In Country Heaven: un plan
Adrián Icazuriaga(*)

 

A comienzos de 1950 Dylan Thomas planeaba escribir un largo poema en secciones titulado “In Country Heaven”, de las cuatro secciones que lo compondrían sólo vivió para completar tres: “In Country Sleep”, “Over Sir John’s Hill” y “In the White Giant’s Thigh”. “Esperando por alguien que imprima sorprendentes y contadas copias, a precios imposibles, en fino Cashmere de pelo de cabra”.

Este es el “grandioso y simple plan” de un insospechado poema que el autor nunca llegaría a terminar, y que adelantaba en su momento para una emisión de la BBC (Quite Early One Morning, 25 de Septiembre de 1950).
 
 “La divinidad, el autor, el granjero de la vía láctea, la primera causa, arquitecto, el que enciende las lámparas, quintaesencia, la primera Palabra, el antropomórfico lanzador de bolas negras, la sustancia de todos los hombres, cabeza de turco, mártir, hacedor, portador de aflicciones-Él, en lo alto de una colina en el paraíso, llora cada vez que, afuera de ese estado del ser llamado su campo, uno de sus mundos cae muerto, se desvanece gritando, se encoge, estalla, se mata a sí mismo. Y, cuando él llora, la Luz y sus lágrimas se deslizan juntas, codo con codo. Entonces, al comienzo del proyectado poema, él llora, y Country Heaven está de pronto oscuro. Arbustos y búhos vuelan como velas. Y los campesinos del cielo se acuclillan juntos bajo los setos y, entre ellos mismos en la oscuridad salada de lágrimas, conjeturan qué mundo, qué estrella, cuál de sus tardías casas en los cielos que giran se ha ido para siempre. Y este tiempo, extiende el divino rumor de un seto vivo: es la Tierra. La Tierra se ha matado a sí misma. Está negra, petrificada, marchita, envenenada; la locura la ha colmado de podredumbre; y ninguna criatura, alegre, desesperada, cruel, amable, muda, ardiente, amada, torpe, seca y brutalmente acorraló los días como enemigos en ese rostro corrompido. Y, uno por uno, esos divinos hombres de un seto vivo que una vez fueran de la Tierra, se llaman los unos a los otros, a través de la larga noche, la Luz y Sus lágrimas derramando, cuanto recuerdan, cuanto perciben en el sumergido desierto y en la expuesta anchura de un cabello del viento, cuanto sienten temblando en los nervios de un nervio, cuanto saben en sus corazones Edénicos, de ese lugar que los llama y se llama. Ellos recuerdan lugares, temores, amor, exaltación, miseria, dicha animal, ignorancia y misterios, todo lo que nosotros sabemos y no sabemos. El poema está hecho de estas historias. Y el poema se convierte, a lo último, en una afirmación del hermoso y terrible valor de la Tierra. Se expande en una alabanza de lo que es y lo que podría ser sobre este terrón en los cielos. Es un poema sobre la felicidad.” (Traducción de Adrián Icazuriaga)

 

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