Entra, siéntate; pon tu rostro en alto y trata de no incomodar a nadie con la mirada. No permitas que la voz de tu alma se apropie del perdón ni dispongas tu actitud para la guerra. Trata de olvidar por siempre los momentos en que nuestros cuerpos se calentaban en el jardín, mientras veíamos cómo el cielo se hinchaba tras las cortinas del sol. No refresques esa manera apasionada de odiarnos; no vuelvas a amar con ese desenfreno. Deja que la laxitud de la distancia amortaje tu espíritu, bebe un vaso de vino y brinda por ti, luego, márchate. Háblame entonces desde cualquier lugar como si yo fuera tu sombra, cuéntame de tu vida, confíame tus secretos, tus dudas, y de vez en cuando, canta para mí con tu voz de agua.
DE: TATUAJES DE VIENTO (1992)
La marcha fúnebre se escuchará en las cunetas, y los ríos serán la podredumbre que se retuerza a lo largo de las ciudades. El pájaro ciego que busca infructuosamente su nido, será el símil de la cuadrilla de niños armados con silencio y terror que se encaminan a la barbarie. Los espantos saldrán a robarle al mundo su único aliento y ya nadie podrá hablar del día en que la humanidad decidió suicidarse. La muerte reirá victoriosa, eso es fácil de predecir. Pero en el fondo, lamentará la pérdida de aquella loca diversión.
DE: TATUAJES DE VIENTO(1992)
La mujer, luego de humedecer la punta de sus dedos, se persigna.Unagenuflexión, tres pasos cortos, una tos suave que se repite mil y una vez antes de perderse en el silencio de los muros.La iglesia vacía, cien bancas, veinte santos, la luz del sol encendiendo las siluetas sacras de los vitrales, filtrándose por las figuras de colores, desvaneciendo las sombras que se pierden entre el humo del incienso.Jesús en treinta poses diferentes, diez poses de María, la mujer y su única pose, como en el primer encuentro en que la tentación erizó la punta de sus senos con un beso en el cuello: las manos bajaban por sus hombros pequeños y lisos arrancándole la camisa, con los labios le sobaba la espalda desnuda y atravesaba toda su piel con el tartamudeo de lo prohibido.Se detuvo cuando sintió que los senos temblaban más por deseo que por temor, se aferró a la carne de su cintura estrecha apretándola contra su cuerpo. Puso el miembro erecto contra sus nalgas firmes, y comenzó a hurgar por entre los resortes y las telas que cubrían la pureza humedecida.Un ardorcito, dos dedos, tres minutos, un gemido.Tres manos, la pelea, el placer, una campana que se desdobla, dos cuerpos que ruedan, una pureza que llora de deseo y de locura, una cadena que se rompe, que se amplía, que se ríe del deseo y la locura.Un orgasmo.El silencio, la derrota, la incertidumbre. Sube al púlpito, gira su cabeza y, levantando la vista, reconoce la inmensidad de aquel lugar sagrado.Suspira. Se oyen pasos tras ella.Se vuelve. Un nuevo suspiro se le escapa en medio de una sonrisa como para negar el sonido innecesario de las voces.El hombre que sale de la sacristía comprende el gesto y extiende su mano en silencio.La mujer responde con una mirada de soslayo hacia el redentor, y se pierde tras las cortinas con el hombre.La mañana es tibia, apacible.
DE: TATUAJES DE VIENTO (1992)
LA MIEL YLA HIEL
La vida es más vieja que yo
o tanto como yo
y quizá no pase de ser un aguantarse el sueño
donde todos mueven calles y ríos
en su nobleza de verdugos
y la voz es la antigüedad de una muerte silenciosa y única
Nuestra historia desbocada
nuestra historia como un charco de sangre
y un amor canoso
que intuye razas y culturas
peleándose un espacio que crece como cárcel
Todo existe y ayuda
sal del vientre de tu alma y canta
canta las verdades de tu extrañeza
quédate fértil y viva soledad
o posa tu mejilla en la almohada de la sombra
ya no hay elección que mueva al mundo de un solo grito
Tú tienes tres y más o nada y todo
tú tienes o no tienes
pero al fin y al cabo tú
Benditos nuestros hijos
benditos nosotros
tan dueños de nosotros pisando la tierra
benditas las aves y los peces y los animales
ingenuos de la tierra
matanza dulce de espíritus
batalla de colmena…
DE: TATUAJES DE VIENTO (1992)
LA CIUDAD OCULTA
Tristes van las moradas
del espíritu por el valle,
tristes y aletargadas sus flechas.
Las llaves están a la mano
y la augusta noche
es la fiesta de los vagabundos,
un erario para el poniente de la caravana.
Dictadores del propio sufrimiento
aventajamos al que nada inventa
y crucificado bajo las aguas
no conoce el sol.
El silencio es violado por la guerra
y los ríos se han ido
para dejar la miseria sembrada
por edades remotas sobre el mundo.
Las líneas de la mano
ya no son el cauce del destino.
Cómplices del espanto
nos refugiamos en el vientre de la luna
y solitarios
visitamos las ruinas de nuestra estirpe.
Pero una anciana nos sonríe
y un niño
como una brújula
nos señala el nido donde las canciones
esperan nuestras voces.
DE: JORNADA DE SILENCIO (1994)
RONDA PARA DESPUÉS DEL CONCIERTO
Acércate,
mis palabras
pesan lo mismo que mi silencio.
Aurora del vino,
asombro agudo de los años.
Deja que un ciclón se encienda
en tu pecho
y te sostenga bajo el mástil
de nuestras noches.
Podremos reír como los violines
tránsfugos del trueno
y embarcarnos en el abrazo
hasta divisar las palomas de hilo
que alguna vez habitaron en nuestra memoria.
Lo sabes muy bien:
el tiempo y sus jinetes
preparan el último brindis
para quienes anuncian las miradas
o el indicio de un cántico enérgico
al que asistiremos a pesar de todo.
La única misión es serle fiel a la danza;
es decir, a sí mismos y al Universo.
Espejos de lo que es y será por siempre.
Fronteras de aquí y de allá
en un mismo cuerpo hermoso,
víctima de un reino desconocido.
Así van quedando los que deben irse poco a poco
uno a uno
sin imaginar siquiera
que eran santos sueños en la estancia.
Y que hacer sino esperar:
la Vida abrirá un diálogo con las multitudes.
DE: JORNADA DE SILENCIO (1994)
SONATA
Síguete.
Síguete a cualquier sueño
o panorama deshabitado.
Síguete como si fueras la felicidad,
que se yo,
como si al seguirte
siempre te encontraras virgen.
No hay afán.
Otros vienen tan rápido como una queja.
Ve tranquila soledad
acércate a la respiración.
Ve lejos o quédate.
Todo depende de ti
del perfume del viento
que tiene su orden.
Signos dispersos de la costumbre
cruzan la avenida
reticencias de fogata y baile.
Dispón un traje limpio para el Diálogo.
Que no se olvide el centinela mayor,
su prudencia.
Debemos estar sanos para comenzar este amor.
Que te sea dado el milagro
la pureza del milagro de la fuerza.
DE: JORNADA DE SILENCIO (1994)
CLAMIDIA
Aquel día llegué al correo y vi un pequeño sobre. Era una nota con el nombre completo que no reconocí. Lo único que terminamos por reconocer completamente es el propio infierno y el deseo incesante de recuperar la humanidad que aún pertenece al paraíso; no supe quien eras. Caminé feliz por el encuentro con una escritura secreta que dejaba ver su intención de recordar y seguir adelante. Imaginé, representé, traduje, inventé de nuevo el caligrama de algún rostro; sólo cuando ya me veía dispuesto a la derrota, reconocí el perfume, el tono, tu brevedad.
Decías que estabas cansada, que habías recibido mis recados, que ojalá todo saliera muy bien, que fuera feliz todo el año. Entonces decidí llamarte, fundar el diálogo que nos quitó la vida apresurada de la juventud, tan hermosa y vacilante. Y así acordamos escribir, recuperar el tránsito epistolar que se sucedía en los países lejanos, en las historias del enamoramiento viajero. Entonces cumplo y te consigno en secreto lo que algún día será tesoro de algún adolescente digno y con horizontes. Dejo ante ti la gran senda que citarán aquellos que no alcancen a levantar su oro en tiempos de cosecha. Los esclavos de su propia incertidumbre. Los que olvidan el origen del mundo y el nacimiento del hombre.
Deja atrás las noches en que no podías visitar tu propia casa, la noche que se edificaba sobre los seres que vagaban como un himno destruido. Ven, caminemos juntos. Tomemos el té, crucemos el sueño y la inmortalidad y la muerte; encarnemos el abrazo, la llama que se escurre en los atardeceres, la tinta que dibuja la resurrección y el eterno volver y la familia y el imperio. Yo no quisiera dejar que se fuera este mapa aunque te pertenece, por eso voy hilando signo a signo la madrugada que te esconde y te revela, la máscara que te recibe y te violenta. Voy tejiendo el concilio de tu aliento, de tu guerra serena con el mundo. Tu oración que te cubre toda de estrellas y te descubre el sonido del caracol, del aguijón y de la niebla; la señal del mantra del cielo, la inscripción que han dejado en la puerta del tiempo los ángeles caídos que ungen tus pies.
Yo también me veré eternamente exhausto por tener en mi tierra la herida del rayo. La piedra se estaciona hasta que el temblor la mortifica, entonces recobra su alma y por sí misma sube a la cumbre de la montaña; temblor, sismo fantasmal, mujer, templo de aceite de llanto, antología de astromelias, caos y arpón. Aquí voy de nuevo pronosticando el final de las cosas pequeñas: todas para ti. En ellas la gran sabiduría, y en tus ojos la aventura estridente de un nuevo y erguido dios. Aquí estoy sentándome como cicatriz de la piedra, cruz, sangre afilada, látigo o palabra en la raíz que es movimiento sin tregua, lámpara para encontrarte.
Yo acudí a la oscuridad contigo, ¿lo recuerdas? Y casi salimos cogidos de la mano. No recuerdo los diálogos, pero sé que estuvimos juntos y te vi desde que el mundo era habitado por la amonestación y el asombro. Tenías el cabello hasta los hombros; siempre en silencio observando cómo los hombres se aman como si supieran quienes son. Fuimos a cine. Caminamos por las calles preguntando al mundo si ha sido creado o espera a su creador. Luego te encontré en la sala de la biblioteca, con una copa de vino, con el cabello a la espalda, más hermosa que la felicidad misma de haberte visto.
No sabía que de vez en cuando me pensabas. Heidegger decía que pensar es amar, y Johannes Bobrowski escribió que donde no hay amor, no debemos pronunciar la palabra. ¿Sabes? La palabra es un puente que nos une y nos separa al mismo tiempo. He estado escribiendo en estos días, además he estado solo; pero asisto a mi soledad en la poesía. Por ahora te envío una carta, una esperanza, una trampa para que el tiempo nos permita una tarde. Sé que tienes tus manos en otra casa y que en ellas comen los pájaros que el sur no puede recibir. Soy ave de herida de canto y ceniza, mis ojos traspasan las cosas buscando tu loto, la túnica que cubrirá la muerte mientras el ángel nos reúna; la puerta endemoniada que evita el refugio y nos obliga a perder nuestro abrazo de nuevo.
Ha llovido y el sol se cansa de tanto descanso; los días se van haciendo memoria y olvido en la medida en que nosotros nos hacemos a nosotros mismos, moldeando la arcilla que habitará el aliento del ser que finalmente amaremos, el que nos muestre la batalla incesante del espíritu que busca libertad, el que nos arrojará al mar hasta que seamos capaces de caminar sobre las aguas; es decir, de soportar la mirada de la mujer que nos ama. La mujer que no pregunta porque sabe. La mujer que mirando los demás planetas y el sol, alcanza a ver su propio cuerpo, tierra, madre a la que vuelve aquella escritura que los hombres ordenan en el polvo y la luz.
Aquí estoy de nuevo pidiendo un relámpago de licor de guayacán que te acerque hasta mi alcoba. Una palabra que te nombre nombrando tu nombre y te acerque como la mujer que ha de venir. Sé que andas ocupada leyendo el polen y el viento; pero no renuncio a que esta vez tu mano esté con la mía sembrando el árbol silencioso y capaz.
DE: LUCIFER EL HERMOSO (1997)
EL ARCO Y LA LIRA
Necesitamos salir
para fundar el mundo;
surgir en la poesía
para reconquistar el origen.
Se desgarra nuestra voz
cuando insistimos
en darle al delirio su forma,
cuando la historia
palpita en nuestras manos,
en las pupilas de quien escribió
que el hombre es pluralidad y diálogo.
También lo sabemos:
nuestra voz es muchas voces
y nuestras voces
son una sola voz.
Se abre el sol en su tamaño
incendiando su talismán
que cambia el sentido de las cosas
y un idioma sagrado
que sigue oculto
nos invita a ser lo que somos;
como el lenguaje
que a pesar de su secreto
describe el tiempo
y atraviesa la semejanza,
la dirección múltiple,
el juego de los senderos
que despiertan a un nuevo laberinto.
Algo sucede detrás de las puertas
donde ya nadie habita,
una lanza se aproxima
con el pensamiento
cuando cae la tarde
y todo se ajusta a su regreso.
Habrá otro silencio;
pero también quienes guarden
las palabras exactas
para exorcizar el miedo.
Nada queda...
ni el poema.
Me marcho,
me dirijo hacia mi mismo.
Hay que empezar de nuevo.
DE: BAJO EL SIGNO DE HERMES (1998)
LA QUIJADA DEL SÚBDITO
De nuevo convocados a la guerra estúpida que estremece la Tierra. Con la punta del siglo en el costado, cargando las muertes que otros nos dan de alimento. Los secuestros que anuncian la humanidad partida en pedazos, trastabillando bajo el dominio de unaráfaga de mentiras. Cobardía incendiaria que se instala en los rincones que la calle permite, mientras se contrabandea el ánimo, la libertad, la alegría. Hambruna desfigurada que corroe el camino de los vivos, el juego de los niños que brincan en las camas sangrantes donde agoniza la paz. El rugido ahuyenta el rebaño, las trompetas suenan sin que ningún profeta las anuncie. ¿Dónde crecen los espejos que nos muestran la luz que compartimos desde el principio? ¿dónde el milagro que nos asegura la continuación de nuestros hijos? Pero a quien podría doler esto, es sólo poesía, de la que no truena, de la que dejan olvidada los que toman la quijada para fracturar la cabeza de su hermano. Aquí vamos de la mano de la mierda que nos venden cada mañana. Cada día que pasa nos levantamos envueltos en farsas que nos niegan el centro, que nos alejan del alma. Ninguna razón nos da la magnitud del otro, su nerviosismo lo pone a bailar a la orilla de la realidad. El cuerpo plural de los días estalla y nadie lo reconoce, ningún signo, su voz ha caído, los ojos los han sacado; la calavera rueda por los pasillos del poder, mala señal; los súbditos corren en turba, alguien tropezará; los ángeles observan, llevan las cuentas; los demonios devoran, al fin y al cabo no todos los días nos atrevemos a la guerra del fin del mundo.
DE: ALAS PARA EL ESCORPIÓN (1999)
INÉDITOS
PREGUNTAS FINALES
El dios gime,
el dios llora,
el dios está al borde de la locura.
El dios sufre,
el dios se acongoja,
el dios grita
al ver que la eternidad
no pertenece al hijo de su aliento.
La vida es precisa,
su anatomía se bifurca
en varios sinsentidos
que rugen
como una leona hambrienta.
Sin alma
el dios se prepara
para asumir la eternidad.
No hay pasado
ni futuro.
La eternidad se abre de piernas
para que el dios la penetre.
El dios apunta y se pierde en el tiempo
tentado por una sombra
que lo limita.
¿Qué hará el dios
ahora que los hombres
lo han dejado a la deriva?
¿sin aura ni representación?
¿a la luz inconclusa de su eterno instante?
EL CABALLO Y EL TRUENO
El único destino
es el abrazo de la tierra.
Al fondo de ese sueño,
los turpiales
ya no cantan.
La voz de la aurora
será otro viaje,
otro signo
que nos aventuramos a descifrar.
Al final,
las cosas se quedan
en su quietud.
Las hojas rumorean
una letanía que los hombres olvidan.
Pero el dios y la luz,
quedan en los ebrios y su mundo.
A: Edgar Trejos
RUNAS Y PRESTIGIO
De la voz de los azahares
viene tu canto inmaculado,
tu armonioso despertar al viaje.
A tu sombra
que es tu carta de sol viva,
acuden mis rezos,
mis ateistas fricciones.
Sabes que el dios viene
de la luz opaca del caos,
que su imán se desprende
en el baile
de los talismanes.
A ti te doy la jauría,
la vendimia y el regazo.
A tu mano uno mi mano
en tu cuerpo vuelve mi antorcha.
amada:
es por tu voz que mi alma implora.
ALAS PARA EL ESCORPIÓN
Dónde está la fisura del día,
dónde su escamoteada certidumbre.
Un sueño gira
en lo alto de lo celeste,
cae a la tierra,
húmeda tierra de dioses hambrientos.
Aquí en mi mano
crecen los continentes del futuro
y el tiempo
y la embriagada representación.
Surtidor de voces mudas,
el canto aumenta para nadie.
Soy oficiante y cordero
y el diosse extrema en su exilio.
Ahí van los hombres,
ensimismados
sobre su oro ensangrentado;
pendientes de un mundo
que está tras las montañas.
ALL MY LOVE
El círculo es total,
sus cantos son comunidad.
El cuerpo es estrella agotada;
pero el amor
tiene asegurado el trono.
Después de ti,
el sueño agigantado de otra vida.
Y tú en ella,
como un sol
que alimenta los planetas.
El círculo es real,
sus voces son continuidad.
La tragedia nos baila;
al fondo la locura,
el sueño como única salida.
¿Si estás aquí
la libertad no existe?
El muro nos detiene;
pero el horizonte es más fuerte.
POEMA ELEMENTAL
En el umbral
del sueño y la vigilia,
se construye la verdadera eternidad.
Vamos conscientes
por el paisaje de lo onírico.
Rompemos el alba,
atesoramos la noche.
Al otro lado de la realidad,
el mundo no desaparece.
Vida y sueño
son vehículo de sabiduría.
A la larga,
el más allá
ya está en nuestra mano.
A: Hernán Botero
CANTO FINAL
Las palabras
están cansadas.
Volvamos al silencio profundo.
Retornemos.
Abramos de nuevo el asombro,
la sorpresa,
la maravilla.
Unamos los cantos
hasta hacer del mundo,
una batalla sin muerte.
A: Felipe Naranjo