Orígenes del Teatro en China IV
Por María Dolores Garcia-Borrón Martínez

 

Notas relacionadas:

 

Secuencias Mocai y Goulian

La Ópera de Pekín concede mucha importancia al arte tradicional del maquillaje de los rostros, pero no sólo para los papeles de jing y chou, sino también para los de sheng y dan. En los últimos ciento cincuenta años[1] numerosos artistas veteranos han reunido importante y valiosa experiencia en el maquillaje, asunto esencial para completar la creación y caracterización de los personajes tanto física como espiritual, y para la vistosidad y el propio estilo de este espectáculo. Además, como ya es de sobra sabido, el maquillaje también sirve para corregir carencias o defectos del propio actor. Por ejemplo, si este tiene la boca o los ojos pequeños, las mejillas demasiado hundidas o por el contrario carnosas, o las cejas de forma irregular, puede sin duda corregir esas características por medio de la línea y el colorido artificiales. Si un actor o actriz tiene el rostro corto o demasiado ancho, puede también con el pianzi (“cabello decorativo” o postizo) modificar enormemente su aspecto. Y a la inversa, puede por ejemplo apartarse el cabello de la cara o eliminar el de encima de la frente para conseguir más superficie en su rostro. Con el colorete, los polvos, el pincel y el pintalabios también puede añadirse o quitarse allí donde se juzgue conveniente, ya se trate de la nariz, de los párpados, del mentón, mejillas, pómulos o boca.

El mocai (polvos y colorete) es usado principalmente por los actores de sheng (incluídos los mo) y dan, mientras que el goulian (dibujo y pintura) es principalmente para los papeles de jing y de chou, aunque en algunos casos se emplea también para los otros dos tipos de personajes. En estos dos últimos casos, se trata de una combinación de rasgos realistas y simbólicos con que se pretende realzar una personalidad especial. Sin embargo, y aunque parezca haber una gran variedad, hay que tener siempre en cuenta que la elección de formas y colores, en este como en los demás casos, está siempre gobernada por determinadas reglas que no pueden saltarse sin dar al traste con la línea estilística del espectáculo, tanto individual como en general.

Actualmente, con la introducción de los nuevos cosméticos las secuencias de la aplicación del maquillaje pueden variar ligeramente, pero en el presente trabajo vamos a atenernos a la tradición en cuanto a la explicación de estas fases, que como ya hemos dicho son distintas y además especifícas según los diversos papeles.

El maquillaje tradicional del sheng comprende siete etapas, a saber: limpiar la cara, aplicar polvos -normalmente de o en base de arroz-, aplicar el colorete, oscurecer las cejas (pintándolas de negro) y colorear los párpados, estirar la frente, ojos y cejas, colocar sobre el pelo la redecilla, estirar la gasa que lo sujeta sobre la cual se coloca el tocado, y por fin colocar la barba si el personaje lo requiere.

Para los papeles dan son precisos seis pasos, que son por este orden: limpiar la cara, empolvarla, aplicar el colorete, ennegrecer las cejas y dar color a los párpados y labios, colocar el pianzi, estirar la frente, y arreglar el cabello y adornos. Al estirar la frente lógicamente también se estiran las cejas y comisuras de los ojos, que aparecen más grandes y realzados por lo mismo además de por la pintura que se les ha aplicado, y por ende al darles una mayor tendencia hacia arriba termina de conseguirse el extremado aspecto exótico u “oriental” al que estos artistas nos tienen acostumbrados [2].

Los siete pasos del maquillaje del jing son: limpiar el rostro, aplicarle polvos, colorear los párpados y orificios nasales, pintar las cejas, dibujar líneas decorativas, colorear las partes que aún queden libres en la cara, estirar la frente y colocar la gasa, y por último asentar sobre el cabello la redecilla -sobre la que en el caso del jing se aplica el mismo maquillaje como continuación del de la cara, aunque normalmente lleva el cráneo afeitado-, y por último ponerse la barba si el personaje la requiere.

El maquillaje del chou, el antiguo fumo de épocas antiguas, comporta ahora seis fases; que son limpiar el rostro, aplicar polvos y colorete, dibujar la famosa mancha blanca sobre y en torno de la nariz, pintar las cejas y colorear los párpados y labios, estirar la frente y ponerse la gasa, siempre bien tensa, y por último cubrirse el cuero cabelludo con la redecilla y ponerse la barba.

Así pues, en términos generales, el maquillaje es el proceso de transformar a un actor o actriz para el papel que haya de representar. Resulta necesario al menos para moldear un rostro, y además puede (aunque a veces no sea ese el caso) ayudar a simbolizar una personalidad, estatus social, e incluso un designio del personaje en cuestión. A lo largo del tiempo, han surgido literalmente centenares de diseños de maquillaje, pero actualmente su número se ha reducido. Técnicamente, también se clasifican en “cara al aceite”, cuando los pigmentos de colores se han mezclado con grasa para darles más lustre, y “cara al polvo”, para la cual se mezclan los colores con agua a fin de que produzcan un efecto más mate.

Hay controversia respecto a cuando surgió el estilo teatral del maquillaje, pero parece ser que estaba ya bien establecido en tiempos de los Ming. En el siglo XIX se introdujeron muchos nuevos diseños, en aras de nuevos estilos de actuación que habían llegado a ser muy admirados por los aficionados debido a su extraordinaria perfección vocal y a su vigorosa exhibición de habilidades físicas. Estos estilos confluyen y culminan en la Ópera de Pekín.

En el teatro chino tradicional, tanto en los papeles masculinos como en los femeninos se modifican las cejas, ya sea pintándolas con alguna pintura o cosmético, o depilándolas para hacerlas más delgadas y alargadas. También es requisito de los papeles masculinos y femeninos el levantárselas considerablemente por los extremos, para que parezcan más airosas y espirituales. De la misma manera, la sombra en los párpados hace resaltar los ojos y la mirada, y es capaz asimismo de otras muchas modificaciones como bien saben también en Occidente no sólo los profesionales del maquillaje.

Desde siempre, las mujeres chinas han sido muy cuidadosas en lo que respecta a su vestuario, y lo mismo puede decirse de su peinado y maquillaje. Los polvos [3] y el colorete se han usado en China desde hace milenios, aplicados en rostro, cuello y hombros. Las mejillas se coloreaban bien marcadamente de rojo, y se dibujaban lunares junto a la boca y en la frente. Las cejas se depilaban o afeitaban y pintaban a pincel. Sobre los labios se daban pequeños toques de color rojo con productos que eran a veces líquidos, por lo que a veces las bocas adquirían una especie de efecto como de un muy sutil goteado, el cual aún se refleja incluso en el pesado maquillaje de la actriz teatral china, que también se da colorete rojo en los párpados. Sin embargo, los papeles dan se maquillan menos que los de sheng [4].


Barbas y Bigotes

Las barbas postizas, llamadas rankou o koumian, se agrupan de acuerdo a sus características en: san o barbas de tres partes, man o barba plena, zha o patillas, y barba corta, son en general bastante exageradas, y en realidad demasiado numerosas para ser aquí consideradas en detalle. Van montadas sobre un alambre curvado que permite engancharlas a las orejas. Se colocan por encima del labio superior para esconder la boca cuando el actor canta. Aunque en los primeros tiempos estas barbas no eran tan largas como lo han sido posteriormente, poco a poco se fueron alargando, pero siempre denotan la edad del personaje. La barba en tres partes es la de los personajes serenos y reflexivos, que se acarician la parte medianera con el índice. La barba plena pertenece a los personajes vigorosos y majestuosos, ricos y a la vez heroicos, los cuales se acarician, en un conocido gesto, toda su superficie con la palma de la mano. La de los cultos y refinados está dividida en tres partes. La barba plena con una abertura para la boca es para personajes violentos; puede ser roja en el caso de los bandidos. Las barbas de los bufones son siempre cortas para conservar el aspecto cómico, ya que algunas de ellas, cómo no, se llevan simplemente para coadyuvar a la hilaridad de los espectadores. La barba enmarañada y corta se reserva para tipos humanos como el bonzo bandido Lu Zishen. En general, las barbas son negras, grises o blancas, aunque también se dan las rojas como en el caso arriba mencionado, y azules en el caso de otros héroes de la espesura; todos ellos gentes en general marginadas o de carácter irregular, así como nigromantes y seres sobrenaturales.

También se da un tipo de barba de cuatro partes, rala, desigual y corta, que se usa para los personajes más marginales o de muy humilde cuna. Por ejemplo, presidiarios, como en la obra “Viaje Bajo Arresto”, o viejos soldados rasos como en “La Estratagema de la Ciudad Vacía” . Igualmente, existe un tipo de barba puntiaguda, aseada y elegante, cuya forma corresponde más o menos a la que en Occidente se denomina de estilo Vandyke. Ésta puede ser a su vez ertiao, o invertida, o diaoda si la constituye sólo un largo y delgado mechón, y recuerda en su modo de colgar a la de un chivo. Si además se la adorna con un mechón corto a cada lado de la mandíbula, se llama wuzui, y sus personajes también están, cómo no, tipificados.

Las barbas sirven, además de configurar toda una estética y potenciar el Verfremdungseffekt de que hablara Bertold. Brecht, entre otras cosas, para caracterizar al papel y para indicar sutiles cambios en sus emociones; ya que, “según humor”, el personaje se las manipula de acuerdo a movimientos estereotipados. Las barbas permiten verdaderos movimientos de danza, para indicar por ejemplo la desesperación. Por ejemplo, los ancianos se las atusan con los dedos, separándolas al hacerlo en mechones, o las mueven mediante bruscos movimientos de la cabeza, o las hacen temblar con incesantes movimientos del mentón. Los actores hualian pueden llevarse uno de los extremos de la barba hacia arriba y el otro hacia abajo, o llevar las patillas hacia atrás con una mano. El movimiento más espectacular con las barbas consiste en levantarse con una mano la parte central hasta el nivel de la boca, y con la otra, apartarse a un lado uno de los dos mechones. Según Josephine Huang Hung (v. su libro Teatro de Ópera Chino, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1963; p. 28), hay en total dieciocho clases de barbas. Con ellas se realizan unos treinta movimientos, cada uno con su sentido preciso.

En cuanto a los bigotes, los negros y rojos se asocian normalmente a los jing, así como a personajes menores del mismo tipo. El bigote negro hecho de seda cruda y rizada se llama a menudo qiuran, o bigote crespo, y lo lleva por ejemplo Lu Zishen, el famoso monje bandolero de tantas óperas basadas en “A la Orilla del Agua”. En cuanto al bigote corto, de sólo un centímetro y medio de ancho aproximadamente, indica a alguien rudo o poco refinado. Los chou o bufones llevan bigotes muy a menudo. Puede decirse que los bigotes con guías que apuntan hacia arriba revelan una personalidad astuta o incluso malévola, mientras que los que se dirigen hacia abajo y sobre todo si son recortados, corresponden a los groseros o rústicos.

Aunque en los chinos está el vello corporal, en general, poco desarrollado, y además usualmente no gusta, aquellos con abundante barba suelen estar orgullosos de la misma (cosa curiosa, son escasos los gobernantes o militares chinos que han sido barbudos), pero de cualquier modo, como vemos, sobre todo los altos dignatarios y los militares aparecen casi siempre en la ópera china con barbas muy desarrolladas. Digamos por último que las barbas cortas se guardan en baúles con la ropa, colgadas de garfios individuales que van por dentro del baúl; sin embargo, las largas se cuelgan de una cuerda situada por la parte de fuera de los mismos, y ordenadas según la secuencia “barbas de tres mechones”, “barbas plenas”, “patillas”, etc.


NOTAS
[1] Tengamos sin embargo en cuenta que el maquillaje teatral, lianpu, se remonta en China por lo menos a mil cuatrocientos años, en tiempos de las dinastías Song del Sur y del Norte. Según una leyenda, un rey de esta dinastía, llamado Chang Gong o Lanling, tenía un rostro muy hermoso con el que le era imposible asustar en la batalla a sus enemigos. Entonces decidió colocarse una máscara para así imponerles más temor. Se dice que entonces, al escenificar obras teatrales sobre la vida y hazañas de este rey, se impuso entre los actores que le personificaban la costumbre de llevar una máscara, y de ahí se pasó gradualmente -siempre según el dicho- a los maquillajes que ahora conocemos. Con los posteriores Sui y Tang se usaron también máscaras para las danzas daimian, y las marionetas de esa última época también ostentaban curiosas y muy vistosas pinturas faciales. Con los Yuan se acrecienta y asienta definitivamente este arte, y aún más con los Ming bajo los que incluso se llevan a cabo estudios psicológicos y anatómicos (de músculos y huesos, piel, arrugas, etc, correspondientes a numerosísimas tipologías), así como sobre regímenes alimenticios y de física y química, para potenciar aún más la efectividad de todos estos procesos. Bajo la dinastía Qing vuelven a cambiar los estilos de diseño, y se afianzan definitivamente los zhenglian, liufenlian y suilian que pasan a ser básicos. Al margen, los otros diseños más decorativos se desarrollan individualmente y según su pasado histórico, con ciertos matices de superstición. En cuanto a la historia, por ejemplo, debido a que en una novela histórica se describe a Guan Yu como de tez parecida al color de los dátiles o azufaifas, el actor que le encarna se pinta el rostro de rojo. En cuanto a la leyenda, lo fantástico o lo supersticioso, la luna en cuarto creciente que se pinta entre las cejas del juez Bao indica que este personaje juzga el mundo humano de día y el mundo inferior de noche; el dibujo en forma de cara de lobo que aparece sobre la frente de Ma Wu significa que este ser es la personificación de la estrella Sirio.
[2] Es curioso observar que en Misión Imposible-2, dirigida en USA, Sevilla y Australia por el cantonés John Woo, aparece Tom Cruise en varias secuencias con un gorro de lana que le hace subir las cejas exactamente de la forma en que decimos . Además, debido a la iluminación de esas tomas, sus ojos, aunque azules, parecen auténticamente rasgados y con el párpado muy bajo, a la oriental . Eso le da un aspecto algo siniestro, pero desde luego gran fuerza a su mirada . Tras la escena en que este efecto es más notable, nos enteramos de que en realidad no se trataba del protagonista, sino de cierto mafioso también de ojos azules que se había puesto una máscara exacta a la cara del protagonista a fin de engañar a sus adversarios. Otro detalle curioso de la película -en mucho aspectos de estilo orientalizante- es que muchos de los personajes se ponen y quitan máscaras sin cesar, eso sí, “modernas”, queremos decir idénticas a los rostros de quienes quieren suplantar.
[3] Como hemos dicho, en un principio, la base de los polvos consistía en arroz pulverizado; pero a comienzos del siglo XX llegó el maquillaje de base mineral. Parece ser que las mujeres desde muy antiguo siempre se maquillaron el rostro; las prostitutas, como en Occidente, lo hacían en forma especialmente llamativa, aunque no tanto, claro, como los actores sobre el escenario. Por eso se las llamaba a veces fen tou, “cabeza de colorete”.
[4] No así en la realidad, como puede suponerse. Diversos autores recuerdan maquillajes femeninos también muy vistosos, y dice por ejemplo Pimpaneau (v. Chine. Culture et traditions, p. 66) que en la antigüedad las mujeres, amén de darse sombra negra en las cejas, se pintaban, según costumbre que fue luego abandonada, un suponemos sugerente triángulo negro en la base de las mejillas (sabemos por Eberhard -v. Bibliografía- que el vello pubiano considerado más estético es el que se dispone en forma de triángulo, y se dirige hacia arriba). Más tarde, con los Tang, se dibujaban un punto negro en el entrecejo y un creciente de luna al extremo de las cejas. Algunas se pintaban también los labios y dientes de negro, quizá para celar una dentadura desigual, o como sugerencia por ejemplo de blandura o no agresividad. La búsqueda de la belleza personal vuelve a estar actualmente en el candelero, como pueden testimoniar hoy entre otros los cirujanos plásticos del Hospital Popular Nº 9 de Shanghai.

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