Carlos Muquitay

 


El pez volador
(Fragmento de la obra Los sueños de la cometa de papel)

El pez volador llora. Alguien le cortó sus alas,
alguien envenenó sus aguas. El pez se matriculó en
la escuela de la democracia. Aprendió a reclamar
los derechos sobre sus aguas. Un extraño hizo
detonar algunas olas. Varios peces de colores
perecieron. Un anónimo le llegó al pez volador.
Un pelícano que dijo haber visto algo, también
desapareció. El pez espada, levantó su sable en señal
de protesta y desafío. Los delfines corrieron la voz
de la masacre. Otro anónimo le llegó. Un salmón
que espiaba y que logró ver el rostro del enemigo,
pereció. Las lágrimas del pez volador limpiaron
las huellas de la sangre. En la escuela democrática
todos los animales marinos andan asustados. El
último anónimo les decía: "Que mueran esos peces
idealistas". El pez volador regresó a las
profundidades. Allí sus alas, crecen con el
resplandor de los corales.


Si dejaras de ser tan pequeñita
(Fragmento de la obra Noches del poeta loco).

La mujer, como las plantas,
como las tempestades de la
selva, como el fragor de las
aguas, se nutre de los más
oscuros designios celestes.
Alvaro Mutis
Si dejaras de ser tan pequeñita...
Tan niña.
Si fueses una mujer.
Ah! Nunca me entiendo
Jamás logro entenderme.
Si fueses siempre así,
tan dócil, tan sumisa,
tan pequeña,
si tus labios conservaran
el candor y la pureza.
Si tus ojos,
esos be líos ojos
ignoraran la malicia,
si tu cuerpo frágil
se irguiera con respeto.
Si tu ser todo,
fuese un símbolo
que represente la nobleza.
si tus pensamientos
fuesen siempre como canto nuevo.
Si tus manos
cultivaran la semilla de hombres nuevos,
si tus pasos
fuesen huellas del sendero.
Si tu fuego
fuese incendio de mi amor ya casi muerto.
si tus besos
fuesen néctar de la miel de mi recuerdo,
si me hablaras
en mi vida tú serías mi consuelo
pero callas,
tu silencio es mi silencio.
Si dijeras que tan solo soy tu sueño
Si me hablaras
Me conforma tu siliencio
Si escribieras con tu sangre,
besaría así tu nombre.
Si dejaras recostarme
en la llama de tus sueños
si me dieras de tu aliento
mediría el ancho cielo.


La muerte del profeta

(Fragmento)
Homenaje póstumo a Khalil Gibran.

La Eternidad es el otro verso aún no escrito,
el otro velo que aun no ha sido desgarrado, la
canción que sólo existe en el corazón del éter
divino.
¡Oh Eternidad!, hacia tí he lanzado mis
palabras como Flechas de oro esperando que el
corazón del universo escriba un canto de amor al
infinito!.
¡Oh Eternidad!; también estos instantes
prolongan mi existencia saciando mi hambrienta
alma de tu sabiduría eterna!.
La Eternidad me llama. La voz del
Bien amado ha tocado a mis puertas.
Partiré con una sonrisa en mis labios.


Canción para el alma
(Fragmento de El hombre de la voz azul).

A Mahmoud Darwich
Poeta Palestino

Tenemos la misma patria
Porque hueles a la misma tierra,
Porque amamos todos los continentes
Y vivimos la misma soledad.
Eres mí otro yo que cuando calla, se revela.
Eres de la misma raza
Porque tu piel lleva todos los colores,
Porque tus manos abrazan junto con las mías
Las flores de la tierra.
Eres del norte y del sur, del occidente y del oriente.
Eres del mismo signo que somos los poetas,
Hablamos la misma lengua que hablan los planetas.
Eres como mi otro yo, agua fuego, tierra
Y el aire que sostiene los poemas.
París-Francia-1992
Carlos Muquitay.


EL alfabeto del fuego
(Fragmento de la obra Agnitza la diosa de fuego)

Tus pechos locos crecen hacia mí dando
saltos de cierva concebida.
Miguel Hernández.

Amo tus pechos salvajes
en ellos late el corazón
del cosmos submarino.
Amo tu piedra púbica
que quema. En ella guardas
el primer alfabeto
del pueblo Caldeo.
Entre tus muslos
hay una playa inmensa,
"una vaguada que crece
en musgo y luz".
El sol se alarga, se crece y te besa.
Sobre tu piedra vi resplandecer
el cuello del Cóndor de los Andes.
Anduve tus playas y bogué
tus mares con mi olfato.
Con mi tacto, mis ojos,
mi oído y mi lengua.
Después sepulté
mí monolito ardiendo
entre tu jungla.
Se desbordaron tus mares
cuando mis ríos entraron en ellos.
Agnitza: tu y yo conocemos
el alfabeto del fuego.


Una existencia revelada
(Fragmentos)

...y el viento mágico
echó a volar los caballitos
del viejo carrusel

Si tan solo floreciéramos
Una sola vez en la vida
Todos seríamos jardines

Si la brisa celeste moja nuestras caras,
Quizás despertemos

En la transparencia del cristal
Hallé la realidad de otra existencia

La nada, es el vacío
Que solo se llena con silencios

La risa, tiene su música en el alma,
La soledad,
Es un réquiem doblando sus campanas


Delirio angelical
(Fragmento)

C est la Mort qui consolé, helas'
et qui fait vivre.
Ch. Baudelaire.

Dime Ángel puro:
El Veintitrés de abril
¿Es el día en que los genios
mueren?
Al pie del árbol del pan
tallaré, en mármol, un
Ángel y sobre él soplaré
el fuego de los Dioses.
Recuerdo la noche, cuando
te soñé, viéndote muerto:
Corrí detrás de tu sombra
Llevando conmigo el Réquiem
de Mozart, los Nocturnos
de Chopin y la Novena
Sinfonía de Beethoven.
En mi ermita, escucho el
revoloteo de tus alas.
Prométeme Ángel puro.
que si vienes esta noche
me leerás el Talmud
en hebreo, y en árabe, el Corán.
Mi ermita se ha llenado
de visiones: Allí, de pie, en
un pedestal que parece un
diamante, mi Ángel puro
me extiende sus manos
invitándome a ascender
por la escalera de Jacob.
A su alrededor brillan cuatro
candelabros sostenidos por
Angeles y Querubines.
Mis pies alados me llevan hacia él.
Oh mi Ángel puro, quiero unirme
a ti en la maravillosa
aventura del vuelo celeste.
Quiero penetrar todas las constelaciones
y alcanzar el trono donde me
esperan Dante, Hólderlin, Novalis
Goethe, Don Miguel de Cervantes,
Shakespeare... por fin conoceré
los rostros de Picasso, Miguel Ángel,
Sandro Boticelli, Leonardo
Da Vince... Entonces mi canto se
unirá a las voces de Gandhi, Bolívar,
José Martí, Juana de Arco... Tú y yo
mi Ángel puro, seremos una sola
llama, una sola tea que
iluminará el trono de los Dioses.
Israel Mayo 23 - 2002


Diario del Poeta Maldito
(Fragmento)

Bajo unos cipreses
el Dolor y yo danzamos
Bajo unos cipreses
la cabellera de la luna
estaba poblada de luciérnagas
Bajo unos cipreses
Los pájaros soñaban
con mi nostalgia enferma
Bajo unos cipreses
El río era el espejo
Donde se miraba la noche
Bajo unos cipreses
Los juglares me pidieron
Prestado mi canto
Bajo unos cipreses
Era un réquiem
Parecido al de Mozart
Bajo unos cipreses
! Ay mi dolor, mi dolor, dolor ¡
Abrázame Miguel Hernández
Bajo unos cipreses
Y si García Lorca viene
También danzaremos con él
Bajo unos cipreses



Escuchar: CANCION PARA EL ALMA

 

 



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