Por una cultura libre
Lawrence Lessing


MEROS COPISTAS

 

En 1839, Louis Daguerre inventó la primera tecnología práctica para producir lo que hoy llamamos «fotografías». El proceso era complicado y caro, y el campo estaba por tanto limitado a profesionales y a unos pocos aficionados solventes. Posteriormente William Talbot descubrió un proceso para hacer «negativos»; pero debido a que eran de cristal tenían que estar siempre húmedos y, por lo tanto, el proceso era todavía caro y engorroso. El cambio tecnológico que hizo posible la fotografía como fenómeno de masas no ocurrió hasta 1888, y fue obra de un solo hombre, George Eastman, que desarrolló películas flexibles hechas de papel bañado en una emulsión y las colocó en pequeños rollos en cámaras pequeñas y sencillas: la Kodak.

El aparato se lanzó al mercado enfatizando su sencillez de uso. «Apriete un botón y nosotros haremos todo lo demás»Tal y como rezaba la descripción en Kodak para principiantes: "El principio del sistema de Kodak es la separación del trabajo que cualquier persona puede hacer al tomar una foto y el trabajo que sólo un experto puede hacer. [...] Nosotros le proporcionamos a cualquiera, hombre, mujer o niño, que tenga la suficiente inteligencia para apuntar una caja directamente a algo y después apretar un botón, un instrumento que elimina por completo de la práctica de la fotografía la necesidad de instalaciones excepcionales o, de hecho, cualquier conocimiento especial para este arte. Puede usarse sin ningún estudio previo, sin un cuarto oscuro y sin productos químicos" [1].. Por veinticinco dólares cualquiera podía hacer fotos.

La película de rollo se convirtió, por lo tanto, en la base de la explosión en el crecimiento de la fotografía popular. La cámara de Eastman salió a la venta por primera vez en 1888; un año más tarde, Kodak estaba pasando a papel más de seis mil negativos al día. Entre 1888 y 1909, mientras que la producción industrial crecía al 4.7 %, las ventas de equipo y material fotográfico lo hicieron al 11% las ventas de la Kodak registraron un incremento medio anual de más del 17%.

La importancia real del invento de Eastman, sin embargo, no era económica. Era social. La fotografía profesional permitía que los individuos vislumbraran lugares inéditos que jamas verían de otro modo; la fotografía amateur ofrecía la capacidad de registrar sus propias vidas de una manera en la que no podían haberlo hecho antes. «Por primera vez, el album de fotos le daba a la persona de la calle el registro permanente de su familia y sus actividades. [...] Por primera vez en la historia hay un verdadero registro visual de la apariencia y las actividades de las personas».De este modo, las cámaras y películas Kodak eran tecnologías de expresión. El lápiz o el pincel eran también tecnologías de expresión, por supuesto pero se necesitan años de aprendizaje hasta que los aficionados puedan usarlos de una forma que fuera útil o efectiva. Con la Kodak, la expresión era posible mucho antes y de una forma mucho más sencilla.

¿Qué hacía falta para que esta tecnología floreciese? Obviamente, el genio creador de Eastman fue una parte importante pero también fue importante el entorno legal en el que creció el invento. de Eastman. Desde muy temprano en la historia de la fotografía, hubo una serie de decisiones judiciales que podrían haber cambiado sustancialmente el camino de la misma. Les preguntaron a los tribunales si el fotógrafo, aficionado o profesional, necesitaba permiso antes de que pudiera capturar e imprimir cualquier imagen que quisiera. La respuesta fue que no. El fotógrafo estaba «tomando» algo de la persona o del edificio al que le hacía la fotografía —pirateando algo de valor. Sí, por supuesto, claro que se usaba algo con valor. Pero los ciudadanos deberían tener la libertad de capturar al menos esas imágenes que están a la vista del público. (Louis Brandeis, quien llegaría a ser juez del Tribunal Supremo, pensaba que esta regla debería ser distinta para imágenes en espacios privados).7 Puede ser que el fotógrafo consiga algo a cambio de nada. Pero del mismo modo que Disney podía inspirarse en Steamboat Bill, Jr. o en los hermanos Grimm, el fotógrafo debería tener la libertad de capturar una imagen sin compensar a la fuente.

Afortunadamente para Eastman, y para la fotografía en general, estas decisiones tempranas fueron a favor de los piratas. En general, no se exigiría ningún permiso antes de atrapar una imagen y de compartirla con otros. El permiso, por contrario, se presuponía. La libertad era la opción por defecto. (Esta ley acabaría diseñando una excepción para los famosos: los fotógrafos comerciales que toman instantáneas de famosos con propósitos comerciales tienen más restricciones que el resto de nosotros. Pero habitualmente la imagen puede tomarse sin pagar derechos por hacerlo).

Solamente podemos especular sobre la dirección que habría tomado la fotografía si las leyes se hubieran inclinado del otro lado. Si la suposición general hubiera sido en contra del fotógrafo, entonces el fotógrafo tendría que haber demostrado que tenía permiso. Quizás Eastman Kodak también habría tenido que demostrar que tenía permiso antes de revelar la película en la que estaban capturadas esas imágenes. Después de todo, si no se había dado permiso, entonces Eastman Kodak se estaría beneficiando del «robo» cometido por el fotógrafo. Del mismo modo que Napster se beneficiaba cada vez que sus usuarios violaban el copyright, Kodak se estaría beneficiando de las violaciones de los derechos de imagen por parte de sus fotógrafos. Podemos imaginarnos, entonces, a las leyes exigiendo la demostración de que se estaba en posesión de algún tipo de permiso antes de que la compañía revelara las fotografías. Podemos imaginarnos el desarrollo de un sistema para demostrar ese permiso.

Pero aunque podamos imaginarnos este sistema de permisos, sería muy difícil ver de qué manera la fotografía podría haber florecido como lo ha hecho si este requisito permisivo se hubiera inscrito en las reglas que la gobernaban. Habría habido fotografía. Su importancia habría crecido con el tiempo. Los profesionales habrían seguido usando la tecnología de la misma forma en la que lo hacían -ya que los profesionales podrían haber soportado mejor las cargas del sistema de permisos. Pero la difusión de la fotografía entre la gente común, en lo cotidiano, nunca habría tenido lugar y, ciertamente, nada parecido al crecimiento de una tecnología democrática de expresión hubiera sucedido.

***

Conduciendo por el barrio de Presidio, en San Francisco, pueden verse dos autobuses amarillos brillantes y sorprendentes imágenes pintadas, llenas de color junto al logo Just Think! en lugar del nombre de la escuela. Estos autobuses están llenos de tecnologías que enseñan a los niños a jugar con películas, curioseando y observando, manipulándolas, modificándolas. No son las películas de Eastman. Ni siquiera las películas VHS. Más bien la «pelicula» de las cámaras digitales. Just Think! es un proyecto que permite que los niños hagan películas, como forma de entender y criticar la cultura cinematográfica que los rodea. Cada año estos autobuses viajan a más de treinta escuelas y permiten que entre trescientos y quinientos niños aprendan algo sobre los medios haciendo algo con ellos [2]. Haciendo piensan. Jugando aprenden.

El «alfabetismo mediático», tal y como lo define Dave Yanofsky, director ejecutivo de Just Think!, «es la capacidad [...] para entender, analizar y deconstruir las imágenes de los medios. Su meta es alfabetizar acerca de la manera en que funcionan los medios, la forma en la que se construyen, se distribuyen y el modo en que la gente accede a ellos». Los niños ven, de media, 390 horas de anuncios en televisión al año, entre 20.000 y 45.000 anuncios. Es, entonces, cada vez más importante entender la «gramática» de los medios. Un campo creciente de investigadores universitarios y activistas ve esta forma de alfabetización como algo crucial para la próxima generación de nuestra cultura; porque aunque cualquiera que ha escrito comprende cuán difícil es escribir —cuán difícil es darle un ritmo a la historia, conservar la atención del lector, crear un lenguaje que se entienda— pocos de nosotros comprendemos verdaderamente lo difícil que son los medios audiovisuales. O, de un modo más fundamental, pocos de nosotros comprendemos cómo funcionan los medios, cómo mantienen la atención del público o lo guían a través de una historia, cómo provocan emociones o construyen situaciones de suspense.

Es necesario e imperativo una alfabetización más extendida, ampliada, que vaya más allá de los libros de texto para incluir elementos audiovisuales. Como explica Daley:

Desde mi punto de vista, probablemente la brecha digital más importante no es el acceso a una caja. Es la capacidad de adquirir poder del lenguaje con el que funciona esa caja. En caso contrario, sólo un puñado de gente puede escribir con este lenguaje, y todos los demás quedamos reducidos a meros lectores. «Meros lectores». Receptores pasivos de una cultura producida por otros. Homer Simpsons atados al televisor. Consumidores. Éste es el mundo de los medios legado por el siglo XX [3].

El siglo XXI podría ser diferente. Ésta es la cuestión crucial. La meta de cualquier alfabetización, y de esta alfabetización en particular, es «darle poder a la gente para que escoja el lenguaje más apropiado para lo que necesita crear o expresar». Es capacitar a los estudiantes para que «se comuniquen en el lenguaje del siglo XXI». [4]

¿Pero no se trata de enseñar a los niños a escribir en la escuela, le pregunté yo. «En parte, por supuesto, consiste en eso. ¿Pero por qué les enseñamos a escribir? La educación, explica Daley, consiste en darles a los estudiantes una forma de «construir significado». Decir que eso significa solamente escribir es como decir que enseñar a escribir sólo consiste en enseñar a los niños a deletrear. El texto es una parte —y, de forma creciente, no la parte más efectiva

***

Cuando dos aviones se estrellaron contra el World Trade Center, otro contra el Pentágono y un cuarto en unos cultivos de Pennsylvania, todos los medios del mundo dieron la noticia. En todo momento de todos los días de esa semana, y durante semanas, la televisión en particular y los medios de comunicación en general, volvieron a contar la historia de los acontecimientos de los que acabábamos de ser testigos. Contar fue volver a contar, porque ya habíamos visto los acontecimientos descritos. La genialidad de este horroroso atentado terrorista fue que el segundo ataque se produjo con un retraso perfectamente calculado para asegurarse que todo el mundo estaría mirando. La narración repetida de esta historia causaba cada vez más la misma sensación. Había música para las interrupciones y gráficos sofisticados que parpadeaban en la pantalla. Había una fórmula para las entrevistas. Había «equilibrio» y seriedad. Se trataba de noticias contadas con la coreografía a la que nos hemos ido acostumbrando, «noticias como entretenimiento», incluso si el entretenimiento era una tragedia.

Pero además de estas noticias producidas sobre «la tragedia del 11 de septiembre», aquellos de nosotros ligados a Internet empezamos a ver también una producción muy diferente. Internet se estaba poblando de relatos sobre los mismos acontecimientos: fotos que capturaban imágenes de todo el mundo, cartas abiertas, grabaciones de sonido. Había rabia y frustración. Había intentos de proporcionar un contexto. Estaba la ABC y CBS, pero también Internet.

No quiero simplemente alabar Internet sino señalar la importancia de esta forma de expresión. Porque igual que Kodak, Internet permite que la gente capture imágenes. Y como en una película de un estudiante en el autobús de Just Think!, las imágenes visuales pueden mezclarse con sonido o con texto. Pero a diferencia de cualquier tecnología que simplemente captura imágenes, Internet permite compartir estas creaciones con un número extraordinario de personas de un modo prácticamente instantáneo.

El 11 de septiembre no fue una aberración. Tuvo un comienzo. Más o menos en la misma fecha una forma de comunicación, que ha crecido de forma exponencial, estaba empezando a llamar la atención de la conciencia pública: el Weblog o blog. [5] El blog es un tipo de periódico público, y en algunas culturas, como Japón, su función es muy parecida a la de un diario. En esas culturas registran hechos privados de una manera pública. Pero en EE.UU. los blogs han tomado un carácter muy diferente: hay quienes solamente usan ese espacio para hablar de su vida privada pero hay muchas personas que lo crean y utilizan para participar en discusiones públicas. Discutir cuestiones de importancia pública, criticando a otros que tienen opiniones equivocadas, criticando a los políticos por las decisiones que toman, ofreciendo soluciones a problemas que todos podemos ver: los blogs crean la sensación de una reunión pública virtual, pero una en la que no todos esperamos estar al mismo tiempo y en la cual las conversaciones no están necesariamente relacionadas. Las mejores entradas en un blog son relativamente cortas; apuntan directamente a palabras pronunciadas por otros, criticándolas o añadiéndoles algo. Se puede sostener sin dificultad que son la forma de discurso público no controlado más importante que tenemos.

Esto es una afirmación muy tajante. Sin embargo, dice tanto sobre nuestra democracia como sobre los blogs. Es la parte más difícil de aceptar para los que amamos a EE.UU.: nuestra democracia se ha atrofiado. Por supuesto que tenemos elecciones, y la mayoría de las veces los tribunales permiten que esas elecciones cuenten. Un número relativamente pequeño de personas vota en esas elecciones. El ciclo de esas elecciones ha llegado a ser algo totalmente profesionalizado y rutinario. La mayoría de nosotros piensa que eso es la democracia.

Pero la democracia nunca ha consistido solamente en las elecciones. «Gobierno del pueblo» significa mucho más que unas meras elecciones. En nuestra tradición también significa control por medio de un discurso razonado. Ésta fue la idea que atrapó la imaginación de Alexis de Tocqueville, el abogado francés del s. XIX que escribió la descripción más importante de la temprana democracia en EE.UU. No fueron las elecciones populares lo que le fascinó, sino el jurado, una institución que le daba a la gente normal el derecho a decidir sobre la vida o la muerte de otros ciudadanos; y es que el jurado no votaba simplemente sobre el resultado que impondría, más bien deliberaban: sus miembros discutían, trataban de persuadirse los unos a los otros, sobre el resultado «correcto», y al menos en los casos criminales, tenían que estar de acuerdo en un resultado unánime para que el proceso terminara.

Sin embargo, incluso esta institución flaquea hoy día en EE.UU. Y en su lugar no hay ningún esfuerzo sistemático para permitir que los ciudadanos deliberen. Hay quien está luchando para que se cree precisamente esa institución. [6] Y en algunas ciudades de Nueva Inglaterra, algo parecido a estas deliberaciones permanece aún. Pero para la mayoría de nosotros, la mayor parte del tiempo, «no hay ni tiempo ni lugar para que la deliberación democrática» se produzca. De un modo aún más extraño y sorprendente, ni siquiera hay permiso para que esto ocurra. Nosotros, «la democracia más poderosa del mundo» hemos desarrollado una norma muy fuerte en contra de la conversación política. Está bien hablar de política con la gente con la que estamos de acuerdo pero es de mal gusto hablar de política con gente con la que estamos en desacuerdo. El discurso político se convierte en algo aislado, y el discurso aislado se hace más extremo[7]. Decimos lo que nuestros amigos quieren que digamos, y oímos muy poco aparte de lo que nuestros amigos dicen.

Y aquí entra el blog. La misma arquitectura de los blogs resuelve parte del problema. La gente publica cuando quiere publicar, y la gente lee cuando quiere leer. El tiempo más inasequible es el de la sincronía. Las tecnologías que hacen posible una comunicación no sincrónica -tales como el correo electrónico- incrementan las oportunidades para la comunicación. Los blogs permiten el discurso público sin que el público siquiera tenga que reunirse en un único lugar público.

Pero más allá de la arquitectura, los blogs también han resuelto el problema de las normas. No hay ninguna norma (todavía) en la blogosfera en contra de hablar sobre política. De hecho, es un espacio lleno de discurso político, tanto de derechas como de izquierdas. Algunos de los sitios más populares son conservadores o libertarios, pero hay muchos de todos los colores políticos. E incluso blogs que no son sobre política cubren estas cuestiones cuando la ocasión lo merece.

La importancia de estos blogs es ahora mínima, aunque no tanto. El nombre de Howard Dean se podría haber esfumado de la carrera presidencial del 2004 de no ser por los blogs. Sin embargo, incluso si el número de lectores es reducido, su lectura está teniendo efecto. Se produce un efecto directo sobre historias que tenían un ciclo vital distinto en los medios para el gran público. El asunto Trent Lott es un ejemplo [8]. Este ciclo diferente es posible porque no existen las mismas presiones comerciales para los blogs que para otras empresas. La televisión y los periódicos son entidades comerciales. Deben trabajar para conservar la atención. Si pierden lectores, pierden ingresos. Como los tiburones, tienen que seguir moviéndose. Pero los bloggers no tienen las mismas limitaciones. Pueden obsesionarse, concentrarse, ponerse serios. Si un blog determinado escribe una historia particularmente interesante, cada vez más gente enlazará esa historia; y conforme aumenta el número de enlaces a una determinada entrada, sube en los rankings. La gente lee lo que es popular; lo que es popular ha sido seleccionado por el muy democrático proceso de rankings generados entre iguales. Se da un segundo modo por el que los blogs tienen también un ciclo diferente de la prensa general. Como me dijo Dave Winer -uno de los padres de este movimiento y creador de software durante décadas- otra diferencia es la ausencia de «un conflicto de intereses» financieros. «Creo que tienes que sacar el conflicto de intereses» del periodismo: «un periodista amateur simplemente no afronta un conflicto de intereses, o el conflicto de intereses es tan fácil de revelar que sabes que más o menos puedes quitártelo de en medio».

Estos conflictos se hacen cada vez más importantes conforme los medios se concentran cada vez más y más. Unos medios concentrados en pocas manos pueden ocultarle más cosas al público que unos medios en los que no se da esta concentración —tal y como la CNN admitió haber hecho durante la guerra de Irak por miedo a las consecuencias para sus propios empleados [9].

La blogosfera ofrece a los amateurs una forma de entrar en el debate —«amateur» no en el sentido de falto de experiencia, sino en el sentido de deportista olímpico, alguien a quien no se le paga para que informe-. Brinda una gama mucho más amplia de fuentes para una historia y, por consiguiente, permite que los navegantes lean a través del espectro de relatos y, como dice Winer, «triangulen» la verdad. Los blogs, explica Winer, están «comunicándose directamente con nuestra circunscripción electoral, y el intermediario se queda fuera» —con todos los beneficios y costes que eso implica.

Winer es optimista acerca del futuro del periodismo infectado por los blogs. «Se va a convertir en una capacidad esencial», predice Winer, para las figuras públicas y también crecientemente para figuras privadas. No está claro que el «periodismo» esté básicamente satisfecho con esto —a algunos periodistas les han dicho que corten tanto escribir para sus blogs [10]. Pero está claro que todavía estamos en la transición, muchas cosas tienen todavía que cambiar antes de que esta esfera tenga un efecto maduro. Cuando cada vez más ciudadanos expresen lo que piensan y lo defiendan por escrito, esto afectará la forma en la que la gente entiende las cuestiones públicas. Si piensas tú solo es fácil confundirte e ir en la dirección equivocada. Es más difícil cuando el producto de lo que piensas puede recibir las críticas de los demás. Por supuesto, son pocos los seres humanos que admiten que los han convencido de que estaban equivocados. Pero es todavía más raro ignorar que te hayan demostrado que estabas equivocado. Escribir ideas, argumentos y críticas mejora la democracia. Hoy en día hay probablemente un par de millones de blogs en los que esta escritura tiene lugar. Cuando haya diez millones, habrá algo extraordinario sobre lo que informar.

***

John Seely Brown es el científico principal de la Xerox Corporation. Su trabajo, tal y como describe su sitio web, es «el aprendizaje humano y [...] la creación de ecologías del conocimiento que creen [...] innovación». Brown, por lo tanto, observa estas tecnologías de creatividad digital desde una perspectiva un poco diferente a la que he descrito hasta ahora. Tal y como cree Brown, aprendemos jugando, toqueteando cosas. Pero las tecnologías digitales permiten otra versión de este proceso, con ideas abstractas aunque en una forma concreta. Los niños de Just Think! no solamente piensan sobre la forma en la que un anuncio describe a un político, por ejemplo; usando tecnología digital, pueden desmontar el anuncio y manipularlo, jugar con él para ver 'cómo hace lo que hace'. Las tecnologías digitales suponen el lanzamiento de un tipo de bricolaje, o de «collage libre», como lo llama Brown.

El mejor ejemplo a gran escala de este tipo de jugueteo con la tecnología es sin lugar a dudas el software libre o el software de código abierto -FS/OSS en inglés. El FS/OSS es software cuyo código se comparte. Cualquiera puede descargar la tecnología que hace que se ejecute un programa en FS/OSS. Y cualquiera deseoso de aprender como funciona algún elemento de tecnología FS/OSS puede ponerse a jugar con el código.

Esta oportunidad crea una «plataforma de aprendizaje de un tipo completamente nuevo», explica Brown. «En cuanto empiezas a hacer eso, [...] dejas suelto en la comunidad un collage libre, de manera que otra gente puede empezar a mirar tu código, toquetearlo aquí y allá, probarlo, y mejorarlo». Cada esfuerzo es una forma de aprendizaje: «El software de código abierto es una plataforma de aprendizaje de la mayor importancia», en este proceso, «las cosas concretas con las que juegas son abstractas. Son código». Esta generación está explorando, «cambiando a la capacidad de jugar y toquetear en abstracto, y esto no es ya una actividad aislada que desarrollas en un garaje. Estás jugando con una plataforma comunitaria [...] Estás toqueteando las cosas de otra gente. Cuanto más juegues, más mejoras». Cuanto más mejoras, más aprendes.

Lo mismo ocurre con los contenidos que, al ser parte de la Red, se procesan y comparten cooperativamente.. Tal y como lo describe Brown: «La Red [es] el primer medio que verdaderamente hace honor a múltiples formas de inteligencia». Tecnologías más tempranas, como la máquina de escribir o los procesadores de texto ayudaron a ampliar los textos. Pero la Red amplía mucho más que el texto. «La Red [...] dice que si tienes vocación musical, artística, visual, si estás interesado en el cine [...] [entonces] hay muchas cosas que puedes empezar a hacer en este medio. Ahora puede ampliar y hacer honor a estas múltiples formas de inteligencia». En este sentido, Brown se está refiriendo a la enseñanza de Elizabeth Daley, Stephanie Barish y Just Think!: jugar con la cultura enseña en la misma medida que crea, permitiendo el desarrollo los talentos -aptitudes- de una manera distinta, y construyendo una forma de comprensión diferente.

Sin embargo la libertad para jugar y toquetear estos objetos no está garantizada. De hecho, esa libertad encuentra una creciente y fuerte oposición. Las leyes y, cada vez más, la tecnología interfieren con una libertad que la tecnología y la curiosidad asegurarían en cualquier otro caso. Estas restricciones se han convertido en el objeto de investigadores y estudiosos. El profesor Ed Felten de Princeton ha desarrollado un argumento convincente a favor del «derecho a jugar» tal y como se aplica en la informática y al conocimiento en general. Pero la preocupación de Brown es anterior, más joven, o más fundamental. Tiene que ver con el tipo de aprendizaje que los niños pueden hacer, o no, debido a las leyes. «A esto es a lo que se encamina la educación del siglo XXI», explica Brown. Tenemos que «entender cómo los niños que crecen en un ambiente digital que los hace a ellos mismo digitales, piensan y quieren aprender [...] estamos construyendo un sistema legal que suprime por completo esas mismas tendencias digitales de hoy en día».

Estamos construyendo una tecnología que toma la magia de Kodak, la mezcla con imágenes en movimiento y con sonido, y añade un espacio para el comentario y una oportunidad para difundir esa creatividad en cualquier lugar, y, al mismo tiempo, estamos construyendo unas leyes que clausuran esa tecnología: « una arquitectura que libera el 60% del cerebro y un sistema legal que cierra esa misma parte del cerebro»


 

 

NOTAS
[1]Brian Coe, The Birth of Photography (Nueva York: Taplinger Publishing 1977), p. 53.
[2] Estos autobuses no son baratos, pero la tecnología que transportan lo es cada vez más. El coste de un sistema de video de alta calidad ha caído drásticamente. Como explica un analista: «Hace cinco años, un sistema de edición de video realmente bueno costaba 25.000 dólares. Hoy puedes lograr calidad profesional por 595».
[3] Entrevista con Elizabeth Daley y Stephanie Barish, 13 de diciembre de 2002.
[4] ibid
[5] O cuaderno de bitácora de navegación por la Red [N. del T.]
[6] Bruce Ackerman y James Fishkin, «Deliberation Day», Journal of Political Philosophy 10 (2) (2002), p. 129.
[7] Cass Sunstein, Republic.com, Princeton, Princeton University Press, 2001, pp. 65-80, 175, 182, 183 y 192.
[8] Cuando Lott «se equivocó al hablar» en una fiesta para el senador Strom Thurmond, alabando básicamente la política segregacionista de Thurmond, calculó bien al pensar que la historia desaparecería de la prensa en cuarenta y ocho horas. Lo hizo. Pero no calculó el ciclo vital en la blogosfera. Los bloggers siguieron investigando esta historia. Con el tiempo aparecieron más y más ejemplos de semejantes «equivocaciones». Finalmente, la historia volvió a la prensa. Y al final Lott se vio forzado a dimitir de su puesto de líder de su partido en el senado.20 Noah Shachtman, «With Incessant Postings, a Pundit Stirs the Pot», New York Times, 16 de
enero de 2003, G5.

[9] Entrevista telefónica con David Winer, 16 de abril de 2003.
[10] Véase Michael Falcone, «Does an Editor’s Pencil Ruin a Web Log?» New York Times, 29 de septiembre de 2003, C4. («No todas las organizaciones de noticias han sido tan comprensivas con los empleados que tienen su blog. Kevin Sites, un corresponsal de la CNN en Irak que comenzó un blog sobre sus informaciones sobre la guerra el 9 de marzo, dejó de publicar doce días más tarde a petición de sus jefes. El año pasado, Steve Olafson, un reportero del Houston Chronicle, fue despedido por mantener un weblog personal, publicado bajo seudónimo, que trataba de algunos de los asuntos y las personas que estaba cubriendo»).

 





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