Entrevista a Gustavo Fontán
Por Maximiliano Sueiro


- Ir a La muerte, el poeta, la cámara y el cineasta -

- Ir a Entrevista con Gustavo Fontán -

 

Te has formado en Licenciatura en Letras y Realización Cinematográfica; ¿cómo viniendo de dos escuelas, la literaria y la audiovisual, logras transformar y relacionar sus lenguajes, siendo tan distintos entre sí?
A mí me resulta extremadamente maravillosa la lengua y la literatura, y como vos bien decís con respecto al cine son dos lenguajes en principio muy distintos, y sin embargo tienen puntos de contacto. Por ejemplo muchos de los trabajos que hice están vinculados a escritores, son documentales. Pero no documentales clásicos ni biográficos sino que de algún modo intento recrear en el lenguaje audiovisual la poética del autor. Para mi había un desafío de búsqueda de unidad entre ambos lenguajes porque el audiovisual puede dar cuenta de los climas, de las atmósferas que tiene, por ejemplo, la poética de un escritor apelando a otros recursos. Efectivamente son dos formas de producir sentidos muy diferentes; la palabra evoca imagen de una manera y el lenguaje audiovisual la forma. Me siento muy a gusto trabajando en estas dos líneas , y con el juego de posibilidades.


No es muy común que se entrecrucen estos caminos, de creación simultánea, no es frecuente que un cineasta sea escritor.
No, no es muy común pero a mi me resulta muy útil. El haber estudiado Letras previamente a mi formación en Cine, predispuso todo de otro modo: yo ya había adquirido un bagaje cultural, una reflexión, un cierto tono y cuando comencé a experimentar con el cine estaba, lo hacía, desde otro lugar.

Lo cierto es que en tus películas además del director sos el productor y, fundamentalmente, el guionista.
Sí, un co-guionista o colaborador eventual es usual, pero generalmente escribo todos mis trabajos y los dirijo; creación total, y esto da una unidad realmente interesante.

En tu ópera prima Donde Cae el Sol, cómo resultó trabajar con Federico (Fontán, hijo) siendo él tan pequeño; qué sentiste al dirigirlo?
Fue una experiencia muy intensa. Fede tenía ocho años en ese momento y en principio no quería saber nada, nunca había actuado y tuve que hacer una tarea fina ahí para convencerlo, pero le gustó y se halló muy bien, tanto que desde ese momento está estudiando teatro. Fué una experiencia sumamente enriquecedora y valiosa para él, y el resto de los actores, como Alfonso De Grazia lo ayudaron mucho.
Y para mí fue muy importante que se haya podido hacer. Trabajar con un hijo es movilizador y completamente distinto al resto de las experiencias. Fede era un pequeño muy obediente y, desde su lugar, muy valioso, especial, porque era mi mirada dentro de la película: los ojos de Fede eran mi propia mirada en la película; y fue muy curioso, estar simultáneamente dentro y fuera, estar a través de sus ojos.

Y ser director, guionista, productor y... actor.

Sí, tenía claro hasta entonces que no iba a actuar, pero entonces la mirada estaba allí instalada como la mirada de él, que en algún modo responde a mis ojos. Fué importante porque eran los ojos de mi hijo y yo sabía que esperaba de esos ojos, y para él fue revelador, desde entonces está estudiando teatro.


Contame un poco cómo fué, entonces, este proceso, este ciclo vital de la creación del film, desde el esbozo germinal, su crecimiento y desarrollo, y finalmente, sus frutos: El Árbol
.

El Árbol es para mí una película muy entrañable en muchos sentidos. Ya habíamos explorado una serie de temas y recursos en El Paisaje Invisible y me disponía a profundizar justamente en una serie de cuestiones relacionadas con una frase de Fas Binder que dice “no se puede hacer cine sobre las cosas, sino que hay que hacerlo con las cosas”. Me propuse hacer una película con lo más cercano que tuviese, que era mi casa natal, dos acaceas en la puerta y mis padres que viven todavía en esa casa y que están envejeciendo como las acaceas. Hicimos una película que filmamos a lo largo de dos años.

Si, aunque bastante menos que el tiempo que duró el rodaje de El Paisaje Invisible, que por cierto fueron cinco años.
Era nuestro proyecto filmar a lo largo de dos años porque quiría captar realmente el desarrollo de las distintas estaciones, las variaciones de luz y , al estar ligado a las acaceas se impuso la sucesión de su registro temporal: tenerlas con hojas verdes, amarillas o peladas y con hojas en el suelo. No era por eso solo; y luego ese detalle que aparece a lo largo de la película se configura en un recurso que estructura su ritmo y va marcando el paso del tiempo. Nos encerrábamos allí con un equipo muy chico y con mis padres a lo largo de dos años e hicimos El Árbol.
Y hay una historia mínima alrededor de El Árbol: esas dos acacias son muy viejas y están prácticamente enlazadas. Aparentemente una de ellas está seca, pero ¿qué pasa? no se sabe bien cual de ambas porque cuando llega la primavera y comienzan a crecer las hojas uno no puede distinguir a cual pertenecen. Mi padre y mi madre discuten si está muerta o no, si hay que echarla abajo o no: uno dice que sí y el otro que no, y sobre esa pequeña historia hicimos la película. Ella dice que sí y él que no, y como un acto de fe, él la riega.

¿No se cambia de locación? Es muy intimista.
Exacto, es una película absolutamente intimista. Filmamos en el interior de la casa, en el fondo -en un patio y un jardín- y en la puerta. Eso es todo. No hay tomas en otros sitios que no sean esos. El el film, además, aparece un vecino circunstancial que participa, como algún pariente que vino de visita y lo aprovechamos. Y no hay más. O casi. La acción se desarrolla a través de otros aspectos, en otro plano: las miradas sobre los hechos cotidianos, sobre el paso del tiempo; por ejemplo en una escena el matrimonio está mirando unas diapositivas viejas, pero el elemento crucial es el sonido: se trabajó mucho sobre eso para generar la percepción temporal, constante pero sutil, en este casos voces de niños pero al no aparecer en escena, no se sabe si realmente están o no. Hay una superposición de los tiempos, pasado y presente se cruzan, se solapan con la intención de demostrar una dimensión del tiempo que excede al propio presente, en definitiva, una exploración sobre el paso del tiempo. Eso es El Árbol.


Luego de haber nadado por distintos brazos de este gran río que es el arte, ya sea literatura, dramaturgia o dirección ¿sentís que encontraste en el cine el cauce por dónde mejor fluye tu caudal expresivo?
La verdad es que estoy muy cómodo en el cine, lo que no implica que no continúe escribiendo relatos y otras cosas un poco al margen del cine.

Pero no los publicaste.
No, no los publiqué porque en estos momentos me siento muy cómodo con las exploraciones que estoy haciendo en el campo del cine, y no significa que haya descartado la literatura porque, de un modo u otro, siempre estoy escribiendo y tengo cosas en gestación, cosas nuevas. Lo que ocurre es que en algún momento digo: “bueno, necesito tres o cuatro meses para sentarme a corregir y ordenar”, y justo ahí comienza a ganarme esta posibilidad de hacer cine, de investigar , y van surgiendo proyectos nuevos que me apartan en cierta forma de ese tipo de cración; a la vez me siento muy fuerte para emprenderlos, me atrae mucho esta posibilidad de experimentar y probar.

Esto en cuanto a la literatura ¿y el teatro?
El teatro hasta dentro de unos años no. En Argentina es muy complejo hacer teatro en muchos sentidos. Personalmente, me encanta el teatro pero no lo haría paralelamente. La última obra que dirigí es Del Maravilloso Mundo de los Animales: Los Corderos, de Veroneses, en 2003 y 2004. Fueron ocho meses de ensayos y luego ocho meses de funciones, tareas que hay que sostenerlas con un grupo durante mucho tiempo y que implican una dedicación intensiva. Aparte de realizador, soy docente, doy clases de cine en una escuela de Constitución, CIEVYC, para tercer curso. Todo eso me lleva como mucho tiempo, y resulta arduo compaginar ambas labores, por lo que desde hace cuatro años estoy dirigiendo cine prácticamente sin interrupciones. .

Sí, dirección en el sentido integral que mencionabas anteriormente... El cliché sobre el dilema de la autoria de un film -si es de la persona que lo escribe, de la que lo dirige, o de aquella que lo financia-, en tu caso se resuelve sintéticamente.
Sí, no tengo a quien echarle la culpa en el error o en el fracaso. Es mi manera de trabajar, de crear, y me resulta cómodo porque es un acto de aprendizaje en distintas direcciones, pero fundamentalmente, porque le dedicamos el tiempo que queremos. Todas las películas nacen de proyectos que encarnamos con nuestros propios plazos.






Suscríbete a Enfocarte.com y recibe las actualizaciones en tu e-mail




Sumario | PLASTICA: Sergio Payares - Tatiana Montoya - Irirni Karannayopulou - Enrique Marty - Jesús Zatón| ESPECIAL: Juan Barjola | FOTOGRAFIA: Pep Bonet - Kim Hunter - Jessica Bruah - Bonnie Portelance - Luca Curci y Fabiana Roscioli | LITERATURA: Cesare Pavese - Saul Bellow - Edogawa Rampo - Oleski Miranda - Karla Suárez - Enrique G de la G |
POESIA: Carmen Iriondo - Clara Janés - Marosa Di Giorgio - Rafael Farías Becerra - Marcos Arcaya Pizarro - Antonia Álvarez Álvarez | FILOSOFIA: Michel Foucault -Ernest Gellner
| PENSAMIENTO: Lawrence Lessing - Armand Mattelart | CINE: Lucia Bosé - Gustavo Fontan | TEATRO: Orígenes del Teatro en China IV


| Home | Staff | Colaboraciones | Directorio | Archivo | Buscador | Poesía semanal |
| Concursos |


Google
  Web www.enfocarte.com

 

Copyright © 2000-2007 Enfocarte.com /fvp.
Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor. Todos los derechos reservados.