Poesías
 Joseph Brodsky*
Traducción de Tatiana Zentsova y Bernardo Subercaseaux


El poeta

Fin de una época maravillosa

Así como la poesía exige palabras,
yo -sordo y pelado, taciturno mensajero de una potencia de segunda
categoría- sin querer esforzar mi cerebro,
me pongo el abrigo
y bajo al kiosco por un periódico.

El viento moviliza las hojas.
En estos tristes lugares
el opaco calor de viejas ampolletas
produce -con la ayuda de algunos charcos-
efectos de abundancia.
Hasta los ladrones cuando roban una mandarina
se encuentran con una envoltura luminosa.

En realidad, ya se me olvido hasta el sentimiento con que me contemplo a mí
mismo.
En estos tristes parajes todo está planificado para el invierno:
sueños, paredes de cárceles, abrigos, vestidos de novia, bebidas y
minuteros del reloj.
Los gorriones y el barro parecen oxidados, costumbres puritanas. Ropa
interior. Y en las manos de los violinistas guateros de madera.

Este lugar es inmóvil.
Al imaginar la producción quinquenal de
hierro y plomo, uno queda con la mente abobada,
y añora el antiguo poder cosaco de bayonetas y látigos.
Las águilas imperiales, sin embargo, son atraídas como un imán por el fierro.
Hasta las sillas trenzadas están hechas con pernos y tuercas.
Solo los peces en el mar conocen el precio de la libertad,
pero su silencio nos obliga a construir nuevas categorías
y el espacio se despliega como una lista de precios.

El tiempo está construido por la muerte.
Cuando requiere cuerpos y objetos busca verduras frescas.
El gallo imita al carillón;
para quien tiene un carácter sublime
resulta lamentablemente difícil
vivir en una época de proezas.

Al levantarle el vestido a una mujer bonita encuentras lo que buscas y no un prodigio.
Y no ocurre así por seguir los pasos de Lobachevsky,
sucede porque el mundo abierto tiene que angostarse en alguna parte,
y es aquí
dónde yace el fin de la perspectiva.

Tal vez el mapa de Europa fue robado por los agentes del poder,
quizás los otros continentes están demasiado lejos
o tal vez una hada bondadosa me esta hechizando,
y no puedo arrancarme de aquí.
Para no llamar a la sirviente me sirvo vino, acaricio el gato.

A lo mejor sería preferible una bala en la sien,
así como se apunta con el dedo al error.
Tal vez huir de acá a través del mar, como un nuevo Cristo.
Borracho y atontado por el frío, no es extraño confundir un tren con un barco,
no hay motivo para sonrojarse o para sentir vergüenza:
el tren - como una canoa en el agua- no deja huellas en los rieles.

¿Qué dicen los periódicos en la sección de tribunales?
Fue ejecutada la sentencia, al imaginar eso el ciudadano percibe -a través de lentes con marcos de estaño- a un hombre acostado cara abajo al lado de un muro de ladrillo.
Pero no está dormido, ya que los sueños tienen derecho a despreciar las cúpulas baleadas.
Perspicacia de esta época
que con sus raíces entrelaza los tiempos,
incapaces -en su ceguera común- de distinguir
entre los caídos de la cuna y las cunas caídas. 

Ese prodigio de ojos claros
no quiere ver más allá de la muerte,
que pena, hay muchos naipes
pero no hay con quien interpelarlos
para ver el futuro.

El punto de vista de estos tiempos,
es la perspicacia hacia los objetos de una vía sin salida;
todavía no ha llegado el momento
de derramar la inteligencia,
solo un escupo en la pared.
Y no despertar al príncipe, sino al dinosaurio.

Para el último párrafo ¡Ay! no arrancaría la pluma a un pájaro.
A la cabeza inocente
no le queda mas que esperar el hacha y el laurel.

(1968)

 

 

Siempre he dicho que el destino es un juego

Siempre he dicho que el destino es un juego.
¿Para que nos sirve el pez si tenemos caviar?.
El gótico triunfara como estilo por su
capacidad para destacarse sin pinchar.
Estoy sentado detrás de una ventana,
al lado veo un álamo.
Yo amaba a pocos, pero los amaba demasiado.

Creía que el bosque es solo extensión del tronco.
¿Para que necesito una muchacha entera si tengo su rodilla?
El ojo ruso descansa en las cúpulas de Estonia,
tras un letargo de polvo levantado por siglos.
Estoy sentado al lado de la ventana, ya lavé los platos.
Fui feliz aquí, ya no lo seré.

Yo escribía que en la ampolleta vive el temor al sexo,
que el amor como el acto carece de verbo,
que Euclides no sabía que llegando al cono el objeto se convierte en cronos y no en cero.
Estoy al lado de la ventana, recordando mi juventud,
a veces sonrío, a veces escupo.

Dije que la hoja cuando brota destruye al brote,
que la semilla al caer en mala tierra no da frutos,
que los pastizales en el campo muestran el manoseo de la naturaleza.
Estoy sentado al lado de la ventana abrazando la rodilla,
en compañía de mi densa sombra.

Mi canción carece de motivos heroicos, por suerte
no es posible cantarla a coro.
No es raro que debido a estas palabras
nadie se atreva a palmotearme la espalda.
Estoy sentado al lado de la ventana, en la oscuridad,
como en el tren, el mar suena tras las cortinas.

Soy ciudadano de una época desvalida,
me reconozco con orgullo como un producto de 2da categoría,
regalo mis mejores pensamientos al futuro,
como ejemplo de lucha contra el ahogo.
Estoy sentado en la oscuridad de una pieza
y no es peor que la oscuridad de allá afuera.

(1971)

 

 

De ninguna parte, con amor

De ninguna parte con amor, algún día, algún mes
querida y respetada linda, pero no importa quien eres;
¡al diablo, que ya no me acuerdo de tu cara!.
Un amigo fiel -ni tuyo ni de nadie- te saluda,
desde uno de los cinco continentes
apoyado por los cowboys;
yo te amaba más que a los ángeles y que a mi mismo,
y por eso ahora estoy más lejos de ti que de ambos.

Tarde en la noche, en el fondo de un valle dormido,
en una ciudad cubierta con nieve hasta la manilla de la puerta,
retorciéndose en la sabana -nada se dice de esto más abajo-
estoy clavando el cojín
murmurando la palabra "tú",
detrás de mares sin fin,
yo, como un espejo insensato,
repito tu silueta con todo mi cuerpo.

(1975-76)

 

 

Investigador del Polo Norte

Hasta los perros de trineo han sido comidos,
en su diario ya no quedan páginas en blanco,
mostacillas de letras cubren la foto sepia de su esposa, en su mejilla pego una fecha dudosa.
Luego, la foto de su hermana; tampoco tuvo piedad con ella: se trata de un descubrimiento muy importante ¡en nuevas latitudes!
Mientras tanto la gangrena poniéndose negra trepa por su muslo
como la media de una bailarina de varieté.

(1978)

 

 

Estuve en una jaula

Estuve en una jaula en el lugar que debió ocupar un animal salvaje.
Con clavos talle mi apodo
y el plazo que me quedaba por cumplir.

Viví junto al mar y jugaba a la ruleta,
cenaba con cualquier pajarraco vestido de frac.
Observaba el mundo desde la altura de un Iceberg,
tres veces me ahogue,
dos veces estuve crucificado.

Abandone el país que me había nutrido.
De los que se olvidaron de mí
se podría hacer una ciudad.
Vagué por estepas que conservan en su memoria
el alarido de los Hunos,
me vestía con lo viejo que mañana estará de moda,
sembraba cebada, me cubría con cartón y bebía todo lo que me pusieran por delante.
Deje entrar en mis sueños la pupila vigilante que acompaña el convoy,
mascaba el pan del exilio sin dejar migas,
me permití todos los sonidos excepto el aullido, luego pase a hablar en susurros.

Ahora cumplí cuarenta años.

¿Qué puedo decir de la vida?
Que resultó ser larga.
Únicamente con el dolor me siento solidario,
pero hasta que me tapen con greda la boca, de ella solo saldrán agradecimientos.

(1980)

 

 

Yo era solo aquello

Yo era solo aquello
que palpabas con tu mano
sobre quien en la noche sorda
inclinabas tu rostro.

Yo era solo aquello
que tu prefigurabas:
primero un contorno
y luego una silueta.

Eras tu la que
murmurando
en mi oreja con calor
me fuistes creando.

Eras tu la que
sacudiendo velos
en mi boca húmeda
me entregabas la voz
con que te podía llamar.

Yo era simplemente ciego,
surgiendo y escondiéndote tu me
regalastes la vista,
de esa manera se dejan huellas.

Así se crea el universo,
así después de crearlo,
se lo abandona y se lo deja girar
desperdiciando lo regalado.

Así
arrojados en el ardor y en el frío,
en la luz y en la oscuridad,
así gira el globo terráqueo.

(1981)

 

 

Tiberio

Te saludo 2000 años después,
tenemos bastante en común:
tu también estabas casado con una puta.
Además alrededor está tu ciudad.
Bullicio, autos, gentuza con jeringas en los portales, ruinas.
Yo, un simple peregrino, en una galería inhóspita, saludo a tu busto lleno de polvo
¡Aay Tiberio! ¡Aquí no tienes ni siquiera treinta años!
Tu cara exhibe mas seguridad en sus músculos obedientes
que en su futuro.
Tu cabeza cortada por un escultor
es en realidad una predicción sobre el poder.
Todo lo que esta debajo de tu pera es Roma: provincias, rentistas,
cohorte, mas una multitud de infantes mamando tu piel áspera.
El placer de la loba alimentando a los pequeños Remus y Romulus
(¡las mismas bocas que con dulzura murmuran en su toga!).
En suma, el busto como símbolo de independencia del cerebro
con respecto a la vida del cuerpo.
Propio e imperial.
Si tu pintaras tu retrato seguramente estaría hecho de puras circunvalaciones cerebrales.

Aquí, no tienes más de 30 años,
nada en ti hace captar la mirada,
tu dura mirada tampoco está dispuesta a detenerse en algo:
ni en algún rostro, ni en el paisaje clásico.
¡Aay Tiberio! ¡Qué importa lo que susurren por ahí
Suetonius y Tacitu, buscando explicaciones a tu crueldad!
En el mundo no hay motivos solo hay consecuencias y las personas son víctimas de los resultados.
Sobretodo en aquellos subterráneos donde todo se acepta gratuitamente.
Las declaraciones bajo tortura son monótonas, igual que las confesiones de los niños.
El mejor destino es el que está ajeno a la verdad,
porque ella no nos hace elevarnos. A nadie. Con mayor razón a los Cesares.
A fin de cuentas tu te ves mas dispuesto a ahogarte en tu propia bañera que en las ideas geniales.
¿Será acaso la crueldad el único acelerador del destino común de las cosas?
¿Caída libre de los cuerpos en el vacío?
En el vacío siempre te encontraras en un estado de caída.

Enero. Amontonamiento de nubes sobre la ciudad invernal, como mármol sobrante.
El Tiber arrancándose de la realidad.
Piletas disparando chorros de agua a lugares donde nadie eleva la vista. Ni entre medio de los dedos ni entrecerrando los ojos. ¡Otros tiempos!
Ya no se podrá sujetar de las orejas al lobo enloquecido.
¡Aay Tiberio! ¿Quiénes somos para juzgarte?
Tu eras un monstruo, pero un monstruo indiferente.
Precisamente la naturaleza crea a los monstruos a su semejanza,
¡pero no a las víctimas!
Mucho mas placentero -si es que hay posibilidad de elegir- es ser aniquilado por una cría del infierno que por un neurasténico.
En tus casi 30 años con tu gesto de piedra
calculado para perdurar 2000 años,
te pareces a una máquina de exterminación y no a aun esclavo de pasiones, ni a un guía de ideas, etcétera...
Defenderte de mentiras es como defender a los árboles de las hojas, con su difuso complejo de multitud que se queja.

En la galería inhóspita. El mediodía opaco.
Una ventana manchada con luz de invierno. Ruido de la calle.
El busto sin ninguna reacción al espacio que lo rodea…
¡No puedo creer que tu no me escuchas! Yo también me arranque a toda prisa de todo lo que me ha sucedido, y me convertí en una isla con ruinas y garzas.
Yo también tallaba mi perfil con la ayuda de lámparas. A mano.
Lo que yo he dicho no interesa a nadie, ni siquiera ahora y menos después. ¿No será eso acaso aceleración de la historia? ¿No será un intento exitoso de poner las consecuencias delante de los motivos?
Además, en un vacío absoluto que no garantiza el gran chapoteo. ¿Confesar?
¿Rehacer el destino?¿Empezar, como se dice, con otra carta? ¿Tendrá sentido?
La lluvia radioactiva nos terminara por cubrir no menos que tu historiador a ti.
¿Quién aparecerá para maldecirnos? ¿Una estrella? ¿Una luna? ¿Una eterna termita de cuerpo mutilado, endiablada por mil mutaciones? Tal vez.
Pero al tropezar con nosotros ella probablemente quedara boquiabierta paralizando su perforación.

¡Busto!, dirá, en su lengua de ruinas y de músculos contraídos: ¡busto!, ¡busto!.

(1981)

Tú, mosca

I

Mientras tu zumbabas llego el otoño
una astilla encendió la chimenea,
zumbabas y volabas y llego el frío.

Ahora te desplazas lenta por la superficie de la cocina
sin volver la mirada hacia el lugar desde donde aparecistes en abril.
Ahora apenas te desplazas. Y no costaría nada matarte.
Pero, como historiador, para quien la muerte es mas aburrida que el sufrimiento,
yo no me apuro, eh mosca.

II

Mientras tu zumbabas y volabas se desprendieron las hojas.
El agua cae con facilidad a la tierra y se devuelve como imagen en los charcos.
Al parecer tu ya estas ciega, me da escalofríos imaginar el color de tu minúsculo cerebro apagándose en tus ojos reticulados.
Pero tu te conformas con el espíritu rancio del hogar, con el verde pálido de las cortinas.
La vida se está dilatando.

III

Ay zumbona, al perder tu agilidad te pareces a un viejo militar, o al cuadrito negro de un documental de épocas remotas.
¿No eras acaso tú la que a medianoche hacías ruido sobre mi cama,
perseguida por proyectores detrás de la ventana?
Y ahora, linda, mi uña amarillenta es capaz de apretar tu vientre, sin que tirites, amiga, zumbando de miedo.

IV

Mientras tu zumbas, más allá de la ventana aumenta lo gris,
con la humedad la puerta se ensancha,
se congelan mis talones y mi casa está en decadencia.
Ni siquiera puedo atraerte con una pirámide de platos sucios en la cocina,
ni con un cerrito de azúcar.

Tu no estás ni ahí, no te interesa la chimuchina de los cubiertos,
mezclarte en ella te va a costar mucho, y a mí, por lo demás, también.

V

¡Cuan pasadas de moda están tus alas y tus patitas!
Me recuerdan los velos de la bisabuela envolviendo las torres francesas de antes de ayer. Siglo XIX.
Al compararte a tí con ellas y al empujarte con la mano infame hacia los pensamientos incorpóreos, haciéndote desaparecer antes de tiempo, convierto tu muerte en ganancia.
Es cruel, disculpame.

VI

¿Qué estás soñando? ¿Acaso, en tus infinitas y no calculadas órbitas?
¿O en una letra de 6 patitas en el cuaderno, en honor a ti?
Ahora ciega tu no reaccionas, dejando el campo de operaciones
a los gestos y muecas de las morenas.

VII

Mientras tu zumbabas y volabas, las bandadas de pájaros empezaron a emigrar,
en los riachuelos disminuyeron los peces y en los bosques hay vacíos.
Los repollos crujen de frío en el campo, y el tic tac del despertador suena como una bomba, sin que se entienda lo que dice.
Se está retrasando la explosión, aparte de eso no se escucha nada.
Los techos de las casas devuelven la luz a las nubes, los pastos se marchitan.

VIII

Es terrible
ahora solo quedamos nosotros dos,
propagadores de peste.
Los microbios y las frases son capaces de contagiar.
Nosotros solo somos dos: tu cuerpecito temiendo a la muerte y el mío jugando a ser un agricultor educado de unos 85 kilos.
Además, el otoño.

Definitivamente parece que te eche a perder tu caja de sonido,
pero el Tiempo no se molesta en prestarnos atención,
tienes que dar las gracias que el Tiempo no es arrogante ni tampoco asquiento.

IX

A lo mejor no percibe que le están pasando gato por liebre
en forma de pequeños y grandes pájaros.
Ya se acabo tu vuelo, al Tiempo la vejez y la juventud le son indiferentes.
los motivos y resultados le son ajenos,
con mas razón cuando se trata de miniaturas como tú,
tal como pasa con los dedos de la mano en apuro: da lo mismo que sean cara o sello.

X

Mientras tu apareces o desapareces en la luz de la ampolleta,
escondiéndote de mí en las vigas, el Tiempo permanece igual,
como ahora cuando tu te mezclas con el polvo incoloro por tu falta de fuerza y relación conmigo.
No creas ni te amargues, yo no estoy en convivencia con él,
mira querida, yo soy tu socio, tu compinche, y al Tiempo no es posible apurarlo.

XI

Afuera es otoño,
desgracia de ramas desnudas.
Mezcla de una raza gris con la masa amarilla, como los mongoles.
Nadie se interesa por nosotros, me invade el pasmo, es decir tu virus.
Te extrañara saber cuan fuerte contagian la somnolencia y la indiferencia, despertando así las ganas de pagarle al planeta con la misma moneda.

XII

¡No te mueras! ¡Defiéndete!
No es interesante existir solo por utilidad. Con mayor razón para uno mismo.
Mas honesto es no avergonzar con tu presencia sin sentido a los calendarios y números,
tratando de convencer a los otros que la vida es perdurable, destruyendo la norma.
Si tu fueras más joven te miraría de otra manera,
pero estás vieja y ahora te tengo cerca.

XIII

Somos dos.
El viento entra por la ranura de la ventana,
la lluvia con su picoteo esta probando al vidrio, borrándonos sin mayor esfuerzo.
Tu estás inmóvil, quiero decir que somos dos,
por lo menos cuando tu te desvaneces mi mente registra ese hecho
como el eco de tus piruetas aeronáuticas.
Sabes que el momento de la muerte resulta mas preciso cuando hay testigos que en soledad.

XIV

Tengo esperanzas que no sientas dolor. El dolor exige un lugar,
solo por detrás podría acercarse a tí y cubrirte,
y lo mas probable es que sea mi mano.

Pero mis manos están ocupadas con la pluma, la estrofa y el tintero.
No te mueras, todavía no estás tan mal, solo estás tiritando.
Ay, doña mosca, al diablo con el estado del cerebro: objetos que dejan de obedecer son hermosos a su manera, tal como estas viviéndolo en este instante.

XV

Quiere decir que necesita ser prolongado y merece aplauso.
El miedo es una relación entre el instante que sobra y la incapacidad del cuerpo.
En resumen, yo estaría dispuesto a sacrificar mi propio instante, pero parece que a estas alturas sería un gesto inútil: tu ya estas en las últimas, a punto de morir.

XVI

Ni en los suburbios de la memoria ni en sus subterráneos, entre sus tesoros caídos y desvanecidos, etcétera (quiere decir que ni siquiera en los tiempos de los brujos, ni posteriormente se te presto atención),
allá arriba no se te está preparando una recepción ni siquiera a la musa que lleva tu mismo nombre.
Desde acá esas distancias se parecen a un séquito de letras.

XVII

Afuera está nublado.
Mi órgano de roce sobre los objetos –que se llama vista- se focaliza en el papel mural,
su diseño esta lleno de tus manchitas que lamentablemente no podrán acompañarte para dejar atónitos a los serafines.
Ahí gobierna el rezo con la idea del ritmo y la repetición en sus campanarios sin sentido, que se basan en la desesperación.
No conocen las nubes de insectos.

XVIII

¿Cómo va a terminar esto? ¿En un paraíso de moscas? ¿Con panales o mermeladas de frambuesas donde tus antepasados giran en bandadas emitiendo sonidos de otoño tardío?
Pero al abrir la puerta la bandada se lanzara intempestivamente pasándonos de largo hacia la realidad;
con delicadeza, envolviéndose en sábanas de invierno.

XIX

De ese modo,
con la ayuda del “aparecer” y “desaparecer”, las almas poseen materia, destino, en un paisaje que es color de ceniza, los objetos en cólera cambian,
en resumen, quiero decir que las almas sobrepasan cualquier identidad grupal. Que el color es Tiempo o la intención de alcanzarlo
eso dicen por donde se las miren las siete maravillas del mundo.

XX

¿Impactado frente a la pálida tormenta podré reconocerte en este ejército volador? ¿Y tú, a tu manera, planearas para sentarte en mi nuca, aburrida de estar lejos del asesino con cuyo susurro estamos confundiendo al mundo? ¿Harás eso? ¿Vendrás a visitarme?
No creo.
Tal vez al estirar la pata después de todos, tú querida, serás la última y si te van a aceptar en el clima actual con sus caprichos, yo te voy a reconocer en la primavera, cuando esté pisoteando el barro,
y pensaré: sí, cayó una estrella, sólo entonces, superando mi condición lánguida, haré un gesto de despedida.

XXI

Pero no vas a ser víctima del zodiaco
sino de tu alma que está volando para unirse con otro capullo,
para demostrar al estiércol
tu gran capacidad de metamórfosis.

(1985)

 

 

En una cafetería

Bajo un olmo frondoso que cuchichea
convirtiendo esta cafetería en cualquier lugar,
-como cualquier árbol, sea olmo o abedul-
puesto que el verdor nos sobrevivirá a todos,

yo, vale decir nadie –o un hombre cualquiera-
una pincelada medio seca de una pintura viva,
que pinta el Tiempo untando el pincel en la realidad debido a que probablemente carece de mejor paleta.

Estoy sentado hojeando el diario,
pensando ¿cuál habrá sido el modelo con que se pintó todo esto?
¿qué quietud sin nombre, sin dirección?
¿qué forma de inexistencia repetimos nosotros, el olmo y yo, en esta tarde de verano?

(1988)

 

VASO

Wakefield, quien por una broma
se perdió a si mismo.

Hablamos para nada, con palabras que caen
y son viejas ya hoy, en la boca que sabe
que no hay nada en los ojos sino algo que cae
flores que se deshacen y pudren en la tumba
y canciones que avanzan por la sombra, tam-
baleantes mejor que un borracho
y caen en las aceras con el cráneo partido
y quizá entonces cante y diga algo el cerebro
ni grito ni silencio sino algún canto cierto
y estar aquí los dos, al amparo del Verbo
sin hablar nada ya, con las bocas cosidas
las dos al grito de aquel muerto
mientras caen las estatuas y de aquellas iglesias
el revoque es la lluvia fina pero segura
sobre ese suelo inmenso que bendicen cenizas
y caen también las cruces, y los nombres se borran
de amores que decían, y de hombres que no hubo
y de pronto, en el bar, tan solos, sí tan solos,
me asomo al pozo y veo, en la copa un rostro
grotesco de algún monstruo
que ni morir ya quiere, que es una cosa sólo
que se mira y no ve, como un hombre perdido
para siempre al fondo de los hombres
extranjero en el mundo, un extraño en su cuerpo
una interrogación tan sólo que se mira sin duda
con certeza, perdida al fondo de ese vaso.

1980

 

 

* Poeta estadounidense de origen ruso, nació el 24 de mayo de 1940 en Leningrado (hoy San Petersburgo). Expulsado de siete escuelas, a la edad de 15 años fue a trabajar en una fábrica. Su formación fue autodidacta desde que abandonó sus estudios de bachillerato. Cuando tenía 24 años, permaneció 18 meses en un campo de trabajo soviético, acusado de "parasitismo social". Fue liberado en 1972, así que decidió partir al exilio, y en 1977 obtuvo la nacionalidad estadounidense. Sus Poemas selectos, reúnen una importante colección de su poesía, fueron publicaron en versión inglesa en 1973, seguidos de Partes de la oración, en 1980. El libro de ensayos Menos que uno, recibió el Premio de la Crítica en 1986; ese mismo año publicó un libro de poemas Historia del siglo XX, mientras que en 1992 vio la luz un largo ensayo llamado A Urania. Residió en la ciudad de Nueva York y durante parte del año daba clases de literatura en el Mount Holyoke College. Le concedieron en 1981 una beca de la Fundación MacArthur. Ya en 1987 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en la segunda persona más joven merecedora de este honor. Falleció el 28 de enero de 1996 de un ataque al corazón.


y entre los botes de humo
reclama una sirena
la cola de su grito.

El furgón de los muertos
entra por el crepúsculo
y se pierde en las calles
de la ciudad en junio.

Un leve frío avisa
de los trenes nocturnos
que arrastran junto al río
la tristeza de junio.

Yo he perdido mi nombre,
mi edad, mi sexo, el número
de mi portal, mi vida,
mi carné, el nombre tuyo.

No sé a dónde llamarte
ni si estuvimos juntos
algún día; no sé
qué ciudad o qué junio.

No me duele el pasado
ni me inquieta el futuro.
Tú ya no estás conmigo.
Y ya no gira el mundo.

LOVESONG

No quiero conocer
la dicha sin ti. Bésame
y mátame ahora
para que el cielo no
amanezca vacío
sobre los tristes techos
de este mundo ignorante.
Imagino la luz
en esta plaza extraña,
creciendo sordamente
fuera de la ventana
como un frío infinito
sin el alivio
de la muerte.
Mañana
ya no estaremos juntos
así como ahora estamos
y aunque el futuro guarde
algún día improbable
de dicha, no la quiero
si tú no estás conmigo.
Pido morir ahora
junto al olor de sueño
de tu cuerpo inconsciente
como el mundo que ignora
la hondura de mi miedo.

ATARAXIA


Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo.
Jorge Luis Borges

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
No le importa a la luz que llena el ancho
teatro de los seres. No le importa
al pájaro que cruza la mañana.
No le importa a la luna que agoniza
sobre el frío claror del día nuevo.
No le importa a este campo de las sombras
ni al río que se va como un tren ciego
persiguiendo el sonido de la vida
a las crueles fosas azuladas.
No le importa tampoco a mi vecina
que canturrea y fuma en la ventana
ni a la ciudad que apaga sus farolas.
Si no te importa a ti, tal vez yo aprenda
la misma indiferencia de la luz.
De la luz sin dolor y sin memoria.



ESPERANZA EN LA NOCHE


La ansiedad, la infinita esperanza
con que aflige la noche, cuando vuelve.

Jaime Gil de Biedma

A veces cae la noche y me parece
que la vida comienza nuevamente.
Como si un sol fulgiera en las tinieblas
de la noche que abre el paso.

Calles de escasa luz por donde huyen
el amor mercenario y los enamorados.
Bares de amarillentas baldosas que despliegan
su modesto escenario.

A veces cae la noche y me parece
que las normas del día se abolieron
y en sorda libertad el tiempo vuelve
para que volvamos a encontrarnos.

O que me aguarda un cuerpo, y es el tuyo,
en un país confuso, entre las ruinas
del tiempo contrariado.

En el país remoto que la noche
trae a las calles sórdidas de siempre
agitando el dolor de la esperanza.



ALBADA

Los hoteles malditos estaban clausurados
pues habían hallado una muchacha muerta
en cada habitación. ¿Adónde iremos
rodeados de muerte y en peligro?
Por los puentes helados se acercaba nadando
la sirena de la policía.
y aquel suelo alumbrado por una luz verdosa,
con flores de papel y monedas de plata
que habían arrojado los huidos,
como hollada tristeza, acogió nuestros pasos.

En las ventanas sucias llama el alba.
¿A dónde iré si tú no estás conmigo
ya ni siquiera en esta pesadilla?

II
UNA MÚSICA DISCRETA

Spesso il male di vivere ho incotrato
Eugenio Montale

 

MÚSICA DE CÁMARA

La música de cámara del verso,
ésta que suena en medio de los días,
si a veces no nos sirve de consuelo
al menos es discreta compañía.

Una dúctil mordaza pone al grito
que nace en las raíces de la vida,
y de todas las cosas que perdimos
hace al menos discreta compañía.

La música de cámara del verso,
aún cuando a veces, es verdad, chirría
como los frenos de un coche lanzado
contra la muerte, contra la vida,

si a menudo no sirve de consuelo,
al menos es discreta compañía.



LA VIDA ES ESTE RÍO

La vida es este río. Y está quieto.
Tal vez porque es domingo.
Un atroz paisaje hecho
con los residuos del pasado
se extiende en las orillas:
las fábricas inútiles, las grúas
a punto de extinguirse -arqueología-.
La vida es esta ría turbia y triste,
y está quieta la vida, la ría, bajo el cielo
blanquecino, la vida está esperando
algo que la redima de sí misma.
Morir es fácil: cada domingo
se muere la ciudad maldita.
Un poco como tú. Pero al llegar el lunes
-y es lo malo­
resucita.



EL CIELO EN LA VENTANA


Sará un giorno tranquilo, di luce fredda
come il sole che nasce o che muore,
e il vetro chiuderá l'aria sudicia fuori dil cielo.

Cesare Pavese


Imagino la muerte en un día de luz
desasida, grande, esa luz que
molesta un poco cuando la jaqueca
amenaza sordamente desde el fondo del cráneo.

Imagino el cielo parado en la ventana
con sus antenas de televisión
y su humedad de patio de cemento,
con gorriones y tejas y nubes sucias
desgarradas por las viejas, hermosas chimeneas.

Y la luz en todo y sobre todo,
fijando, revelando las cosas de este mundo.

Imagino la muerte como algo
que se quiebra en voz baja y restituye
el recuerdo agolpado
a una tranquila indiferencia.

El mundo entonces liberado,
sin odio y sin amor, será una bella despedida.



ENDECHA

La ciudad es tan triste
en estas tardes yertas,

cuando por la memoria
andas como un espectro
escuchando tus pasos
en las calles sin nadie.
Todo lo que se ha muerto
en ti, dentro de ti,
-la vida ilimitada
que pareció posible-
pesa, como una honda
derrota. Y no es fácil.
No es fácil para nadie
porque nadie está vivo
en estas tardes largas
cuando la vida tiene
más años aún que tú
y sabes que has perdido.
Y sabes ya del próximo capítulo
por noticias antiguas de viajeros.

Es el mal de vivir,
en su acepción burguesa,
como un vicio secreto
de la ciudad que habitas.
Displicente y amarga,
prefigura la noche.

III
CIUDAD MUERTA

Borrada juventud, perdida vida
¿en qué cueva de sombras arrojar las palabras?
Francisco Brines, "Sucesión de mí mismo"


ÚLTIMO TREN

Es el último tren. Tiene un techo la noche
negro, liso, perfecto entre los dos andenes.
Tu cabeza está llena de luces y vaivenes.
Viene y se va la luz. Es el último coche.

Este viejo tren verde que la vía se lleva
llevándote con él no volverá, y lo sabes.
La esperanza se ahoga en las desiertas naves
de la noche, y afuera, entre las sombras, nieva.

Personajes de un pardo carnaval, en el último
vagón, bajo las luces eléctricas del techo,
el corazón henchido y el cerebro en barbecho,
marcháis a la derrota. Hace frío. Es el último

vagón. Y no lo sabes. A veces sí lo sabes.
Rodando por la noche, por las desiertas naves,
siempre de vuelta a casa en un día de invierno,
tu adolescencia, amigo, se parece al infierno.

ADOLESCENCIA

El infierno es a veces la memoria,
la estación en la noche, la borrosa
conciencia del lugar, alguna cosa
que, nítida, se yergue entre la escoria:

La tarde se ha quemado en una euforia
perfectamente falsa. En la espaciosa
calle de los deseos, la herrumbrosa
luz del atardecer tuvo su gloria,

pero nada ha cambiado, y la derrota
acecha en el inquieto pavimento
donde una línea gira y luego explota.

Llega el tren. Todavía hay un momento...
Algo puede pasar. Sobre la rota
promesa pesa un cielo de cemento.

LAS PALABRAS HERMOSAS

¿ Quién de todos nosotros no habrá amado algún día
las palabras hermosas?
La belleza, una forma intensa de placer,
y las palabras, símbolos
de un fulgor imposible.

Pues alguien, hace mucho
te mintió sobre el mundo.

Y las bellas palabras hicieron su trabajo.

¿Y qué revolución
podría conformar
un mundo a su medida?

La infancia, que no vuelve,
se ha llevado el secreto de tanta intensidad.
Pero el Niño aún demanda sus tesoros robados.

¿Cómo explicarle
que las bellas palabras no eran la realidad?



CIUDAD DE JUVENTUD


Ciudad de juventud, intensa y triste,
que tan pronto hizo inventario de sí misma,
reflejándose en la página de noche
donde las fábricas rotas eran torres y templos
y esperaban el regreso de Conan el bárbaro
envueltas en música de Pink Floyd -aturdida cortina psicodélica-.

Y nosotros, inofensivos rebeldes
recién llegados de la inocencia,
exploradores de un caduco paisaje industrial,
tomábamos las calles -donde, por cierto,
dejábamos menos basura que los invasores de hoy­
y girábamos en un carrusel
de tardes horadadas por promesas inertes.

En el primer pliegue de la memoria
resignada a encontrar su madurez,
los bares de ayer mismo se contraían
como vistos tras el humo de una hoguera,
como vistos por los ojos de un borracho.
Hoy no podría recordar un sólo detalle.

¿Quién se llevó mis Siete Calles
para hundidas en un paisaje destruido,
por donde navegan los barcos bajo un cielo de tormenta,
barcos en la sombra inundada
de la Catedral?

(Una lluvia de tiempo confunde los días imaginarios).

Entonces, cuando hacía inventario de las pérdidas,
y nombraba los pasajes, cantones y escaleras,
no sabía qué lejos llegaríamos a estar
la ciudad y yo de mí. Cómo el tiempo
borra las figuras de los capiteles, y cómo entrega
el espacio que ha frotado con su mano
a otras hordas de bárbaros.

Por mí, pueden quedársela con todo su veneno.



ENCANTAMIENTO


Para Mati

Ahora dame la mano. Los años han pasado
y yo seré tu guía por la ciudad a oscuras.
Cierra los ojos. Piensa que pisamos las duras
piedras llenas de amor que nos han repudiado.

Reino de juventud o jardín clausurado,
es hora de volver a las arquitecturas
ásperas de la noche, y a aquellas aventuras
por las plazas vacías y el puente desolado.

Todo era dulce y fuerte como un licor. El cisma
vino después. A veces, el mundo es una nave
vagando a la deriva en una insulsa marisma.

Hoy retorna el pasado. Ven, conozco la clave
y se abrirán las puertas, se encenderá la misma
luna de los deseos, bella, terrible y grave.



LAS RUINAS CIRCULARES

Vull que llavors recordem, amb un somrís,
les petiteses in la felicitat
s´atarda com un gat dròpol a la falda:
la tendresa en el menjars y els alcohols,
els llibres, amics, espectacles que no
sempre és fàcil déstimar y de compartir.

Francesc Parcerisas, "La edad de oro"


Hasta el amanecer, con la noche a lo lejos,
el contador de historias despliega su relato
en la casa cerrada: es el fuego sagrado
que ilumina los viajes en el centro secreto.

El centro, tan mudable como la misma historia
o igual que una casa que viajara en el tiempo,
guarda un gen de nostalgia y un constante trabajo
por hallar otro centro más allá de este centro.

Hay cosas que regresan y cosas que prosiguen
su viaje hacia la nada, donde un día nacieron
y son las mismas cosas. Y todas las historias

parece que nos llevan a la Ciudad del Mundo
que tal vez se consuma en el fuego, que es único
y es muchos, como el átomo.

Y se acaba el relato.



CONVERSACIÓN NOCTURNA

Este es el eco de una conversación nocturna
que anoto para que alguien lea
y su rumor se propague como una lenta
ola poderosa.

Para hacer de la noche
el tiempo de las fábulas y de las confesiones
una vez más.
Cuando todo es secreto y está defendido
de miradas extrañas,
hablar del tiempo y de la vida,
de lo que sabemos y de lo que nunca sabremos.

En el lugar de las palabras.



EN LA PRIMERA VUELTA DEL CAMINO

En la primera vuelta del camino
la libertad que me han dejado
me parece muy poca,
y poca la que yo me he ido ganando.
Mucha, la que aposté para perderla.

Siento el mundo temblar bajo mis pies
pidiéndome un esfuerzo por juntar
los pedazos del día, los trozos
des asidos y amargos
de la memoria.

Algo en la oscuridad habla despacio:
será tal vez la voz de lo que ha sido,
los amigos que se tragó la muerte,
en mi vida lo mismo que en la tuya,
la ausencia, la esperanza traicionada,
el odio que cortó como un cuchillo
la carne, sin dejar huella ni herida
-y el miedo acumulado como un terco sudor,
miedo a vivir, miedo a decir quién eres-.

Si escuchar estas voces me confunde,
suelo pensar que solamente
hay una cosa
que podría oponerles:

la voluntad de ser humano
y decidir qué cosa es esa,
la voluntad de que el mundo no sea,
también a este lado de la verja,
la selva oscura, la tiniebla,
el festín de los lobos.

Es poco, ya lo sé, y mucha la derrota.
Son las viejas virtudes tantas veces vendidas,
la razón acallada, la libertad escasa...
Algo como un afán de claridad.



EL TIEMPO EN LOS PUENTES DE BILBAO

Dime que el tiempo se ha parado
sobre los puentes de Bilbao,
ciudad que ha hecho mi vida
y la ha desbaratado,
reino imaginario
donde las cosas vuelven
como espectros o errores,
y donde tú regresas
entre la lluvia sorda
de una noche de invierno
con borrosa sonrisa
que un día fue tan clara.

Dime, Matilde, que has venido
para sentarte con nosotros
en un café del Casco Viejo
y ver la noche en el Ensanche;
para viajar en metro
porque en tu ciudad, que era ésta,
no había metro.

Llama por teléfono
y sugiere una película de Fellini.

Vuelve con la esperanza intacta
y aquel entusiasmo por las pequeñas cosas,
aventuras minúsculas que combaten el tedio
y la escasez. Trae contigo
el placer de la hora presente
-unos amigos y una copa­
que relumbra en las sombras,
entre el dolor y el miedo de la vida.

V
CUADERNO NOCTURNO

DOBLE NATURALEZA

Bajo la luz la palabra ordena
en sus exactos límites, reflexión y memoria.
Cuando la sombra viene, la palabra es música
y dice sólo lo que dicen las formas.


REINO

Reino oscuro del primate coronado,
cuyo enigma está escrito sobre la puerta
del crepúsculo de las ciudades,
en el cielo con signos de ceniza,
en los bancales tristes de la noche,
en los anchísimos basureros
por los que fluyen ríos derrotados,
en las huellas del cartero que desanda la mañana,
en las grandes avenidas de París,
en los bosques de Indonesia,
en las tardes vacías iluminadas como
manuscritos atroces
con cegadores tóxicos
que despliegan al sol su imperativo
mensaje,
esperando la lluvia que se lleve
el brillo inútil de nuevo a su ceniza.

Reino ingobernable.



NOCHE DEL MUNDO

Noche del mundo:
yo no sé por qué me duele tu sombra rezumante de vidas,
será porque estoy en la red como un insecto en su cárcel
y lo sé y miro en la oscuridad y escucho el largo
dolor humano, y no me da la gana
de perder la ingenuidad de desear un mundo justo
que no tendremos nunca,
y no me da la gana
porque esto es lo que siento en la noche cuando cierro los ojos
y veo las luces de los puertos del mundo
ateridas de frío y siento
que la obra colectiva está mal hecha
y que no somos nada de uno en uno.



ENTRE DOS NOCHES

La mañana comienza cuando se abren los ojos
sobre la muda página del tiempo no estrenado.
La luz nos trae los seres, nos acerca las cosas,
y algo duele en el fondo del día: es la conciencia.

También como nosotros parece que las calles
vuelven desde el abismo (un sistema binario).
Retorna de su ausencia, vieja banda sonora,
el ruido de los coches y una canción cualquiera.

La mirada y la luz nos devuelven el mundo
con su ciego trabajo. La página ya tiene
sus primeros borrones (un sistema binario)
y la pantalla muestra los primeros mensajes.

El periódico se abre con su fúnebre carga
de cadáveres nuevos, sobre el café y el tiempo.
El orden cotidiano, la máquina despierta,
funcionan con cadáveres más o menos lejanos.

Bombas, videos y sueños. Nada es real.
Qué importa que haya nuevos cadáveres.
Todos estamos muertos.

 

*Selección perteneciente al libro Tiempo, editado por Hiperión. Puedes conseguirlo visitando Hiperión en www.hiperion.com
**María Maizkurrena nació en Londres en 1962. A los ocho años, regresó con su familia al País Vasco, donde realizó sus estudios, licenciándose en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto. Sus primeros poemas aparecieron en revistas como “Zurgai” y “Literatura”. Con su primer libro de poesía, Los otros reinos [1987], obtuvo una mención especial en el premio Alonso de Ercilla del Gobierno Vasco. Al año siguiente, resultó finalista del mismo premio con Los cantos del Dios oscuro y otros poemas [1989]. En 1991 aparece en la colección Adonais Una temporada en el invierno. En 1992 se le otorga el Hispano de Plata (obra de Néstor Basterretxea) por Viento del Norte, poemario con el que había logrado anteriormente el premio Imaginate Euskadi. Con los poemas de su libro Tiempo [Hiperión, 2000] consigue el Premio Internacional de Poesía Antonio Machado en Baeza. Como narradora, ha publicado la novela corta Adiós a doña Laura [Planeta-Agostini, 2000]. Actualmente dirige y diseña la revista de literatura Ipar Atea y es columnista del diario El Correo.

 




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TEATRO: Orígenes del Teatro en China IV


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