Niños soldados

 

Niño soldado


En El sujeto y el poder, texto publicado como epílogo de la segunda edición del libro Michel Foucault: beyond structuralism and hermeneutics de Hubert L. Dreyfus y Paul Rabinow, Michel Foucault escribe: «Cuando se define el ejercicio del poder como un modo de acción sobre las acciones de los otros, cuando se caracteriza esas acciones como el gobierno de los hombres por otros hombres, -en el sentido más amplio del término- se incluye un elemento muy importante: la libertad.» Cuando no existe libertad, cuando un sujeto no tiene la facultad de elegir sin condicionamientos, cuando sus conductas, reacciones y hasta pensamientos están restringidos y limitan su manera de obrar, entonces el poder no puede ser ejercido.

La libertad es conjuntamente precondición y condición necesaria para el ejercicio del poder, ya que sólo puede ser ejercido entre sujetos con facultad de libre elección de posibilidades y capacidad de resistencia. Dice Foucault que «en el corazón mismo de las relaciones de poder y constantemente provocándolas, están la resistencia de la voluntad y la intransigencia de la libertad.» Por tanto, si no existe la libertad únicamente pueden prevalecer la coerción física y psicológica.

De esa coerción son víctimas innumerables niños para los cuales su pasado, presente y futuro es el terror. Según varios informes, entre los que se pueden destacar los realizados por Save the children, el Comité Internacional de la Cruz Roja y la Organización de las Naciones Unidas, más de 300.000 menores están combatiendo en guerras y conflictos violentos destinados como niños soldados, y muchos más como cocineros, vigías o “esposas” por grupos armados.

Según el Comité Internacional de la Cruz Roja: «Los niños que permanecen en zonas en conflicto -sea porque sus familias carecen de recursos para huir o porque han sido separados de sus familias o son marginales de la sociedad por diferentes motivos- son potenciales candidatos al reclutamiento como soldados. Dado que se encuentran privados de protección familiar, de instrucción y de circunstancias idóneas para forjar su vida como adultos, los niños reclutados apenas pueden concebir la vida sin conflicto. Incorporarse a un grupo armado es un medio para velar por la propia subsistencia.»

UNICEF ha reclamado a los países del Este asiático que finalicen con el abuso que soportan al menos 75.000 niños reclutados como soldados. Según el documento que presentó la directora ejecutiva de UNICEF Carol Bellamy, los menores son instruidos para cometer crímenes y forzados a observar y formar parte de asesinatos y violaciones de mujeres. Según el informe, los «factores económicos, sociales y políticos ejercen presión sobre los niños para que en ocasiones sean ellos mismos los que soliciten el reclutamiento.»

Según un estudio de la Coalición Para Detener el Uso de Niños Soldados, los países asiáticos que mayor cantidad de menores utilizaron en guerras y conflictos violentos en las últimas décadas son Myanmar, Sri Lanka, Afganistán y Camboya. En África son Sierra Leona, Uganda, Angola, Burundi, Etiopía, Liberia, Ruanda. En Latinoamérica aparecen Colombia y El Salvador. Pero además países como Estados Unidos y Gran Bretaña tienen menores de 18 años alistados en sus ejércitos.

La Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, abarca toda la gama de los derechos humanos -derechos civiles, económicos, culturales, sociales y políticos- y los extiende a los niños. Se reconoce que no se puede disfrutar separadamente de uno de esos derechos si no se disfruta de los otros y abre nuevos horizontes, reconociendo el derecho del niño a desempeñar un papel activo en su propio desarrollo.

En el artículo 38, párrafo 1 de esta Convención se recuerdan pertinentemente las normas del derecho humanitario que protegen a los niños en los conflictos armados: «Los Estados Partes se comprometen a respetar y velar por que se respeten las normas del derecho internacional humanitario que son aplicables a ellos en los conflictos armados que sean pertinentes para el niño.»

Asímismo el Protocolo Facultativo de la Convención en su artículo 77, párrafo 2 estipula que «Las Partes en conflicto tomarán todas las medidas posibles para que los niños menores de quince años no participen directamente en las hostilidades, especialmente absteniéndose de reclutarlos para sus fuerzas armadas. Al reclutar personas de más de quince años pero menores de dieciocho años, las Partes en conflicto procurarán alistar en primer lugar a los de más edad.»

Lamentablemente todas las medidas adoptadas por los organismos internacionales no han sido suficientes para que los grupos armados y los gobiernos dejen de alistar menores en sus ejércitos. Aquellos que son responsables del reclutamiento de niños ejercen violencia desmedida sobre su propio pueblo, su gente, su presente y futuro. Esa violencia en palabras de Michel Foucault: «actúa sobre un cuerpo o cosas, ella fuerza, doblega, destruye, o cierra la puerta a todas las posibilidades.»


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