Erotismo de cuerpos estrujados en rígidos corsés. Arquetipos de clientes anónimos en genéricos prostíbulos.Instantáneas de sórdidas mancebías. Repertorio de rameras macilentas y la fragmentaria parafernalia del deseo entrevisto. Sexo y represión caminan juntos. Si bien Juan Barjola desde los comienzos ha pintado burdeles y prostíbulos, lo que acontece hacia los últimos años es una suerte de desintegración: "Choque de la curva con la recta", son las palabras -casi un aforismo oriental- con las que el artista alude a la personal taquigrafía rítmica en sus cuadros. Con el tiempo este aspecto gestual ocupa un lugar cada vez más importante, prestando mayor interés al movimiento y al sentido del ritmo.
En los últimos años se produce un desinterés gradual por las técnicas de claroscuro y desaparecen prácticamente los espacios silentes y deshabitados, paralelamente el color es más contenido y eclipsado subrayando la importancia concedida al gesto: renovadas tauromaquias, mujeres con espejo, perros, escenas de violencia, inválidos y niños de suburbio... el retorno de los trazos han adquirido un grado de saturación, todo se desarrolla en una atmósfera densa y asfixiante, las muchedumbres convulsas como complejos en tensión huyendo de la angustia de la nada.