Paul la Cour

 


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EL AGUA DEBAJO DE LA HIERBA

Los viejos de la comarca dicen que debajo de la tierra magra
corre en lo profundo una vena enorme de agua.

Ocurre que pueden oírla susurrar, cuando la noche es silenciosa.
Dicen que suena lejana como una primavera en el pecho de la tierra.

Están en sus camas escuchando el pulso, que vive
en los cuartos debajo de la hierba en la tierra que verdece.

Quizás existe una sonrisa, un manantial secreto,
una vena riente de agua viva enterrada en todas las cosas.

Y cuando desde los tablones del suelo de la barraca escuchan la canción de la vena de agua,
la vida les parece un cuento y el día menos duro.

Se imaginan que viven y están en un abrazo oscuro, donde todo se cierra alrededor de un sueño, y nadie tiene ni edad
ni nombre.

Levende vande, 1946

 

ENTRE LA CORTEZA Y LA ALBURA

No le digo a la brisa
lo que todavía no sé,
no se lo digo al viento,
ni a los espíritus del aire y de la luz.
No os dejo ver a mi niño,
allí donde dudando espera
escondido entre la corteza y la albura
esperando su momento de perfección.
Os ruego: cerrad los ojos,
no lo despertéis demasiado pronto,
dejadle vivir su mudez
antes de que crezca y se haga palabras.
Si me abrís la vida mía,
si apagáis la lámpara del nacimiento,
no se adormece en vosotros,
se desvanece en mi sangre.

Mellem bark og ved, 1950

 

AHORA VOY

Ahora entro en la piedra,
pronto seré montaña y frío,
si no puedo abrir mi profundidad,
tendré que ser cerradura.
Algún día las montañas reventarán,
algún día las cerraduras saltarán,
la piedra alzará su ojo somnoliento
y extrañamente estallará en canción.
Si puedo atravesar la roca,
olvidar mi inquietud en la oscuridad,
esperar el final de mi vida de piedra,

entonces saltará mi cerradura,
entonces regresaré transformado
tumbado desnudo en la hierba,
entonces vendré sin nombre,
entonces mi mano se habrá vuelto ala,
entonces seré palabras mudas,
calma silencio flotante, inocencia,
ríos de inconsciencia,
entonces habrá cesado mi vida de río.


Mellem bark og ved, 1950

 


EL ÁRBOL

La ardilla, los pájaros abandonaron mi copa
cuando se derrumbó la roca en la que estaba,
ahora las cuerdas de arpa de mis raíces cuelgan
silenciosas al aire, sólo una última grieta
en la roca abraza a una raíz.
Los escarabajos todavía siguen trepando por mi tronco;
una tenue y postrera llama de vida,
y me he oéultado detrás de mi propio follaje.
Se lo ofrezco a la última tormenta
ocúlto yo mismo detrás de la luz de lejanos horizontes
humilde y quieto, apenas existente.
Oh tú que unes a vivos y muertos
a este grande y extraño juego,
hágase tu voluntad.
Que el aire rehaga su camino detrás de mí,
pero antes de caer déjame cantar,
concédeme alguna vez en la eternidad de la canción el don
de ser fiel, de vivir cerca de vuestras vidas
atado una última vez. Completamente libre...

Mellem bark og ved, 1950

 

 

UMBRAL

Mis cuatro elementos: los pájaros, los árboles, la hierba y el mar. Lo que se mece suavemente, la siempre fiel verde roca de la pureza, la eternidad del retorno, y lo que descansa en la transformación fluyente. He colocado su trébol sobre nuestras heridas. Podríais curarlas si quisierais. Vuestra melancolía es mezquina: ni siquiera se atreve a vivir en plenitud. Si os arrojáis a la hoguera, donde se quemó el asimiento humano de Dios, yo no seré vuestro cantor. Me atrevo a reír, me atrevo a esperar, me atrevo a cantar lo que me está escondido. Juntad vuestras manos. Estaremos donde se curen los mares. El futuro juega en nuestro umbral.

Mellem bark og ved, 1950

 

ESPERA

Sin ojos, sin ojos,
veo con las manos, con la boca,
los pájaros de todos mis ojos,
los he puesto de centinelas:
oh, ver hasta lo que la vida desborda,
. confesar una vez su extraña profundidad;
antes de que el ojo se cierre ver una sola Cosa
tan intensamente implacable y pura
que sepa reunir-
y que pase el umbral.
Limpio un espejo que no se acuerda de mí,
me endurezco a la luz, me afilo en la piedra.
No encuentro a aquel que me espera
porque ya no está en su casa.

Efterladte digte, 1957



Dulce sonido de la trompeta del verano
perdido suavemente detrás del bosque,
la muda paz de la madurez
se yergue ante mis ojos.
Árame pues, árame, empújame
a través de mi última metamorfosis,
otórgame con tus manos frías de lluvia
la última gota de coraje.
Coge mis rasgos desde hace tiempo ajados.
Pertenecieron a algún otro. Nadie
va a respirar detrás de ellos ni a esperar.
Llenadme de invierno, de sol y de nieve,
oh montañas de frescor que aún me quedan por ver:
yo no regresaré.

Efterladte digte, 1957




Paul la Cour (1902 - 1956) Nació en Rislev, Dinamarca, en el seno de una influyente familia campensina de origen francés. Vivió una buena parte de los años 20 en Francia. A su vuelta comenzó una importante tarea de crítico literario y de arte. Introdujo en Dinamarca a muchos autores franceses. Fue traductor de García Lorca.




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