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Poesía finlandesa -
[Abruptamente entro]
Abruptamente entro
en el solemne salón de la lírica.
Allí están los poetas
escuchando música
en torno al muerto.
¡Qué manera de comportarme!
Algunos señalan mi gorra
otros las botas.
Lo único que me queda es disparar
una perdigonada a la araña de cristal.
[Hoy recibí]
Hoy recibí
una nueva advertencia
al ver mi abrigo
caído en suelo sin vida
con la percha rota,
una nueva advertencia
de no meter tanta
basura en los bolsillos.
[Aunque la corneja]
Aunque la corneja lleva ya horas
atropellada en la carretera
completamente aplastada
porque el automovilista no se molestó en desviarse
sino que más bien apuntó hacia ella
el viento sin embargo no
ha abandonado completamente la esperanza,
acaricia delicadamente el cuello de la corneja
o lo que había sido su cuello
(las plumitas ondean levemente)
y dice con voz suave y sugerente:
¡Anda, levántate!
[Me preguntan, no inesperadamente]
Me preguntan, no inesperadamente
por qué escribo.
Sé lo que debería contestar:
Escribo porque amo
a la humanidad y quiero
que mejore la situación de los hombres y que puedan
vivir juntos
en paz, libertad e igualdad.
Con mis poemas quiero en la medida
de mi escaso talento, contribuir a alcanzar
esa noble meta.
Pero contestar de esa manera
sería pura palabrería.
Escribir es hundir la mano
en tinta, en alquitrán o en tinta de imprenta
y estamparla en una pared
por amor a la impresión,
por el solo motivo de la impresión
de su mano.
Lo más negro que hay
donde hundir la mano
es la miseria del mundo.
Lars Huldén (1926) nació en Jakobstad,
en la región de Osterbotten, situada en la costa
oeste de Finlandia. Premio Nacional de Finlandia en
tres ocasiones distintas y recientemente galardonado con
el Premio Nórdico por el conjunto de su
obra poética. Doctor en Letras, profesor de Filología
Nórdica en la Universidad de Helsinki, ha escrito
teatro, letras de canciones y una veintena de libros de
poesía.
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