Chile es el nombre de mi padre

Reescritura de Poema de Chile
de Gabriela Mistral

Héctor Hernández Montecinos*


 

A Nicolás


Junto a mí estaba abierto el cuadernillo, comienzo a escribir, derramo referencias y citas. Probablemente todas son importantes, pero ninguna me sirve para empezar. Es el núcleo de mi libro; entro en él como una mujer que, nacida entre las piernas de su madre, ha querido, reiteradamente y de formas distintas, regresar a ella, volver a poseerla y ser poseída de nuevo por ella, encontrar la confirmación mutua de otra mujer, con otra mujer, que hijas y madres se desean, luchan por separarse y son posibles e imposibles.

ADRIENNE RICH
Nacida de mujer

 

 

EL JARDÍN DE LAS DELICIAS

En su estilo críptico y alegórico acostumbrado, Jaques Derrida se pregunta en uno de los pasajes centrales de La retirada de la metáfora, acerca del lugar del tropo metafísico dado por Heidegger en La esencia del habla. Derrida, a modo de digresión, se pregunta por su posible “retirada” a partir de una polisemia rica de su “lengua madre”. ¿Y el padre? se pregunta luego. Cito: “El padre debería ser ese proyecto fantástico que llamamos metafísica”. Contra la posibilidad de esa nueva figura de la diferencia – una diferencia infinitamente más metafísica que su propia formulación -, habría que abrir la brecha de una relación más fructífera entre pensamiento y poesía, incluso más que la formulación de vecindad dada por el propio Heidegger. ¿Cuál es la antesala de la creación poética, independiente de su proposición metafísica, el lugar desde dónde la poesía encuentra su encaje con el movimiento de la historia tanto del pensamiento como de la técnica? Finalmente, de lo que se trata, es de reconocer los descriptores de esa relación. No considero que la metáfora de la patria pueda ser comprendida en su cabalidad sino se reconoce, en la matria, a su vez, razones para su superación. Y así, nos encontramos con Chile es el nombre de mi padre, un breve poemario de Héctor Hernández Montecinos que tiene como rúbrica la reescritura de Poema de Chile de Gabriela Mistral. Movimiento dual: Poema de Chile es a todas luces la visión maternal de la patria, la visión maternal del padre y la posibilidad de encontrar en el niño el reconocimiento, la fuga, una posibilidad de enunciación. Si se quiere, el poemario de Mistral es la culminación de su búsqueda original: una posibilidad de superar lo duplo a través de la imagen del niño – aquel que porta el nuevo lenguaje, aquel único ser capaz de refundar lo originario -. En Hernández opera un sentimiento opuesto. Padre se muestra como frontera insuperable de reconvicción del habla, como lugar de toda significación. El niño es nombrado sólo como testigo terrible de esa totalización del lugar del habla, como una vastedad destruida e imposible de superación. El paisaje imaginario de Hernández, su Chile imaginario, es un viaje a través de las cenizas del movimiento de lo absoluto y la metafísica a partir de su propia ruina, a partir de lo que tiene de entierro y rito funeral. Como tal, es recurrente la alusión a una literatura ancestral pero enterrada, donde las palabras “juegan sin fundamento en el aire”. El niño no encuentra, en su viaje, respuesta a pregunta alguna, y por consecuencia, no puede ser portador de ninguna refundación que lo lleve a algo así como una nueva duplicidad más serena. Por el contrario, el niño es el estéril mismo, el objeto de la pesadilla, el violado. La ternura es reemplazada aquí por el horror párvulo del puro significante. Allí donde Mistral arrullaba y decía: mira y comprende, Hernández parece decir: goza lo incomprensible. Es el devenir del significante puro, desgarrado y entregado al viaje del cuerpo estético y erótico, lo que despliega esta poética. Ahora viene, entonces, la pregunta fundamental: ¿quién habla en estos textos? ¿Quién es el sujeto encargado de entregar al niño al superfluo estético del significante sin ancla? ¿La madre? ¿El padre? Ninguno de los dos, sino la superación técnica de ambos, el fruto bastardo de una mala crianza, una suerte de golem que a falta de ilocución ha subvertido el logos por una tecnificación irresistible y demónica. La superación técnica de lo duplo estaba ya contenida en el proyecto metafísico desde su primera fuga a fines del siglo XIX, desde que la europea francófona diera a luz algo tan propio a la técnica como es el nihilismo. La nueva figura anglófona de este movimiento se ha ceñido bajo el título de lo posmoderno, para así anunciar la ruina metafísica y el fin del discurso del Padre en el seno del nuevo mundo. Creo firmemente en el carácter reversible de esta operación. La escisión técnica ya ha tenido lugar en el seno de este mundo, y nos encaminamos hacia la mitad de una noche sin estrellas. La imagen propicia de esta noche – la imagen del viaje significante del poema de Hernández -, es el propio de “El jardín de las delicias”, de El Bosco: cada criatura está encadenada a la pura superficialidad de lo estético, tal que la praxis o la contemplación no puede sino darse en el puro trayecto corporal, en la pura carne. Reverso de ello, es el Infierno: no el otro sino mismo Jardín, develado como radiografía del aura: una noche desértica, páramo donde una guerra a tenido lugar. Violencia, sin más, de lo aquello innombrable.

Felipe Ruiz V.

 

 

YAZGO

Chile es el nombre de mi padre
Piensa en él
¿qué ves?
¿me ves a mí?
¿te ves tú?
Piensa en tu lengua que es también mi lengua
muérdela
está llena de horrores ortográficos
está llena de precipicios y cuerpos
sagrados y heridos
anoche te oí decir que hoy seríamos un sueño
así lo oí
así será

 

 

 

LIBRO DESIERTO

 

El Desierto de la Ceniza son millones de libros que han sido quemados por el Sol Negro Cuando los ojos iluminan y encienden es el Fuego Paralelo el que convierte los árboles árboles árboles en una blanca tierra sembrada con olvidos y recuerdos sabiendo que tanto el recuerdo y el olvido son una misma flor con la que sacian la sed los que no saben la diferencia entre un ojo y una mano y que se convertirán en la misma ceniza que guarda este lugar desde la noche de la invención de la escritura Este es el Desierto de la Ceniza habitado por nadie pero lleno de toda la literatura Digo esto y escucho un susurro de algo que ya había imaginado Una mujer luminosa y gigante se nos aparece “Mi nombre es Santa Rosa de los Vientos del Norte y en mis manos están los siete vientos que matan y resucitan” Nos acercamos a ella y entre sus dedos sólo veíamos unas serpientes púrpuras que se enroscaban como si fueran de fuego y hélice Mi niño dio un paso atrás y cayó “No temas -le dije- es sólo viento” y una de esas bichas se le voló a la mujer y cuando estaba sobre nuestras cabezas comenzó a devorar el aire con una quijada más grande que el mismo cielo y el sol y las nubes fueron despedazadas en sus fauces y sólo quedaron miles de pedacitos desperdigados allá arriba que se veían como amatistas de cobre esmeraldas de plata y perlas de hierro Luego se devolvió el animal hacia nosotros y nos apretó en su boca para llevarnos a la Luna desde donde la Tierra es un caserío y la gravedad una canción de cuna para dejar que los ojos caigan

 

 

 

VALLE DE LA SERENIDAD

 

Entonces la serpiente nos arrojó sobre un cráter lleno de hierbas  que no cesaban de cantar y hablar entre ellas en polen conjugado Seguimos esas órbitas allá arriba como si se tratasen de un río que sólo trae radiantes aromas y venideras pasiones y ciertamente un hilo de agua apareció a nuestros pies Lo vimos descender de una inmensa montaña que eran tres montañas inmensas y cada una tenía nombre de una constelación que habíamos olvidado Caminamos hacia ellas y estaban llenas de viñedos líricos y otras maravillosas esculturas frutales inimaginables que sólo habían visto los arrieros que suben desde otras galaxias Y esas estrellas allá en lo alto eran lo que nosotros también seríamos Mi niño pon tu mano en mis ojos y serás la noche más larga La noche como un espejismo en que tú y yo seremos un montón de palabras jugando en un confín de los cielos apuntando a cosas que ignoramos con la flecha de nuestros corazones y serán punzantes brillantes amargas oscuras y bellas Pon tu mano en mis ojos Pon tu mano en mis ojos mi niño para verte para siempre

 

 

 

AGUA UNIVERSAL

 

Seguimos esa fresca agua que nos llevó a la más alta de esas montañas pero estaba cubierta de ángeles que lloraban dormidos “¿Qué están soñando?” me preguntó mi niño mientras él también lloraba “Recuerdan las millones de flores que habían y que fueron arrancadas Recuerdan a la más hermosa de todas Recuerdan a la flor de boca de dragón que anunciaba infortunios e interrogantes” Uno de los ángeles se nos acercó y nos dio un trébol de siete hojas Mi niño extendió sus manos y sus palmas eran más blancas que las del ángel Sus líneas se movían como relámpagos y el trébol repentinamente dio cien mil hojas más Todos los que antes dormían abrieron sus ojos y dejó de nevar Los ángeles nos llevaron a una caverna hacia el interior de la montaña donde la luz y el calor existían como recuerdo de las primeras palabras de la humanidad Una vez dentro vimos como las piedras y los minerales se evaporaban y ese vaho era el alimento de hermosas garzas que parecían libros jamás escritos A uno de los ángeles le pedimos volver y abrió su boca y nos puso en su lengua Adentro estaba oscuro y afuera se escuchaba como las olas del mar golpeaban nuestro bote por el que llegábamos al océano al Océano Dormido

 

 

 

MI MAR DE DUDAS

 

Era de noche y sobre el agua se reflejaban dos soles eclipsando Mi niño me preguntó si eso era un prodigio “Lo será mientras lo mires” le decía a la vez que cientos de palabras aparecían sobre el mar y su sonido crispaba olas de pasión e incertidumbre Arriba unos pájaros que venían de los hielos del corazón se despedazaban entre sí por el hecho de nunca haber visto el lenguaje en su ambiente natural Abajo había peces que se alimentaban de esas palabras y a la vez respiraban los fuegos de las profundidades que mueven el mundo A cierta hora estos peces salían a volar y podíamos acariciarle el vientre Así fue como los seguimos en ese viento donde ni el aire era contenido Miles en el cielo que nuestros dedos sangraron de tanto acariciarlos y mi niño quiso volver a tierra Usamos nuestras manos como remos y el océano despertó para perdernos A lo lejos se veían las luces de las casas cerca del puerto pero eran los ojos de Paccha Mamma que también brillaban en el mar porque todo lo que se refleja tiene que desaparecer La tierra era a la vez un océano que obligaba al naufragio o la trashumancia Quedarse era hundirse pero junto a mi niño todo viaje eran detalles para no olvidar que todo estaba escrito en el cielo y que allá arriba nosotros también existíamos antes de conocernos

 

 

 

LLAVES PARA OLVIDAR

 

Entonces Paccha Mamma nos mostró sus manos y en ellas sangraban unas cerraduras que contenían todos los secretos incluso los que nunca se habían imaginado en la escritura Nos acercamos para mirarlas mejor pero Paccha Mamma comenzó a huir de nosotros riéndose de seguirla Desde las costas llenas de noches hasta donde las piedras hablaban Desde los bosques que desaparecían hasta debajo de los ríos alegóricos Una música escuchamos y luego estábamos bebiendo y cantando junto a los hombres y mujeres y niños más pobres del mundo que lo tenían todo dentro de la mano y eso les bastaba para ser feliz Paccha Mamma bailaba con ellos y con todas las casas de la región Los pájaros se lanzaban a las fogatas porque lo habían visto todo Los perros plantas se marchitaban en maceteros de lluvia y los distintos tipos de árboles se devolvían a la tierra en forma de raíces Mi niño se asustó del Fuego Paralelo y quiso esconderse en una de esas casitas “Nunca entres a una casa que no es tuya porque nunca podrás volver a salir Antes debes incendiarla con el Fuego Paralelo que es pura conversión y jamás muerte” Dije esto y mi niño asintió mientras Paccha Mamma volvía a desaparecer entre las luces de los diablos escondidos en la suerte del idioma

 

 

 

CUANDO TERMINE LA POSMODERNIDAD

 

Mi niño no quiso más estar allí y nos fuimos donde las aguas son reales y utópicas “Conozco ciudades elementales donde yo no tendría ningún nombre” le decía al acariciar su hermoso cabello “He respirado en casas pequeñas y estornudado en grandes ciudades” pero él me preguntó “¿de qué sirve una letra que no suena?” y entendí que toda mi vida había vivido de noche y más aún que todas mis noches estaban llenas de sueños Caminábamos sin decirnos nada pero nuestros corazones derribaban todos los árboles que los hombres habían plantado para creerse en tierra firme hasta que llegamos a una ciudad donde una vez vivió el hombre de agua Estaba llena de impulsos y comerciantes y entre cada casa había tantos pasos como para alejarse dándose la espalda sin volver a mirar jamás el calendario Unas mujeres tejían algodones y lanas de hidrógeno Otras hacían juguetes con oxígeno y nitrógeno La ciudad era hermosa y en medio había un río que arrastraba radios tristes computadores desolados teléfonos deprimidos Ese río tenía un nombre y ese nombre tenía el inicio y el final de una época Esta es la primera vez que el libro y quien lo lee son uno y mismo Arrojados en una soledad que es más grande que todos los habitantes del mundo Una soledad llena de aire muerto que se mete por la nariz como una mano cadavérica con un reloj de arena quebrado por la mitad

 

 

EL ANAGRAMA DE LA FLOR NACIONAL DE MI TRISTEZA

 

Seguimos río abajo mirando como esos aparatos se iban destruyendo hasta que llegamos a unas pequeñas casitas donde vivían los hombres y mujeres más hermosos que hayamos visto Su sangre era azul como las manzanas y su piel negra como la plata Yo sé cómo les llaman esos que tienen alas pero no pueden volar pero a éstos no les importa porque saben que esos insultos son pasos que se dan al caminar hacia atrás mientras esa misma voz se quiebra Pasamos la noche junto a ellos y aprendimos que el rostro más invicto será el que pueda devorar con sus propios dientes sus ojos abiertos Mi niño quiso ir a ver a los castores que hacían su madriguera con los televisores encendidos en un borde del río Yo me quedé con esta gente que celebraba que la imaginación es ilegal pero de repente mi corazón se entristeció porque mi niño no estaba conmigo y mis venas se hincharon hasta abrirse Pensé yo que acaso sangrar no fue la primera forma de escribir Eso mismo me dijeron estas bellas personas y me dormí llorando sobre una cama de embriagadoras secreciones de vinilo que también me bebí

 

 

SAGRADO Y HERIDO

 

Me fui de allí con el aire enrarecido y las palabras agarraban un sabor como de inocentes muchachas que recitan sus poemas a sus novios para que estos sonrían Poco a poco me internaba en una selva de papel donde hasta las sombras que se reflejaban de todo lo que se movía eran de papel Me vi así en medio de un laberinto cuyo único hilo era el veneno en el corazón Nunca hubo un silencio tan horrible como este ni siquiera uno de quince minutos sin ti Sentía el mismo pavor de estar yéndome al infierno y no haberle escrito absolutamente nada pero Paccha Mamma volvió a aparecer y me hizo seguirla Mientras caminaba yo iba escribiendo en esa espesura de papel lo más sincero y profundo que quedaba de mí El cielo se iba llenando de luces y el polvo cósmico brillaba y así comenzó el poema que le escribí a mi niño ausente Salimos de esa sequedad horrible y llegamos a un lago junto a un volcán “¿Qué ves?” me preguntó Paccha Mamma y antes de poder contestarle estaba mi niño que corría hacia mí y nosotros éramos ese lago y ese volcán unidos desde siempre “Te he buscado todas las noches y todos los días de mi vida” me dijo llorando Lo abracé y supimos que nunca más volveríamos a estar separados Paccha Mamma estiró sus manos hacia nosotros y sus cerraduras se abrieron junto a todos los secretos Nos purificamos y consagramos a pequeños detalles que nos convirtieron para siempre Lo que allí vimos nadie lo sabrá

 

 

TÚ DE MÍ

“Vámonos a mi casa” me dijo mi niño y mientras cantábamos todas las islas del archipiélago bailaban junto a nosotros Llegamos a su ciudad y mi niño la convirtió en un poema para mí Yo por vez primera era feliz y quería que el tiempo se acabase para siempre Íbamos de la mano y besándonos por toda la comarca y los imbéciles de turno nos miraban muertos de envidia porque nuestros nombres estaban escritos en el mismo cielo al que ellos pedían perdón Pisamos todas las calles de la ciudad y ellas nos pisaron a nosotros y nos sentimos perdidos de tan felices de estarlo gritando Soñé soñé y la pasión explotaba en nuestro oídos y sangramos de loco amor y nos abrazamos como si fuéramos los mismos brazos y nos besamos como si fuéramos la misma boca frente a los estupefactos rostros del siglo pasado Estuvimos allí donde los locos caminan sobre los árboles y los árboles se ponían azules de felicidad por nosotros Estuve contigo y tu ciudad se nos ofreció para descuartizarla entera y los miembros se esparcieron por dentro de nuestros cuerpos como regalo por ser tu cumpleaños y también el mío porque nacimos juntos solamente por una razón Amarnos por siempre

 

 

MI HIJO MI PADRE MI HERMANO

Pero el cielo se llenó de luces y el polvo cósmico brillaba como si estuviera hecho de sueños Entonces me saqué toda la ropa porque sólo un hombre desnudo puede tener la cabeza llena de cosas y no sentir vergüenza La noche cerraba mis ojos de puro placer y yo sentía que mis signos estaban regidos por todas las estrellas del universo Pensé en mi amor tan lejos de aquí y pensé que también sus signos estaban regidos por todas las estrellas del universo Algo me dice que esta noche es única porque es tuya Verás que bella y triste será Lo verás con tus propios ojos y tus propios ojos exclamarán que bella y triste es la noche Entonces me doy cuenta que cada cosa nueva es también una nueva palabra El amor será un recuerdo del futuro Tuyo y mío Iluminaré la luz para vernos

 

 

 


*Héctor Hernández Montecinos (Santiago, Chile, 1979) Lic. en Literatura. Doctor © en Filosofía mención Teoría del Arte. Ha escrito en poesía No! (2001), Este libro se llama como el que yo una vez escribí (2002), El barro lírico de los mundos interiores más oscuros que la luz (2003) y Coma, el cual se mantiene inédito, y que cierra la serie llamada Las categorías visuales de la gloria trágica. También ha participado en los libros colectivos Objeto/Reflejo (Balmaceda 1215 Ediciones, 2000), que recibió el Premio Mustakis a Jóvenes Talentos 1999, y Desencanto Personal: Reescritura del Canto General de Pablo Neruda (Cuarto propio, 2004). Ha sido becario del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, de la Fundación Pablo Neruda y de la Fundación Andes. Textos suyos aparecen en antologías como Cantares: Nuevas voces de la poesía chilena (LOM, 2004, Raúl Zurita ed.), Cuatro Cuartetos: I. Cuatro poetas recientes de Chile (Bs. As., Black & Vermelho, 2005, Cristian De Nápoli ed.), Antología poética Yacana: 51 poetas (Lima, Librería Internacional del Perú, 2005) y revistas como Ginebra Magnolia nº 2/3 (Lima), Oráculo nº 16 (México D. F.), Juguetes Rabiosos nº1 (Bs. As.), Lapzus nº 3 (Montevideo), entre otras. Algunos de sus textos han sido traducidos al alemán, inglés, catalán y vasco. Ha sido invitado a festivales de poesía en Argentina, Brasil, Chile, México y Perú. Escribe regularmente sobre literatura, subjetividad, cultura, arte y género en publicaciones nacionales y páginas web. Ha participado en varios congresos y coloquios relativos a dichos temas en Chile y Argentina. Además es director de la editorial “Contrabando del bando en contra”, hace performances y acciones de arte, collages en papel, ilustraciones, guiones y obras de teatro en pequeño formato. Su trabajo poético se ha cruzado con música, fotografía y diversas realizaciones audiovisuales.




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