Luisiana
Delta del Excepcionalismo Americano

Por Oleski Miranda (*)


 

El estado  de la unión norteamericana que fuese bautizado con el nombre de  Luisiana por Siur de La Salle en honor a Louis XIV, no es solo la región que acunó  una de las expresiones musicales más libres y espontáneas, el lugar donde se ha dado la cocina más auténtica y original de los Estados Unidos; o  el escenario para que Katrina y la hiperrealidad de las imágenes, asombrara y pusieran al descubierto los miasmas que esconde el sur. Más allá del jazz, mardi grass, gumbo, voodoo,  diques e inundaciones; esta tierra también  es una región llena  de una  tradición literaria excepcional. No en vano su mayor centro urbano, Nueva Orleáns, desde mediados del siglo XIX hasta ya adentrado el XX, se convirtió en destino casi obligatorio para una gran gama de escritores que venían atraídos por esta región desde distintos rincones del país y el mundo.  Señalado esto,  intentaremos ofrecer  un fugaz vistazo a ciertos autores e historias  que  además de dar cuenta en cierto momento de la experiencia  y el contexto en el que se enmarcaban,  también  han sido tributarios  bajo la anuencia  del espacio, de lo que podríamos reconocer como el  delta  socio-cultural que ha tenido lugar en este territorio del sur de los Estados Unidos.    

Unos de los libros centrales para entender desde la literatura y la historia a este Estado y ha su principal centro urbano: Nueva Orleans, es la compilación que hiciera el profesor Ben Forkner de la Universidad francesa de Argers: Louisiana Stories (1990, 2004). Alli se puede encontrar en  gran parte de los textos que la conforman, los ladrillos que contribuyeron a la construcción de un imaginario colmado de  mitos  y leyendas, que en un principio era el legado de la tradición oral del sur, eso que en inglés se mienta como folk tales, y que para la lengua castellana vendría a ser el cuento popular.  Este libro es  una selección de  cuentos cortos que abarca más de siglo y medio, empezando en los iniciales  y definitorios 1800 y sus más representativos autores como es el caso de Madison Tensas “The Indefatigable Bear Hunter” (1850), el cual usaba el seudonimo Henry Clay Lewis, y George Whasington Cable “Posson Jone” (1879), pasando por el reconocido  premio Nóbel William Faulkner con el cuento “Kindom of God”, que apareciera por vez primera el 26 de Abril de 1925 en el Times-Picayune, hasta comprender autores  contemporáneos  como Ernest Gaines y James Lee Burke. 

Las crónicas de Madison Tensas o Henry Clay Lewis, con la que se inicia este compendio; fueron desarrolladas mientras prestaba sus servicios como médico a finales de 1840 en los pantanos lusianénses donde aún viven los cajunes1. Tensas se entregó en  la tarea, como si se tratara de una etnográfica, de describir y anotar las historias y cuentos que escuchaba o los acontecimientos asombrosos de los que era testigo. Su afán de observador y  su necesidad  de contar lo que ocultaba el corazón del pantano, lo llevo a interpretar y escribir  cuentos fantásticos, como “The idenfatigable bear hunter” en el que narra la vida de un hombre que luego que cazaba al oso, comía su carne en señal de respeto con la creencia de que adoptaría  su fuerza, este cuento es  parte de su único libro “Odd Leaves from the life of a Louisiana Swamp Doctor”, publicado en 1850 y que muchos años después, según la directora del departamento de ingles, de la Universidad de Loyola y ex-editora  de la revista literaria “New Orleans Review “ Mary A. McCay, constituiría en parte lo que se conoció en los Estados Unidos como “el excepcionalismo  americano”, una especie análoga de  realismo mágico  que encontraría en la realidad del “Bayou”, (como cualquier otro Macondo del Caribe)  una  inagotable fuente para el cuento dominguero y por consiguiente para la pluma.

Al verse en su conjunto todos estos relatos, la narración se convierte en un axioma  definido por momentos históricos y  contextos culturales yuxtapuestos. En ella se hace obvia la diferencia que existía entre la literatura que salía de las manos de los que llegaban para contar las increíbles “historias de osos”2;  que ofrecían el pantano y el bosque, lo que vendría a ser en palabras generales la ruralidad; y aquellas que tenían como escenario la multiplicidad de la ciudad. Aquí nos referimos sin duda a la ciudad que aún conserva el nombre de la región de origen del Duque francés, que aportó el dinero para la expedición que llevaron a cabo sus fundadores Siur d’Iberville y Siur de Bienville en 1699: la “Noveau  Orleáns”.

El escritor nativo y tempranamente modernista George Washington Cable es una de las referencias más notables en cuanto  narración urbana, su colección de historias  “Old creoles days”  publicadas en 1879 y su novela “The Grandssimes” (1880) lo colocaron en un sitial importante entre los escritores sureños del siglo XIX. En el  cuento “Posson jone’ (1879) no solo demuestra una gran capacidad narrativa describiendo a su ciudad, sino que dispone  de Nueva Orleáns como el lugar único que es, en la sofisticación y viveza de los personajes, o esos  asombrosos acontecimientos que se llevaban a cabo en ella, como por ejemplo  el que puede representar una pelea entre un tigre y un toro como si se tratara de un circo romano.

Estos tipos de espectáculos donde se lanza al ruedo  animales que se enfrentan bajo el ruido y  frenesí de familias enteras, aun concurren como parte de una intrincada  tradición popular dentro de la cultura rural en los campos del sur. Este es uno de los pocos estados norteamericanos donde las peleas de gallos aun son legales, sin embargo el espectáculo que mas  se asemeja a aquellos descritos por   Washington Cable  hace mas de un siglo, son los llamados rodeos de perros (hog dog rodeo), en el que se enfrentan en una arena o plaza de espectáculos, a un cerdo salvaje con un perro  originario de la región del lago catahoula,  raza que es denominada con el mismo nombre indígena. Este ritual es la  representación de la bestia acosada por el animal entrenado. Como es de suponerse,  esta actividad  en la actualidad es centro de sentimientos encontrados, entre aquellos que se oponen defendiendo los derechos de los animales desde la ciudad (“civilización”), condenando  esta actividad como un sangriento acto anacrónico de barbarie; y las comunidades rurales (“salvajes”) que mantienen estas tradiciones, que han sido transmitidas  de padres a hijos  por generaciones. La ritualidad de la lucha y la muerte se expresa en la   simbolización de estos dos animales: lo salvaje e incontrolable y  la dominación y el control.   Imaginario que a nuestro parecer, no hace otra cosa que reproducir las mismas tensiones que han persistido entre lo rural y lo urbano.
     
Por mucho tiempo, incluso luego que Napoleón vendiera esta extensión de tierra por 15 millones de dólares  en 1801 a la Unión de los Estados Unidos de América, presidida en ese entonces por Thomas Jefersson, se siguió percibiendo a este lugar, sobretodo desde las ciudades que en el norte comenzaban a crecer y que habían sido  fundadas  por colonos anglo-sajones, como un espacio misterioso y descocido, concibiéndose  al mismo como una tierra abundante en exotismos. Su condición de ciudad portuaria, el contrabando, la cercanía con las islas del  Caribe, la herencia cultural francesa, los 40 años de gobierno español (1760-1800), el crecimiento de la población esclava, su situación geográfica en la boca del Río Mississippi   (al que T.S. Elliot llamó “el gran dios marrón”), y hasta el hecho mismo  de que Nueva Orleáns  era una ciudad levantada  sobre un pantano lleno de serpientes, caimanes y todo tipo de alimañas; ayudaron ha alimentar la noción de enigma nacional conque se apreciaba esta región. Sin olvidar las furtivas pero comunes prácticas del “voodoo” y otros rituales de carácter místico-religioso que llegaron con la población esclava directamente de África y a través de las islas del Caribe.  Lo que sin duda añadía más ingredientes al desbordante eclecticismo cultural que desde su fundación venía caracterizando a este lugar.

 

 El sur profundo como destino         

Tales precedentes conformaron los cimientos en los cuales se ha constituido la literatura de esta región al sur de los Estados Unidos.  Por lo que no es de extrañar, que muchos escritores se vieran atraídos por el encanto que  guardaba  una ciudad como Nueva Orleáns, que mezclaba elementos como la sofisticación de Europa, el misticismo africano y el progreso americano. Con el tiempo la lista de importantes  figuras para la literatura norteamericana y universal, que alguna vez vivieron, trabajaron y escribieron en ésta ciudad se fue extendiendo, de allí que en su momento fuera llamado la Paris del Sur.

Escritores como Sherwood Anderson, quedaron tan enamorados de Nueva Orleáns, que éste le escribió a Gertrudis Stein, diciéndole que era  “el lugar mas civilizado de la tierra”, Anderson pasaría algunos años, durante la década del 20, dirigiendo peñas literarias en su apartamento cerca de Jackson Square y donde cobijaría a jóvenes escritores llegados a probar suerte, como lo fueron Hemingway y Faulkner.  Otros como Jack Kerouac pasarían menos tiempo, pero  sin dejar de aprovechar  la intensa experiencia del “Big Easy” como es llamada la ciudad, este escribiría en una semana “Kick, joy and Darkness”, mientras que John Steinbeck, estaría solo unos días en los cuales terminó casándose. Con tan creciente   prestigio, solo podía comparársele con New York Greenwich Village y más adelante con San Francisco, ciudades que también valían de escenario para los escritores norteamericanos, por las oportunidades y ventajas que presentaban, además de la diversidad y los círculos culturales que ofrecían.

Uno de los primeros escritores en exaltar  la extraordinaria atmósfera cultural de Louisiana, fue Walt Whitman  a quien hoy en día se nombra como  el primer escritor de talla universal del continente americano. Whitman llega en 1848 a trabajar en el New Orleans Crescent, un nuevo periódico que empezaba a levantar un amigo. En esos años Nueva  Orleáns seguía siendo un centro importante para el tratado de esclavos, cosa difícil para el poeta quien era partidario de la libertad, incluyendo la de su propia condición de homosexual. En su poemario más famoso “Leaves of Grass” (1855) se refleja la huella que dejó ese viaje al Sur. “Once I pass through a populous city” es el  poema sin titulo que más revive tal acontecimiento; “se grabaría en mi cerebro, para un uso  futuro, con lo que muestra,  la arquitectura,  sus costumbres y tradiciones” diría en el poema, al verse marcado al pasar por la populosa urbe que ya se mostraba única en 1848.

 

Vientos modernos sobre el Mississippi

En las primeras décadas del siglo XX se dieron a conocer jóvenes escritores portadores de nuevos valores literarios, que influenciados por los modernistas europeos (Proust, Joyce, Lawrence, Yeats) traían un aire nuevo; un ideario que brindó un sustancial impulso a la literatura sureña, mientras al mismo tiempo se enfrentaba sus decadentes costumbres.

Entre los muchos jóvenes que llegaron a probar suerte y a ganarse la vida con lo que  mejor sabían hacer, estaba el hoy admirado y premio Nóbel William Faulkner, quien llegó atraído por la idea de que en Nueva Orleáns podía ganarse la vida como escritor. Sin duda no se equivocaba, comparado con las pocas oportunidades para una carrera literaria que podía  brindarle Oxford, el lugar donde había nacido en Mississippi,  y que había dejado atrás con la idea originaria de marcharse a Europa.

Cuando Faulkner regresó a Nueva  Orleáns en 1925, según  el trabajo de Frederick R. Karl, autor de la extensa y documentada, biografía (más de 1000 páginas) William Faulkner American Writer (1989), lo que encontró en esta ciudad, sirvió para su soltura, en poco tiempo comenzó a publicar con consistencia en varias áreas: cuentos cortos, poesía, y hasta crítica literaria.

Uno de los medios de publicación era el prestigioso semanario Double Dealer, el cual tuvo entre sus paginas una ilustre lista de contribuidores: Anderson, Pound, Crane, Wilder, Wilson Hemingway, Djuna, Allen Tate y el mismo Faulkner (empezando entre Enero– Febrero de 1925). Según el análisis  R. Karl, esta revista llegó a tener gran influencia en las letras y la cultura del Sur, como  la que  tenía el Egoist  en Inglaterra o Dial en el Noreste Norteamericano. Otro importante medio de publicación era el que representaba el diario Times-Picayune  en el cual Faulkner publicó 16 cuentos cortos en 1926. Y aunque la paga era poca, ésta sirvió de aliento para sus futuros planes, ganarse la vida como escritor. En esos años Faulkner fue extremadamente productivo, además de los cuentos, poesía, crítica y la especie de estudio antropológico, sobre las personas y lugares que estaba compuesto por once reseñas a las cuales llanamente nombró: New Orleáns. Al mismo tiempoque comenzaba a escribir lo que fuera su primera novela, Souldier’ Pays revelando que el paso por esta ciudad, constituyó toda una experiencia catalizadora. 

Curiosamente dos de los escritores más importantes por su trascendencia en las letras norteamericanas y a los que se le puede llamar originarios de esta tierra, dedicaron sus vidas a escribir piezas de teatro, más que novelas u otros géneros. Hablamos de Lillian Hellman y Tennessee Williams. Este último, si bien no nació en Nueva Orleáns, pasó gran parte de su vida  escribiendo sobre el drama de la realidad que descubría desde  su balcón en Saint Charles Aveneu. Ambos dramaturgos  no solo se consagraron por llevar a cabo  un proceso de reivindicación  donde se le dio cabida a  historias sobre las luchas de hombres y mujeres comunes, sino también por revelar los preceptos del nuevo ideario social y cultural que sacudía al sur. Hellman con su obra The Little Foxes (1939) reconstruía las historias familiares de infancia sobre la avaricia y el odio en el ambiente en la que creció. Ella al igual que Williams, aprehendió en sus textos la manifestación y formas de vida de ese sur duro y no tan esplendoroso que terminaría  mostrando el cine. Una de las representaciones que mejor simbolizaba estos cambios, podían verse  en  el extraño y vil personaje de “Stanley”, en A Streetcar Named Desire (1951),  la obra cumbre de Tenessi Williams, donde resalta la metáfora del nuevo sureño, el que tiene  las manos rasgadas de tanto trabajar.  Es la máxima de un sujeto alienado por conflictos morales de una sociedad decadente que aun se rige y remite a leyes napoleónicas.   

No cabe duda como anuncian estas líneas finales, que nos hemos quedado cortos. Dejamos en manos del interesado un breve matiz de la narrativa de esta tierra; pensando que en esta como en toda narrativa, se puede hallar la conexión dada entre el contexto, la acción subjetiva y la literatura en general que resulta de la poética del espacio. Lugar y estructura donde precisamente encontraremos los nodos que nos permitirán entender ese intrincado y aún recóndito territorio, que con su excepcionalismo aun nos sigue de asombrando. 

 

 


1 Los “cajunes” son los colones franceses que poblaron los pantanos de Louisiana, luego de  ser expulsados de la región que  hoy día se conoce como  Nova Escotia en el Este canadiense, antiguamente conocida como Acadia. El motivo de la expulsión se debió a que  la mayoría eran   católicos, además de negarse a rendir tributo a la reina de Inglaterra. Actualmente según estimaciones del  censo (2000) se calcula, hay aproximadamente unas 500000 personas que se califican como cajones, viviendo en Louisiana y los estados aledaños.   

 2 Concepto con el cual fue descrito desde entonces este tipo de historias que salían del pantano, y que según Forkner tendría su máxima expresión en “William Faulkner’s 20th century masterpiece, The Bear”.

 

*Oleski Miranda (1974) Nació en el pueblo petrolero Cabimas, al oeste de Venezuela. Pueblo en el que paso enclaustrado los primeros veinte años de su vida, marcándolo para siempre  ya que vivir en un gran campo petrolero es una experiencia única, donde se da uno de los fenómenos sociales más intrincados, ese que él ha llamado    la mineralización de la moral.  Realizó estudios de sociología en la ciudad de Maracaibo. Ha publicado cuentos: “Olor a Fiebre” (2000), artículos: “Cabimas, caldo de gas pesado” (2006) entre otros,  en distintos diarios y suplementos culturales del occidente de Venezuela. En EE.UU. ha publicado  ensayos como: “El siglo de las Luces”  2002 en La raza de Alburquerque,  y relatos: “La ilusión de asfalto”, 2003 en Hispanic, Cultural Review. Cursó estudios en Santiago de Chile, en la maestría de Antropología y Desarrollo. Vivió entre el año 2000 y el 2001 en Nueva Orleáns, allí se dedico a estudiar la literatura e historia de esta región y colaboró con La Prensa, periódico latino de la ciudad. En el año 2005 regresó a la Ciudad del Hermoso Creciente y el Gran Fácil como es llamada,  después de un periplo que lo llevo a muchos lugares, sin saber que pocos meses después sufriría los avatares de un huracán como Katrina o peor aún  la falta de certezas ante el descuido y lo poca  planificación de las autoridades. En consecuencia, actualmente reside en Austin, Texas.




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