BEHLÍN ZOO
Por Enrique G de la G (*)


 

Für dich, nach unserer berlinischen Begegnung

También Berlín se olvida.
Fabio Morábito

 

Enero –Febrero

Las almohadas alemanas tienen la estúpida cualidad de desparramarse como gelatina de mala calidad, incapaces de mantener la cabeza en buena posición. Está nevado y el cochecito ya habrá desparramado granos de tierra para convertir todo en un lodazal de mala sepia.
En Alemania se habla del clima desde que el amodorrado termómetro erige ya su barrita mínima de mercurio hasta que el antipático noticiero Tagesschau ofrece el pronóstico climatológico para el día siguiente.

Berlín gusta de las linternas a media luz, añoranza de los años 30. Faroles de pocos vatios y el rechinar continuo de los granos aplastados por los zapatos contra el hielo, el asfalto y esas piedritas cuadradas que tapizan la ciudad reciben a los cineastas en la Berlinale.

El frío es espantoso, y el viento lo recrudece. Estos aires no son tan famosos como los de Chicago pero despeinan de igual manera, se mofan de los cartílagos, e, indecentes, se cuelan por las falditas y los escotes de las actrices que se demoran en la alfombra roja. Con esa felpa arranca ya la estepa siberiana; no hay colina que detenga la gélida brisa del Mar del Norte.

Sólo el Ampelmännchen permanece en la calle sin tiritar. Así son los días de la Berlinale, con la parafernalia invernal de suicidios, depresiones y embarazos… hay que ingeniárselas para permanecer en casa lo mejor posible.

 

Marzo-Abril

Las vacaciones de invierno están en pleno y aún hace frío. Los entusiastas esquían en los Alpes bávaros y la mayoría huye al sur para asolearse: Turquía, Grecia, Italia o España. Berlín está vacía, los berlineses tienen cruda invernal.

Sin embargo, el aparato universitario no deja de desplegar su oferta académica. Una novedad: se restauró la Cátedra Guardini, setenta años después de la prohibición nazi. En Munich recibieron al Profesor Guardini, donde vivió hasta su último día.

La capital prusiana, emblema del protestantismo, quiera ser foro también para los católicos. Hay una explicación histórica que se ofrece: Federico el Grande, filósofo en el trono como deseó Platón, fue un ilustrado entusiasta, a favor de la libertad de culto. Donó un terreno junto al Bebelplatz para que los católicos romanos edificaran allí su catedral, a un costado de la avenida principal, en el corazón de Berlín.

Sean los intereses que haya, la religión no es the cup of tea de los berlineses. La época en que el Dom evangélico pretendió competir con la Basílica de San Pedro está ya extinta. Hoy reinan la apatía y la insensibilidad religiosas. El poscristianismo centroeuropeo se respira aquí; las iglesias convertidas en pasarelas, clubs y serrallos se alegran paulatinamente con la retirada del frío y la sutil presencia de la primavera.

 

Mayo-Junio

La mejor época para salir al campo. A falta de cerros, el berlinés disfruta los bosques y lagos. El punto más elevado es el Monte del Diablo (Teufelsberg), que brotó –paricutín artificial– de los escombros de la última guerra.

El clima es estupendo para velear. Los veleros atracan en los muelles del Wannsee, muy cerca de donde se firmó la Endlösung (Solución Final).

La gente sale ya a las calles estivales y se bañan en multitudes chapultepecas en los lagos. Desde el velero se distinguen las riberas repletas de gente, que recuerdan los óleos dominicales de Seurat, con la diferencia de que aquí se practica la FKK (Freiköperkultur), para decirlo con un esnobismo técnico, y que, en términos coloquiales, sería “donde todos andan en pelotas”. El adagio Nude, not lewd procura ser la norma ética. Pero los berlineses están ya curados de males: el nudismo es intrafamiliar y extradoméstico.

 

Julio-Agosto

Aparece un español de aquí de Madrí; hace cursos de alemán durante el verano. Da sus impresiones sobre la ciudad:
–Tío, están chala’os. Estos tíos están chala’os. Ni los mismos alemanes saben pronunciar el nombre de su ciudad: dicen Behlín, se comen la ere. ¡Qué mal! ¿Yo qué hago aquí? Estaba mucho mejor estudiando inglés en la Zíti. ¿Te has fijado en las tías, macho? ¡Qué mal! Son toscas, brutas. O muy guapas, que se te corta la respiración, o vikingas. Mira ésa: el prototipo de das Mädchen. ¿Sabes por qué el género para decir Mädchen [niña] es neutro? Porque siempre hay alguna, como ésa, que difícilmente parece mujer: son casi hombres estas alemanas, de género indefinido. ¿Y Behlín? ¡Bah! El famoso Behlín es un pobre zoo, lleno de especímenes raros. Dicen que con los bombardeos de la Segunda Guerra muchos animales lograron sobrevivir y salieron a las calles. A mí me da que se acostaron con algunas tías de éstas, neutras, y mira qué especímenes más raros han procreado. El Behlín que tanta fama tiene… no sé en Méjico, pero en Madrí se habla mucho de Berrrlín, y luego vienes aquí, y… la quintaesencia de la posmodernidad.

 

Septiembre-Octubre

–Entschuldigung, dass ich unterbreche: kommst du aus Mexiko?

Lo único que no esperaba encontrar en el Pergamon Museum es una mexicana, hablándome en alemán. Es la inauguración de un congreso sobre filosofía griega. El escenario, si no se está en Atenas, es inmejorable: el Altar de Pérgamo. El profesor venido de Oxford dicta su conferencia, y el árbol genealógico de los dioses griegos está en el friso, rodeándonos: bendice nuestras notas y afanes filológicos.

Los dos mexicanos conversamos, por fin, en español. Al día siguiente visitamos la antigua Aula 6, donde Schelling dictó su Lectura Inaugural, con un auditorio repleto y las ventanas al patio abiertas, según se lee en los diarios y la correspondencia de algunos de sus alumnos, como Marx, Kierkegaard o Bakunin. Después comemos con otros colegas y bebemos chocolate caliente en Fassbender & Rausch, según la fama, la mejor chocolatería del país. Y el Apfelstrudel inevitable en un edificio del chino Pei, el Quartier 206, en la Friedrichstrasse, una de las calles más reconocibles en Lola rennt. Iconos del fetichismo.

Regresamos a la universidad a escuchar a otro especialista, pero la sesión de preguntas se alarga. Cierran la biblioteca y nuestros los libros quedan atrapados en el casillero 95…

 

Noviembre-Diciembre

ab.com es un artista de Buenos Aires que llegó a la capital tedesca para realizar muritos de Berlín por las banquetas, que obstaculicen el paso de los viandantes y recuerden lo obvio.
–Hay dos maneras de hacer que esto funcione: a la manera latina o según el modelo alemán. La primera tiene más emoción, creatividad y adrenalina. Los alemanes son aburridos y burocráticos. Christo y Jeanne-Claude tardaron nueve años para envolver el Pont Neuf, y siglos para forrar el Reichstag. Pero hagámoslo como latinos: ahorremos los trámites.
Los secuaces de ab.com preparan en el garage el cemento y los muritos de Berlín. Son piezas de veinte centímetros de alto por dos metros de largo, con una alambrada kitsch y burlona. Construyen doce modelos, uno para cada barrio berlinés, y emprenden la aventura nocturna. Van en cuatro camionetas, teléfonos móviles, TalkAbout’s y un poco de cemento fresco. Buscan las calles más representativas de cada barrio y la esquina menos transitada. Es martes, 2am.

Triunfan. En poco más de dos horas, una docena de cloncitos del Muro de Berlín invade la ciudad. Todo está perfectamente documentado, videograbado, fotografiado. El equipo de ab.com espera las reacciones de los peatones matutinos, parapetados detrás de sus cámaras. Otros se hacen pasar por reporteros para entrevistar a los furiosos policías que ya arriban con un par de albañiles enclaustrados en overoles azules.

El amanecer eléctrico hace brillar desde dentro el glamour del Potsdamer Platz. Está oscuro el aire, pero la vitalidad empresarial se trasluce a pesar y a través de la solidez de los edificios. Este Platz, de plaza no tiene nada, excepto el nombre. Es más bien una exhibición arrogante de poder adquisitivo. La nostalgia wimwenderseana sitia al melancólico: ¿habrá ángeles por aquí, ahora? ¿Se interesarán, después de todo, los ángeles en las niñas de ahora, que lejos de sufrir porque su circo no tiene éxito, les estresa el shopping, si ésta es mejor o peor marca que aquélla?

El Muro partía esta plaza por la mitad. ab.com sitúa su murito frente al despojo pseudo arqueológico del Muro original. Consigue estropear el paso a quienes salen del U-Bahn. El Muro fue sustituido por un mosaico de teselas pétreas que serpea sobre el asfalto. Aquí estuvo Roger Waters, aquí fue su concierto. Ahora, los bussiness men de Sony y Daimler-Chrysler instalaron sus oficinas en estos edificios. No son rascacielos: Berlín tiene un suelo arenoso que impide construir hacia arriba. Por eso ab.com construyó muritos fáciles de sortear; además, nunca ha comulgado con las dictaduras.

 

 

 

Texto publicado en la revista La Tempestad, en su número de enero de 2006.

(*) Enrique G de la G (San Pedro Garza García, México, 1979). Lector y escritor, estudió filosofía. Su tesis versa sobre el objeto de la metafísica aristotélica. Colabora en distintas revistas con ensayos, reseñas y entrevistas. Agradecido lector de Borges, Victor Hugo y Alfonso Reyes. Puedes visitar su blog AQUÍ




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