El análisis del discurso según Carlos Vaz Ferreira
Por María Gracia Núñez(*)

 

Sumario

La obra de Carlos Vaz Ferreira ha sido estudiada por Ardao, Andreoli, Liberati, Piacenza y Sasso. Estos autores han mostrado el vínculo que la misma tiene con el lenguaje y el pensamiento, el lenguaje y la acción. Afirmaremos, que la lógica de las discusiones vazferreiriana respecto a las relaciones entre pensamiento y lenguaje y a por qué los sujetos, en las más diversas materias, se equivocan, se confunden y no logran pensar bien, puede ser interpretada como una teoría de la argumentación que presenta ciertas condiciones, reglas y etapas que enmarcan el proceso dialógico y favorecen llevar adelante el procedimiento en forma adecuada.

Según Vaz Ferreira, el arte de hablar y la capacidad natural de hacerlo con ánimo de convencer y persuadir orientando las acciones es fundante de las relaciones humanas. Esto no invalida una reflexión acerca del dominio técnico de tal capacidad. En síntesis, teniendo en cuenta que la teoría de Vaz Ferreira se basa en el fenómeno de enunciación y el estudio de los actos de lengua, destacamos que sus investigaciones contribuyen de modo relevante a la elaboración de una teoría del discurso desde el punto de vista pragmático, semántico y sintáctico.

La postura de Vaz Ferreira no es un retorno a la retórica tal cual el tratamiento clásico, sino que se reivindica la argumentación que nada sabe de verdades necesarias, de demostraciones empíricas, ni de deducciones lógicas, sino que se ocupa de lo verosímil, lo plausible, lo probable y no por esto menos racional. Se trata de una ampliación del ámbito de la razón, espacio que ha sido recortado y acotado desde un estricto modelo de legitimación del conocimiento propio de la ciencia moderna. El camino de nuestro autor se distinguirá radicalmente del camino adoptado por los filósofos que se esfuerzan por reducir los razonamientos sobre problemas sociales, políticos o filosóficos, inspirándose en los modelos proporcionados por las ciencias deductivas o experimentales, y que rechazan, por juzgarlo carente de valor, todo lo que no se conforma a los esquemas impuestos de antemano.

 

1. Del análisis reflexivo del significado de las frases a una filosofía terapéutica del ejemplo

Se ha relacionado a Vaz Ferreira con el segundo Wittgenstein, con la filosofía analítica, con el Círculo de Viena (Sasso), con los llamados filósofos del lenguaje corriente, oxfordiano, Ryle, Austin (Liberati), y la lista puede seguir, por ejemplo, con Toulmin o Perelman (Piacenza). Se ha vinculado a la Lógica viva con la lógica informal y la teoría de la argumentación (Ardao), con el “pensamiento crítico” (Piacenza:1989), con la “lógica de la argumentación” (Andreoli:1993) porque tiene por propósito estudiar “casos de la vida real” y dejar de lado “los esquemas puramente verbales de la lógica tradicional” que ha sido fundada sobre el principio de que “se es o no se es”, una disyunción excluyente que no puede ser transportada al terreno del lenguaje y que se caracteriza por tener un carácter fluctuante, vago e impreciso respecto a las connotaciones de los términos y por su inadecuación para expresar la realidad.

Los más importantes filósofos de finales del siglo XIX y comienzos del XX, fundadores de escuelas y movimientos muy diferentes entre sí, efectúan sus reflexiones realizando un uso constante de ayudas filológicas, gramaticales, lingüísticas y semióticas: Bergson en Francia, Mauthner en Austria, Nietzsche, Frege, Cassirer, Freud y Heidegger en Alemania, Ortega y Unamuno en España, Russell en Inglaterra, Croce en Italia, Peirce en Estados Unidos.

Vaz Ferreira se dedica al estudio de los problemas relativos al lenguaje y a la acción, orientando su esfuerzo a la determinación de las exigencias de los procesos de decisión en asuntos que, en sentido amplio, pertenecen a la esfera pública de los intercambios lingüísticos. Piacenza afirma que Lógica viva tiene la declarada intención de sugerir e ilustrar todo un programa de investigaciones en un campo que hoy recibiría los nombres de "lógica informal", "pensamiento crítico" (Piacenza, 1989). Se presenta, al decir del citado autor, como “teoría de la argumentación” o como una filosofía terapéutica del ejemplo y el error que busca suministrar a los sujetos herramientas que permitan decidir qué hacer y qué pensar. Pero, no se trata de soluciones que emanen de un único ideal ni son el resultado de la aplicación de una norma infalible a un caso, ni tampoco son soluciones que admitan su universalización; en realidad, las soluciones al caso son exclusivamente para ese caso y pueden no tener nada que ver con cualquier otro. Las soluciones, que son siempre para ese ejemplo particular, constituyen un resultado del análisis con vistas a una decisión informada, que es tomada contado con todos los datos a la vista.

Refiriéndose a Lógica viva, Miguel Andreoli, por su parte, afirma que "su temática está más próxima a las cuestiones que actualmente investiga la lógica informal y la lógica de la argumentación" (Andreoli, 1993b). Este autor sostiene que la Lógica viva no se conecta con los desarrollos de la lógica formal de la época, es completamente extraña a ellos, y de hecho contraria a los programas de formalización rigurosa. Es justamente en esta forma de amenidad respecto a la lógica en proceso en ese momento histórico y en su permanecer ligada a nuestras prácticas lingüísticas cotidianas, que encontramos hoy buena parte de nuestro interés en ella. (Andreoli, 1996:182).

Andreoli se refiere a los vínculos de Vaz Ferreira con la lógica informal en tanto su objetivo es de carácter terapéutico: ayuda a evitar errores que no son simplemente malos pasos deductivos, sino que más bien se vinculan con confusiones verbales y equivocaciones en cuanto a la naturaleza de los problemas, producidas ya sea por interferencias provenientes de hábitos intelectuales, como por distorsiones generadas por actitudes y expectativas que tienden a autoverificarse y, más profundamente aún, por la inadecuación del lenguaje tanto respecto al pensamiento que quiere expresar como en relación con la complejidad a la que pretende referir. (Andreoli, 1996:10-11).

También Ardao se refiere a la “lógica informal” o más precisamente a la “argumentación” cuando sostiene, en efecto, que

...mucho se alimentan de lo que es su materia, a la vez que su espíritu, las novísimas tendencias de la llamada por deliberada paradoja Lógica Informal; o en terminología más feijooniana y vazferreiriana, "Teoría de la Argumentación", cuando no, a secas, "Argumentación". Como asimismo las tendencias, no menos novísimas, de la Fuzzy Logic, diversamente vertida al español como "Lógica de lo borroso", o de "lo vago", o de "lo impreciso". No obstante, por diferentes que la "Lógica informal" y la "Fuzzy Logic" sean entre sí, caben ambas, cada una a su modo, en el concepto, después de todo mucho más feliz en más de un sentido, de Lógica viva (Ardao, 1993).

Considerando que el funcionamiento de los mecanismos del lenguaje y de la mente ocupa un lugar central en la obra de Vaz Ferreira, Liberati ha señalado que la derivación más importante de este problema tiene que ver con los vínculos entre “lenguaje y conocimiento”. Afirma que no resultaría demasiado exagerado decir que Vaz Ferreira descubre este terreno propicio de la investigación (lingüística, semántica), y que tal descubrimiento no es compartido totalmente por los grandes antecesores inmediatos (Mill, James). (Liberati, 1980:8). El citado autor sostiene que Vaz Ferreira se asombra de la proporción de este fenómeno que estudia:

Es cierto que la humanidad no había acabado de comprender todavía que, desde los tiempos de Aristóteles, había estado confundiendo durante más de veinte siglos el lenguaje con el pensamiento”. Estos asertos asombran en quien no parece que por entonces (1908) conociera los textos de Humboldt, Locke, Herder, Frege, Jespersen, Bréal, Mauthner por citar algunos de los precursores de las modernas disciplinas del lenguaje. (Liberati, 1980:8). (itálica de la autora)

Claps, en 1975, sostiene que “el cambio de marcha en filosofía”, es decir, el viraje hacia el análisis lingüístico, era el cambio que había que recordar, y lo relacionó con la posición de Vaz Ferreira:

A la luz de las modernas investigaciones realizadas hacia 1920 sobre los problemas del lenguaje y del sentido, aquellas tímidas y audaces afirmaciones del desconocido profesor montevideano adquieren mayor relieve y significación. Los análisis del sentido, la noción de pseudoproposiciones, las falacias del verbalismo, la afirmación de que la lógica clásica se basa en un análisis insuficiente del lenguaje, tal como se plantean en las obras de Ogden y Richards, El significado del significado (1923), en Lenguaje y realidad (1939) de Marshall Urban, o en Investigación sobre el significado y la verdad de Bertrand Russell (1940), recuerdan aquellos planteos y expresiones que Vaz Ferreira realizara en su Lógica viva. (Claps, citado por Liberati, 1996:93).

A partir del análisis de confusiones dadas en razonamientos concretos, esto es, en usos corrientes del lenguaje –paralogismos, errores de falsa oposición, falsa precisión, falsa sistematización, falacias verbo-ideológicas– se presenta un conjunto asistemático de reglas (a veces implícitas) a propósito del funcionamiento de premisas y conclusiones. A la vez, Vaz Ferreira plantea que la lógica clásica se fundamenta en un análisis insuficiente del lenguaje, lo que tiene relación con la propuesta, por parte de nuestro autor, de una filosofía del lenguaje ordinario construida en base a casos “tomados de la realidad”, tanto casos con efectos especulativos como casos de la vida práctica(1).

Además del intento por despejar esta confusión entre lenguaje y pensamiento, Liberati alude a la modalidad conferencial, detenido estudio del “uso”, ejemplos abundantes y concatenados, especulación a propósito de los constituyentes del lenguaje, crítica de las posibilidades del lenguaje, esclarecimiento de sus expresiones habituales antes que ensayo de otras nuevas, exploración de las relaciones del lenguaje con el mundo y el pensamiento. Estas son características que definen la práctica con que filosofan el segundo Wittgenstein, Waismann, Austin y Ryle. (Liberati, 1980:12). De modo que Liberati vincula explícitamente a Vaz Ferreira con los autores “del lenguaje corriente”, es decir, la filosofía del lenguaje ordinario, logrando para Lógica viva un conjunto de bases semióticas que son las que sustentan el estudio actual del lenguaje. Si bien nuestro autor presenta un estilo de pensar “analítico” y que su práctica filosófica puede ponerse en conexión legítima con aquel conjunto de corrientes que, en el siglo XX y arrancando con G. E. Moore, y que terminan por recibir precisamente el nombre propio de Filosofía Analítica, estamos de acuerdo con Sasso cuando afirma que “se dirá que “releer esta parte de la obra de Vaz como una anticipación y un principio de ejecución de una filosofía de corte analítico” puede dar lugar a “algunos logros”, pero “tropieza con la dificultad de que el psicologuismo de Vaz, el papel que le da a la interioridad y, en general, su enfoque de la relación lenguaje/pensamiento, no son subsumibles en este cuadro de interpretación. (Sasso, 1996:130).

En “Sobre la personalidad en el niño”, Vaz Ferreira discute con Maudsley y Paul Janet la adquisición del lenguaje y el empleo de la primera persona. Sostiene:

El niño da a cada cosa el nombre que oye darle. Expone cada idea con la palabra con que la oye expresar.
Si delante del niño llaman a un objeto mesa, él le llamará mesa. Si llaman a una persona papá, o Antonio, él le llamará papá o Antonio. Si expresan cierto hecho: la venida de Antonio, con estas palabras: Antonio viene, el niño expresará el hecho con las mismas palabras: Antonio viene. (Vaz Ferreira, IO, 1963:135).

También acudiendo a ejemplos, imágenes, analogías y metáforas, Wittgenstein explica que la relación que se hace de los juegos de lenguaje con la actividad se justifica en tanto los juegos del lenguaje están sometidos a un aprendizaje y a un adiestramiento, mediante los cuales cuando comprendemos una palabra seremos entonces capaces de ponerla en relación con la actividad que le corresponde. En nuestra opinión, Vaz Ferreira entiende que la concordancia y la aceptación se logran siempre a partir de la acción, y son estas las que precisamente confieren una naturaleza pragmática al lenguaje.

Podemos así, establecer juegos del lenguaje cuando éste sea flexible, cuando sea una actividad y exista sólo en su uso. Esta última es la palabra clave, pues no es posible prescribir leyes a los lenguajes, sino únicamente describirlos; no los podemos aprender fuera de ellos, en un diccionario o en simple manual, sino usándolos. Por ello, cada lenguaje es un juego lingüístico diferente a los demás. La postura de este segundo Wittgenstein no deja de ser clara:

Nosotros denominamos a las cosas, y desde entonces podemos hablar de ellas, referirnos a ellas hablando. Como si en el acto denominativo viniera ya indicado lo que tenemos que seguir haciendo. Como si tan sólo hubiera una sola cosa que fuera “hablar de cosas”. Lo cierto es, por el contrario, que con nuestros enunciados hacemos las cosas más diversas. Pensemos, sin ir más lejos, en exclamaciones que cumplen funciones tan diferentes: “agua”, “ay”, “auxilio”, “estupendo”, “no”. ¿Aún persistimos en dar a estas palabras el calificativo de “nombres de objetos”? (Wittgenstein, 1988:43)

Querer conocer o comprender un significado es investigar las circunstancias y el contexto en que un concepto fue dotado de él (pues una cosa es el objeto, otra su significado y otra el concepto que contiene el significado y le da forma), y después identificar su uso: “el significado de una palabra es su uso en el lenguaje (...), y el “significado” de un nombre se explica algunas veces señalando a su portador” (Wittgenstein, 1988:61) Por otra parte, debemos destacar la polisemia o ambigüedad léxica que permite que la misma palabra pueda tener diferentes acepciones según los contextos. Esta heterogeneidad no destruye la identidad de la palabra en tanto se pueden enumerar estas acepciones, pueden clasificarse, es decir, reducirse a clases de usos contextuales; pueden ser ordenadas presentando una jerarquía que establece una proximidad relativa y una distancia variable de los sentidos más periféricos respecto a los más centrales; la conciencia lingüística de los locutores sigue percibiendo una determinada identidad de sentido en la pluralidad de las acepciones. Por todas estas razones, la polisemia no es sólo un caso de vagueness, sino el esbozo de un orden y, por esto mismo, una medida contra la imprecisión.

Según Wittgenstein, no puede hablarse del lenguaje o de una estructura común del lenguaje, sino de juegos de lenguaje que tienen entre sí parecidos de familia y se encuentran ligados a formas de vida distintas. Imaginar, pues, un juego de lenguaje es imaginar una forma de vida(2) . La alternativa, entonces, es dirigir nuestra mirada hacia el lenguaje, pero ahora desde una diferente perspectiva. La modalidad de esta tarea no es ya la propia de análisis filosófico. No se trata de descubrir la inmutable forma lógica de nuestras proposiciones o construir lenguajes artificiales que excluyan toda vaguedad y ambigüedad a través de las rígidas reglamentaciones de sus leyes lógicas. Wittgenstein tiene claro que no aspira a un ideal porque nuestro lenguaje "está en orden así como está". (Wittgenstein, 1988:117).

Para descubrir y evitar los errores, Vaz Ferreira propone el ejercicio que se manifiesta como una constante actividad de crítica del lenguaje que, con el objetivo de esclarecer las proposiciones, procede por medio de “elucidaciones”. En el prólogo de Lógica Viva, declara que su interés está puesto en la formulación de observaciones de orden teórico concernientes a las relaciones de la psicología y la lógica, del pensamiento y el lenguaje, destinadas a corregir los conceptos falsos que el esquematismo de la lógica ha originado (Vaz Ferreira, LV, 1957:16-17).

La teoría de Vaz Ferreira nos aporta un campo de estudio interdisciplinar integrador de disciplinas como las ciencias de la educación, la sociología, la antropología, la psicología o las ciencias de la comunicación. El lenguaje es un mediador por excelencia que posee una dimensión con una acción orientada hacia el contexto y los instrumentos que propone; los sujetos disponen de una serie de instrumentos que usan en función de la adecuación a las características de la actividad que pretenden desarrollar.

 

2. La concepción gradual de los enunciados del lenguaje

El discurso científico y lógico en la pretensión de constituirse como ámbito de conocimiento estricto sin contaminación de ninguna especie, y que, en tanto animado por la búsqueda de la univocidad se ocupa de cuestiones relativas a la prueba, el cálculo y la demostración, únicas herramientas que permiten acceder a la verdad. Vaz Ferreira considera como Perelman y Olbrechs-Tyteca, que la argumentación no parte de una evidencia o verdad que la precede sino que el interés está centrado en los usos del lenguaje. (Vaz Ferreira, LV, 1957:168,170). Como ellos, Vaz Ferreira (LV, 1957:90) también rechaza toda reducción “de los razonamientos sobre problemas sociales, políticos o filosóficos, inspirándose en los modelos proporcionados por las ciencias deductivas o experimentales.” (Perelman y Olbrechts-Tyteca, 1994:42). La obra de Vaz Ferreira recoge la tradición tanto retórica como lógica suponiendo una ruptura con el pensamiento sistemático, para sustituir su racionalidad esquemática por una “razonabilidad” práctica que conlleva una crítica a los hábitos lingüísticos que no reconocen la asimetría psico-lógica que se produce en los procedimientos argumentativos entre pensamiento y lenguaje. Vaz Ferreira afirma:

Hoy día se está produciendo una revolución, todavía parcialmente inconsciente, en la lógica, que la transformará, y que depende del descubrimiento de la verdadera función de los términos, del descubrimiento de las verdaderas relaciones ideo-verbales: qué es el lenguaje, para qué sirve, qué es lo que podemos expresar y que es lo que no podemos expresar” (Vaz Ferreira, LV, 1957:218). (Negritas nuestras).

La lógica se limita a aquellos argumentos cuya validez depende exclusivamente de su forma lógica y de la forma lógica de las proposiciones que los componen. El argumento enunciado pasa a considerarse como una instancia de las formas argumentales válidas correspondientes. El problema de la verdad históricamente ha estado estrechamente ligado a la falacia descriptiva, pues –como advierte Austin– el principio de la lógica de que "Toda proposición debe ser verdadera o falsa" ha operado habitualmente como la forma más simple, más persuasiva y más extendida de esta falacia" (Austin, 1970: 131.).

El lenguaje no es considerado como una abstracción formal sino como un instrumento o herramienta participante en un proceso dialógico del que devienen consecuencias prácticas. Con esto no estamos afirmando que Vaz Ferreira sostenga que el lenguaje es esquemático por naturaleza sino que lo es debido a modos de pensar y a usos sociales convencionales que le permiten explicar las dificultades en la comunicación entre sujetos que emplean esquemas verbales heredados y solidificados. Operar sobre el lenguaje implica una actitud de comprensión creativa a partir de los propios textos, afrontando las verdades absolutas, poniendo a prueba los instrumentos. En ese mundo, considerado socialmente plural, se impone una práctica razonable de debates que permitan superar las diferentes posturas que aparecen en la lógica de las discusiones, presencia de la palabra y de la escucha, del avance común del saber y el conocer, del descubrimiento del otro y de los otros, de la configuración de un nuevo estado de cosas en el que todos puedan emitir sus ideas y opiniones en una igualdad basada no sólo en la evidencia de ser respetados, sino de ser tenidos en cuenta a la hora decidir: donde se desarrolle la capacidad de prestar oído y aceptación a las verdades que provienen de los otros.

En el Curso expositivo de psicología elemental de 1897, Vaz Ferreira manifiesta:

El lenguaje es un poderoso instrumento de clasificación, y, al suministrarnos los nombres generales, nos ofrece, ya hechas, las clasificaciones elaboradas poco a poco por la inteligencia de todos nuestros antecesores. Además, el lenguaje es, también, un poderoso instrumento de análisis, porque la necesidad de expresar nuestras ideas las aclara y define en nuestro espíritu. Estos servicios, que no son los únicos que presta, pueden bastar para hacer comprender la utilidad inapreciable del lenguaje. (Vaz Ferreira, CE, 1917:215).

Podríamos decir que en el discurso argumentativo son abundantes los enunciados realizativos o performativos que pueden corroborar el uso generalizado de la falacia descriptiva. La alternativa, según Vaz Ferreira, reside en una la cuestión de grados que no se puede satisfacer de modo geométrico. Lo único formulable es esto:

En pro, hay tales razones; en contra, hay tales otras; hay que tenerlas en cuenta, a unas y a otras; pensar y proceder sensatamente según los casos (Vaz Ferreira, LV, 1957:158).

Vaz Ferreira introduce el factor dinámico de la acción como proceso que supone la formulación de procedimientos que sean capaces de regular el diálogo. No considera palabras u oraciones aisladas sino clasificaciones, esto es, esquemas verbales y discursos. Coincidente con su concepción filosófica de la realidad, que concuerda con la Bergson y James, afirma que las clasificaciones son afectadas por el cambio y la temporalidad.

Vaz Ferreira podría compartir con los miembros de la Escuela de Oxford cierta concepción del lenguaje ordinario como ámbito idóneo para la dilucidación de los problemas filosóficos. El papel asignado por Austin a la investigación del lenguaje ordinario, tal como se expone en el pasaje programático de "A Plea for Excuses", consiste en ser el ámbito preliminar de toda dilucidación filosófica: el análisis del lenguaje es la necesaria primera palabra en filosofía, pero no la última (Austin, 1970:185.).

Como Vaz Ferreira, Austin sostiene que la solución del problema de la verdad no debe ser buscada en una simple distinción de "verdadero" y "falso", ni en la distinción entre los enunciados y el resto de los actos de habla, puesto que enunciar sólo es uno entre los numerosos actos lingüísticos, sino que se ha de basar en "el establecimiento crítico con respecto a cada tipo de acto ilocucionario –advertencias, estimaciones, veredictos, enunciados y descripciones– de cuál es el modo específico en que han de ser realizados para, en primer lugar, estar en orden o no, y, en segundo lugar, para ser "correctos" o "incorrectos", y en el establecimiento de qué términos de aprobación o desaprobación se usan para cada uno y qué es lo que ellos significan" (Austin, 1998:145-6)

Pero, en nuestra opinión, Vaz Ferreira no se centra exclusivamente, como consideran algunos autores señalados como antecedentes de este trabajo, en los problemas de la asimetría entre las palabras, los hechos, el carácter “vago de las connotaciones” ni en la inadecuación del lenguaje para expresar la realidad. (Vaz Ferreira, LV, 1957:218). Si bien el autor sostiene que el lenguaje es por “naturaleza fundamentalmente inadecuado para expresar la realidad” o “en muchos casos, al menos” (Vaz Ferreira, LV, 1957:215, 218), tal afirmación debería entenderse en referencia a su preocupación por el estudio del uso y las actitudes de los individuos porque considera que es viable aprender “a usar cada vez mejor el lenguaje”, lo que no sería operable si no fuera un problema convencional. (Vaz Ferreira, LV, 1957:291, 295).

Nuestro autor critica a los que se refiere al lenguaje como un sistema idealizado, abstraído teóricamente de su uso psico-lógico y social. Niega que el lenguaje sea una taxonomía –una nomenclatura, en términos de Saussure– y considera que cualquier otro tipo de clasificación es de carácter instrumental. La concepción taxonómica del lenguaje es inadecuada para describir los hechos en un proceso –corriente del pensamiento– en tanto razona que ya los términos, las palabras, y la “misión del adjetivo” es la calificación y, por lo tanto, son esquemas para pensar. (Vaz Ferreira, LV, 1957:216).

El aspecto crítico que postula Vaz Ferreira respecto al lenguaje parece alternar entre una actitud que considera la inadecuación del lenguaje en sí mismo y otra que se refiere al uso inadecuado debido a no tener en cuenta los hábitos de pensar por esquemas. Así, afirma que “con respecto a todo nuestro lenguaje, se cometen, más vagas, más oscuras, sub-inteligentes, falacias de la misma naturaleza que las que afectan al uso de las clasificaciones”. (Vaz Ferreira, LV, 1957:214). La alternativa ante la naturaleza inadecuada del lenguaje para expresar la realidad debería resolverse considerando tanto los aspectos los lógicos como psicológicos de las discusiones. Vaz Ferreira asegura que:

En las discusiones, como en las argumentaciones, discursos, etc., en la comunicación verbal de los hombres, una cosa es el valor o alcance lógico de lo que se dice, otra el efecto psicológico que produce. No siempre hay coincidencia, aunque en muchos casos la habrá. Es bueno acostumbrarse a comprender bien esto, y a saberlo observar y reconocer bien en cada caso. (Vaz Ferreira, LV, 1957:168).

Respecto al valor del raciocinio, “cuya solución dista mucho de ser tan absoluta y simplista” y siendo, según nuestro autor, “la verdad o falsedad” de una formulación verbal “es cuestión de grados” (LV, 1957:233), propone ciertas “reglas” o “condiciones” que permitirían regular la discusión y el entendimiento racional. Vaz Ferreira afirma:

Podríase, desde luego, anticipar que el raciocinio es muy legítimo y sumamente útil en la práctica, siempre que concurran ciertas condiciones; primera de ellas, que los que razonan o discuten se encuentren más o menos en el mismo plano; segunda, que su espíritu no esté unilateralizado, ni prevenido intelectual o afectivamente por sistemas (...); y, tercero, especialísimamente que se razone y se discuta para averiguar la verdad; no como discuten ordinariamente los hombres, esto es, para triunfar. (Vaz Ferreira, LV, 1957:220-221).

El sistema –el esquema, la clasificación– en su afán de reducir la realidad a una sola idea mediante la geometrización, simplificación y configuración cerradas, aleja la diversidad de ideas. Vaz Ferreira es partidario de trabajar con todas las ideas posibles, estableciendo la necesidad de operar con sistemas abiertos en tanto los hechos comunicativos no se muestran como estructuras cerradas, más bien denotan la profunda complejidad y el carácter ambiguo. Esos sistemas abiertos permitirían evaluar las razones a favor y las razones en contra, considerarlas a todas y proceder según el contexto. Dicha capacidad de graduar se presenta, tal como afirma C. Pereda, en el análisis aspectal, esto es, en distinguir en una cuestión varias dimensiones, sus diversos aspectos y evaluarlos según se corresponda a cada dimensión, a cada aspecto, se trata, entonces, de la capacidad de graduar la creencia, de evitar falsas oposiciones, de ejercer constantemente un análisis aspectal. (Pereda, 1996:118-119).

Vaz Ferreira observa que los tratados tradicionales de lógica, y en la manera usual de entenderlos, no se proponen el estudio de las falacias en su realidad psicológica, sino como ejemplo de un mal raciocinio formulado de una forma clara y expresa. Como sucede en general con las falacias, el número de casos en que esta objetivación de verbismos es consciente y clara, es mucho menos que el de aquellos en que se produce vaga y confusamente. También ocurre que, además de los escritores que están permanentemente en ella, los hay que en ciertos momentos caen en ella o sufren su influencia. Si, para buscarla, recorremos los textos, unas veces la vemos expresa en la forma verbal: otras sentimos que el autor sufre la influencia de la falacia en un grado cualquiera. (Vaz Ferreira, F, 1957:151).

Su estudio de las falacias se fundamenta en el interés por proponer reglas convergentes respecto a la utilidad del raciocinio en las discusiones, a la terapéutica del error y a la consideración de las consecuencias prácticas de la verdad. Asimismo, formula las condiciones generales necesarias para una argumentación razonable. Las condiciones a las que nos referimos tienen que ver con que los que razonan o discuten se encuentren más o menos en un mismo plano o traten de entender las alternativas que proponen los demás, y que por lo tanto, su espíritu no debe estar “unilateralizado”, esto es, que su actitud intelectual no responda a la verdad de un pensamiento sistemático sostenido en forma individual, y, por último, para que se pueda razonar y se pueda discutir para “averiguar la verdad”; y no discutir como normalmente acontece, esto es para imponer un único punto de vista y con la finalidad de triunfar. (Vaz Ferreira, LV, 1957:220-221).

Si bien Perelman presenta un análisis de la clasificación y de la estructura de los argumentos en tanto manifiesta interés por describir los tipos de argumentos y los esquemas argumentativos, se distancia de Vaz Ferreira en la medida que este último privilegia el análisis de la discursividad centrado en la reflexión acerca del proceso argumentativo, de su disposición, condiciones y desenvolvimiento. Todo ello desde una perspectiva dinámica. Puede afirmarse que ambos autores podrían aproximarse en lo referente a la relación crítica que mantienen con la argumentación lógica tradicional, pero, Perelman explícitamente se propone "inspirarse" e "imitar los métodos" de dicha tradición lógica. La Lógica viva, en cambio, toma distancia de la demostración lógica formal basada en la estricta unicidad de un lenguaje "artificial" utilizado, esto es, un lenguaje que comparte sus fundamentos con la matemática y designa un proceso intelectual necesariamente desemejante respecto a aquel lenguaje que se usa en el campo de la argumentación y en la lógica de las discusiones. En estos ámbitos, el lenguaje no es unívoco, por el contrario, es polisémico y polifónico en la medida que se tiene por objetivo persuadir, ofrecer alternativas y motivar a una acción. Contrariamente a lo que ocurre en la lógica formal, en el campo de la argumentación acontecen hechos psicológicos, sociales e ideológicos que concluyen en el espacio público, entendido éste, en términos de Habermas, como el conjunto de las personas que hacen un uso público de la razón. Se podría encontrar cierta similitud de intereses con Habermas respecto a que ambos consideran la lógica de las discusiones como una forma de razonabilidad o racionalidad argumentativa que regula las pretensiones de veracidad de los enunciados que los individuos realizan como agentes sociales.

Cabe señalar no sólo de la importancia de la perspectiva discursiva del lenguaje, sino también de la necesidad de pensar en la inscripción de la perspectiva discursiva del lenguaje en una base epistemológica de tipo enunciativo y mostrar el poder explicativo que podría tener la dimensión dialógica de lenguaje.

Los principios generales de la dinámica discursiva rigen la construcción de la significación y del sentido y permiten que las prácticas sociales se conviertan en instancias interiorizadas. La base epistemológica de una teoría del discurso debe ser una teoría de la enunciación y de la interacción. Son Bajtín y Vygotski quienes sirven como punto de partida en la consideración de las hipótesis que sustentarían la base epistemológica para una Teoría del Discurso. Como Vaz Ferreira, tanto el uno como el otro destacan la relación intersubjetiva como el elemento funcional significativo que permite la síntesis de la relación entre la organización compleja de lo real y lo discursivo. Se trata de una teoría del lenguaje con base social, de una teoría sobre la práctica enunciativa mediadora de la producción de sentido que inscribe el lenguaje en una dimensión dialógica y explora el papel activo del intercambio verbal y su unidad discursiva (el enunciado) en la generación de procesos graduales de generalización.

La lógica de las discusiones vazferreiriana es análoga al modelo de la comunicación lingüística cotidiana de Habermas que se entiende como búsqueda participativa del entendimiento y que considera situaciones de habla en que los sujetos son hablantes competentes, capaces de lenguaje y acción. Para ambos autores, el entendimiento se logra de forma intersubjetiva, formulando pretensiones de validez con disposición a problematizarlas y a problematizar las pretensiones de los otros sujetos, sobre una base dialógica. Los actores se orientan hacia el reconocimiento intersubjetivo, buscando un acuerdo, no impuesto, sino construido, dado que todo acuerdo necesariamente descansa sobre la base de convicciones. (Habermas, 1989:454) La acción comunicativa no supone que todo acto de habla sea o deba ser a la vez verdadero, recto, veraz, adecuado e inteligible, sino que sólo se trata de establecer que todo acto de habla presupone tales pretensiones. Cuando alguna de ellas resulta problematizada se da lugar a una específica forma de comunicación: el discurso argumentativo, cuya función es restablecer la acción comunicativa entre los hablantes, resolviendo el cuestionamiento de una determinada pretensión de validez.

 

4. Estudio de las falacias

Tradicionalmente los lógicos han empleado la palabra "falacia" para designar aquellas argumentaciones que son incorrectas pero que aparentemente poseen una fuerza de prueba que de hecho no tienen. Un comienzo moderno de este campo de reflexión lo encontramos en el Sistema de la lógica de Stuart Mill, y su estudio de las fallas en la enunciación, y también en Bacon, J. Balmes y J. Bentham. Actualmente, los errores de razonamiento y los paralogismos son objeto de interés creciente tanto en el área de la psicología cognitiva (Tversky y Kahneman, Nisbett y Ross) como en el de la teoría de la argumentación (Hamblin, Woods y Walton, Van Eemeren y Grootendorst).

Vaz Ferreira propone reunir la esquematología y la lógica viva como teoría y práctica de la argumentación con lo que es coincidente con teorías actuales respecto a la argumentación, especialmente en relación al análisis de las falacias, más precisamente, las falacias informales. Emplea indiferentemente los términos falacia y sofisma, además de confusión, error o paralogismo, para referirse a varias formas de argumentos inválidos, pero no pretende distinguir o medir las intenciones de los que a través de ellos, tratan de confundir o engañar, más bien le preocupa los efectos de los argumentos aparentes, los argumentos no válidos caracterizados como "errores" o "descuidos" por pertenecer a un razonamiento sistemático, teórico o práctico. Según nuestro autor, las falacias conciernen a un hábito generalizado, y no meramente individual, que emerge de la falta de precaución, consciente o inconsciente, respecto al uso de sistematizaciones discursivas o esquemas verbales socializados en tanto cree que el mismo lenguaje es convencionalmente pensado y usado como un sistema clasificatorio.

El paralogismo puede encontrarse en estado cambiante en la realidad psicológica que estudia nuestro autor: a veces hay paralogismos en la expresión literal y no en el pensamiento; otras veces lo hay en el pensamiento aunque no lo hay propiamente en la expresión literal; y, más aún agrega: “ni siguiera hay que creer que, aun en la misma persona (en el autor, por ejemplo, o en un mismo lector) habría en todos los momentos estados iguales. De aquí resultan cosas complejísimas: cambios, grados, tendencias o paralogismos, que he procurado sugerir, aunque la profundización de todo esto no es posible en el plano didáctico.” (Vaz Ferreira, LV, 1957:25).

En el caso de Vaz Ferreira sus condiciones críticas proporcionan el marco teórico de la discusión y ciertas violaciones a las reglas propuestas constituyen una falacia, es decir, una interrupción irrazonable del proceso de resolución de la disputa. La estructura lógica de las argumentaciones es insuficiente para juzgar su razonabilidad y lo que resulta crucial es su uso en el contexto de su enunciación le conduce a reconstruir argumentos y situaciones implícitas en las discusiones de todos los días en ámbitos educativos, jurídicos, médicos, etc. Así, entre las condiones que menciona Vaz Ferreira se encuentra la de prestar especial atención al contexto específico, puesto que lo que resulta razonable en un contexto puedo no serlo en otro. En consecuencia, el fracaso respecto a satisfacer los criterios aceptables para determinado contexto, conduce a grandes tipos de falacias: falacias de falsa precisión, falacias verbo-ideológicas, falacias ideo-verbales, etc. A las falacias subyace el criterio de aceptabilidad de los razonamientos que requiere decidir si, en el contexto dado, las razones dadas, relevantes y suficientes, realmente apoyan el punto de vista o requieren de un apoyo adicional.

Asimismo, el análisis de los aspectos cuasi-lógicos y psicológicos del procedimiento argumentativo está relacionado con la propuesta de criterios que consientan determinar las consecuencias prácticas de una creencia, teoría u opinión. Esto sucede porque el proceso de la discusión se vincula con los modos de pensar, el planteo de la cuestión, esto es, la presentación de los argumentos con la elección o la solución y consecuentemente con la decisión.

Los criterios para una argumentación adecuada, vinculados al aspecto psicológico de las discusiones, tienen que ver con los modos de presentar las opiniones, esto es, con los conceptos de modos de hablar (Vaz Ferreira, F, 1957:135), modos de escribir (Vaz Ferreira, LV, 1957:172,174) y efectos (Vaz Ferreira, LV, 1957:172) que producen los planteos de las cuestiones, discusiones, debates, teorías, proyectos u opiniones. Con esto no estamos afirmando que Vaz Ferreira se refiera a la dispositio considerada como mero ordenamiento de las partes del discurso sino como parte del discurso que evalúa en forma crítica los aspectos éticos que surgen cuando se presentan propuestas a la consideración de un auditorio.

 

Comparación, analogía y metáfora

Vaz Ferreira sostiene que en la realidad psicológica que es la que pretende estudiar, “un paralogismo cualquiera no es una cosa fija y permanente: es un estado cambiante” (Vaz Ferreira, LV, 1957:25) Dicho estado cambiante tiene que ver con el acercamiento a una realidad psicológica que la sistematización y el lenguaje ocultan, artificializan y deforman.

La analogía es la argumentación por semejanza: como si averiguada la causa de un fenómeno, inferimos que otro semejante ha debido tener la misma causa. Vaz Ferreira admite que desde el punto de vista de la comprensión entre las cosas comparadas hay semejanzas y disimilitudes, y la parte diferente tiende a hacer comprender mal o a desviar. Advierte que cuando hay demasiado espíritu argumentador o mala fe en las discusiones, las comparaciones hacen surgir una nueva discusión, injertada en la otra, sobre la propiedad de la comparación y sobre la aplicabilidad de los argumentos de uno al otro caso.

En cuanto al efecto de hacer comprender, la comparación requiere una verdadera colaboración del que la recibe, del que ha de comprenderla: que tome únicamente lo semejante, que se preste de buena fe y de buena voluntad a recibir el efecto aclaratorio, prescindiendo de lo diferente, y defendiéndose en lo posible del efecto confusivo o erróneo que lo diferente tiende a producir. (Vaz Ferreira, LV, 1957:251)

Es utilísimo acostumbrarse a analizar la propiedad de las comparaciones en las discusiones: generalmente son parcialmente adecuadas y parcialmente inadecuadas; mucho depende de la buena voluntad, consciente e inconsciente, de tomarlas sólo en lo adecuado, o de un acuerdo tácito que en tal sentido se produce en el caso; de todos modos es muy conveniente procurar aclarar y discernir (hasta donde se pueda, porque es muy difícil) lo que, en esas comparaciones es adecuado e inadecuado lógicamente, así como distinguir el valor lógico de la comparación, de esos efectos psicológicos, reales o posibles... (Vaz Ferreira, LV, 1957:270)

En vez de denunciar la doxa (opinión) como inferior a la epistêmê (ciencia), Vaz Ferreira se propone sistematizar los errores vivos, protegiendo a la retórica frente a sus propios abusos y con lo que se da un vínculo entre el concepto retórico y el concepto lógico de argumentación. Según el autor, las comparaciones no se circunscriben al lenguaje poético y retórico, sino también en el filosófico y el científico donde las imágenes, las metáforas, las sustituciones son empleadas frecuentemente.

Para la retórica clásica un tropo era la simple sustitución de una palabra por otra. Pero la mera sustitución es una operación estéril, mientras que en una metáfora viva la tensión entre las palabras, o más precisamente, entre las dos interpretaciones, una literal y la otra metafórica en el nivel de una oración entera, suscita una verdadera creación de sentido. La retórica clásica no puede dar cuenta de esta creación de sentido. La teoría de la "tensión" de la metáfora se opone a la teoría de la "sustitución", supone que emerge una nueva significación, la cual incluye la oración completa. Una metáfora es una creación instantánea, una innovación semántica que no tiene reconocimiento en el lenguaje ya establecido, y que sólo existe debido a la atribución de un predicado inusual o inesperado. La metáfora no es sólo una asociación basada en la semejanza, es la resolución de un enigma y está constituida por la resolución de una disonancia semántica. Las metáforas vivas son metáforas de invención dentro de las cuales la respuesta a la discordancia en la oración se convierte en una nueva ampliación del sentido, si bien es realmente cierto que tales metáforas inventivas tienden a convertirse en metáforas muertas por medio de la repetición.

Además de la categorización de los distintos tipos de falacias, en Lógica viva se presenta una distinción que afecta al empleo del lenguaje cotidiano y que tiene que ver con la discriminación entre uso del lenguaje literal y uso del lenguaje metafórico. Hasta el momento, no hemos encontrado afirmaciones explícitas referidas a la prohibición del empleo de metáforas en la metodología científica; la apelación a la metáfora es una constante a lo largo de toda su obra.

Como Vaz Ferreira lo sugiere, las comparaciones deben hacerse para explicar, para hacer comprender y requieren –sobre todo- una verdadera colaboración de quien la recibe, es decir, una distinción entre el sentido literal y el sentido metafórico en el que debe atenderse el contexto de uso. Hay que tener en cuenta la importancia adjudicada por nuestro autor al contexto de la expresión lingüística, porque puede suceder que tal expresión sea interpretada literalmente en un contexto y metafóricamente en otro, lo que lleva a pensar que el significado metafórico emerge en el uso lingüístico, y que, por tanto, el problema de su explicación es algo que debe competer a la pragmática. Dicho con las palabras de uno de los más conocidos representantes de esta disciplina: "el problema de explicar cómo funciona la metáfora es un caso particular del problema general de explicar cómo divergen el significado del hablante y el significado oracional o léxico" (Searle, 1980:76).

La noción central que examina la pragmática es la de significado del hablante, el significado que el hablante confiere a sus expresiones lingüísticas concretas en circunstancias particulares de uso. Tal significado puede coincidir o no con el significado sistémico de sus expresiones, con el significado convencional asignado por el sistema lingüístico. La pragmática debe proporcionar una explicación de cómo tal significado puede, con todo, ser desentrañado por una audiencia. Dicho de otro modo, la pragmática procura explicar la relación que existe entre el significado de las expresiones lingüísticas y el significado de la utilización de las expresiones lingüísticas, esto es, lo que Vaz llamaría el empleo lógico y el efecto psicológico provocado por los enunciados. Vaz Ferreira concibe al lenguaje:

como un sistema de signos destinados a expresar los estados de conciencia; como estos últimos no pueden ser conocidos sino por la misma persona que los experimenta, es claro que, para comunicarlos a otra persona, se necesita evocarlos por asociación en el espíritu de ésta, lo que se hace produciendo ciertos fenómenos intermediarios que deben ser accesibles a la observación exterior y que son precisamente los signos. (Vaz Ferreira, CE, 1917:213).

Para avanzar en la propuesta es necesario recuperar la explicación de signo y de organización estructural del enunciado hecha por Bajtín. El concepto de signo bajtiniano permite dar cuenta de la dinámica evolutiva del signo. Tenemos por una parte, que la construcción del significado no es asunto de uno solo sino de dos sujetos socialmente organizados y la experiencia se vuelve significativa solamente en el intercambio verbal intersubjetivo. Así, la construcción del sujeto discursivo, del pensamiento interior va a depender también de la experiencia sociocultural evocada en y por el enunciado (Todorov 1981:67-92). En este sentido, ningún enunciado desde una perspectiva general, puede ser atribuido a un solo locutor: el enunciado es el producto de la interacción de los interlocutores y de manera general, el producto de toda situación social compleja, en la cual éste surgió (Todorov, 1981:50).

Por otra parte, el signo es el resultado de la fusión estrecha entre una forma material y el contexto, y es solamente en esta dinámica de la construcción del signo donde la conciencia se vuelve conciencia. El signo, a su vez, emerge solamente en el proceso de interacción de una conciencia individual con otra, en el proceso intersubjetivo, lo cual significa que el signo y la situación social están definitivamente fusionados.

Con Vaz Ferreira la tradición se mantiene sólo como objeto hermenéutico, como unidad temática de la interpretación, pero no ofrece, como sucede en Gadamer, un criterio positivo de comprensión, una legitimación «histórica» (todo lo debilitada y no transparente que se quiera) del acto interpretativo. En relación a la hermenéutica integradora, la lógica de las discusiones propuesta por nuestro autor se presenta como la disolución extrema del propósito de comprender auténticamente, de introducirse hasta el núcleo, si no de las cosas, al menos del lenguaje como tradición, depósito, repertorio de palabras-clave filosóficas. No se trata de indicar el sentido de una tradición o la legitimidad de una interpretación, sino desligar, disolver o transformar en discontinuos, con la introducción de virajes o márgenes de juego, los modelos instituidos de interpretación.

Parece que Vaz Ferreira enmarca el lenguaje –instrumento mediador por excelencia– en el estudio de los procesos de apropiación, internalización y construcción de la identidad personal, lo que resulta complementario con la perspectiva bajtiniana de dialogicidad, alteridad, heterogeneidad, lenguaje social y genero discursivo.

Considerando el papel mediador del discurso interno, Vygotski ha subrayado la importancia de la auto-regulación en cuanto característica inherentemente humana en la actividad de resolución de problemas. La perspectiva de Vygotski sobre la mediación semiótica en los procesos psicológicos superiores, a la luz de las perspectivas de la psicología actual, puede potenciarse con la aportación de algunos constructos de la teoría de Bajtin.

La dimensión básica de la filosofía del lenguaje de Bajtin se sitúa en el énfasis en el dialogo, en la valoración de la diferencia y de la alteridad. Para este autor el diálogo ha de ser estudiado de un modo comprensivo, en cuanto conjunto de condiciones que son modeladas en las interacciones entre dos personas pero que no se agotan en esa interacción. El término usado por Bajtin capaz de integrar energías diferenciadas es el de enunciación; la enunciación constituye la piedra base del dialogismo bajtiniano. A partir del dialogismo y de la enunciación, Bajtin construye toda una teoría sobre la comunicación educativa.

De la confluencia del pensamiento de los dos autores destacamos la naturaleza dialógica de la conciencia, la posibilidad de centrar el foco de análisis de la acción educativa en la comunicación y los escenarios en que se produce y el planteamiento del discurso como comunicación socialmente situada.

Bajtín pone de relieve los actos de discurso, inscribiéndolos en una filosofía de la acción, en una antropología filosófica, en la que la enunciación y sus enunciados son el punto central en el proceso de construcción del sujeto, en el proceso de aprendizaje de la sociedad y en el proceso de reproducción cultural. Tenemos entonces que la noción de contexto en una teoría del discurso inscrita en una dimensión enunciativa y dialógica del sentido no es como un añadido o una sobredeterminación externa a la enunciación. No, el contexto viene a hacer parte de la semántica misma del enunciado en la actividad dinámica enunciativa del discurso, y la parte verbal actualizada estará siempre íntimamente relacionada con la parte sobreentendida del enunciado. Esta parte sobreentendida del enunciado entra a formar la semántica del enunciado en la que se toman en consideración el horizonte espacial y temporal común a los sujetos enunciadores, los saberes de contenido social por ellos compartidos así como también los valores comunes y diversos que los ponen en relación.

Los esquemas de conocimiento desde una dimensión dialógica se proponen como el resultado de la relación intersubjetiva, cuya significación discursiva resulta de la fusión estrecha entre contexto y forma material, lo cual responde al concepto de la creación continua del signo y su evolución. Es por ello que sería posible argumentar que es en la mediación realizada en y a través de la práctica enunciativa de la actividad discursiva que se logra la construcción de la subjetividad, la construcción de los esquemas cognitivos.

Partiendo de la noción de “planos mentales”, Vaz Ferreira vincula la dimensión psicológica de decidir y usar los lenguajes sociales y géneros discursivos más apropiados en determinado escenario sociocultural. Este constructo se relaciona con la adecuación de determinado instrumento a un contexto específico. Los procesos psicológicos explican el hecho de que los sujetos consideran que el uso de determinados instrumentos mediadores son más apropiados que otros en determinados escenarios. Esto supone un concepto de negociación dinámica. Una de las fuentes principales de este dinamismo deriva del hecho de que el modelo de lógica de las discusiones es accesible a la reflexión consciente y, de este modo, al cambio personal. Una vez aplicada al análisis del discurso educativo, la noción de lógica de las discusiones tiene un papel fundamental porque nos abre numerosas vías para la identificación de voces que caracterizan este discurso.

 

NOTAS

(1) Según Liberati, en Uruguay, no se registra tradición lineal en el análisis del discurso, y esto explica en parte la dificultad y la tardanza que experimentamos al reconocer la tonalidad vazferreiriana que prevalece en Lógica viva, aunque no sólo en esta obra, cuyo capítulo inicial, “Errores de falsa oposición”, contiene un claro ejemplo de examen lingüístico, examen de casi cuarenta textos, en dos series, de origen oral o escrito, “tomados de la realidad”, en los que es indiscutible la influencia paralogística de palabras y de combinaciones de palabras como “sino”, “pero”, “demasiado”, “más vale”, “sólo”, “más”, “no”, “entre”, “mejor”, “en vez”, “muchos más”, “sin”, etc. Todo ello sólo para ver cómo se produce el error, para advertir cómo se forma, para aprender a deducir con claridad el procedimiento que llevó a la exageración o a la falsa oposición. (Liberati, 1980:84)

(2) «Podemos imaginarnos también que todo el proceso del uso de las palabras (...) es uno de esos juegos por medio de los cuales aprenden los niños su lengua materna. Llamaré a estos juegos de lenguaje y hablaré a veces de un juego primitivo como un juego de lenguaje (...) Llamaré también juego de lenguaje al todo formado por el lenguaje y las acciones con las que está entretejido» (L. Wittgenstein, 1988:7).
«En vez de indicar algo que sea común a todo lo que llamamos lenguaje, digo que no hay nada en absoluto común a estos fenómenos por lo cual empleamos la misma palabra para todos, sino que están emparentados entre sí de muchas maneras diferentes. Y a causa de este parentesco o de estos parentescos, los llamamos a todos lenguaje (...) El resultado de este examen reza así: Vemos una complicada red de parecidos que se superponen y entrecruzan. Parecidos a gran escala y de detalle. No puedo caracterizar mejor esos parecidos que con la expresión parecidos de familia (...) Y diré: los juegos componen una familia». (L. Wittgenstein, 1988, 65-67).

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