Cuando la Taciturna llegue y decapite los tulipanes,
¿Quién saldrá ganando?
¿Quién saldrá perdiendo?
¿Quién se asomará a la ventana?
¿Quién pronunciará primero su nombre?
Alguien que es portador de mis cabellos.
Los lleva como se lleva a los muertos en las manos.
Los lleva como llevó el cielo mis cabellos aquel
año en que amé.
Los lleva así por vanidad.
Ese saldrá ganando.
No saldrá perdiendo.
No se asomará a la ventana.
No pronunciará su nombre.
Es alguien que está en posesión de mis
ojos.
Los tiene desde que se cierran los portones.
Los lleva en los dedos, como anillos.
Los lleva como añicos de fruición y zafiro:
era ya mi hermano en otoño;
y ya cuenta los días y las noches.
Ese saldrá ganando.
No saldrá perdiendo.
No se asomará a la ventana.
Pronunciará su nombre el último.
Es alguien que tiene lo que dije.
Lo lleva bajo el brazo, como un bulto.
Lo lleva como el reloj su peor hora.
Lo lleva de umbral en umbral, mas no lo arroja.
Ese no saldrá ganando.
Saldrá perdiendo.
Se asomará a la ventana.
Pronunciará su nombre el primero.
Será decapitado con los tulipanes.
Leche negra del alba la bebemos en la tarde
la bebemos al mediodía y en las mañanas
la bebemos en la noche
bebebemos y bebemos
cavamos una tumba en los aires donde no es estrecho
un hombre vive en la casa y juega con las serpientes
que escribe
que escribe a Alemania cuando oscurece tus dorados cabellos
Margarita
lo escribe y sale frente a la casa y refulgen las
estrellas y con un silvido llama a sus perros de presa
y silva a sus judíos les hace cavar una tumba
en la tierra
nos manda tocad para el baile
Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía
te bebemos en la tarde
bebemos y bebemos
Un hombre vive en la casa y juega con las serpientes
que escribe
escribe a Alemania cuando oscurece tus dorados cabellos
Margarita
tus cabellos cenicientos Sulamita cavamos una tumba
en los aires donde no es estrecho
Vocifera cavad más profundo en la tierra y
vosotros cantad y tocad
coge su arma del cinto y la enarbola sus ojos son azules
hundid más profundo las palas y vosotros seguid
tocando para el baile
Leche negra del alba te bebemos en la noche
te bebemos al mediodía y en las mañanas
te bebemos en la tarde
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa tus cabellos dorados Margarita
tus cabellos cenicientos Sulamita él juega con
las serpientes
Vocifera tocad más dulcemente a la muerte la
muerte es un maestro venido de Alemania
vocifera haced sonar más lúgubres los
violines y luego subid como humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes donde no es
estrecho
Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un maestro
venido de Alemania
te bebemos en la tarde y en las mañanas bebemos
y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania su ojo es
azul
te acierta con bala de plomo te acierta con precisión
un hombre vive en la casa tus cabellos dorados Margarita
nos lanza sus perros de presa nos da una tumba en el
aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es
un maestro venido de Alemania
tus cabellos dorados Margarita
tus cabellos cenicientos Sulamita
El aliento nocturno es tu sábana, la tiniebla
se acuesta a tu lado.
Los tobillos te roza, las sienes; te despierta a la
vida y al sueño,
te rastrea en el verbo, en el deseo, en las ideas,
duerme con cada una de ellas y te atrae con halagos.
Te peina la sal de las pestañas, te la sirve
a la mesa,
les escucha a tus horas la arena y la pone a tu alcance.
Y aquello que era cuando rosa era, sombra y agua,
te lo escancia.
Las dos puertas del mundo
están abiertas:
tú las has abierto
en la entrenoche.
Las oímos golpear y golpear
y llevamos lo incierto,
y llevamos lo verde a tu siempre.
Noches de Umbría.
Noches de Umbría con la plata del címbalo
y de las hojas del olivo.
Noches de Umbría con el canto que hasta aquí
trajiste.
Noches de Umbría con el canto.
Mudo cuanto ascendió a la vida, mudo.
Desocupa y vuelve a llenar los cántaros.
Cántaro de barro.
Cántaro de barro con el que creció la
mano del alfarero.
Cántaro de barro que cerró para siempre
la mano de una sombra.
Cántaro de barro con el sello de la sombra.
Cantos por doquier, cantos.
Deja que entre el borrico.
Borriquillo.
Borriquillo en la nieve que esparce la mano más
desnuda.
Borriquillo ante el verbo que se cerró de golpe.
Borriquillo que come el sueño de la mano.
Brillo que a consolar no alcanza, brillo.
Los muertos, los muertos aún mendigan, Francisco.
En los ríos al norte del futuro
echo la red que,
titubeando, lastras
con sombras
escritas por piedras.
Estar a la sombra
de la llaga en el aire.
No-estar-por-nadie-ni-por-nada.
Incógnito,
solamente
por ti.
Con todo lo que cabe dentro,
sin lenguaje
también.
Soles filiformes
sobre el yermo gris negruzco.
Un pensamiento,
alto como un árbol,
pulsa el lucisón: aún hay
cantos que cantar más allá
de los hombres.
Y la astada luz de tus
búfalos rumanos
en lugar de una estrella sobre el
lecho de arena, en el
émbolo
que habla, el super-
rojoceniciento.
Un estruendo: la
verdad en sí misma
hace
acto de presencia
entre los hombres,
en pleno
torbellino de metáforas.
A la diestra, ¿quién? La Parca.
Y tú, tú a la siniestra, ¿tú?
Las hoces viajeras en el extra-
celeste paraje
remedan grisblanquecinamente
golondrinas lunares,
vencejos astrales;
buceo hasta allí
y derramo la urna
en ti,
en tus adentros.
Derelictas en el surco de la borrasca
las cuatro varas de tierra,
enfoscado el archivo
del escriba celeste,
argayado Miguel
enfranado Gabriel,
fermentada en el rayo de piedra
la diosa Hebe.
Vestigios acústicos, vestigios visuales
Vestigios acústicos, vestigios visuales en
la
sala mil y una,
noche y día
la polca de los osos:
Me creció estaño en la mano,
no sabía qué
hacer:
no quise modelarlo,
leerme a mí no quiso—
Si se descubriese
ahora el último
cáliz de Ossietzky,
haría que el estaño
aprendiese de él,
y la legión de bordones pe-
regrinos
aguantaría en silencio la hora.
Lenguaje de bidones-barrera
Lenguaje de bidones-barrera, canto de bidones-barrera.
La apisonadora de vapor rellena sordamente
con la segunda Ilíada
el pavimento levantado,
orladas de arena,
las viejas imágenes
se pasan asombradas revista en el arroyo,
oleosamente, los guerreros se desangran
en los charcos plateados de los bordes
de la calzada, traqueteando,
Troya, la coronada de polvo,
comprende.
En medio de la gran expectación,
circundado de setos, circundado de copos,
reposas.
Ve al Spree, vete al Havel,
contempla los garfios de los carniceros,
los pinchos que ensartan las manzanas rojas
de Suecia.
La mesa con los obsequios se avecina ya,
dobla el coche la esquina del que fue un Edén.
El hombre, hecho una criba; la mujer,
¡a nadar!, la marrana,
por ella, por nadie, por todos.
El Canal de Landwehr no bramará.
Todo
sigue su curso.
Ilegibilidad del
mundo, de éste. Todo doble.
Afónicos,
los relojes fuertes
dan la hora hendida.
Atascado en tus tuétanos,
te remontas de ti
para siempre.
Hablar con los callejones
Hablar con los callejones sin salida
sobre el de enfrente,
sobre su
significación
expatriada:
masticar
ese pan con
dientes de escribir.
Muñecas de loes: luego
aquí no fosilea,
sólo las conchas de los caracoles
no deflactadas
dicen al desierto: estás
poblado:
los caballos salvajes anuncian
resoplando con cuernos
de mamut:
Petrarca
vuelve a estar
a la vista.