En este nuevo trabajo Sandra Sue presenta dos series diferentes, realizadas casi simultáneamente, “Autorretratos” y “El Ojo Pigmentado” ambas encuadradas bajo el nombre de “Digitografías” con el que la artista se siente más cómoda al describir un trabajo que no es fotográfico, ni pictórico, ni collage, pero tiene un poco de todas estas técnicas y se desarrolla íntegramente con las herramientas de manipulación de imágenes en ordenador, aun partiendo de base fotográfica como quien parte de un lienzo.
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“Autorretratos” continúa una línea conocida en la que se juega con el rostro humano, aunque en esta ocasión de un modo menos violento, con más sosiego y utilizando el color. Esta serie consta de diez imágenes en las que un rostro es desmenuzado, desintegrado, invadido por un mar de texturas. El uso del “ruido” que invade la imagen vuelve como continuación de un recurso metafórico de la alienación del hombre de sí mismo, de la falta de espacios de silencio en los que poder dialogar con el propio pensamiento. Tal vez el poso final que deja en el espectador esta serie de imágenes es una sensación de pérdida inminente, de naufragio, de melancólica visión de un futuro en el que nada va a quedar de lo que una vez hubo.
La serie “El Ojo Pigmentado” rompe con la imagen de sus trabajos anteriores, y viene a proporcionar esos espacios anhelados en los “Autorretratos”. Se sumerge en el color de lleno, busca la falta de dramatismo, la dificultad expresiva de una “naturaleza muerta” que ni es naturaleza, ni está muerta, sino más bien un paisaje-refugio; en sus propias palabras “...el nido utópico al que volver y en el que cobijarse. El color como paraíso perdido y ausencia de agresión...”.
La artista crea escenarios en los que el tiempo se detiene casi por completo. Únicamente pequeños detalles – un murmullo de agua, una lluvia de cenizas, una gota de pintura – todos ellos imaginados, sugeridos, nos devuelven a la seguridad de que ocurre algo, mínimo, sin significado alguno, sin dolor alguno, que nos demuestra el paso indiferente del tiempo, imparable, ajeno a la estupidez de la ambición humana.