Poesías
 Joseph Brodsky (*)
Traducción de Tatiana Zentsova y Bernardo Subercaseaux


 

 

Fin de una época maravillosa

Así como la poesía exige palabras,
yo -sordo y pelado, taciturno mensajero de una potencia de segunda categoría-  sin querer esforzar mi cerebro,
me pongo el abrigo
y bajo  al kiosco por un periódico.


El viento moviliza las hojas.
En estos tristes lugares
el opaco calor de viejas ampolletas
produce -con la ayuda de algunos charcos-
efectos de abundancia.
Hasta los ladrones cuando roban una mandarina
se encuentran con una envoltura luminosa.

En realidad, ya se me olvido hasta  el sentimiento con que me contemplo a mí mismo.
En estos tristes parajes todo está planificado para el invierno:
sueños, paredes de cárceles, abrigos, vestidos de novia, bebidas y
minuteros del reloj.
Los gorriones y el barro  parecen oxidados, costumbres puritanas. Ropa interior. Y en las manos de los violinistas guateros de madera.


Este lugar es inmóvil.
Al imaginar la producción quinquenal de
hierro y plomo, uno queda con la mente abobada,
y añora el antiguo poder cosaco de bayonetas y látigos.
Las águilas imperiales, sin embargo, son atraídas como un imán por el fierro.
Hasta las sillas trenzadas están hechas con pernos y tuercas.
Solo los peces en el mar conocen el precio de la libertad,
pero su silencio nos obliga a construir nuevas categorías
y el espacio se despliega  como una lista de precios.

El tiempo está construido por la muerte.
Cuando requiere cuerpos y objetos busca verduras frescas.
El gallo imita al carillón;
para  quien tiene un carácter sublime
resulta lamentablemente difícil
vivir en una época de proezas.

Al levantarle el vestido a una mujer bonita encuentras lo que buscas y no un prodigio.
Y no ocurre así por seguir los pasos de Lobachevsky,
sucede porque el  mundo abierto tiene que angostarse en alguna parte,
y es aquí
dónde yace el fin de la perspectiva.

Tal vez el mapa de Europa fue robado por los agentes del poder,
quizás los otros continentes están demasiado lejos
o tal vez una hada bondadosa me esta hechizando,
y no puedo arrancarme de aquí.
Para no llamar a la sirviente me sirvo vino, acaricio el gato.

A lo mejor sería preferible una bala en la sien,
así como se apunta con el dedo al error.
Tal vez huir de acá a través del mar, como un nuevo Cristo.
Borracho y atontado por el frío, no es extraño confundir un tren  con un barco,
no hay motivo para sonrojarse o para  sentir vergüenza:
el tren - como una canoa en el agua- no deja huellas en los rieles.

¿Qué dicen los periódicos en la sección de tribunales?
Fue ejecutada la sentencia, al imaginar eso el ciudadano percibe -a través de lentes con marcos de estaño- a un hombre acostado cara abajo al lado de un muro de ladrillo.
Pero no está dormido, ya que los sueños tienen derecho a despreciar las cúpulas baleadas.
Perspicacia de esta época
que con sus raíces entrelaza los tiempos,
incapaces -en su ceguera  común- de distinguir
entre los caídos de la cuna  y las cunas caídas. 

Ese prodigio de ojos claros
no quiere ver más allá de la muerte,
que pena, hay muchos naipes
pero no hay con quien interpelarlos
para ver el futuro.

El punto de vista de estos tiempos,
es la perspicacia hacia los objetos de una vía sin salida;
todavía no ha llegado el momento
de derramar la inteligencia,
solo un escupo en la pared.
Y no despertar al príncipe, sino al dinosaurio.

Para el último párrafo ¡Ay! no arrancaría la pluma a un pájaro.
A la cabeza inocente
no le queda  mas que esperar el hacha y el laurel.

(1968)





Siempre he dicho que el destino es un juego

Siempre he dicho que el destino es un juego.
¿Para que nos sirve el pez si tenemos caviar?.
El gótico triunfara como estilo por su
capacidad para destacarse sin pinchar.
Estoy sentado detrás de una ventana,
al lado veo un álamo.
Yo amaba a pocos, pero los amaba demasiado.

Creía que el bosque es solo extensión del tronco.
¿Para que necesito una muchacha entera si tengo su rodilla?
El ojo ruso descansa en las cúpulas de Estonia,
tras un letargo de polvo levantado por siglos.
Estoy sentado al lado de la ventana, ya lavé los platos.
Fui feliz aquí, ya no lo seré.

Yo escribía que en la ampolleta vive el temor al sexo,
que el amor como el acto carece de verbo,
que Euclides no sabía que llegando al cono el objeto se convierte en cronos y no en cero.
Estoy al lado de la ventana, recordando mi juventud,
a veces sonrío, a veces escupo.


Dije que la hoja  cuando brota destruye al brote,
que la semilla al caer en mala tierra no da frutos,
que los pastizales en el campo muestran el manoseo de la naturaleza.
Estoy sentado al lado de la ventana abrazando la rodilla,
en compañía de mi densa sombra.


Mi canción carece de motivos heroicos, por suerte
no es posible cantarla a coro.
No es raro que debido a estas palabras
nadie se atreva a palmotearme la espalda.
Estoy sentado al lado de la ventana, en la oscuridad,
como en el tren, el mar suena tras  las cortinas.

Soy ciudadano de una época desvalida,
me reconozco con orgullo como un producto de 2da categoría,
regalo mis mejores pensamientos al futuro,
como ejemplo de lucha contra el ahogo.
Estoy sentado en la oscuridad de una pieza
y no es peor que la oscuridad de allá afuera.

(1971)





De ninguna parte, con amor

De ninguna parte con amor, algún día, algún mes
querida y respetada linda, pero no importa quien eres;
¡al diablo, que ya no me acuerdo de tu cara!.
Un amigo fiel -ni tuyo ni de nadie- te saluda,
desde uno de los cinco continentes
apoyado por los cowboys;
yo te amaba más que a los ángeles y que a mi mismo,
y por eso ahora estoy más lejos de ti que de ambos.

Tarde en la noche, en el fondo de un valle dormido,
en una ciudad cubierta con nieve hasta la manilla de la puerta,
retorciéndose en la sabana -nada se dice de esto más abajo-
estoy clavando el cojín
murmurando la palabra "",
detrás de mares sin fin,
yo, como un espejo insensato,
repito tu silueta con todo mi cuerpo.

(1975-76)





Investigador del Polo Norte

Hasta los perros  de trineo han sido comidos,
en su diario ya no quedan páginas en blanco,
mostacillas de letras cubren la foto sepia de su esposa, en su mejilla pego una fecha dudosa.
Luego, la foto de su hermana; tampoco tuvo piedad con ella: se trata de un descubrimiento muy importante ¡en nuevas latitudes!
Mientras tanto la gangrena poniéndose negra trepa por su muslo
como la media de una bailarina de varieté.

(1978)





Estuve en una jaula

Estuve en una jaula en el lugar que debió ocupar un animal salvaje.
Con clavos talle mi apodo
y el plazo  que me quedaba por cumplir.

Viví junto al mar y jugaba a la ruleta,
cenaba con cualquier pajarraco vestido de frac.
Observaba el mundo desde la altura de un Iceberg,
tres veces me ahogue,
dos veces estuve crucificado.

Abandone el país que me había nutrido.
De los que se olvidaron de mí
se podría hacer una ciudad.
Vagué por estepas que conservan en su memoria
el alarido de los Hunos,
me vestía  con lo viejo que mañana estará de moda,
sembraba cebada, me cubría con cartón y bebía todo lo que me pusieran por delante.
Deje entrar en mis sueños la pupila vigilante que acompaña el convoy,
mascaba el pan del exilio sin dejar migas,
me permití todos los sonidos excepto el aullido, luego pase a hablar en susurros.

Ahora  cumplí cuarenta años.

¿Qué puedo decir de la vida?
Que resultó ser larga.
Únicamente con el dolor me siento solidario,
pero hasta que me tapen con greda la boca, de ella solo saldrán agradecimientos.

(1980)





Yo era solo aquello

Yo era solo aquello
que palpabas con tu mano
sobre quien en la noche sorda
inclinabas tu rostro.

Yo era solo aquello
que tu prefigurabas:
primero un contorno
y luego una silueta.

Eras tu la que
murmurando
en mi oreja con calor
me fuistes creando.

Eras tu la que
sacudiendo velos
en mi boca húmeda
me entregabas la voz
con que te podía llamar.

Yo era simplemente ciego,
surgiendo y escondiéndote tu me
regalastes la vista,
de esa manera se dejan huellas.

Así se crea el universo,
así después de crearlo,
se lo abandona y se lo deja girar
desperdiciando lo regalado.

Así
arrojados en el ardor y en el frío,
en la luz y en la oscuridad,
así gira el globo terráqueo.

(1981)





Tiberio

Te saludo 2000 años después,
tenemos bastante en común:
tu también estabas casado con una puta.
Además alrededor está tu ciudad.
Bullicio, autos, gentuza con jeringas en los portales, ruinas.
Yo, un simple peregrino, en una galería inhóspita, saludo a tu busto lleno de polvo
¡Aay Tiberio! ¡Aquí no tienes ni siquiera treinta años!
Tu cara exhibe mas seguridad en sus músculos obedientes
que en su futuro.
Tu cabeza cortada por un escultor
es en realidad una predicción sobre el poder.
Todo lo que esta debajo de tu pera es Roma: provincias, rentistas,
cohorte, mas una multitud de infantes mamando tu piel áspera.
El placer de la loba alimentando a los pequeños Remus y Romulus
(¡las mismas bocas que con dulzura murmuran en su toga!).
En suma, el busto como símbolo de independencia del cerebro
con respecto a la vida del cuerpo.
Propio e imperial.
Si tu pintaras tu retrato seguramente estaría hecho de puras circunvalaciones cerebrales.


Aquí, no tienes más de 30 años,
nada en ti hace captar la mirada,
tu dura mirada tampoco está dispuesta a detenerse en algo:
ni en algún rostro, ni en el paisaje clásico.
¡Aay Tiberio! ¡Qué importa lo que susurren por ahí
Suetonius y Tacitu, buscando explicaciones a tu crueldad!
En el mundo no hay motivos solo hay consecuencias y las personas son víctimas de los resultados.
Sobretodo en aquellos subterráneos donde todo se acepta gratuitamente.
Las declaraciones bajo tortura son monótonas, igual que las confesiones de los niños.
El mejor destino es  el que está ajeno a la verdad,
porque ella no nos hace elevarnos. A nadie. Con mayor razón a los Cesares.
A fin de cuentas tu te ves mas dispuesto a ahogarte en tu  propia bañera que en las ideas geniales.
¿Será acaso la crueldad el único acelerador del destino común de las cosas?
¿Caída libre de los cuerpos en el vacío?
En el vacío siempre te encontraras en un estado de caída.


Enero. Amontonamiento de nubes sobre la ciudad invernal, como mármol sobrante.
El Tiber arrancándose de la realidad.
Piletas disparando chorros de agua a lugares donde nadie eleva la vista. Ni entre medio de los dedos ni entrecerrando los ojos. ¡Otros tiempos!
Ya no se podrá sujetar de las orejas al lobo enloquecido.
¡Aay Tiberio! ¿Quiénes somos para juzgarte?
Tu eras un monstruo, pero un monstruo indiferente.
Precisamente la naturaleza crea a los monstruos a su semejanza,
¡pero no a las víctimas!
Mucho mas placentero -si es que hay posibilidad de elegir- es ser aniquilado por una cría del infierno que por un neurasténico.
En tus casi 30 años con tu gesto de piedra
calculado para perdurar 2000 años,
te pareces a una máquina de exterminación y no a  aun esclavo de pasiones, ni a un guía de ideas, etcétera...
Defenderte de mentiras es como defender a los árboles de las hojas, con su difuso complejo de multitud que se queja.


En la galería inhóspita. El mediodía opaco.
Una ventana manchada con luz de invierno. Ruido de la calle.
El busto sin ninguna reacción al espacio que lo rodea…
¡No puedo creer que tu no me escuchas! Yo también me arranque a toda prisa  de todo lo que me ha sucedido, y me convertí en una isla con ruinas y garzas.
Yo también tallaba mi perfil con la ayuda de lámparas. A mano.
Lo que yo he dicho  no interesa a nadie, ni siquiera ahora y menos después. ¿No será eso acaso aceleración de la historia? ¿No será un intento exitoso de poner las consecuencias delante de los motivos?
Además, en un vacío absoluto que no garantiza el gran chapoteo. ¿Confesar?
¿Rehacer el destino?¿Empezar, como se dice, con otra carta? ¿Tendrá sentido?
La lluvia radioactiva nos terminara por cubrir no menos que tu historiador a ti.
¿Quién aparecerá para maldecirnos? ¿Una estrella? ¿Una luna? ¿Una eterna termita de cuerpo mutilado, endiablada por mil mutaciones?  Tal vez.
Pero al tropezar con nosotros ella probablemente quedara boquiabierta paralizando su perforación.

¡Busto!, dirá,  en su lengua de ruinas y de músculos contraídos: ¡busto!, ¡busto!.

(1981)


Tú, mosca


I.

Mientras tu zumbabas llego el otoño
una astilla encendió la chimenea,
zumbabas y volabas y llego el frío.

Ahora te desplazas lenta por la superficie de la cocina
sin volver la mirada hacia el lugar desde donde aparecistes en abril.
Ahora  apenas te desplazas. Y no costaría nada matarte.
Pero, como historiador, para quien la muerte es mas aburrida que el sufrimiento,
yo no me apuro, eh mosca.


II.

Mientras tu zumbabas y volabas se desprendieron las hojas.
El agua cae con facilidad a la tierra y se devuelve  como imagen en los charcos.
Al parecer  tu ya estas ciega, me da escalofríos imaginar el color de tu minúsculo cerebro apagándose en tus ojos reticulados.
Pero  tu te conformas con el espíritu rancio del hogar, con el verde pálido de las cortinas.
La vida se está dilatando.


III.

Ay zumbona, al perder tu agilidad te pareces a un viejo militar,  o al cuadrito negro de un documental de épocas remotas.
¿No eras acaso tú la que a medianoche hacías ruido sobre mi cama,
perseguida por proyectores detrás de la ventana?
Y ahora, linda, mi uña amarillenta es capaz de apretar tu vientre, sin que tirites, amiga, zumbando de miedo.


IV.

Mientras tu zumbas, más allá de la ventana aumenta lo gris,
con la humedad la puerta se ensancha,
se congelan mis talones y mi casa está en decadencia.
Ni siquiera  puedo atraerte con una pirámide de platos sucios en la cocina,
ni con un cerrito de azúcar.

Tu no estás ni ahí, no te interesa la chimuchina de los cubiertos,
mezclarte en ella te va a costar mucho, y a mí, por lo demás, también.


V.

¡Cuan pasadas de moda están tus alas y tus patitas!
Me recuerdan los velos de la bisabuela envolviendo las torres francesas de antes de ayer. Siglo XIX.
Al compararte a tí con ellas y al empujarte con la mano infame hacia los pensamientos incorpóreos, haciéndote desaparecer antes de tiempo, convierto tu muerte en ganancia.
Es cruel, disculpame.


VI.

¿Qué estás soñando? ¿Acaso, en tus infinitas y no calculadas órbitas?
¿O en una letra de 6 patitas en el cuaderno, en honor a ti?
Ahora ciega tu no reaccionas, dejando el campo de operaciones
a los gestos y muecas de las morenas.


VII.

Mientras tu zumbabas y volabas, las bandadas de pájaros empezaron a emigrar,
en los riachuelos disminuyeron los peces y en los bosques hay vacíos.
Los repollos crujen de frío en el campo, y el tic tac del despertador suena como una bomba, sin que se entienda lo que dice.
Se está retrasando la explosión, aparte de eso no se escucha nada.
Los techos de las casas devuelven la luz a las nubes, los pastos se marchitan.


VIII.

Es terrible
ahora solo quedamos nosotros dos,
propagadores de peste.
Los microbios y las frases son capaces de contagiar.
Nosotros solo somos dos: tu cuerpecito temiendo a la muerte y el mío jugando a ser un agricultor educado de unos 85 kilos.
Además, el otoño.

Definitivamente parece que te eche a perder tu caja de sonido,
pero el Tiempo no se molesta en prestarnos atención,
tienes que dar las gracias que el Tiempo no es arrogante ni tampoco asquiento.


IX.

A lo mejor no percibe que le están pasando gato por liebre
en forma de pequeños y grandes pájaros.
Ya se acabo tu vuelo, al  Tiempo la vejez y la juventud le son indiferentes.
los motivos y resultados le son ajenos,
con mas razón cuando se trata de miniaturas como tú,
tal como pasa con los dedos de la mano en apuro: da lo mismo que sean cara o sello.


X.

Mientras tu apareces o desapareces en la luz de la ampolleta,
escondiéndote de mí en las vigas, el Tiempo permanece igual,
como ahora cuando tu te mezclas con el polvo incoloro por tu falta de fuerza y relación conmigo.
No creas ni te amargues, yo no estoy en convivencia con él,
mira querida, yo soy tu socio, tu compinche, y al Tiempo no es posible apurarlo.


XI.

Afuera es otoño,
desgracia de ramas desnudas.
Mezcla de una raza gris con la masa amarilla, como los mongoles.
Nadie se interesa por nosotros, me invade el pasmo, es decir tu virus.
Te extrañara saber cuan fuerte contagian la somnolencia y la indiferencia, despertando así las ganas de pagarle al planeta con la misma moneda.


XII.

¡No te mueras! ¡Defiéndete!
No es interesante existir solo por utilidad. Con mayor razón para uno mismo.
Mas honesto es no avergonzar con tu presencia sin sentido a los calendarios y números,
tratando de convencer a los otros que la vida es perdurable, destruyendo la norma.
Si tu fueras más joven te miraría de otra manera,
pero estás vieja y ahora te tengo cerca.


XIII.

Somos dos.
El viento entra por la ranura de la ventana,
la lluvia con su picoteo esta probando al vidrio, borrándonos sin mayor esfuerzo.
Tu estás inmóvil, quiero decir que somos dos,
por lo menos cuando tu te desvaneces  mi mente registra ese hecho
como el eco de tus piruetas aeronáuticas.
Sabes que el momento de la muerte resulta mas preciso cuando hay testigos que en soledad.


XIV.

Tengo esperanzas que no sientas dolor. El dolor exige un lugar,
solo por detrás podría acercarse a tí y cubrirte,
y lo mas probable es que sea mi mano.

Pero mis manos están ocupadas con la pluma, la estrofa y el tintero.
No te mueras, todavía no estás tan mal, solo estás tiritando.
Ay, doña mosca, al diablo con el estado del cerebro: objetos que dejan de obedecer son hermosos a su manera, tal como estas viviéndolo en este instante.


XV.

Quiere decir que necesita ser prolongado y  merece aplauso.
El miedo es una relación entre el instante que sobra y la incapacidad del cuerpo.
En resumen, yo estaría dispuesto  a sacrificar mi propio  instante, pero parece que a estas alturas sería un gesto inútil: tu ya estas en las últimas, a punto de morir.


XVI.

Ni en los suburbios de la memoria ni en sus subterráneos, entre sus tesoros caídos y desvanecidos, etcétera (quiere decir que ni siquiera en los tiempos de los brujos, ni posteriormente se te presto atención),
allá arriba no se te está preparando una recepción ni siquiera a la musa que lleva tu mismo nombre.
Desde acá esas distancias se parecen a un séquito de letras.


XVII.

Afuera está nublado.
Mi órgano de roce sobre los objetos –que se llama vista- se focaliza en el papel mural,
su diseño esta lleno de  tus manchitas que lamentablemente no podrán  acompañarte para dejar atónitos a los serafines.
Ahí  gobierna el rezo con la idea del ritmo y la repetición en sus campanarios sin sentido, que se basan en la desesperación.
No conocen las nubes de insectos.


XVIII.

¿Cómo va a terminar esto? ¿En un paraíso de moscas? ¿Con panales o mermeladas de frambuesas donde  tus antepasados giran en bandadas emitiendo sonidos de otoño tardío?
Pero al abrir la puerta la bandada se lanzara intempestivamente pasándonos de largo hacia la realidad;
con delicadeza, envolviéndose en sábanas de invierno.


XIX.

De ese modo,
con la ayuda del “aparecer” y “desaparecer”, las almas poseen materia, destino,  en un paisaje que es color de ceniza, los objetos en cólera cambian,
en resumen, quiero decir que las almas sobrepasan cualquier identidad grupal. Que el color es Tiempo o la intención de alcanzarlo
eso dicen por donde se las miren las siete maravillas del mundo.


XX.

¿Impactado frente a la pálida tormenta podré reconocerte en este ejército volador? ¿Y tú, a tu manera, planearas para sentarte en mi nuca, aburrida de estar lejos del asesino con cuyo susurro estamos confundiendo al mundo? ¿Harás eso? ¿Vendrás a visitarme?
No creo.
Tal vez al estirar la pata después de todos, tú querida, serás la última y si te van a aceptar en el clima actual con sus caprichos, yo te voy a reconocer en la primavera, cuando esté pisoteando el barro,
y pensaré: sí,  cayó una estrella, sólo entonces, superando mi condición lánguida, haré un gesto de despedida.


XXI.

Pero no vas a ser víctima del zodiaco
sino de tu alma que está volando para unirse con otro capullo,
para demostrar al estiércol
tu  gran capacidad de metamórfosis.

(1985)





En una cafetería

Bajo un olmo frondoso que cuchichea
convirtiendo esta cafetería en cualquier lugar,
-como cualquier árbol, sea olmo o abedul-
puesto que el verdor nos sobrevivirá a todos,

yo, vale decir nadie –o un hombre cualquiera-
una pincelada medio seca de una pintura viva,
que pinta el Tiempo untando el pincel en la  realidad  debido a que probablemente carece de mejor paleta.

Estoy sentado hojeando el diario,
pensando ¿cuál habrá sido el modelo con que se pintó todo esto?
¿qué quietud sin nombre, sin dirección?
¿qué forma de inexistencia repetimos  nosotros, el olmo y yo, en esta tarde de verano?

(1988)

VASO

Wakefield, quien por una broma
se perdió a si mismo.

Hablamos para nada, con palabras que caen
y son viejas ya hoy, en la boca que sabe
que no hay nada en los ojos sino algo que cae
flores que se deshacen y pudren en la tumba
y canciones que avanzan por la sombra, tam-
baleantes mejor que un borracho
y caen en las aceras con el cráneo partido
y quizá entonces cante y diga algo el cerebro
ni grito ni silencio sino algún canto cierto
y estar aquí los dos, al amparo del Verbo
sin hablar nada ya, con las bocas cosidas
las dos al grito de aquel muerto
mientras caen las estatuas y de aquellas iglesias
el revoque es la lluvia fina pero segura
sobre ese suelo inmenso que bendicen cenizas
y caen también las cruces, y los nombres se borran
de amores que decían, y de hombres que no hubo
y de pronto, en el bar, tan solos, sí tan solos,
me asomo al pozo y veo, en la copa un rostro
grotesco de algún monstruo
que ni morir ya quiere, que es una cosa sólo
que se mira y no ve, como un hombre perdido
para siempre al fondo de los hombres
extranjero en el mundo, un extraño en su cuerpo
una interrogación tan sólo que se mira sin duda
con certeza, perdida al fondo de ese vaso.

1980

 


(*)Poeta estadounidense de origen ruso, nació el 24 de mayo de 1940 en Leningrado (hoy San Petersburgo). Expulsado de siete escuelas, a la edad de 15 años fue a trabajar en una fábrica. Su formación fue autodidacta desde que abandonó sus estudios de bachillerato. Cuando tenía 24 años, permaneció 18 meses en un campo de trabajo soviético, acusado de "parasitismo social". Fue liberado en 1972, así que decidió partir al exilio, y en 1977 obtuvo la nacionalidad estadounidense. Sus Poemas selectos, reúnen una importante colección de su poesía, fueron publicaron en versión inglesa en 1973, seguidos de Partes de la oración, en 1980. El libro de ensayos Menos que uno, recibió el Premio de la Crítica en 1986; ese mismo año publicó un libro de poemas Historia del siglo XX, mientras que en 1992 vio la luz un largo ensayo llamado A Urania. Residió en la ciudad de Nueva York y durante parte del año daba clases de literatura en el Mount Holyoke College. Le concedieron en 1981 una beca de la Fundación MacArthur. Ya en 1987 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en la segunda persona más joven merecedora de este honor. Falleció el 28 de enero de 1996 de un ataque al corazón.

 



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