Orígenes del Teatro en China II
Maria Dolores Garcia-Borrón Martínez

 


BREVE HISTORIA DEL TEATRO CHINO


Dinastía Tang

Desde principios de la dinastía Tang (618-907) la música teatral de origen popular, llamada sanyue, encuentra su lugar al lado de la música de corte en las ceremonias religiosas y civiles, y se desarrolla gradualmente en el reinado de Ming-Huang (3) (r. en 712-756). No solamente acompañaba el teatro cantado y el teatro de marionetas y de sombras, sino que además subrayaba también las actuaciones de baixi y de la acrobacia. El emperador Ming-Huang, con mucho el más importante patronizador del teatro de la época antigua, funda en el año 714 dos instituciones oficiales especiales para instruir a músicos y actores : La institución de arte dramático para formar a los actores, Li yuan, o Jardín de los Perales (llamada así por hallarse dicha academia en esa parte de los parques de su palacio) y Jiao fang, para formar a los músicos. El mismo emperador, gran aficionado al teatro, es instruido en el Jardín de los Perales, que se ubica al norte de la muralla de su capital Changan (actual Xian, en la provincia noroccidental de Shaanxi). Los estudiantes de esa escuela -más de mil por promoción, y entre ellos había mayoría de muchachas- reciben el nombre de “Niños del Jardín de los Perales”, título que aún se da a veces a los actores chinos.

En esta época, la prosperidad del teatro es pues sin precedentes. También actores aficionados de gran mérito y valía, así como funcionarios diversos de la corte y emperadores (4), aparecen en escena junto a los actores profesionales. En cuanto al teatro de marionetas, no era ciertamente nuevo para los Tang, pero floreció en esta época y era popular en las plazas de mercado de las ciudades. El emperador Ming-Huang también gustaba sobremanera de este espectáculo, que se representaba para la corte en el interior de su palacio. Sun Kaidi, erudito teatral del siglo XX, gran bibliófilo experto por cierto en transmisión textual, supuso con algunos otros que el teatro chino deriva de e imita en parte a los muñecos de estas representaciones, como ya adelantamos al detenernos en ellas en anterior capítulo.

La dinastía Tang es testigo de un auge del poder político y de la cultura en la China medieval, con muchos antecedentes del teatro ya muy desarrollados. Un ejemplo son los canjun xi, “obras del ayudante”, cortas piezas satíricas en torno al canjun, oficial militar de segundo orden que ha caído en desgracia de algún alto mando o ha desertado. A cargo de sólo dos actores, uno que pregunta y el otro que contesta, constaban además del diálogo y el canto de un acompañamiento musical a base de instrumentos de cuerda y de viento, y quizá también de percusión. Se daban ya categorías de personajes (el canjun era el alocado, a veces incluso tardo de entendimiento, y a menudo blanco de las bromas del cangge, de lengua afilada y desenvuelta) más desarrolladas a continuación como veremos luego; de hecho, varios expertos han apuntado a que estos personajes derivaran luego en el jing y en el chou, respectivamente. En esta época, ya era corriente entre los artistas el montar altas plataformas o escenarios para que el público siguiera con más facilidad sus evoluciones.

Tres obras teatrales famosas de este periodo son del tipo de canto y danza, y se llaman “El Rey Lanling”, Botou o “Meneando la Cabeza”, y “La Dama Tayao”. No hemos encontrado noticia del argumento de la primera en parte alguna de nuestros archivos y bibliografía, pero sí los de las otras dos. Botou procede de la región oeste del imperio, y narra que hubo un tigre que mató a cierto hombre de las tribus del norte. El muerto tenía un hijo que va al monte a buscar su cadáver, pero antes de encontrarlo persigue y mata al tigre. La montaña tenía ocho niveles, y en cada etapa se oye una canción. Al llegar donde está el cuerpo de su padre, el muchacho, con los cabellos revueltos y en desorden su ropaje blanco (el color del luto), se lamenta y llora junto a él. “La Dama Tayao” versa sobre un hombre llamado Su Zhonglang, que pega a su mujer cuando llega borracho. La mujer es hermosa, y canta bien. Se queja en sus canciones ante su vecindario, que se le une cantando en armonía. En esta última obra aparece ya determinado formalismo, porque el borracho Su lleva siempre un sombrero negro, y túnica y máscara rojas (los chinos dicen que, cuando uno se emborracha, tiene la cara roja; por otro lado, la cara roja será luego característica del personaje jing, como veremos luego). La mujer es impersonada por un hombre vestido con ropa femenina, como ocurre después en la ópera en el caso de los papeles dan. En “La Dama Tayao” el canto, la recitación y la acción son ya todos ellos vehículos del argumento, que consta como vemos de un sencillo conflicto y de un final, como en el caso de Botou y también en el de la muy anterior “El Señor Huang del Mar Oriental” (ver más arriba), en la cual sin embargo no se daba el canto.

A mediados de la época Tang, el teatro cambia de carácter, complicándose más: ya no se contenta con su simple rol como divertimento, y quiere ser mensajero del pueblo para expresar su descontento ante la injusticia. Entre las obras maestras de este periodo, citemos junto a Han Shui, “Los impuestos sobre la sequía”, la célebre Si Liang Qi o “El lamento del león”, que seguirá escenificándose durante más de mil años.

A fines de la dinastía, cuenta uno de sus poetas, Li Shangyin, cómo hablaban los narradores de historias de las guerras y hazañas del periodo de los Tres Reinos (220-280 a.C.), tema que ya no dejará de estar presente en el teatro clásico y popular chino. Las tendencias religiosas, desde el chamanismo, taoísmo y budismo74, siguen hasta hoysiendo importantes en el teatro de muchas minorías nacionales de zonas periféricas o apartadas, como ocurre todavía en el teatro tibetano, como también veremos someramente en su momento.

Li Shangyin tiene también un poema, por cierto, llamado “Niños Orgullosos”, en que trata de niños que imitan una pieza canjun. Esto vendría a probar que en la dinastía Tang el teatro, o al menos las obras satíricas, eran incluso conocidas de los niños. En cuanto a los narradores de historias en la era Tang, suponemos aún más conocidos debi- -68- do a la aún mayor facilidad de montaje de sus espectáculos, cabe reseñar el florecimiento de cierto importante estilo de recitación y canto con apoyo de pinturas y grabados llamado bianwen (en transcripción anterior, pienwen), el cual se extiende luego a otras épocas, como la actual (6). Se trata de un género popular que durante cientos de años se afianza con la literatura folklórica budista china -especialmente desde el monje Wenxu, y pronto se extiende también a niveles laicos; estos últimos, con la misma forma de los bianwen budistas -aunque claro está sin connotaciones tan abiertamente religiosas como las citas de sutras o introducciones al estilo de un sermón-, recogen sin embargo temas populares como el del matrimonio de Wang Zhaojun con un jefe huno o el ejemplo de piedad filial que fue el emperador Shun, así como novelas contemporáneas célebres escritas por letrados de prestigio. El bianwen budista pudo originarse en la India, pero ha influenciado la interpretación y diversas tradiciones literarias también en Indonesia, Japón, Asia Central, Próximo Oriente, Italia, Francia y Alemania. Este bianwen de los Tang se inserta en la corriente de shuochang wenxue o literatura prosimétrica, compuesta como decimos de prosa y pasajes para ser cantados alternos. Otra forma muy común del teatro budista es la fantasía sobre una deidad o sobre demonios, símbolos por medio de los cuales se adora frecuentemente a Buda.

Como últimos datos de gran interés, diremos ahora que, por el hecho de que en esta dinastía los letrados con éxito en los exámenes imperiales ya tenían la costumbre de celebrarlo en compañía de cantantes y cortesanas, estas diversiones pasan naturalmente a la literatura de la época, y ahí también encontramos noticias sobre espectáculos y teatro. De esta época son por ejemplo las novelas “Narraciones del Barrio de las Muchachas Cantantes” (“Accounts of the Singsong Girls’ Quarters”), de Tsui Ling-chin, y “Anales de las Residencias de las Cortesanas” (“Records of the Courtesans Quarters”) de Sun Chi. Esta tendencia literaria pasa luego a la tradición romántica, y así en las épocas siguientes hay frecuente referencia a cantantes, actores y otros artistas en la literatura (7). A nivel más general pero también interesante, Lin Yutang (1895-1976), el escritor fujianés que tan acertadamente explicó el carácter de su pueblo en Occidente a mediados del XX, tiene diferentes párrafos sobre el medio de las singsong, cortesanas y estudiantes en su libro My Country and my people (o en francés La Chine et les Chinois, citado aquí en notas y en la Bibliografía., a que remitimos al interesado para más detalles a lo largo del tiempo.

 

NOTAS
(3). Por otro famoso nombre, Xuanzong. Este emperador, como todos los demás y otros muchos personajes chinos, es conocido por distintos nombres, cuyos fonemas además se transcriben a los idiomas occidentales de diversas maneras según el método empleado. No nos entretendremos a exponer aquí todos los nombres (el citado emperador se llamaba en realidad Li Longji, vivió en 685-761 y reinó en 712-756) de cada uno ni sus transcripciones (Xuanzong también se transcribe como Hiouang-Ts’ong), pero en este caso, por ser considerado el primer gran patrón del teatro, hacemos una excepción con el fundador del Jardín de los Perales.
(4). W. Dolby cuenta en su obra antes citada de un ayudante Tang que en cierto documento explica: “Puedo, ante la corte imperial, pintarme el rostro con tinta y revestir una túnica verde jade para representar al dios”. También refiriéndose a época posterior, habla Dolby de que “el emperador Zhuangzhong (r. 923-926), se ponía el polvo de los actores y la tinta negra cuando actuaba. Y Wang Fu (m.1126) y Cai You (m.1126), poderosos ministros del emperador Huizong, actuaban en comedias junto a éste en palacio, maquillándose con polvos y tinta...”. W. Dolby, op. cit., p. 29.
(5) No debemos seguir hablando del teatro sin detenernos también, aunque sea brevemente, sobre esta religión, afianzada en China precisamente bajo los Tang, y que tanto ha influido en la tradición literaria china. “Hasta su llegada, ((del budismo)) se sentía una hostilidad de fondo por parte de los letrados en cuanto a la ficción. La única pertinencia que se le encontraba a lo escrito era la de registro de lo factual -consagrado por el género histórico-, en relación a lo cual la menor separación constituye una divagación. Hubo muchos mitos, en China como en todas partes, destinados a descifrar el enigma del mundo, pero fueron inscritos en la historia, o bien sólo perduraron en fragmentos. La tradición novelesca china nace pues en otra parte: bajo la influencia del budismo, no sólo porque éste pone en cuestión filosóficamente hablando la categoría de lo real en relación a lo imaginario -siendo lo real, por su parte, igualmente fantasmagórico-, sino también porque sus predicadores gustaban de seducir a su público sirviéndose de lo maravilloso, de sus vidas de santos; gracias a la emergencia de una literatura también popular, nacida de la imaginación de narradores de historias y de gentes de la farándula que no se expresan en lengua clásica sino vulgar; a causa del cambio de las costumbres y de la civilización material, en fin, con el auge de la vida ciudadana florece una cultura más relacionada con el placer, y ésta se difunde tanto mejor por cuanto que se desarrollan entonces los medios de la imprenta”.... “Enraizamiento del Budismo: Introducida en China a mediados del siglo I de nuestra era, con los Han del Este (25-220), la religión budista encontró muchas dificultades para extenderse. Chocaba con la oposición de los medios taoístas y sobre todo confucianos.”... “Parece que Jiangsu fue una de las primeras regiones de China en que se implantara el budismo. En efecto, se hace mención en el año 65 de nuestra era, de una comunidad instalada en Pengcheng, ciudad comerciante del delta ((del Yangzi)). Además, se han descubierto recientemente relieves budistas en el monte Kongwang, cerca del puerto de Lianyungang: visiblemente, su estilo pertenece a la estatuaria Han del Este. Red de canales navegables.” Otros puntos de encuentro especialmente en Datong, Yungang y Changan (las dos primeras en Shanxi, formando parte del corredor de Gansu; la tercera la actual Xian, en Shaanxi, antigua muy cosmopolita capital de los Tang, y antes también había sido capital desde los Han), luego en Dunhuang (Gansu, bajo los Tang); se extiende también por la Ruta de la Seda, en que los budistas, junto a miembros de otras religiones ((entre otros, cristianos nestorianos, activos en China antes del siglo VII)) y -como se plasma en las célebres pinturas de las grutas de Dunhuang (Mogao, Yuling y Mil Budas)-, “campesinos, cazadores, artesanos, ceramistas, herreros,..., mercaderes y viajeros, embajadores extranjeros, etc, en las fiestas, con ocasión por ejemplo de un banquete de bodas, con la participación de acróbatas, funambulistas, equilibristas, bailarinas y músicos, en los funerales, suplicios,... Todo esto, extendido en un periodo de varios siglos, constituye un extraordinario repertorio iconográfico sobre la vida política, la justicia, la economía, los usos y costumbres, la guerra, etc.”... “ en las grutas de la época Tang en que triunfa el budismo tántrico o vajrayana. En sus composiciones la divinidad suprema figura a menudo en el centro de un loto. Apsara, músicos y bailarinas celestes, y sus compañeros, los gandharva, pueblan los techos con los kinnara y los kinnari, seres míticos, cuya naturaleza participa a la vez del ser humano y del pájaro, que vuelan entre el follaje de los ornamentos”... “Bajo los Xia occidentales y los Yuan (1276-1368), ante el cese de los trabajos y el inexorable declive de Dunhuang, en el siglo XIV, se asiste al surgimiento de sectas lamaístas...”. Extractos de Chine, de S. Leys, C. Larre, P. Trolliet, F. Jullien, V. Bissat y otros, Hachette, Paris, 1992. Traducimos aquí fragmentos de las Pp. 196, 337, 359, 367, 443 y 815, que están en relación con o abundan en lo que ya hemos tratado sobre el budismo, y apuntan otros aspectos. En cuanto a Dunhuang, sus cuevas (de las que la más rica es la de Mogao, comenzada hacia el año 366, con influencias helenistas -importadas por Alejandro Magno- y budistas) albergan tres tipos de tesoros: pinturas murales, estatuas y libros canónicos, todo lo cual es de fama mundial. Las polícromas pinturas murales de la “Cueva de los Mil Budas” son particularmente impresionantes, y si se unieran cubrirían una distancia de 25 kilómetros. Ni que decir tiene que sigue siendo la cueva con más pinturas murales de todo el mundo. V. Du Feibao, op. cit. en otras notas y en Bibliografía.
(6) No sólo en formas de narración como éstas, sino en la de los famosos cómics chinos, lianhuanhua.
(7) En las dinastías Ming y Qing las historias más conocidas sobre estos temas serán “Lotus in the Mud” (“Loto en el Barro”), de Mei Ting-tso, y “The Panchiao Miscellany” de Yu Huai. Después se dan relaciones de cantantes femeninas asi como de actores de Yangzhou, Suzhou, Cantón y Shanghai, en forma de anécdotas presentadas asistemáticamente. La primera novela larga de este tipo será la famosa “A Mirror of Theatrical Life”, “Espejo de la Vida Teatral”, con docenas de capítulos en que los protagonistas son actores y prostitutas de la época de Qianlong, cuando surge la Ópera de Pekín. Esta interesantísima novela, publicada en 1852, merece por sí sola diversos estudios; en ella los actores invitados a las fiestas son “las bellezas”, mientras que sus amantes juegan a ser “los letrados”, en parodia o ilusión de lo más aceptado socialmente. V. pp. 319-335 y 417 de A Brief History of Chinese Fiction, Lu Hsun, Second Printing, Foreign Languages Press, Peking, 1982.



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