En la obra de David Angelini no existe
el problema del formato, no se trata de que sean piezas
pequeñas o grandes, pesadas o ligeras, frías
o cálidas. Simplemente son como son las cosas: categóricas.
Formas sencillas pero con la sensibilidad aparente de las
cosas que no plantean dudas sobre sí mismas.
Son obras esenciales que huyen de cualquier
artificio, ellas existen y eso es suficiente para justificar
la mirada, para empezar a comprender que la fuerza expresiva,
la rotundidad de una estructura va más allá
de sus materiales y de sus formas reconocibles o indeterminadas.
Es la intención, la fuerza del artista lo que habita
en cada obra.
Abandonando el pedestal y por lo tanto
los esquemas decimonónicos del monumento que tan
distantes mantenían al espectador, las obras de Angelini
nos invitan al tacto, dialogantes tanto con la arquitectura
a través del espacio público como con el paseante
que no se mantiene ajeno a unas piezas trabajadas con tanta
delicadeza.
Desde sus orígenes en que las obras
poseían una amplia gama cromática, con referencias
claramente mironianas, hasta el momento actual en el que
la sobriedad del color se limita al gris del acero inoxidable
y el color rojizo del acero corten, Angelini ha desarrollado
mucho sus intenciones estéticas desde unas formas
puramente geométricas a unas formas orgánicas
de una plasticidad insólita en el metal. Es decir,
son profundamente sensuales a pesar de su frialdad. No hay
nada en la Naturaleza que sea parecido, pero hay algo en
ellas que nos hace sentirlas como algo familiar, cotidiano.
Otro de los retos de este artista es el
de dar utilidad a sus creaciones en los numerosos diseños
de mobiliario urbano que ha realizado, sin perder en ningún
momento un estilo característico que nos estimula
por sus sugestivas soluciones formales. En Angelini el bronce,
el acero y la madera participan de una misma complicidad:
una comunicación franca y respetuosa con la ciudad
y sus habitantes, una comunicación que pocas veces
se da en un no-lugar tan inexorable como el espacio público.
(*) David Angelini nació en 1943
en Buenos Aires (Argentina). Realizó sus estudios
alternando su carrera de Decoración comercial e Interiorismo
con Escultura. Más tarde se trasladó a España,
vinculándose estrechamente al ámbito artístico
de la provincia de Alicante, donde pasó a ser considerado
como uno más de sus artistas. Desde entonces, ha
sido seleccionado y premiado en diversos certámenes
nacionales e internacionales, llamando especialmente la
atención en el campo de la escultura pública,
con obras como Pluralidad en la Universidad de
Alicante, Universidad de las Palmas de Gran Canaria, Universidad
de Zaragoza, Naltra volta RENFE Alicante, Entre
dos aguas que preside la entrada principal
del puerto de Guardamar; Puente de Carlos III,
Rojales; Libertad, Castellón, El Ingeniero
Mira, Guardamar, entre otras.
(**) Milagros Angelini: Profesora de Teoría
del Arte Contemporáneo - Universidad Miguel Hernández