas serían capaces de modelar mi incierto,
del dolor de mi pecho hacer un nido
con pájaro de yeso con plumas de algodón
y ojos brillantes
para poder mirarnos ya pasadas las muertes
para poder mirarnos.

 

 

LLANURA

          Culpable de habitar la abrigada solapa de las cosas
mira la amarilla llanura.
          El viento la desprende
la deja sin raíces
sin bóvedas, sin puertas.

          Qué deuda de desasosiego
esconde la tímida plenitud de la contemplación.

 

 


LAS MÍNIMAS CIRCUNSTANCIAS

 

EL NARRADOR

          El hombre se equivoca de lector. El mismo lee y sobre todo escribe. Pero tiene una marcada incapacidad para el acierto; aquello que le piden, ese deseo momentáneo y caprichos no ha llegado nunca a coicidir con su palabra.
Equivocarse de lector, piensa el hombre, es como equivocarse de destino. "Mi vida es un error", se dice, pero no se resigna y narra su tragedia bajo la vigilante espera del deseo del otro.


EL PERFECCIONISTA

          Era la primera vez que el hombre paseaba con ella por la playa. Se inclinó, recogió una concha. El hombre sabía, tenía el deber de guardar pruebas del recuerdo. La concha estaba rota y no la quiso, volvió a incrustarla en la arena, y en ese momento de no quererla el hombre se sometió a su presente. Ella le destrozó la vida.


EL CONFERENCISTA

          Mientras el hombre preparaba su conferencia sobre las variadísimas maneras de "Pasear por los parques", llegó a la conclusión que un exhibicioista es alguien rápido, astuto y parecido a un boxeador. De manera secreta y anacrónica, él amaba el box: es ágil y hace daño, pensó.
En su conferencia propondría itinerarios olvidados, senderos húmedos, diagonales directas, colores cambiantes, recovecos en donde lo prohibido se hace atemporal e íntimo. No sólo se trataba de transferir un saber, el tema exigía el punto de emoción para que el encuentro se hiciera real. Pero a pesar de todos los caminos, el hombre o progresaba en su texto; las palabras eran insuficientes para expulsar la esquiva figura avanzando nítida desde el escondite crepuscular de los parques, desde la blanca y nebulosa luz del cuadrilátero, hasta llegar al auditorio en donde el hombre, por fin, abriría de par en par su gabardina de seda.

 

 

 

*Selección extraída de Donde el progreso no existe y gozo, El Cep i la Nansa, 2004.

Cristina Grisolía nació en  Argentina, en Rosario. Después de vivir largos períodos en París y Viena, reside actualmente en Vilanova i la Geltrú.
Ya hace tiempo, como narradora, publicó en revistas argentinas El Escarabajo de Oro,  Cronopios, y en una Selección de Cuentos de la emblemática editorial Hoy en la Cultura.
En Madrid, Cuadernos Hispanoamericanos, publicó sus cuentos y parte de su  poemario “Relojes de Agua” y la revista  Nueva Estafeta, dirigida por entonces por el poeta Luis Rosales, destaca su prosa.
Poesía y relatos se alternan en diversas publicaciones, tales como Tratti (Faenza), Café Central (Barcelona).
En los últimos años, ha participado en lecturas  y  en 2004 presentó su libro de poesía “Donde el progreso no existe y gozo”, prologado por el escritor Feliu Formosa (Editorial El Cep i la Nansa). Está presente en de la antología poética “Desde los parques” (Diputación de Barcelona, 2006).




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