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- Leer Orígenes del
Teatro en China -
En China, desde los tiempos más remotos, gozó
la música de la más alta consideración.
Toda crónica histórica de las distintas dinastías
le dedica un capítulo especial. Hasta hoy, la música
china está imbuida del encanto de siglos de historia,
leyenda y misterio, y marcada con la impronta profunda de
la filosofía.
La música desempeña en el
teatro chino tradicional de las provincias un papel por
completo inseparable de la representación sobre el
escenario. En el teatro clásico de los medios ciudadanos
y cortesanos también ha sido siempre así.
En todo caso, ¿qué parámetros o nociones
habían de prevalecer a la hora de decidir estilos
y partituras? Todo se atiene a lógicos preceptos
dictados por la más obvia intencionalidad en cuanto
a la búsqueda de la armonía y orden social
requeridos en cada momento histórico, con su estética
correspondiente. Hablaremos aquí de todo ello someramente.
En la muy interesante y docta monografía
Das Yüeh Fu Tsa-Lu des Tuan An-Chieh (1),
de Martin Gimm, sobre la obra de un autor que vivió
en la era de la dinastía Tang (618-907 d.C.), llamado
Tuan An-Chieh, de una antigua familia de aristócratas
músicos ligados a la oficialidad de la corte, y que
vivió entre los siglos IX y X d.C., hay varios capítulos,
a la vez crónica y tratado de estética y filosofía
de las artes del espectáculo, dedicados a las dinastías
Shang y Zhou y reinos contemporáneos a las mismas.
Se contemplan temas variados, entre ellos algunos puntos
sobre conceptos musicales de esas remotas épocas,
notación, y valoración de la música
como elemento de la mayor importancia en cuanto a la armonía
o al cambio sociales; conceptualización esta última
primordial y considerada de importancia vital, desde que
se tiene noticia, por los chinos. No nos resistimos, por
su belleza, curiosidad e interés, a traducir un largo
fragmento de la obra de Gimm en la que como hemos dicho
glosa este autor el Yüeh Fu Tsa-Lu. Según
estructura general de su propio libro (2), habla en las
primeras líneas el propio Gimm, para introducir a
continuación los párrafos de Tuan An-Chieh,
que el anterior puntea de innumerables paréntesis
-como puede verse en lo que transcribimos-, y citas de otros
autores, las cuales aquí en su mayoría sustituimos
por puntos suspensivos, centrándonos más en
el hilo de nuestra presente intención.
"El maestro de músicos de la Corte... Shih
Yen es en su tipificación mítica comparable
al Orfeo de la antigüedad griega. Como en el caso
de éste, se alzan los espíritus de la tierra
tan pronto pulsa las cuerdas de su cítara, y bajan
los espíritus del cielo cuando tañe su flauta
de jade. Se dice que poseía la capacidad de predecir,
sólo con oir la música de un país,
si este estaba destinado a un inminente ocaso o al triunfo....
Cuando, (siete siglos) más tarde, Shih Yuan,
el maestro de músicos del Duque Ling del Reino
de Wei (534-520 a.C.) llegó a esta región,
oyó una noche cierta música, que anotó.
(-¡Ésta es la más temprana mención
de una notación musical!-) Ante el Duque P’ing
(del Estado de Qin, 558-533 a.C., hacia donde justamente
se dirigía Ling), tocó la melodía
escuchada.”...
“Al estar el Duque Ling, de Wei, en camino hacia
el Estado de Qin, llegó a orillas del río
P’u. Allí hizo detener su carruaje, desenganchar
los caballos y hacer los preparativos para acampar durante
la noche. Al llegar la medianoche, a sus oídos
llegaron nuevos (nunca antes escuchados) y encantadores
sonidos, a los que tomó gusto. Ordenó
a los demás que averiguaran (de dónde
venía esa música) por los alrededores.
Pero todos afirmaban que no la oían. Llamó
a su maestro entre músicos Shih Yüan, y
le dijo:
“He oído de pronto encantadoras melodías,
de una clase nueva. Ordené a la gente escuchar
por el lugar, pero me han contestado que no oyen nada.
Esa música era como de espíritus y demonios.
¡Escucha tú por mí y escríbemela!”
(la melodía).
Shih Yüan contesta:
“Está bien. Me sentaré y pulsaré
(los sonidos para su dominio) en mi qin, antes de escribirla”.
A la mañana siguiente, anunció Shih Yüan
(al Duque):
“Estoy ahora en posesión (de esa melodía),
pero todavía me falta práctica (para tañerla
con perfección). ¿Puedo todavía
una noche ejercitarme con ella?”
El Duque Ling contestó:
“Sí. Quedémonos aquí una
noche más.”
Al otro día, había (Shih Yüan) alcanzado
ya la necesaria destreza, y todos se fueron para Qin.
Una vez allí, el Duque P’ing, de Qin, dió
un banquete en la terraza Shi-i. Cuando estuvo el Duque
Ling ebrio de vino, se levantó y habló:
“Tenemos una melodía nueva. ¿Se
nos permite tocarla aquí?”
El Duque P’ing asintió:
“Naturalmente.”
Entonces hizo (el Duque Ling) que Shih Yüan entrara.
A éste le señalaron un sitio junto a Shih
K’uang, el más excelente músico
del Duque P’ing. Sacó su cítara
qin y tocó. Pero, antes de que hubiera terminado,
Shih K’uang le rogó que se detuviera, diciendo:
“Esa música es de la caída de un
reino (wang-kuo) maldito. No se debe en ningún
caso tocarla hasta el final.”
Como el Duque P’ing preguntara por la procedencia
de aquella melodía, Shih K’uang respondió:
“Es obra de Shih Yen, que creó para (el
Rey) Chou la (licenciosa) música Mimi. Cuando
el Rey Wu (fundador de la dinastía Chou, 1122
-1115 a.C.) venció a Chou (de la dinastía
Yin), huyó Shih Yen hacia el oeste. Así,
llegó hasta el río P’u, donde se
suicidó. Ese es el motivo por el que ese son
se oye sólo junto al P’u. Las ciudades
donde antaño se escuchaba esa música,
fueron malditas. Por eso no se debe en ningún
caso volver a tocarla nunca.”
El Duque P’ing replicó, sin embargo:
“Pero me gusta esa música. ¡Déjale
seguir tañendo!”
Sobre el país de Qin cayó una gran sequía.
La tierra estuvo árida tres años. El Duque
P’ing sucumbió a una larga enfermedad.”
“Véase también el siguiente
párrafo,..., que a su vez da otra interpretación
sobre el carácter de esa música:
“En el país de Wei está Sang-chien,
en un paso entre montañas sobre el río
P’u. Allí, hombres y mujeres se reúnen
en sus fiestas. En ellas, el sonido de sus cantos es
burdo y grosero. Ésta es la razón por
la que la gente habla en tono desdeñoso del “ruido
de Cheng y de Wei”.
“Sabemos la ubicación de ese
lugar, Sang-chien, es... al sur de P’u-yang, junto
al río P’u, en el noroeste del distrito de
Hua-hsien, provincia de Henan. (...) No nos incumbe aquí
el averiguar qué rasgos del texto anterior se basan
en los hechos históricos. La definición en
el Han-fei-tzu como ku-hsin-sheng por otro nombre,
más usual, hsin-sheng (música de nuevo estilo),
permite la siguiente interpretación:
Ku (“tambor”, “tocar
el tambor”, pero también “excitar, incitar,
provocar”, “estimulante”, etc,...), podía
señalar a una rítmica de éxtasis, excitante,
a que los chinos no estaban acostumbrados. Quizá
esté en los párrafos, más de leyenda,
expuestos más arriba, la narración de un muy
antiguo encuentro del sentir musical de los chinos con la
música, de ritmo más difícil, del ámbito
centroasiático. Música que, además,
y motivo éste no menor, consideraron posteriores
intérpretes confucianos prototipo de merecedores
de la condenación, por su efecto excitante y desencadenante
de los bajos instintos.”
Hasta aquí nuestra muy larga cita
del libro de Martin Gimm. Digamos antes que nada que tanto
el Duque de Ling (otro famoso antepasado de éste reina
en el principado de Chen, al sudeste de Zheng, en 613-598
a.C.) como el de P’ing y los músicos Shih Yen
y Shih K’uang son personajes históricos auténticos
(Periodo de Primavera y Otoño, 770-476 a.C., dinastía
Zhou), y es tradición china el basarse en casos reales
para su literatura y digresiones filosóficas. Por otro
lado, y como aspecto principal para nosotros en este momento
de nuestra explicación, vemos entre otras cosas lo
que avanzábamos antes respecto a que los chinos, contrariamente
a lo que se ha estado haciendo en otros países asiáticos
fronterizos todavía en épocas muy cercanas a
la nuestra, han repudiado desde milenios antes de Cristo -al
menos por supuesto desde Confucio-, los excesos dionisíacos
en sus espectáculos públicos. En este sentido,
la expresión “música de perdición”,
que por no disponer del original chino no sabemos si se encuentra
o no en el párrafo que arriba traducimos del alemán
pero que desde luego se adaptaría a él, es del
capítulo Yueji, “Memorial de la Música”,
del Liji (“Libro de los Ritos”); donde
se emplea para condenar el carácter lascivo de determinados
fragmentos susceptibles de incitar a las orgías. Como
decimos, en la China imperial, el ejercicio de la música
está investido de una función moral, social
y política, de primer orden. La música es una
institución pública porque, según Confucio,
“hace bueno al pueblo, cambia los usos y transforma
las costumbres”. No debe pues tratar de suscitar impulsos
pasionales o convertirse en mero juego recreativo de estetas.
Y ello, en virtud del hecho de que es inseparable del rito,
y por lo tanto garante como él de la armonía
de las relaciones humanas y sociales.
Según una antigua tradición
la música nació en el siglo XXVII antes de Cristo
cuando el Emperador Amarillo, Huang Di, envió
al sabio Ling Lun a las provincias del oeste para que hiciera
una flauta de bambú cuyo sonido fuera capaz de igualarse
al canto de los pájaros. Diversos hallazgos arqueológicos
remontan el principio histórico de la música
china a alrededor de hace siete mil años. Entre los
instrumentos de aquel periodo que han sido encontrados en
las excavaciones se encuentran el xun, una flauta
de arcilla de forma globular y un sólo agujero; el
qing, carillón de piedra con diversos tonos
cuyo noble sonido ensalza ya el Shi jing o “Libro
de los cantos”; el zhong, juego de campanas
de bronce colgantes, también de diversos tonos; la
flauta de pan; y el sheng, primitivo órgano
de boca o juego de cañas de junco cuya caja de resonancia
era una calabaza. Vemos pues que se hacía uso de la
tierra (xun y hun, esta última una
especie de ocarina de seis agujeros), piedra (qing),
metal (campanas to y zhong, címbalos
y gongs), madera (Chu y Yu), bambú
y otras sustancias vegetales (sheng y flautas como
el kuan y el xiao) y cueros diversos (tambores).
En hallazgos relativos a épocas posteriores -como los
de las excavaciones de Anyang, antigua capital de la dinastía
Shang, de c. 1600-1066 a.C.- se encuentran también
la seda, para las cuerdas de las cítaras qin
y she, y el jade, también presente en relieves
que representan cítaras procedentes de excavaciones
realizadas en cierta zona situada al noroeste de la actual
Corea del Sur.
En resumen, los instrumentos musicales tradicionales
chinos pueden dividirse con el andar del tiempo en ocho tipos
(ba ying) distintos que se relacionan con los ocho
trigramas del milenario I Ching (“Libro de
los Cambios”). Cada trigrama corresponde a un grupo
de instrumentos, que son: seda, bambú, metal, piedra,
calabaza, arcilla, cuero y madera. Por ser los principales
el del bambú y el de la seda, éstos han pasado
a simbolizar la música tradicional china.
Parece ser que, después o paralelamente
a la música de los chamanes, surgieron las canciones
de amor y los cantos de trabajo, remontándose la música
cortesana a hace unos 6.000 años, en tiempos del emperador
Fu-Hi (4477-4380 a.C.). Bajo el emperador Chuan (2255-2205
a.C.), la danza, de un carácter religioso y simbólico,
se introduce en las ceremonias. La tradición conservó
fielmente el arte musical hasta la dinastía Zhou, época
en que la música ritual de las ceremonias religiosas
y civiles goza de una muy gran consideración. El número
de músicos de la corte llegó a alcanzar los
mil cuatrocientos.
A niveles bien documentados, la historia
de la música china empieza propiamente en la dinastía
Xia (hace cuatro mil años), anterior a la Shang, que
nombramos más arriba. Se encuentran en conchas de tortuga
y en omóplatos de ciervo o de buey y otros diversos
huesos (llamados más tarde “de dragón”,
como los de Anyang, ciudad que se considera fuente de la epigrafía
china y se ubica en Henan), inscripciones pictográficas
-la escritura de la época era sobre todo pictográfica-
que representan numerosos tipos de tambores con sus palillos
y mazos, y otros instrumentos musicales como las campanas
de piedra típicamente chinas llamadas qing.
También de diversas flautas, cítaras, guitarras
(como el sanxian), violines (hu) y determinadas
campanas de bronce se piensa proceden de esa lejana época.
En la siguiente dinastía, la Zhou
(c. 1066-221 a.C.), tiene la poesía una nueva dimensión
moral y cortesana, y se impone la interpretación filosófica
de Confucio (551-479 a.C.). Se recogen sus teorías
en el Shijing (“Libro de las Odas”),
pronto elevado a la categoría de los libros canónigos.
Actualmente sigue siendo una de las principales fuentes de
información sobre la música de aquel tiempo,
aunque las melodías que contiene caen en desuso pocos
siglos después de Confucio ( debido principalmente
a nuevos conceptos que en tiempos Han, cuatro siglos después
de los Zhou, ponen los sabios en circulación para explicar
la caida de Zhou, de un modo en parte parecido a como hemos
visto en la transcripción del Yüeh-Fu Tsa-Lu).
El acento principal de ese libro recae (según interpretación
de la escuela confuciana) sobre la importancia del ceremonial
externo en relación al buen fundamento y orden de una
sociedad feudal. Ese ideal podía sólo alcanzarse
por medio de la adecuada aplicación de la música
idónea y de los ritos. En época Zhou era la
música todavía un poderoso medio de encantamiento,
e incluso también podríamos decir de hipnosis.
Debía traer la lluvia o hacer participar a los espíritus
de los antepasados en los banquetes ceremoniales. Los chinos
pronto llegaron a la creencia de que la música podía
influir en las fuerzas naturales, y por lo mismo también,
o en primer lugar, sobre los corazones de los hombres. De
los principales instrumentos de la era Zhou nos quedan asímismo
unos cuarenta nombres que aparecen en el Shijing
y en el Liji (“Libro de los Ritos”),
aunque son escasas las descripciones exactas. Se clasifican
según las Ba ying, u Ocho Categorías,
que antes mencionamos con la traducción de sus nombres
genéricos chinos -en distinto orden- al castellano:
metal, piedra, tierra, cuero, seda, madera, calabaza y bambú.
La más temprana teoría musical
china se mueve en el marco de sensaciones subjetivas y ordena
los instrumentos según el color del sonido (3)
y los distintos influjos que podían aquellos ejercer
sobre los sentimientos. De hecho, se dice que los doce sonidos
llamados liu (equivalentes a una escala cromática)
fueron inventados por el ministro Ling Lun durante el imperio
del legendario Huang Di (2695-2597 a.C.)-ambos ya citados-.
Son establecidos por medio de cañas de bambú
de un mismo grosor, cortadas en el intervalo de dos nudos
de distancias diferentes. En la teoría musical china
cada una de las notas de la gama recibe un nombre particular
que indica su función: fa se llama kung, el
palacio, y representa al príncipe; sol se llama zhang,
la deliberación, representando al ministro; la se llama
qiao, el cuerno, que representa al pueblo; do es
qi, la manifestación, que simboliza los negocios;
y re se llama yü, las alas, que simbolizan los
objetos. Tomando cada uno de los cinco grados como tónica,
se forman los cinco modos siguientes: modo de kung,
fa sol la do re; modo de zhang, sol la do re fa;
modo de qiao, la do re fa sol; modo de tche,
do re fa sol la; y modo de yü, re fa sol la
do. Estos modos, formados de diversos intervalos, toman el
huang zhong como punto de partida; los doce liu
dan la altura absoluta, y todos ellos pueden servir de punto
de partida a uno de estos modos. Así, el modo de la
si do re mi fa sol la es fresco y profundo; el de re mi fa
sostenido sol la si do re, elegante y refinado; el modo la
si do re mi fa sol la, evoca el orden y el sosiego; el modo
sol la si do re mi fa sol, la ternura y el llanto.
Los doce liu establecidos por la
progresión de las quintas no estaban temperados. Numerosos
teóricos intentaron encontrar una solución calculando
los liu por la progresión de las quintas en
números astronómicos. Ya se trate de Sima Qian
o de Qing Fang de la dinastía Han, de Cian Youze en
tiempos del emperador Wendi (424-453) o de Cai Yuanting del
reinado de Xiao Cong (1163-1189), nadie consigue un resultado
satisfactorio. Finalmente el príncipe Zhu Zaiyu inventó
los doce liu temperados ya en tiempos de la dinastía
Ming (1368-1644). El sistema del temperamiento es adoptado
oficialmente en 1596, es decir un siglo antes de la adopción
en Europa de la gama cromática temperada de A. Werckmeister.
La notación más antigua de
que se dispone data del siglo VIII. Indica simplemente los
nombres abreviados de los liu, lógicamente ya en caracteres
chinos (por ejemplo huang en lugar de huang zhong, la campana
amarilla, equivalente del fa actual, sonido fundamental que
sirviera de punto de partida para producir los doce liu con
las cañas de bambú). Chen Guo menciona la notación
popular a principios del siglo XI, en su obra titulada Mongqi
pitan, “Charla escrita a Mongqi”. Esta notación
se sigue empleando en nuestros días con algunas mejoras
en la música instrumental popular así como en
el canto de los teatros.
Pero las escalas o gamas musicales estaban
sin duda en uso desde muy tempranos siglos antes de que las
relaciones entre tono y tono fueran reconocidas y denominadas.
En el Tso chuan (s. IV a.C.) aparece por primera
vez el concepto de los Cinco tonos o escala pentatónica,
quizá la más extendida. La primera mención
de los nombres de los tonos parece ser en los escritos de
Chuangze (alrededor del 300 a.C.), donde los que corresponden
a nuestros do, re, mi, sol, la son denominados Kung, Zhang,
Qiao, Qi y Yü, como hemos dicho. Ésta
era la escala pentatónica normal en los tiempos antiguos
de China, que tenía como tono fundamental el de Kung
(do). Pero debido a que los diferentes tonos se empleaban
en distintas oportunidades, aparecieron varias clases más.
Los nombres de las campanas que daban tales tonos fueron reunidos
gradualmente y pasaron por último a designar una escala
de alturas de tonos fijas. A partir de la estructuración
de una serie de tonos a base de doce semitonos, que ya era
conocida en el siglo II, y la clasificación de los
sesenta tonos (diao) de Cheng Huan (notoria autoridad
en música ortodoxa que vivió en dicho siglo)
se complican enormemente tanto el aspecto teórico como
su historia y no proceden aquí. Remitirse a nuestra
Bibliografía.
Como hemos visto, los chinos empezaron hace
mucho tiempo a estudiar sistemáticamente las reglas
de la música, estableciendo la escala pentafónica
en el siglo VII a.C.. Pero a medida del desarrollo de la cultura
y las artes, esa escala se quedó pequeña ante
la creciente demanda musical. El famoso músico y matemático
príncipe Zhu Zaiyu (1536-1614), de la dinastía
Ming, emplea en 1584 la fórmula de progresión
geométrica: “12ª potencia de 2 = 1.0595”
para completar el cálculo de la escala dodecafónica
y se convierte en el primer hombre del mundo en establecer
dicha escala en la música, creando condiciones muy
favorables para la creación de nuevas melodías
y sentando una base ideal para la invención de los
instrumentos musicales de teclado. El piano, el acordeón
y otros instrumentos de teclado de nuestra época observan
generalmente la escala dodecafónica. Parece ser que
la misma escala fue establecida por el francés Marin
Mersenne en 1636; es decir, medio siglo después que
Zhu Zaiyu.
Volvemos ahora a consideraciones más
generales. La palabra música (Yue) (4) significaba
de hecho en tiempos mucho más, englobando también
por ejemplo no únicamente lo que se entiende hoy por
el término sino también danzas, con máscaras
o no, que van desde las con abanicos de plumas a las guerreras;
en las cuales en tiempos remotos a veces los tambores se teñían,
antes de hacerlos sonar, con la sangre de los enemigos. Y
cómo no también refiere al canto y al teatro,
de que ya hablamos luego con el espacio que se merecen y según
procede al título de este trabajo.
Como sugeríamos arriba, desde la época
de Confucio (551-479 a.C.) la música ha sido en China
considerada un medio de preparación de la mente para
la especulación filosófica y la iluminación
espiritual (5). Desde los primeros tiempos la música
formó pues también parte esencial como puede
desprenderse de lo antedicho en los festivales agrícolas,
rituales religiosos y ceremonial, buscándose siempre
-al menos idealmente-una forma de expresar la armonía
entre el cielo, tierra y hombre.
A pesar de los cambios sociales, cada dinastía
intentó seguir la tradición y las prácticas
en las artes, si bien, lógicamente, siempre se introducían
inevitables cambios de los cuales algunos eran motivados por
un deseo de singularizar su propia época por parte
del soberano. Sea como sea, la música alcanzó
su primera gran cumbre en las dinastías Tang (618-907
d.C.) y Song (960-1279), periodos de grandes logros culturales
en este terreno como en otros, con el surgimiento de grandes
orquestras y de instrumentistas, cantantes y bailarines virtuosos.
Actualmente subsisten alrededor de 600 instrumentos
diferentes que se originan en la antigüedad (son los
que hoy se consideran “instrumentos tradicionales”),
siendo los más usados el guqin, el pipa,
el erhu, el zheng, el xiao, el
di y el suona. El guqin, o “antiguo
qin”, larga cítara capaz de innumerables inflexiones
de tono y timbre, que se convirtió en instrumento favorito
de antiguos sabios y artistas, se contempla hoy en tanto que
el más característico instrumento de China.
El pipa, o laúd chino, se introdujo desde
Asia Central en el siglo IV d.C. y se hizo popular en tiempos
de los Tang. El pipa es de madera y suele llevar
cuatro cuerdas de seda, con doce trastes en el puente. Su
sonido, aunque distinto al de la guitarra europea, recuerda
un poco a ésta. En cuanto al erhu, muy usado
en la ópera, es un violín de dos cuerdas de
seda que culminan en una pequeña caja cilíndrica
recubierta de piel de serpiente; abarca alrededor de tres
octavas. Entre otros instrumentos solistas se encuentran el
zheng, cítara larga con puentes movibles,
que puede tener de 19 a 26 cuerdas de seda, siendo de 21 la
versión original que data del Período de los
Reinos Combatientes (475-221 a.C.) y se suele usar aún
hoy para acompañar a una persona que canta o en recitales
de poesía, que se introdujo posteriormente en Japón
donde también es muy popular (al punto de que algunos
creen, erróneamente, que se originó allí);
y el xiao, flauta vertical de unos 70 u 80 centímetros
hecha de bambú, tradicionalmente con seis agujeros
-cinco arriba y uno más abajo-. En cuanto al di,
o dizi, se trata de otra flauta que se toca horizontalmente
de modo parecido a la flauta travesera occidental, con seis
agujeros, tres para cada mano. Se da en muchas medidas diferentes
para facilitar los cambios de clave, y abarca en general casi
ocho octavas más un quinto. En cuanto al suona,
es una especie de oboe o trompeta de tonos altos y fuertes
que puede tener siete u ocho agujeros y aún se ve a
menudo en las bodas chinas.
En la dinastía Yuan (1271-1368 d.C.)
tanto la música ritual como la secular resultaron eclipsadas
por la emergencia del zaqu, largo poema musicado
que consistía normalmente en cuatro actos. Éste
se desarrolló más tarde en diversas escuelas
provinciales de ópera, para florecer en las dinastías
Ming (1368-1644) y Qing (1644-1911). El estilo operístico
Kun se convirtió en el más popular,
con lo que se introduce un nuevo estilo de canto. A fines
del siglo XIX fue reemplazado en popularidad por la Ópera
de Pekín, que a su vez guarda considerable influencia
del folklore musical y que sigue siendo popular actualmente.
Trataremos de estos estilos con mucho más detalle en
mejor momento, esto es, al hablar del teatro.
Como detalle significativo y característico
de la música en China, cabe asimismo decir que desde
las primeras épocas las casas reinantes han mantenido
en palacio muy bien constituidos organismos, oficinas, academias
y otros servicios exclusivamente musicales. Martin Gimm también
da cumplida cuenta (6) con bastante prolijas explicaciones
de estas muchas entidades y ministerios (7), el primero de
los cuales sitúa en la dinastía Zhou del Oeste
(del siglo XI al año 771 antes de Cristo); organizaciones
que con las lógicas reestructuraciones y cambios a
lo largo del tiempo se extienden hasta nuestros días.
El ministerio u oficina musical se denomina hoy como ayer
Yue fu, entendiendo no sólo de la música
en medios cortesanos sino también claro está
en la popular y en la importada de pueblos extranjeros, con
los que también en la antigüedad -sobre todo en
tiempos Tang- hubo muchos contactos y muy variados (en la
época Tang brilló la diplomacia de las embajadas).
La mayoría de los instrumentos fueron inventados como
hemos adelantado por los chinos, remontándose el origen
de algunos de ellos a épocas inmemoriales. En lo referente
a algunos de los instrumentos importados, fueron modificados
o perfeccionados enseguida por los chinos y también
adoptados por la orquesta imperial, pero un cierto número
no se emplea ya lógicamente en nuestros días.
Respecto a los estilos “de importación”,
la música Si-yü (música del Oeste)
englobaba por ejemplo siete clases (India, Samarcanda, Buchara,
Kashgar, Kutschka, Turfan), y así se asignaban a cada
una muy diferentes connotaciones y aspectos; entre estos últimos
por ejemplo el volumen de las orquestas y grupos de danzarines
que debían interpretarlas. Y así sucesivamente
en cuanto a infinidad de pormenores y detalles; lo cual no
obstante siempre se ha dejado el necesario margen, como es
normal, a las distintas personalidades y a la creación,
y todo ello tanto en lo que respecta a los solos como a la
música de cámara y a diversos conjuntos.
En cuanto a diversos instrumentos y teoría
musical introducidos desde Europa, en el siglo XVIII fueron
llevados a la corte del gran emperador Qianlong (reinó
de 1736 a 1796) por los misioneros cristianos. Qianlong ordenó
entonces se añadiera una continuación al Lü-lü
cheng-i, obra que describe la teoría fundamental
de la época, escrita originalmente en 1731. Sin embargo,
la música europea tuvo poca influencia en China hasta
la caída en 1911 de la última dinastía,
la Qing; en gran parte debido a las conservadoras ideas sobre
música transmitidas desde el confucianismo.
La famosa onomástica china también
se basa en conceptos musicológicos. Es sabido que desde
tiempos remotos los chinos dan extraordinaria importancia
no sólo al significado sino también al sonido
de los nombres propios. Así por ejemplo, cuando nacía
un príncipe heredero, el maestro de música de
palacio era el encargado de, ayudado de su diapasón,
a partir de cinco primeras notas emitidas por el recién
nacido en el momento de nacer, darle el nombre; que se suponía
llevaba implícito su destino.
El hecho de que los chinos se hayan preocupado
ya en muy remotas épocas no sólo de estudiar,
sino también de institucionalizar, vigilar y animar
los aspectos musicales de su cultura no puede sino dar una
prueba más del gran refinamiento y altura de ésta
y de la clarividencia y sutileza filosófica, social
y política de sus gobernantes y sabios desde mucho
tiempo atrás.
Para más disquisiciones sobre el tema,
nos remitimos a las obras ya citadas aquí y a una extensa
bibliografía, las cuales representan una mínima
muestra de los innumerables tratados y ensayos sobre la música
China escritos sobre todo lógicamente en China y otros
países de Oriente, y también en Occidente; y
para los cotejos con el concepto de la influencia de la música
en nuestra propia cultura occidental, a las obras de Aristóteles
(con sustanciosas referencias en sus Metafísica,
Poética, Política, y Etica Nicomáquea)
y Platón (8), Séneca, Quintiliano, San Agustín,
San Isidoro de Sevilla, Avicena, Arnau de Vilanova, Boecio,
Santo Tomás de Aquino, y muchisímos anteriores,
contemporáneos y posteriores a éstos, en que
nuestros Doctores ya están versados perfecta y exhaustivamente,
y tanto en lo que respecta a la cultura occidental como a
otras (9). Notemos, eso sí, también de pasada,
que asímismo los recientes estudios sobre terapeúticas
musicales abundan a su modo en algunos de aquellos conceptos
de la filosofía de la música y de la metafísica
que desde los primeros padres de la musicología han
subrayado aunque sea implícitamente la influencia de
la música también en el carácter físico,
químico y eléctrico de las materias orgánica
(10) e inorgánica. Muchas leyendas, como la del flautista
de Hamelín en Europa (basada en un hecho real que aconteciera
en época medieval en la ciudad alemana de Hamlin),
denotan igualmente que el sentir popular no puede ser tampoco
ajeno como es natural y lógico por lo menos a la observación
y a cierta comprensión de estos fenómenos.
Volviendo a China, aparecen diversas referencias
al uso de la música en curación de enfermedades
en textos de una antigüedad de alrededor dos mil años.
Pero como ciencia moderna, la musicoterapia es también
allí reciente. Sin embargo, ya hay en marcha actualmente
y, que sepamos desde 1981, diversos institutos importantes.
El central es el Instituto Chino de Terapia Musical, ubicado
desde 1988 en el Hospital Huilongguan de Pekín. El
mismo año se había fundado la Asociación
China de Musicoterapia, que se inserta en el nuevo auge mundial
(11) del interés por estos temas y se especializa desde
sus comienzos en musicoterapia receptiva, métodos de
recreación, métodos para niños con retraso
mental, electroterapia musical, música en electropuntura
y anestesia con electroacupuntura; para pasar últimamente
a otras distintas aplicaciones. Por otro lado, en el Hospital
Militar de Sheyang ya ideó el Dr. Shi-jing Li en 1981
cierto procedimiento fisioterapeútico a partir de señales
eléctricas generadas a través de un mero fonógrafo
corriente. El método alcanzó tal éxito
que fue enseguida adoptado en todos los hospitales militares,
recibiendo el Dr. Li el Premio Chino a la Ciencia y Tecnología.
Además, en el propio Instituto de Música Tradicional
China de Pekín hay desde 1988 un programa de Musicoterapia
que fue el primero en su género, desarrollado por el
profesor Xi-an Li con el apoyo de su Ministerio de Cultura
(12).
De casi todas las formas de música
citadas aquí existen hoy innúmeras grabaciones,
que abarcan desde estilos folclóricos tradicionales
como el Quyi, con sus variantes como el Dagu,
a la música de cámara y orquesta clásica
y actual y a los solos, dúos, etc, y por supuesto a
las óperas de China -y sus arias- y a la de estilo
occidental creada allí. Asímismo, engloban otros
muchos instrumentos que no hemos citado o explicado ahora
por no recargar demasiado en una primera introducción,
a pesar de que algunos son tan famosos e importantes como
los antiguos clásicos siguientes: qin, que
ya hemos mencionado (se trata del más antiguo y renombrado
instrumento de cuerda; se tañe a la manera de una cítara
y siempre colocado sobre una mesa rectangular, y está
compuesto de siete cuerdas y una caja alargada de fondo completamente
plano “como la tierra”, horadada en dos puntos,
y cuya tapa es abombada “como el cielo”. El ejecutante
utiliza la resonancia de las cuerdas en el vacío o
bien las presiona con un dedo de la mano izquierda sobre la
tabla de armonía); sheng, que también
hemos citado ya (es un órgano de boca, cuyos tubos
-generalmente diecisiete, y representando las alas de un fénix
o un faisán, con connotaciones sexuales, v. pp. 176-177
de La Pensée Chinoise, M. Granet, obra citada
en nuestra Bibliografía) - se hunden en un recipiente
de madera lacada de forma y tamaño parecidos a los
de una tetera que hace de depósito de aire; el zheng,
aquella antigua cítara caída en desuso (13)
pero que vuelve a ser usada por varios artistas que se consagran
a su supervivencia en el mundo chino, y que se encuentra todavía
frecuentemente en Japón con el nombre de koto
y en Vietnam con el de dan tranh; el mu yu,
o “pez de madera” que acompañaba el canto
budista (en realidad antes se trataba de una bola de madera
hueca en cuyo exterior había peces grabados, sobre
la cual se golpea con un palillo hinchado en un extremo y
que empezó sirviendo para marcar el ritmo en las letanías
y salmodias de los monasterios budistas; en tamaños
progresivos, permite una gama de sonidos); el adorable ling,
pequeña campana de metal; el la pa o trompeta;
y el yangqin o dulcémele, importado por los
misioneros jesuitas en el siglo XVII (aunque los instrumentos
de teclado no disfrutan de gran aceptación hasta el
XX). El yangqing es pues otro ejemplo de instrumento
musical chino con descendientes en Occidente, ya que también
el sheng, de que hablamos unas líneas más
arriba, dió origen por estos pagos al acordeón,
la concertina, el harmonium y la harmónica, entre otros
ingenios de “caña libre”, a partir de que
en la década de 1770 se llevara uno magnífico
a Rusia, donde estimuló la invención de aquellos
instrumentos europeos (v. entrada sheng en Encyclopaedia
Britannica, 15ª edición, tomo 10); así
como, en su propio continente, diera origen al sho japonés
y otros variados en el Sudeste de Asia, etc.
Hu Shaorong, obrero de la Fábrica
de Medidores de Radiocomunicaciones de Taiyuan, construye
en 1979 por vía experimental un sintetizador capaz
de imitar a la perfección los sonidos de un total de
diez instrumentos de percusión, entre ellos justamente
el bombo, el pequeño tambor tanggu, las pequeñas
castañuelas, los címbalos, la campana y el pez
de madera. Este sintetizador, llamado DD-I, es el primero
de su tipo en China, y puede desempeñar perfectamente
en un concierto las funciones de los instrumentos arriba citados
(según leemos en China, Du Feibao, p. 161
(v. nuestra Bibliografía). Añadimos por nuestra
parte que, actualmente, también se aplican efectos
techno a la música tradicional con gran éxito,
e incluso naturalmente desde el ámbito de las familias
de artistas del espectáculo y la música popular
“de toda la vida” (como sucede en África
Occidental con su estupendo rag beat, que el antiguo clan
griot de los Kouyaté, por ejemplo, tanto fomenta).
Como decíamos, hoy existen en China numerosas grabaciones
de música de todos estos instrumentos y estilos. También
existen actualmente infinidad de grabaciones de diálogos
cruzados. En cuanto a las grabaciones del pop, ya hablamos
de ellas al final del Prólogo. Por supuesto, se guardan
también muy cuantiosas obras en otros soportes como
el fílmico, el video y el digital (14).
En cuanto a la investigación musicológica
de los últimos tiempos, podemos decir por ejemplo que
el primer compendio importante salió a la luz con motivo
de la celebración del 10º aniversario de la fundación
de la República Popular, compilado en tres volúmenes.
Consta de 134 capítulos de teoría y crítica
musicales, de los cuales son sin duda del mayor valor académico
los concernientes a la investigación histórica
en música antigua y folklórica, así como
aquellos sobre compositores y sus obras, y aspectos de la
creación musical y la interpretación artística.
Desde el siglo XIX, las teorías y doctrinas artísticas
introducidas desde Occidente han sido ampliamente estudiadas
y asimiladas por los músicos y musicólogos chinos,
incluyéndose en esto sistemas filosóficos tan
diversos como los de Kant, Hegel, o el crítico musical
Hanslick; así como las más modernas disciplinas
de la semántica, semiología, epistemología,
ciencia analítica y psicología de la forma (Gestalt),
con otras influencias como las de la estética, musicología
folklórica y musicología comparada. Los musicólogos
y músicos chinos extraen ricas conclusiones también
de las fuentes filosóficas tradicionales -confucianismo,
taoísmo y budismo- combinadas con la filosofía
dialéctica de Marx, y están llevando a cabo
muy interesantes estudios que tanto en cantidad como en calidad
alcanzan, cada vez más, niveles sin precedentes. Paralelamente,
se está desarrollando un sistema educativo centrado
en nueve conservatorios mayores ubicados en otros tantos lugares
del país, con campos de estudio que abarcan desde la
arqueología musical hasta la rítmica, la clasificación
y la crítica musicales, y en cuanto a toda interpretación
instrumentística, nuevas tecnologías, canto,
dirección de orquesta, etc. Con un nivel de métodos
y materiales educativos y calidad del profesorado que aumenta
constantemente. Así, surge una pléyade más
nutrida que nunca de nuevos talentos que poco a poco recibe
galardones de entre los más importantes, tanto en el
ámbito nacional como en el internacional (15).
- Leer Orígenes del
Teatro en China -
NOTAS
(*) Maria Dolores Garcia-Borrón Martínez (gborron@terra.es),
Universitat Rovira i Virgili, Departament d'Història
i Geografia. Extraído de la tesis Introducción
a la historia de las artes del espectáculo en China.
(1) Traducimos de Das Yüeh-Fu Tsa-Lu des Tuan-An-Chieh.
Studien zur Geschichte von Musik, Schauspiel und Tanz in der
T’ang-Dynastie, de Martin Gimm, tomo 16 de la revista
Asiatische Forschungen, Seminar für Sprach- und Kulturwissenschaft
Zentralasiens der Universität Bonn, Otto Harrassowitz,
Wiesbaden, 1966, Pp. 97 a 99. Conservamos aquí su transcripción
Wade-Giles de los fonemas del idioma chino, aunque nosotros,
en este trabajo, nos servimos normalmente de la, más
actual, transcripción Pinyin. Notemos pues que, según
esta más moderna transcripción, el título
del citado clásico chino, que por cierto significa
“Notas Misceláneas sobre el Departamento de Música”
(este dato según Needham en el vol. 4 de Science
and Civilisation in China, p. 128. v. Bibliografía),
se escribe Yuefu zalu, y el nombre de su autor, Duan
Anjie, como vemos en otros autores.
(2) Conservamos esta estructuración del libro de Gimm
(aunque eliminamos las largas acotaciones y nombres de autores
y obras porque no son al caso todavía en estos momentos)
para irnos haciendo idea de la metodología en investigación
sinológica. A este respecto, ver entre otras la fundamental
publicación del Institut Für Sinologie der Universität
Wien, Methods of Field Research in East Asian Studies,
revisada por última vez el 11 de Noviembre 1996. Páginas
1 a 7.
(3)Los chinos parecen también haber tenido desde tiempo
inmemorial un sentimiento especial respecto a la armonía
de los colores. Así, el amarillo, que está en
el centro del espectro, fue adjudicado a las interpretaciones
que tenían lugar a mitad de año; mientras que
el rojo se asignaba a la música entusiasta y animosa
del verano y el azul a la del invierno, relajante, sosegada
y suscitadora de sentimientos profundos. Esta armonía
de los colores, aunque con sus diferencias (los chinos desarrollaron
estas ideas hasta un alto grado de perfección estética),
pone en relación a los chinos con el sistema babilónico,
pero era completamente desconocida en el mundo helenístico.
En Europa se empieza a hablar de sinestesias en cuanto a lo
musical en el Meistersinger de J.C. Wagenseil, en
1697. Este autor habla por cierto de estos mismos colores
citados, a los que añade el negro. Posteriormente hay
citas puntuales de personas en concreto que “ven”
colores al escuchar la música de Mozart, Verdi, Wagner,
o Chopin, por ejemplo. Y en 1923 ya tienen lugar importantes
experimentos a cargo del prof. Clarence G. Hamilton en el
Wellesley College de Massachussets (de alumnado femenino)
que terminan por ganar el beneplácito científico
y académico occidental para muchas de estas nociones.
Con lo cual surgen el órgano del color de Rimington,
el clavilux y otros varios intentos de “traducir”
de la vista al sonido y viceversa que no alcanzan el éxito
esperado pero que ayudan a definir y enmarcar la facultad
de la sinestesia y varias de las formas que adopta, las asociaciones
de compositores o de composiciones en concreto con colores
en particular, la asociación del timbre y de las claves
con el color, y las asociaciones físicas y mentales
de tonos concretos con colores también concretos, todo
ello desde una perspectiva y metodología científicas.
Esta Nota es un extracto a partir de varios volúmenes
que aparecen citados en nuestra Bibliografía, entre
ellos las enciclopedias Oxford Companion to Music
(tomos 1 y 2 ), el diccionario enciclopédico Science
de la Musique (tomos A-K y L-Z), y las enciclopedias
Die Musik in Geschichte und Gegenwart, tomo 12 y
The New Grove Dictionary of Music and Musicians,
volumen 4. Disponemos también de muchos más
datos sobre este tema.
(4) Esta palabra no debe confundirse con otra Yue
que significa luna o mes y que se escribe con otro ideograma
distinto, para formar a su vez otras combinaciones como por
ejemplo la que significa “laúd de luna”.
La Yue de que hablamos aquí es la música,
que forma también combinaciones como Yuefu
(en Wade-Giles, Yüeh - Fu, ministerio o departamento
de música que ya conocemos por el título de
la obra de Tuan An-Chieh). Esta Yüe que significa
música se escribe sin embargo de forma exactamente
igual a le, que significa “placer” o
“alegría”.
(5) En relación a estas nociones, en España
hay publicadas distintas obras de autores extranjeros y españoles,
las cuales se engloban en el concepto de filosofía
de la música. Entre ellas véase la del estadounidense
Lewis Rowell Introducción a la Filosofía
de la Música, Gedisa, Barcelona, 1999, y la más
famosa en nuestro país del español afincado
en Méjico Juan David García Bacca Filosofía
de la Música, de aparición en unos pocos
años anterior a la precedente (primera edición
en Anthropos, 1990).
(6) Esta vez en trabajo muy posterior al citado más
arriba, concretamente en su muy largo artículo que
aparece en la enciclopedia general de la música en
veinte tomos y dos partes Die Musik in Geschichte und
Gegenwart, fundada por Friedrich Blume y publicada por
Ludwig Finscher; Kasel, Basilea, Londres, Nueva York, Praga,
Stuttgart, Weimar, 1995. Tomo II, pp. 695 a 766. Gimm firma
aquí parte del apartado correspondiente a la época
moderna junto al Dr. Liu Jingshu, de Pekín.
(7) Según otros historiadores, estas oficinas de música
o yuefu cobran especial importancia a partir de los
Han; fijaban entre otros asuntos la ordenanza sobre los ritos,
mantenimiento del diapasón correcto, y colecciones
de canciones del folklore, repartiéndose entre sus
diferentes áreas las comandas de música.
(8) Teoría griega del ethos en La música
en la cultura griega, del erudito español Adolfo
Salazar, Colegio de Méjico, Fondo de Cultura Económica,
Méjico, 1954; v. también The Modes of Ancient
Greek Music, D.B. Monro, Oxford, 1984.
(9) Entre las muchas obras relacionadas con estos temas, citemos
aquí por haber vivido su autor largo tiempo en España
Le role de la musique dans la mythologie et les rites
des civilisations non européennes, Marius Schneider,
Enciclopédie de la Pléïade, Gallimard,
Paris, 1960.
(10) Para otros aspectos del efecto de la música sobre
los seres vivos, tanto biológico como psíquico,
v. Compendio de Musicoterapia, Tomos I y II, S. Poch
Blasco, Editorial Herder, Col. Biblioteca de Psicología,
Textos Universitarios, Barcelona, 1999. V. en nuestra Bibliografía
más obras relacionadas.
(11) En todos los principales países del globo hay
actualmente importantes institutos de Musicoterapia, desde
Estados Unidos hasta Japón, con importantes departamentos
universitarios dedicados enteramente en grandes universidades
(en Alemania, Heidelberg, Hamburgo, Berlín, Munster,
Frankfurt, etc; en USA incontables, entre ellas las de Nueva
York, California y Filadelfia; en Japón la de Tokio;
en Australia las de Queensland y Melbourne; en España,
Universidad de Barcelona, Ramon Llull, y otras; etc ), asociaciones
diversas, organización de simposios y congresos internacionales,
etc. La bibliografía empieza en consonancia a ser muy
copiosa, así como la creación de revistas; los
temas tratados se hallan más o menos en contacto, como
es lógico, con los de musicología y estética,
y por supuesto con los de medicina, física y otras
ciencias. En España las principales Asociaciones de
Musicoterapia se hallan en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona),
Madrid, Vitoria, Bilbao y Valencia.
(12) Según Serafina Poch Blasco, en su Compendio
de Musicoterapia ya citado en otra Nota. La Dra. Poch
habla de China en el segundo volumen de esa obra, concretamente
en las pp. 388, 472 y 509 del segundo volumen; y cita alguna
composición europea relativa a China (concretamente
de Bartok, Kreisler y Puccini) y a otros países de
Asia en la p. 637 del mismo tomo, englobadas en un gran apartado
que titula “Discografía Pedagógica”
(pp. 630 a 650).
(13) El zheng -inventado al parecer por Meng Tian
(m. 210 o 205 a.C.) general Qin a quien también se
atribuye la invención del pincel-, cayó en desgracia
muy pronto, a fines de la dinastía Han del Este (24-220
d.C.) como símbolo de decadencia. Los letrados confucianos
le consideraban indigno por proceder de un país semibárbaro
cuya música se comparaba a un simple alboroto. Según
Li Shi, ministro del gran emperador Qin Shihuang, “Golpeando
una jarra, sacudiendo un frasco, tocando el zheng,
dándose golpes en los muslos, cantando y gritando
¡uh, uh! por darse gusto a los oídos y a
los ojos, esa es la música del antiguo país
de Qin!”. En el siguiente apartado veremos otros ejemplos
de músicas caídas en desgracia y los motivos
que conducían a desacreditarlas.
(14) Antes de despedirnos del tema musical, vamos a exponer
en esta Nota algunos de sus elementos simbólicos. Ya
hemos dicho que desde la remota antigüedad se conocían
en China cinco clases de instrumentos musicales, de los cuales
la piedra musical simboliza la sinceridad y honestidad, los
instrumentos de cuerda la limpieza y la lealtad, los de cuero
al caudillo en la guerra, la guitarra a la luna y el laúd
o mandolina la harmonía conyugal. Además, cada
instrumento en concreto tiene como es lógico su propia
historia y simbologías. Para ver más sobre este
tema, v. Über die Symbolsprache in der chinesischen
Kunst, Ferdinand Lessing, en Sinica, Frankfurt am Main,
Tomo 9, 1934, Pp. 121 y sig., 217 y sig., 237 y sig. El mismo
largo trabajo aparece también en libro, editado por
Erwin Rousselle, China-Institut, Frankfurt a. M. V. también
Lexikon chinesischer Symbole. Die Bildsprache der
Chinesen, Wolfram Eberhard, Diederichs Gelbe Reihe, München,
1996.
(15) Para la redacción de este último párrafo
(desde nuestra frase “En cuanto a la investigación
musicológica de los últimos tiempos,...”)
sobre los recientes estudios y pedagogía chinos en
musicología, nos basamos en la página web ccnt.com,
de China Culture Information Net; capítulo “Welcome
to music”.
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