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MEROS COPISTAS
En 1839, Louis Daguerre inventó la primera tecnología práctica para producir
lo que hoy llamamos «fotografías». El proceso era complicado y caro, y el
campo estaba por tanto limitado a profesionales y a unos pocos aficionados
solventes. Posteriormente William Talbot descubrió un
proceso para hacer «negativos»; pero debido a que eran de cristal tenían que estar siempre húmedos y, por lo tanto, el proceso era todavía caro y engorroso. El cambio tecnológico que hizo posible la fotografía como fenómeno de
masas no ocurrió hasta 1888, y fue obra de un solo hombre, George
Eastman, que desarrolló películas flexibles hechas de papel bañado en una
emulsión y las colocó en pequeños rollos en cámaras pequeñas y sencillas:
la Kodak.
El aparato se lanzó al mercado enfatizando su sencillez de uso. «Apriete un botón y nosotros haremos todo lo demás»Tal y como rezaba
la descripción en Kodak para principiantes: "El principio del sistema de Kodak es la separación del trabajo que cualquier persona
puede hacer al tomar una foto y el trabajo que sólo un experto puede hacer.
[...] Nosotros le proporcionamos a cualquiera, hombre, mujer o niño, que tenga
la suficiente inteligencia para apuntar una caja directamente a algo y después
apretar un botón, un instrumento que elimina por completo de la práctica de la
fotografía la necesidad de instalaciones excepcionales o, de hecho, cualquier
conocimiento especial para este arte. Puede usarse sin ningún estudio previo, sin
un cuarto oscuro y sin productos químicos".
Por veinticinco dólares cualquiera podía hacer fotos.
La película
de rollo se convirtió, por lo tanto, en la base de la explosión en el crecimiento
de la fotografía popular. La cámara de Eastman salió a la venta por
primera vez en 1888; un año más tarde, Kodak estaba pasando a papel más
de seis mil negativos al día. Entre 1888 y 1909, mientras que la producción
industrial crecía al 4.7 %, las ventas de equipo y material fotográfico lo hicieron
al 11% las ventas de la Kodak registraron
un incremento medio anual de más del 17%.
La importancia real del invento de Eastman, sin embargo, no era económica.
Era social. La fotografía profesional permitía que los individuos vislumbraran
lugares inéditos que jamas verían de otro modo; la fotografía amateur ofrecía la capacidad de registrar sus propias vidas de una manera en la que no
podían haberlo hecho antes. «Por primera vez, el
album de fotos le daba a la persona de la calle el registro permanente de su
familia y sus actividades. [...] Por primera vez en la historia hay un verdadero
registro visual de la apariencia y las actividades de las personas».De este modo, las cámaras y películas Kodak eran tecnologías de expresión.
El lápiz o el pincel eran también tecnologías de expresión, por supuesto pero se necesitan años de aprendizaje hasta que los aficionados puedan usarlos de una forma que fuera útil o efectiva. Con la Kodak, la expresión era
posible mucho antes y de una forma mucho más sencilla.
¿Qué hacía falta para que esta tecnología floreciese? Obviamente, el
genio creador de Eastman fue una parte importante pero también fue
importante el entorno legal en el que creció el invento. de Eastman. Desde
muy temprano en la historia de la fotografía, hubo una serie de decisiones
judiciales que podrían haber cambiado sustancialmente el camino de la
misma. Les preguntaron a los tribunales si el fotógrafo, aficionado o profesional,
necesitaba permiso antes de que pudiera capturar e imprimir cualquier
imagen que quisiera. La respuesta fue que no. El fotógrafo estaba «tomando» algo de la persona o del edificio
al que le hacía la fotografía —pirateando algo de valor. Sí, por supuesto, claro que se usaba algo con valor. Pero los ciudadanos
deberían tener la libertad de capturar al menos esas imágenes que
están a la vista del público. (Louis Brandeis, quien llegaría a ser juez del
Tribunal Supremo, pensaba que esta regla debería ser distinta para imágenes
en espacios privados).7 Puede ser que el fotógrafo consiga algo a cambio
de nada. Pero del mismo modo que Disney podía inspirarse en Steamboat
Bill, Jr. o en los hermanos Grimm, el fotógrafo debería tener la libertad de
capturar una imagen sin compensar a la fuente.
Afortunadamente para Eastman, y para la fotografía en general, estas
decisiones tempranas fueron a favor de los piratas. En general, no se exigiría
ningún permiso antes de atrapar una imagen y de compartirla con otros. El permiso, por contrario, se presuponía. La libertad era la opción por defecto.
(Esta ley acabaría diseñando una excepción para los famosos: los fotógrafos
comerciales que toman instantáneas de famosos con propósitos comerciales
tienen más restricciones que el resto de nosotros. Pero habitualmente
la imagen puede tomarse sin pagar derechos por hacerlo).
Solamente podemos especular sobre la dirección que habría tomado la
fotografía si las leyes se hubieran inclinado del otro lado. Si la suposición
general hubiera sido en contra del fotógrafo, entonces el fotógrafo tendría
que haber demostrado que tenía permiso. Quizás Eastman Kodak también
habría tenido que demostrar que tenía permiso antes de revelar la película
en la que estaban capturadas esas imágenes. Después de todo, si no se había
dado permiso, entonces Eastman Kodak se estaría beneficiando del «robo» cometido por el fotógrafo. Del mismo modo que Napster se beneficiaba cada
vez que sus usuarios violaban el copyright, Kodak se estaría beneficiando de
las violaciones de los derechos de imagen por parte de sus fotógrafos.
Podemos imaginarnos, entonces, a las leyes exigiendo la demostración de
que se estaba en posesión de algún tipo de permiso antes de que la compañía
revelara las fotografías. Podemos imaginarnos el desarrollo de un sistema
para demostrar ese permiso.
Pero aunque podamos imaginarnos este sistema de permisos, sería muy
difícil ver de qué manera la fotografía podría haber florecido como lo ha
hecho si este requisito permisivo se hubiera inscrito en las reglas que la
gobernaban. Habría habido fotografía. Su importancia habría crecido con el
tiempo. Los profesionales habrían seguido usando la tecnología de la misma
forma en la que lo hacían -ya que los profesionales podrían haber soportado
mejor las cargas del sistema de permisos. Pero la difusión de la fotografía
entre la gente común, en lo cotidiano, nunca habría tenido lugar y, ciertamente, nada
parecido al crecimiento de una tecnología democrática de expresión
hubiera sucedido.
***
Conduciendo por el barrio de Presidio, en San Francisco, pueden verse dos autobuses amarillos brillantes y sorprendentes
imágenes pintadas, llenas de color junto al logo Just Think! en lugar del nombre
de la escuela. Estos autobuses están llenos de tecnologías
que enseñan a los niños a jugar con películas, curioseando y observando, manipulándolas, modificándolas. No son las películas de Eastman. Ni
siquiera las películas VHS. Más bien la «pelicula» de las
cámaras digitales. Just Think! es un proyecto que permite que los niños hagan
películas, como forma de entender y criticar la cultura cinematográfica que los
rodea. Cada año estos autobuses viajan a más de treinta escuelas
y permiten que entre trescientos y quinientos niños aprendan algo sobre los
medios haciendo algo con ellos. Haciendo piensan. Jugando aprenden.
El «alfabetismo mediático», tal y como lo define Dave Yanofsky, director
ejecutivo de Just Think!, «es la capacidad [...] para entender, analizar y deconstruir
las imágenes de los medios. Su meta es alfabetizar acerca
de la manera en que funcionan los medios, la forma en la que se construyen, se distribuyen y el modo en que la gente accede a ellos». Los niños ven, de media, 390 horas
de anuncios en televisión al año, entre 20.000 y 45.000 anuncios. Es, entonces, cada vez más importante entender la «gramática» de los medios. Un campo creciente de investigadores universitarios y activistas ve esta forma
de alfabetización como algo crucial para la próxima generación de nuestra
cultura; porque aunque cualquiera que ha escrito comprende cuán difícil es
escribir —cuán difícil es darle un ritmo a la historia, conservar la atención del
lector, crear un lenguaje que se entienda— pocos de nosotros comprendemos
verdaderamente lo difícil que son los medios audiovisuales. O, de un modo
más fundamental, pocos de nosotros comprendemos cómo funcionan los
medios, cómo mantienen la atención del público o lo guían a través de una
historia, cómo provocan emociones o construyen situaciones de suspense.
Es necesario e imperativo una alfabetización más extendida, ampliada, que
vaya más allá de los libros de texto para incluir elementos audiovisuales. Como explica Daley:
Desde mi punto de vista, probablemente la brecha digital más importante no es
el acceso a una caja. Es la capacidad de adquirir poder del lenguaje con el que
funciona esa caja. En caso contrario, sólo un puñado de gente puede escribir con
este lenguaje, y todos los demás quedamos reducidos a meros lectores. «Meros lectores». Receptores pasivos de una cultura producida por otros.
Homer Simpsons atados al televisor. Consumidores. Éste es el mundo de los
medios legado por el siglo XX.
El siglo XXI podría ser diferente. Ésta es la cuestión crucial. La meta
de cualquier alfabetización, y de esta alfabetización en particular, es «darle
poder a la gente para que escoja el lenguaje más apropiado para lo que necesita
crear o expresar». Es capacitar a los estudiantes para que «se comuniquen
en el lenguaje del siglo XXI».
¿Pero no se trata de enseñar a los niños a escribir en la escuela, le
pregunté yo. «En parte, por supuesto, consiste en eso. ¿Pero por qué les enseñamos
a escribir? La educación, explica Daley, consiste en darles a los
estudiantes una forma de «construir significado». Decir que eso significa
solamente escribir es como decir que enseñar a escribir sólo consiste en enseñar
a los niños a deletrear. El texto es una parte —y, de forma creciente, no
la parte más efectiva
***
Cuando dos aviones se estrellaron contra el World Trade Center, otro contra
el Pentágono y un cuarto en unos cultivos de Pennsylvania, todos los medios
del mundo dieron la noticia. En todo momento de todos los días de esa semana,
y durante semanas, la televisión en particular y los medios de comunicación
en general, volvieron a contar la historia de los acontecimientos de los
que acabábamos de ser testigos. Contar fue volver a contar, porque ya habíamos
visto los acontecimientos descritos. La genialidad de este horroroso atentado terrorista fue que el segundo ataque se produjo con un retraso perfectamente
calculado para asegurarse que todo el mundo estaría mirando.
La narración repetida de esta historia causaba cada vez más la misma
sensación. Había música para las interrupciones y gráficos sofisticados que
parpadeaban en la pantalla. Había una fórmula para las entrevistas. Había «equilibrio» y seriedad. Se trataba de noticias contadas con la coreografía a
la que nos hemos ido acostumbrando, «noticias como entretenimiento»,
incluso si el entretenimiento era una tragedia.
Pero además de estas noticias producidas sobre «la tragedia del 11 de
septiembre», aquellos de nosotros ligados a Internet empezamos a ver también
una producción muy diferente. Internet se estaba poblando de relatos sobre los
mismos acontecimientos: fotos que capturaban imágenes
de todo el mundo, cartas abiertas, grabaciones de sonido. Había rabia y
frustración. Había intentos de proporcionar un contexto. Estaba la ABC
y CBS, pero también Internet.
No quiero simplemente alabar Internet sino señalar la importancia de esta forma de expresión. Porque igual que Kodak,
Internet permite que la gente capture imágenes. Y como en una película de
un estudiante en el autobús de Just Think!, las imágenes visuales pueden
mezclarse con sonido o con texto. Pero a diferencia de cualquier tecnología que simplemente captura imágenes,
Internet permite compartir estas creaciones con un número extraordinario
de personas de un modo prácticamente instantáneo.
El 11 de septiembre no fue una aberración. Tuvo un comienzo. Más o
menos en la misma fecha una forma de comunicación, que ha crecido de
forma exponencial, estaba empezando a llamar la atención de la conciencia
pública: el Weblog o blog. El blog es un tipo de periódico público, y en algunas
culturas, como Japón, su función es muy parecida a la de un diario. En esas
culturas registran hechos privados de una manera pública.
Pero en EE.UU. los blogs han tomado un carácter muy diferente: hay
quienes solamente usan ese espacio para hablar de su vida privada pero
hay muchas personas que lo crean y utilizan para participar en discusiones públicas. Discutir
cuestiones de importancia pública, criticando a otros que tienen opiniones
equivocadas, criticando a los políticos por las decisiones que toman, ofreciendo
soluciones a problemas que todos podemos ver: los blogs crean la
sensación de una reunión pública virtual, pero una en la que no todos esperamos
estar al mismo tiempo y en la cual las conversaciones no están necesariamente
relacionadas. Las mejores entradas en un blog son relativamente
cortas; apuntan directamente a palabras pronunciadas por otros, criticándolas
o añadiéndoles algo. Se puede sostener sin dificultad que son la forma de
discurso público no controlado más importante que tenemos.
Esto es una afirmación muy tajante. Sin embargo, dice tanto sobre nuestra
democracia como sobre los blogs. Es la parte más difícil de aceptar para
los que amamos a EE.UU.: nuestra democracia se ha atrofiado. Por supuesto
que tenemos elecciones, y la mayoría de las veces los tribunales permiten
que esas elecciones cuenten. Un número relativamente pequeño de personas vota en esas elecciones. El ciclo de esas elecciones ha llegado a ser algo totalmente
profesionalizado y rutinario. La mayoría de nosotros piensa que eso
es la democracia.
Pero la democracia nunca ha consistido solamente en las elecciones. «Gobierno del pueblo» significa
mucho más que unas meras elecciones. En nuestra tradición también significa
control por medio de un discurso razonado. Ésta fue la idea que atrapó la imaginación de Alexis de Tocqueville, el abogado francés del s. XIX que
escribió la descripción más importante de la temprana democracia en
EE.UU. No fueron las elecciones populares lo que le fascinó, sino el jurado,
una institución que le daba a la gente normal el derecho a decidir sobre
la vida o la muerte de otros ciudadanos; y es que
el jurado no votaba simplemente sobre el resultado que impondría, más bien deliberaban: sus miembros discutían, trataban
de persuadirse los unos a los otros, sobre el resultado «correcto», y
al menos en los casos criminales, tenían que estar de acuerdo en un resultado
unánime para que el proceso terminara.
Sin embargo, incluso esta institución flaquea hoy día en EE.UU. Y en su
lugar no hay ningún esfuerzo sistemático para permitir que los ciudadanos
deliberen. Hay quien está luchando para que se cree precisamente esa institución. Y en algunas ciudades de Nueva Inglaterra, algo parecido a estas
deliberaciones permanece aún. Pero para la mayoría de nosotros, la mayor
parte del tiempo, «no hay ni tiempo ni lugar para que la deliberación democrática» se produzca.
De un modo aún más extraño y sorprendente, ni siquiera hay permiso
para que esto ocurra. Nosotros, «la democracia más poderosa del mundo»
hemos desarrollado una norma muy fuerte en contra de la conversación
política. Está bien hablar de política con la gente con la que estamos de acuerdo pero es de mal gusto hablar de política con gente con la que estamos en
desacuerdo. El discurso político se convierte en algo aislado, y el discurso
aislado se hace más extremo Decimos lo que nuestros amigos quieren que
digamos, y oímos muy poco aparte de lo que nuestros amigos dicen.
Y aquí entra el blog. La misma arquitectura de los blogs resuelve parte del
problema. La gente publica cuando quiere publicar, y la gente lee cuando
quiere leer. El tiempo más inasequible es el de la sincronía. Las tecnologías
que hacen posible una comunicación no sincrónica -tales como el correo
electrónico- incrementan las oportunidades para la comunicación. Los blogs
permiten el discurso público sin que el público siquiera tenga que reunirse
en un único lugar público.
Pero más allá de la arquitectura, los blogs también han resuelto el problema
de las normas. No hay ninguna norma (todavía) en la blogosfera en contra de
hablar sobre política. De hecho, es un espacio lleno de discurso político,
tanto de derechas como de izquierdas. Algunos de los sitios más populares
son conservadores o libertarios, pero hay muchos de todos los colores políticos.
E incluso blogs que no son sobre política cubren estas cuestiones cuando
la ocasión lo merece.
La importancia de estos blogs es ahora mínima, aunque no tanto.
El nombre de Howard Dean se podría haber esfumado de la carrera presidencial
del 2004 de no ser por los blogs. Sin embargo, incluso si el número
de lectores es reducido, su lectura está teniendo efecto.
Se produce un efecto directo sobre historias que tenían un ciclo vital distinto
en los medios para el gran público. El asunto Trent Lott es un ejemplo . Este ciclo diferente es posible porque no existen las mismas presiones
comerciales para los blogs que para otras empresas. La televisión y los
periódicos son entidades comerciales. Deben trabajar para conservar la atención.
Si pierden lectores, pierden ingresos. Como los tiburones, tienen que
seguir moviéndose.
Pero los bloggers no tienen las mismas limitaciones. Pueden obsesionarse,
concentrarse, ponerse serios. Si un blog determinado escribe una historia
particularmente interesante, cada vez más gente enlazará esa historia; y conforme aumenta el número de enlaces a una determinada entrada, sube
en los rankings. La gente lee lo que es popular; lo que es popular
ha sido seleccionado por el muy democrático proceso de rankings generados
entre iguales.
Se da un segundo modo por el que los blogs tienen también un ciclo diferente
de la prensa general. Como me dijo Dave Winer -uno de los padres de
este movimiento y creador de software durante décadas- otra diferencia es
la ausencia de «un conflicto de intereses» financieros. «Creo que tienes que
sacar el conflicto de intereses» del periodismo: «un periodista
amateur simplemente no afronta un conflicto de intereses, o el conflicto
de intereses es tan fácil de revelar que sabes que más o menos puedes quitártelo
de en medio».
Estos conflictos se hacen cada vez más importantes conforme los medios
se concentran cada vez más y más. Unos
medios concentrados en pocas manos pueden ocultarle más cosas al público
que unos medios en los que no se da esta concentración —tal y como la
CNN admitió haber hecho durante la guerra de Irak por miedo a las consecuencias
para sus propios empleados.
La blogosfera ofrece a los amateurs una forma de entrar en el debate —«amateur» no en el sentido de falto de experiencia, sino en el sentido de deportista
olímpico, alguien a quien no se le paga para que informe-. Brinda una gama
mucho más amplia de fuentes para una historia y, por consiguiente,
permite que los navegantes lean a través del espectro de relatos y, como dice Winer, «triangulen» la verdad. Los blogs, explica Winer, están «comunicándose
directamente con nuestra circunscripción electoral, y el intermediario se
queda fuera» —con todos los beneficios y costes que eso implica.
Winer es optimista acerca del futuro del periodismo infectado por los blogs. «Se va a convertir en una capacidad esencial», predice Winer, para las figuras
públicas y también crecientemente para figuras privadas. No está claro
que el «periodismo» esté básicamente satisfecho con esto —a algunos periodistas
les han dicho que corten tanto escribir para sus blogs. Pero está claro
que todavía estamos en la transición, muchas cosas tienen
todavía que cambiar antes de que esta esfera tenga un efecto maduro. Cuando
cada vez más ciudadanos expresen lo que piensan y lo defiendan por
escrito, esto afectará la forma en la que la gente entiende las cuestiones
públicas. Si piensas tú solo es fácil confundirte e ir en la dirección equivocada.
Es más difícil cuando el producto de lo que piensas puede recibir las
críticas de los demás. Por supuesto, son pocos los seres humanos que
admiten que los han convencido de que estaban equivocados. Pero es
todavía más raro ignorar que te hayan demostrado que estabas equivocado.
Escribir ideas, argumentos y críticas mejora la democracia. Hoy en día
hay probablemente un par de millones de blogs en los que esta escritura
tiene lugar. Cuando haya diez millones, habrá algo extraordinario sobre
lo que informar.
***
John Seely Brown es el científico principal de la Xerox Corporation. Su trabajo,
tal y como describe su sitio web, es «el aprendizaje humano y [...] la
creación de ecologías del conocimiento que creen [...] innovación». Brown, por lo tanto, observa estas tecnologías de creatividad digital desde
una perspectiva un poco diferente a la que he descrito hasta ahora. Tal y como cree Brown, aprendemos jugando, toqueteando cosas. Pero las tecnologías digitales permiten otra versión de
este proceso, con ideas abstractas aunque en una forma concreta. Los niños
de Just Think! no solamente piensan sobre la forma en la que un anuncio
describe a un político, por ejemplo; usando tecnología digital, pueden desmontar el
anuncio y manipularlo, jugar con él para ver 'cómo hace lo que hace'. Las tecnologías
digitales suponen el lanzamiento de un tipo de bricolaje, o de «collage libre», como lo llama Brown.
El mejor ejemplo a gran escala de este tipo de jugueteo con la tecnología
es sin lugar a dudas el software libre o el software de código abierto -FS/OSS en
inglés. El FS/OSS es software cuyo código se comparte. Cualquiera puede
descargar la tecnología que hace que se ejecute un programa en FS/OSS. Y
cualquiera deseoso de aprender como funciona algún elemento de tecnología
FS/OSS puede ponerse a jugar con el código.
Esta oportunidad crea una «plataforma de aprendizaje de un tipo completamente
nuevo», explica Brown. «En cuanto empiezas a hacer eso, [...] dejas
suelto en la comunidad un collage libre, de manera que otra gente puede
empezar a mirar tu código, toquetearlo aquí y allá, probarlo, y mejorarlo». Cada esfuerzo es una forma de aprendizaje: «El software
de código abierto es una plataforma de aprendizaje de la mayor importancia», en este proceso, «las cosas concretas con las que juegas son abstractas.
Son código». Esta generación está explorando, «cambiando a la capacidad de jugar y
toquetear en abstracto, y esto no es ya una actividad aislada que desarrollas
en un garaje. Estás jugando con una plataforma comunitaria [...] Estás
toqueteando las cosas de otra gente. Cuanto más juegues, más mejoras».
Cuanto más mejoras, más aprendes.
Lo mismo ocurre con los contenidos que, al ser parte de la Red, se procesan y comparten cooperativamente.. Tal y
como lo describe Brown: «La Red [es] el primer medio que verdaderamente
hace honor a múltiples formas de inteligencia». Tecnologías más tempranas,
como la máquina de escribir o los procesadores de texto ayudaron
a ampliar los textos. Pero la Red amplía mucho más que el texto. «La Red [...] dice que si tienes vocación musical, artística, visual, si estás interesado
en el cine [...] [entonces] hay muchas cosas que puedes empezar a
hacer en este medio. Ahora puede ampliar y hacer honor a estas múltiples
formas de inteligencia». En este sentido, Brown se está refiriendo a la enseñanza de Elizabeth Daley, Stephanie
Barish y Just Think!: jugar con la cultura enseña en la misma medida
que crea, permitiendo el desarrollo los talentos -aptitudes- de una manera distinta, y construyendo una
forma de comprensión diferente.
Sin embargo la libertad para jugar y toquetear estos objetos no está garantizada.
De hecho, esa libertad encuentra
una creciente y fuerte oposición. Las leyes y, cada vez más, la tecnología interfieren con una libertad
que la tecnología y la curiosidad asegurarían en cualquier otro caso.
Estas restricciones se han convertido en el objeto de investigadores y
estudiosos. El profesor Ed Felten de Princeton ha desarrollado un argumento convincente a favor del «derecho
a jugar» tal y como se aplica en la informática y al conocimiento en general.
Pero la preocupación de Brown es anterior, más joven, o más fundamental.
Tiene que ver con el tipo de aprendizaje que los niños pueden
hacer, o no, debido a las leyes. «A esto es a lo que se encamina la educación del siglo XXI», explica
Brown. Tenemos que «entender cómo los niños que crecen en un ambiente
digital que los hace a ellos mismo digitales, piensan y quieren aprender [...] estamos
construyendo un sistema legal que suprime por completo esas mismas tendencias
digitales de hoy en día».
Estamos construyendo una tecnología que toma la magia de Kodak, la mezcla
con imágenes en movimiento y con sonido, y añade un espacio para el
comentario y una oportunidad para difundir esa creatividad en cualquier
lugar, y, al mismo tiempo, estamos construyendo unas leyes que clausuran esa tecnología: « una arquitectura que libera el 60% del cerebro y un sistema legal que cierra esa
misma parte del cerebro»
NOTAS
Brian Coe, The Birth of Photography (Nueva York: Taplinger Publishing 1977), p. 53.
Estos autobuses no son baratos, pero la tecnología que transportan lo es cada vez más. El coste de un sistema de video de alta calidad ha caído drásticamente. Como explica un analista: «Hace cinco años, un sistema de edición de video realmente bueno costaba 25.000 dólares. Hoy puedes lograr calidad profesional por 595».
Entrevista con Elizabeth Daley y Stephanie Barish, 13 de diciembre de 2002.
ibid
O cuaderno de bitácora de navegación por la Red [N. del T.]
Bruce Ackerman y James Fishkin, «Deliberation Day», Journal of Political Philosophy 10 (2)
(2002), p. 129.
Cass Sunstein, Republic.com, Princeton, Princeton University Press, 2001, pp. 65-80, 175, 182,
183 y 192.
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