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Sumario
La obra de Carlos Vaz Ferreira ha sido estudiada por Ardao,
Andreoli, Liberati, Piacenza y Sasso. Estos autores han
mostrado el vínculo que la misma tiene con el lenguaje
y el pensamiento, el lenguaje y la acción. Afirmaremos,
que la lógica de las discusiones vazferreiriana respecto
a las relaciones entre pensamiento y lenguaje y a por qué
los sujetos, en las más diversas materias, se equivocan,
se confunden y no logran pensar bien, puede ser interpretada
como una teoría de la argumentación que presenta
ciertas condiciones, reglas y etapas que enmarcan el proceso
dialógico y favorecen llevar adelante el procedimiento
en forma adecuada.
Según Vaz Ferreira, el arte de hablar y la capacidad
natural de hacerlo con ánimo de convencer y persuadir
orientando las acciones es fundante de las relaciones humanas.
Esto no invalida una reflexión acerca del dominio
técnico de tal capacidad. En síntesis, teniendo
en cuenta que la teoría de Vaz Ferreira se basa en
el fenómeno de enunciación y el estudio de
los actos de lengua, destacamos que sus investigaciones
contribuyen de modo relevante a la elaboración de
una teoría del discurso desde el punto de vista pragmático,
semántico y sintáctico.
La postura de Vaz Ferreira no es un retorno a la retórica
tal cual el tratamiento clásico, sino que se reivindica
la argumentación que nada sabe de verdades necesarias,
de demostraciones empíricas, ni de deducciones lógicas,
sino que se ocupa de lo verosímil, lo plausible,
lo probable y no por esto menos racional. Se trata de una
ampliación del ámbito de la razón,
espacio que ha sido recortado y acotado desde un estricto
modelo de legitimación del conocimiento propio de
la ciencia moderna. El camino de nuestro autor se distinguirá
radicalmente del camino adoptado por los filósofos
que se esfuerzan por reducir los razonamientos sobre problemas
sociales, políticos o filosóficos, inspirándose
en los modelos proporcionados por las ciencias deductivas
o experimentales, y que rechazan, por juzgarlo carente de
valor, todo lo que no se conforma a los esquemas impuestos
de antemano.
1. Del análisis reflexivo del significado
de las frases a una filosofía terapéutica
del ejemplo
Se ha relacionado a Vaz Ferreira con el segundo Wittgenstein,
con la filosofía analítica, con el Círculo
de Viena (Sasso), con los llamados filósofos del
lenguaje corriente, oxfordiano, Ryle, Austin (Liberati),
y la lista puede seguir, por ejemplo, con Toulmin o Perelman
(Piacenza). Se ha vinculado a la Lógica viva con
la lógica informal y la teoría de la argumentación
(Ardao), con el “pensamiento crítico”
(Piacenza:1989), con la “lógica de la argumentación”
(Andreoli:1993) porque tiene por propósito estudiar
“casos de la vida real” y dejar de lado “los
esquemas puramente verbales de la lógica tradicional”
que ha sido fundada sobre el principio de que “se
es o no se es”, una disyunción excluyente que
no puede ser transportada al terreno del lenguaje y que
se caracteriza por tener un carácter fluctuante,
vago e impreciso respecto a las connotaciones de los términos
y por su inadecuación para expresar la realidad.
Los más importantes filósofos de finales
del siglo XIX y comienzos del XX, fundadores de escuelas
y movimientos muy diferentes entre sí, efectúan
sus reflexiones realizando un uso constante de ayudas filológicas,
gramaticales, lingüísticas y semióticas:
Bergson en Francia, Mauthner en Austria, Nietzsche, Frege,
Cassirer, Freud y Heidegger en Alemania, Ortega y Unamuno
en España, Russell en Inglaterra, Croce en Italia,
Peirce en Estados Unidos.
Vaz Ferreira se dedica al estudio de los problemas relativos
al lenguaje y a la acción, orientando su esfuerzo
a la determinación de las exigencias de los procesos
de decisión en asuntos que, en sentido amplio, pertenecen
a la esfera pública de los intercambios lingüísticos.
Piacenza afirma que Lógica viva tiene la declarada
intención de sugerir e ilustrar todo un programa
de investigaciones en un campo que hoy recibiría
los nombres de "lógica informal", "pensamiento
crítico" (Piacenza, 1989). Se presenta, al decir
del citado autor, como “teoría de la argumentación”
o como una filosofía terapéutica del ejemplo
y el error que busca suministrar a los sujetos herramientas
que permitan decidir qué hacer y qué pensar.
Pero, no se trata de soluciones que emanen de un único
ideal ni son el resultado de la aplicación de una
norma infalible a un caso, ni tampoco son soluciones que
admitan su universalización; en realidad, las soluciones
al caso son exclusivamente para ese caso y pueden no tener
nada que ver con cualquier otro. Las soluciones, que son
siempre para ese ejemplo particular, constituyen un resultado
del análisis con vistas a una decisión informada,
que es tomada contado con todos los datos a la vista.
Refiriéndose a Lógica viva, Miguel Andreoli,
por su parte, afirma que "su temática está
más próxima a las cuestiones que actualmente
investiga la lógica informal y la lógica de
la argumentación" (Andreoli, 1993b). Este autor
sostiene que la Lógica viva no se conecta con los
desarrollos de la lógica formal de la época,
es completamente extraña a ellos, y de hecho contraria
a los programas de formalización rigurosa. Es justamente
en esta forma de amenidad respecto a la lógica en
proceso en ese momento histórico y en su permanecer
ligada a nuestras prácticas lingüísticas
cotidianas, que encontramos hoy buena parte de nuestro interés
en ella. (Andreoli, 1996:182).
Andreoli se refiere a los vínculos de Vaz Ferreira
con la lógica informal en tanto su objetivo es de
carácter terapéutico: ayuda a evitar errores
que no son simplemente malos pasos deductivos, sino que
más bien se vinculan con confusiones verbales y equivocaciones
en cuanto a la naturaleza de los problemas, producidas ya
sea por interferencias provenientes de hábitos intelectuales,
como por distorsiones generadas por actitudes y expectativas
que tienden a autoverificarse y, más profundamente
aún, por la inadecuación del lenguaje tanto
respecto al pensamiento que quiere expresar como en relación
con la complejidad a la que pretende referir. (Andreoli,
1996:10-11).
También Ardao se refiere a la “lógica
informal” o más precisamente a la “argumentación”
cuando sostiene, en efecto, que
...mucho se alimentan de lo que es su materia, a
la vez que su espíritu, las novísimas
tendencias de la llamada por deliberada paradoja Lógica
Informal; o en terminología más feijooniana
y vazferreiriana, "Teoría de la Argumentación",
cuando no, a secas, "Argumentación".
Como asimismo las tendencias, no menos novísimas,
de la Fuzzy Logic, diversamente vertida al español
como "Lógica de lo borroso", o de
"lo vago", o de "lo impreciso".
No obstante, por diferentes que la "Lógica
informal" y la "Fuzzy Logic" sean entre
sí, caben ambas, cada una a su modo, en el
concepto, después de todo mucho más
feliz en más de un sentido, de Lógica
viva (Ardao, 1993).
Considerando que el funcionamiento de los mecanismos del
lenguaje y de la mente ocupa un lugar central en la obra
de Vaz Ferreira, Liberati ha señalado que la derivación
más importante de este problema tiene que ver con
los vínculos entre “lenguaje y conocimiento”.
Afirma que no resultaría demasiado exagerado decir
que Vaz Ferreira descubre este terreno propicio de la investigación
(lingüística, semántica), y que tal descubrimiento
no es compartido totalmente por los grandes antecesores
inmediatos (Mill, James). (Liberati, 1980:8). El citado
autor sostiene que Vaz Ferreira se asombra de la proporción
de este fenómeno que estudia:
Es cierto que la humanidad no había acabado
de comprender todavía que, desde los tiempos
de Aristóteles, había estado confundiendo
durante más de veinte siglos el lenguaje con
el pensamiento”. Estos asertos asombran
en quien no parece que por entonces (1908) conociera
los textos de Humboldt, Locke, Herder, Frege, Jespersen,
Bréal, Mauthner por citar algunos de los precursores
de las modernas disciplinas del lenguaje. (Liberati,
1980:8). (itálica de la autora)
Claps, en 1975, sostiene que “el cambio de marcha
en filosofía”, es decir, el viraje hacia el
análisis lingüístico, era el cambio que
había que recordar, y lo relacionó con la
posición de Vaz Ferreira:
A la luz de las modernas investigaciones realizadas
hacia 1920 sobre los problemas del lenguaje y del
sentido, aquellas tímidas y audaces afirmaciones
del desconocido profesor montevideano adquieren mayor
relieve y significación. Los análisis
del sentido, la noción de pseudoproposiciones,
las falacias del verbalismo, la afirmación
de que la lógica clásica se basa en
un análisis insuficiente del lenguaje, tal
como se plantean en las obras de Ogden y Richards,
El significado del significado (1923), en Lenguaje
y realidad (1939) de Marshall Urban, o en Investigación
sobre el significado y la verdad de Bertrand Russell
(1940), recuerdan aquellos planteos y expresiones
que Vaz Ferreira realizara en su Lógica
viva. (Claps, citado por Liberati, 1996:93).
A partir del análisis de confusiones dadas en razonamientos
concretos, esto es, en usos corrientes del lenguaje –paralogismos,
errores de falsa oposición, falsa precisión,
falsa sistematización, falacias verbo-ideológicas–
se presenta un conjunto asistemático de reglas (a
veces implícitas) a propósito del funcionamiento
de premisas y conclusiones. A la vez, Vaz Ferreira plantea
que la lógica clásica se fundamenta en un
análisis insuficiente del lenguaje, lo que tiene
relación con la propuesta, por parte de nuestro autor,
de una filosofía del lenguaje ordinario construida
en base a casos “tomados de la realidad”, tanto
casos con efectos especulativos como casos de la vida práctica(1).
Además del intento por despejar esta confusión
entre lenguaje y pensamiento, Liberati alude a la modalidad
conferencial, detenido estudio del “uso”, ejemplos
abundantes y concatenados, especulación a propósito
de los constituyentes del lenguaje, crítica de las
posibilidades del lenguaje, esclarecimiento de sus expresiones
habituales antes que ensayo de otras nuevas, exploración
de las relaciones del lenguaje con el mundo y el pensamiento.
Estas son características que definen la práctica
con que filosofan el segundo Wittgenstein, Waismann, Austin
y Ryle. (Liberati, 1980:12). De modo que Liberati vincula
explícitamente a Vaz Ferreira con los autores “del
lenguaje corriente”, es decir, la filosofía
del lenguaje ordinario, logrando para Lógica
viva un conjunto de bases semióticas que son
las que sustentan el estudio actual del lenguaje. Si bien
nuestro autor presenta un estilo de pensar “analítico”
y que su práctica filosófica puede ponerse
en conexión legítima con aquel conjunto de
corrientes que, en el siglo XX y arrancando con G. E. Moore,
y que terminan por recibir precisamente el nombre propio
de Filosofía Analítica, estamos de
acuerdo con Sasso cuando afirma que “se dirá
que “releer esta parte de la obra de Vaz como una
anticipación y un principio de ejecución de
una filosofía de corte analítico” puede
dar lugar a “algunos logros”, pero “tropieza
con la dificultad de que el psicologuismo de Vaz, el papel
que le da a la interioridad y, en general, su enfoque de
la relación lenguaje/pensamiento, no son subsumibles
en este cuadro de interpretación. (Sasso, 1996:130).
En “Sobre la personalidad en el niño”,
Vaz Ferreira discute con Maudsley y Paul Janet la adquisición
del lenguaje y el empleo de la primera persona. Sostiene:
El niño da a cada cosa el nombre que oye darle.
Expone cada idea con la palabra con que la oye expresar.
Si delante del niño llaman a un objeto mesa,
él le llamará mesa. Si llaman a una
persona papá, o Antonio, él le llamará
papá o Antonio. Si expresan cierto hecho: la
venida de Antonio, con estas palabras: Antonio viene,
el niño expresará el hecho con las mismas
palabras: Antonio viene. (Vaz Ferreira, IO, 1963:135).
También acudiendo a ejemplos, imágenes, analogías
y metáforas, Wittgenstein explica que la relación
que se hace de los juegos de lenguaje con la actividad se
justifica en tanto los juegos del lenguaje están
sometidos a un aprendizaje y a un adiestramiento, mediante
los cuales cuando comprendemos una palabra seremos entonces
capaces de ponerla en relación con la actividad que
le corresponde. En nuestra opinión, Vaz Ferreira
entiende que la concordancia y la aceptación se logran
siempre a partir de la acción, y son estas las que
precisamente confieren una naturaleza pragmática
al lenguaje.
Podemos así, establecer juegos del lenguaje cuando
éste sea flexible, cuando sea una actividad y exista
sólo en su uso. Esta última es la palabra
clave, pues no es posible prescribir leyes a los lenguajes,
sino únicamente describirlos; no los podemos aprender
fuera de ellos, en un diccionario o en simple manual, sino
usándolos. Por ello, cada lenguaje es un juego lingüístico
diferente a los demás. La postura de este segundo
Wittgenstein no deja de ser clara:
Nosotros denominamos a las cosas, y desde entonces
podemos hablar de ellas, referirnos a ellas hablando.
Como si en el acto denominativo viniera ya indicado
lo que tenemos que seguir haciendo. Como si tan sólo
hubiera una sola cosa que fuera “hablar de cosas”.
Lo cierto es, por el contrario, que con nuestros enunciados
hacemos las cosas más diversas. Pensemos, sin
ir más lejos, en exclamaciones que cumplen
funciones tan diferentes: “agua”, “ay”,
“auxilio”, “estupendo”, “no”.
¿Aún persistimos en dar a estas palabras
el calificativo de “nombres de objetos”?
(Wittgenstein, 1988:43)
Querer conocer o comprender un significado es investigar
las circunstancias y el contexto en que un concepto fue
dotado de él (pues una cosa es el objeto, otra su
significado y otra el concepto que contiene el significado
y le da forma), y después identificar su uso: “el
significado de una palabra es su uso en el lenguaje
(...), y el “significado” de un nombre se
explica algunas veces señalando a su portador”
(Wittgenstein, 1988:61) Por otra parte, debemos destacar
la polisemia o ambigüedad léxica que permite
que la misma palabra pueda tener diferentes acepciones según
los contextos. Esta heterogeneidad no destruye la identidad
de la palabra en tanto se pueden enumerar estas acepciones,
pueden clasificarse, es decir, reducirse a clases de usos
contextuales; pueden ser ordenadas presentando una jerarquía
que establece una proximidad relativa y una distancia variable
de los sentidos más periféricos respecto a
los más centrales; la conciencia lingüística
de los locutores sigue percibiendo una determinada identidad
de sentido en la pluralidad de las acepciones. Por todas
estas razones, la polisemia no es sólo un caso de
vagueness, sino el esbozo de un orden y, por esto
mismo, una medida contra la imprecisión.
Según Wittgenstein, no puede hablarse del lenguaje
o de una estructura común del lenguaje, sino de juegos
de lenguaje que tienen entre sí parecidos de
familia y se encuentran ligados a formas de vida distintas.
Imaginar, pues, un juego de lenguaje es imaginar una forma
de vida(2) . La alternativa, entonces, es dirigir nuestra
mirada hacia el lenguaje, pero ahora desde una diferente
perspectiva. La modalidad de esta tarea no es ya la propia
de análisis filosófico. No se trata de descubrir
la inmutable forma lógica de nuestras proposiciones
o construir lenguajes artificiales que excluyan toda vaguedad
y ambigüedad a través de las rígidas
reglamentaciones de sus leyes lógicas. Wittgenstein
tiene claro que no aspira a un ideal porque nuestro lenguaje
"está en orden así como está".
(Wittgenstein, 1988:117).
Para descubrir y evitar los errores, Vaz Ferreira propone
el ejercicio que se manifiesta como una constante actividad
de crítica del lenguaje que, con el objetivo de esclarecer
las proposiciones, procede por medio de “elucidaciones”.
En el prólogo de Lógica Viva, declara que
su interés está puesto en la formulación
de observaciones de orden teórico concernientes a
las relaciones de la psicología y la lógica,
del pensamiento y el lenguaje, destinadas a corregir los
conceptos falsos que el esquematismo de la lógica
ha originado (Vaz Ferreira, LV, 1957:16-17).
La teoría de Vaz Ferreira nos aporta un campo
de estudio interdisciplinar integrador de disciplinas
como las ciencias de la educación, la sociología,
la antropología, la psicología o las
ciencias de la comunicación. El lenguaje es
un mediador por excelencia que posee una dimensión
con una acción orientada hacia el contexto
y los instrumentos que propone; los sujetos disponen
de una serie de instrumentos que usan en función
de la adecuación a las características
de la actividad que pretenden desarrollar.
2. La concepción gradual de los enunciados
del lenguaje
El discurso científico y lógico en la pretensión
de constituirse como ámbito de conocimiento estricto
sin contaminación de ninguna especie, y que, en tanto
animado por la búsqueda de la univocidad se ocupa
de cuestiones relativas a la prueba, el cálculo y
la demostración, únicas herramientas que permiten
acceder a la verdad. Vaz Ferreira considera como Perelman
y Olbrechs-Tyteca, que la argumentación no parte
de una evidencia o verdad que la precede sino que el interés
está centrado en los usos del lenguaje. (Vaz Ferreira,
LV, 1957:168,170). Como ellos, Vaz Ferreira (LV, 1957:90)
también rechaza toda reducción “de los
razonamientos sobre problemas sociales, políticos
o filosóficos, inspirándose en los modelos
proporcionados por las ciencias deductivas o experimentales.”
(Perelman y Olbrechts-Tyteca, 1994:42). La obra de Vaz Ferreira
recoge la tradición tanto retórica como lógica
suponiendo una ruptura con el pensamiento sistemático,
para sustituir su racionalidad esquemática por una
“razonabilidad” práctica que conlleva
una crítica a los hábitos lingüísticos
que no reconocen la asimetría psico-lógica
que se produce en los procedimientos argumentativos entre
pensamiento y lenguaje. Vaz Ferreira afirma:
Hoy día se está produciendo una revolución,
todavía parcialmente inconsciente, en la lógica,
que la transformará, y que depende del descubrimiento
de la verdadera función de los términos,
del descubrimiento de las verdaderas relaciones ideo-verbales:
qué es el lenguaje, para qué sirve,
qué es lo que podemos expresar y que es lo
que no podemos expresar” (Vaz Ferreira, LV,
1957:218). (Negritas nuestras).
La lógica se limita a aquellos argumentos cuya validez
depende exclusivamente de su forma lógica y de la
forma lógica de las proposiciones que los componen.
El argumento enunciado pasa a considerarse como una instancia
de las formas argumentales válidas correspondientes.
El problema de la verdad históricamente ha estado
estrechamente ligado a la falacia descriptiva, pues –como
advierte Austin– el principio de la lógica
de que "Toda proposición debe ser verdadera
o falsa" ha operado habitualmente como la forma más
simple, más persuasiva y más extendida de
esta falacia" (Austin, 1970: 131.).
El lenguaje no es considerado como una abstracción
formal sino como un instrumento o herramienta participante
en un proceso dialógico del que devienen consecuencias
prácticas. Con esto no estamos afirmando que Vaz
Ferreira sostenga que el lenguaje es esquemático
por naturaleza sino que lo es debido a modos de pensar y
a usos sociales convencionales que le permiten explicar
las dificultades en la comunicación entre sujetos
que emplean esquemas verbales heredados y solidificados.
Operar sobre el lenguaje implica una actitud de comprensión
creativa a partir de los propios textos, afrontando las
verdades absolutas, poniendo a prueba los instrumentos.
En ese mundo, considerado socialmente plural, se impone
una práctica razonable de debates que permitan superar
las diferentes posturas que aparecen en la lógica
de las discusiones, presencia de la palabra y de la escucha,
del avance común del saber y el conocer, del descubrimiento
del otro y de los otros, de la configuración de un
nuevo estado de cosas en el que todos puedan emitir sus
ideas y opiniones en una igualdad basada no sólo
en la evidencia de ser respetados, sino de ser tenidos en
cuenta a la hora decidir: donde se desarrolle la capacidad
de prestar oído y aceptación a las verdades
que provienen de los otros.
En el Curso expositivo de psicología
elemental de 1897, Vaz Ferreira manifiesta:
El lenguaje es un poderoso instrumento de clasificación,
y, al suministrarnos los nombres generales, nos ofrece,
ya hechas, las clasificaciones elaboradas poco a poco
por la inteligencia de todos nuestros antecesores.
Además, el lenguaje es, también, un
poderoso instrumento de análisis, porque la
necesidad de expresar nuestras ideas las aclara y
define en nuestro espíritu. Estos servicios,
que no son los únicos que presta, pueden bastar
para hacer comprender la utilidad inapreciable del
lenguaje. (Vaz Ferreira, CE, 1917:215).
Podríamos decir que en el discurso argumentativo
son abundantes los enunciados realizativos o performativos
que pueden corroborar el uso generalizado de la falacia
descriptiva. La alternativa, según Vaz Ferreira,
reside en una la cuestión de grados que no se puede
satisfacer de modo geométrico. Lo único formulable
es esto:
En pro, hay tales razones; en contra, hay tales otras;
hay que tenerlas en cuenta, a unas y a otras; pensar
y proceder sensatamente según los casos (Vaz
Ferreira, LV, 1957:158).
Vaz Ferreira introduce el factor dinámico de la
acción como proceso que supone la formulación
de procedimientos que sean capaces de regular el diálogo.
No considera palabras u oraciones aisladas sino clasificaciones,
esto es, esquemas verbales y discursos. Coincidente con
su concepción filosófica de la realidad, que
concuerda con la Bergson y James, afirma que las clasificaciones
son afectadas por el cambio y la temporalidad.
Vaz Ferreira podría compartir con los miembros
de la Escuela de Oxford cierta concepción del lenguaje
ordinario como ámbito idóneo para la dilucidación
de los problemas filosóficos. El papel asignado por
Austin a la investigación del lenguaje ordinario,
tal como se expone en el pasaje programático de "A
Plea for Excuses", consiste en ser el ámbito
preliminar de toda dilucidación filosófica:
el análisis del lenguaje es la necesaria primera
palabra en filosofía, pero no la última (Austin,
1970:185.).
Como Vaz Ferreira, Austin sostiene que la solución
del problema de la verdad no debe ser buscada en una simple
distinción de "verdadero" y "falso",
ni en la distinción entre los enunciados y el resto
de los actos de habla, puesto que enunciar sólo es
uno entre los numerosos actos lingüísticos,
sino que se ha de basar en "el establecimiento crítico
con respecto a cada tipo de acto ilocucionario –advertencias,
estimaciones, veredictos, enunciados y descripciones–
de cuál es el modo específico en que han de
ser realizados para, en primer lugar, estar en orden o no,
y, en segundo lugar, para ser "correctos" o "incorrectos",
y en el establecimiento de qué términos de
aprobación o desaprobación se usan para cada
uno y qué es lo que ellos significan" (Austin,
1998:145-6)
Pero, en nuestra opinión, Vaz Ferreira no se centra
exclusivamente, como consideran algunos autores señalados
como antecedentes de este trabajo, en los problemas de la
asimetría entre las palabras, los hechos, el carácter
“vago de las connotaciones” ni en la inadecuación
del lenguaje para expresar la realidad. (Vaz Ferreira, LV,
1957:218). Si bien el autor sostiene que el lenguaje es
por “naturaleza fundamentalmente inadecuado para expresar
la realidad” o “en muchos casos, al menos”
(Vaz Ferreira, LV, 1957:215, 218), tal afirmación
debería entenderse en referencia a su preocupación
por el estudio del uso y las actitudes de los individuos
porque considera que es viable aprender “a usar cada
vez mejor el lenguaje”, lo que no sería operable
si no fuera un problema convencional. (Vaz Ferreira, LV,
1957:291, 295).
Nuestro autor critica a los que se refiere al lenguaje
como un sistema idealizado, abstraído teóricamente
de su uso psico-lógico y social. Niega que el lenguaje
sea una taxonomía –una nomenclatura, en términos
de Saussure– y considera que cualquier otro tipo de
clasificación es de carácter instrumental.
La concepción taxonómica del lenguaje es inadecuada
para describir los hechos en un proceso –corriente
del pensamiento– en tanto razona que ya los términos,
las palabras, y la “misión del adjetivo”
es la calificación y, por lo tanto, son esquemas
para pensar. (Vaz Ferreira, LV, 1957:216).
El aspecto crítico que postula Vaz Ferreira respecto
al lenguaje parece alternar entre una actitud que considera
la inadecuación del lenguaje en sí mismo y
otra que se refiere al uso inadecuado debido a no tener
en cuenta los hábitos de pensar por esquemas. Así,
afirma que “con respecto a todo nuestro lenguaje,
se cometen, más vagas, más oscuras, sub-inteligentes,
falacias de la misma naturaleza que las que afectan al uso
de las clasificaciones”. (Vaz Ferreira, LV, 1957:214).
La alternativa ante la naturaleza inadecuada del lenguaje
para expresar la realidad debería resolverse considerando
tanto los aspectos los lógicos como psicológicos
de las discusiones. Vaz Ferreira asegura que:
En las discusiones, como en las argumentaciones,
discursos, etc., en la comunicación verbal
de los hombres, una cosa es el valor o alcance lógico
de lo que se dice, otra el efecto psicológico
que produce. No siempre hay coincidencia, aunque en
muchos casos la habrá. Es bueno acostumbrarse
a comprender bien esto, y a saberlo observar y reconocer
bien en cada caso. (Vaz Ferreira, LV, 1957:168).
Respecto al valor del raciocinio, “cuya solución
dista mucho de ser tan absoluta y simplista” y siendo,
según nuestro autor, “la verdad o
falsedad” de una formulación verbal
“es cuestión de grados” (LV,
1957:233), propone ciertas “reglas” o “condiciones”
que permitirían regular la discusión y el
entendimiento racional. Vaz Ferreira afirma:
Podríase, desde luego, anticipar que el raciocinio
es muy legítimo y sumamente útil en
la práctica, siempre que concurran ciertas
condiciones; primera de ellas, que los que razonan
o discuten se encuentren más o menos en el
mismo plano; segunda, que su espíritu no esté
unilateralizado, ni prevenido intelectual o afectivamente
por sistemas (...); y, tercero, especialísimamente
que se razone y se discuta para averiguar la verdad;
no como discuten ordinariamente los hombres, esto
es, para triunfar. (Vaz Ferreira, LV, 1957:220-221).
El sistema –el esquema, la clasificación–
en su afán de reducir la realidad a una sola idea
mediante la geometrización, simplificación
y configuración cerradas, aleja la diversidad de
ideas. Vaz Ferreira es partidario de trabajar con todas
las ideas posibles, estableciendo la necesidad de operar
con sistemas abiertos en tanto los hechos comunicativos
no se muestran como estructuras cerradas, más bien
denotan la profunda complejidad y el carácter ambiguo.
Esos sistemas abiertos permitirían evaluar las razones
a favor y las razones en contra, considerarlas a todas y
proceder según el contexto. Dicha capacidad de graduar
se presenta, tal como afirma C. Pereda, en el análisis
aspectal, esto es, en distinguir en una cuestión
varias dimensiones, sus diversos aspectos y evaluarlos según
se corresponda a cada dimensión, a cada aspecto,
se trata, entonces, de la capacidad de graduar la creencia,
de evitar falsas oposiciones, de ejercer constantemente
un análisis aspectal. (Pereda, 1996:118-119).
Vaz Ferreira observa que los tratados tradicionales de
lógica, y en la manera usual de entenderlos, no se
proponen el estudio de las falacias en su realidad psicológica,
sino como ejemplo de un mal raciocinio formulado de una
forma clara y expresa. Como sucede en general con las falacias,
el número de casos en que esta objetivación
de verbismos es consciente y clara, es mucho menos que el
de aquellos en que se produce vaga y confusamente. También
ocurre que, además de los escritores que están
permanentemente en ella, los hay que en ciertos momentos
caen en ella o sufren su influencia. Si, para buscarla,
recorremos los textos, unas veces la vemos expresa en la
forma verbal: otras sentimos que el autor sufre
la influencia de la falacia en un grado cualquiera. (Vaz
Ferreira, F, 1957:151).
Su estudio de las falacias se fundamenta en el interés
por proponer reglas convergentes respecto a la utilidad
del raciocinio en las discusiones, a la terapéutica
del error y a la consideración de las consecuencias
prácticas de la verdad. Asimismo, formula las condiciones
generales necesarias para una argumentación razonable.
Las condiciones a las que nos referimos tienen que ver con
que los que razonan o discuten se encuentren más
o menos en un mismo plano o traten de entender las alternativas
que proponen los demás, y que por lo tanto, su espíritu
no debe estar “unilateralizado”, esto es, que
su actitud intelectual no responda a la verdad de un pensamiento
sistemático sostenido en forma individual, y, por
último, para que se pueda razonar y se pueda discutir
para “averiguar la verdad”; y no discutir como
normalmente acontece, esto es para imponer un único
punto de vista y con la finalidad de triunfar. (Vaz Ferreira,
LV, 1957:220-221).
Si bien Perelman presenta un análisis de la clasificación
y de la estructura de los argumentos en tanto manifiesta
interés por describir los tipos de argumentos y los
esquemas argumentativos, se distancia de Vaz Ferreira en
la medida que este último privilegia el análisis
de la discursividad centrado en la reflexión acerca
del proceso argumentativo, de su disposición, condiciones
y desenvolvimiento. Todo ello desde una perspectiva dinámica.
Puede afirmarse que ambos autores podrían aproximarse
en lo referente a la relación crítica que
mantienen con la argumentación lógica tradicional,
pero, Perelman explícitamente se propone "inspirarse"
e "imitar los métodos" de dicha tradición
lógica. La Lógica viva, en cambio,
toma distancia de la demostración lógica formal
basada en la estricta unicidad de un lenguaje "artificial"
utilizado, esto es, un lenguaje que comparte sus fundamentos
con la matemática y designa un proceso intelectual
necesariamente desemejante respecto a aquel lenguaje que
se usa en el campo de la argumentación y en la lógica
de las discusiones. En estos ámbitos, el lenguaje
no es unívoco, por el contrario, es polisémico
y polifónico en la medida que se tiene por objetivo
persuadir, ofrecer alternativas y motivar a una acción.
Contrariamente a lo que ocurre en la lógica formal,
en el campo de la argumentación acontecen hechos
psicológicos, sociales e ideológicos que concluyen
en el espacio público, entendido éste, en
términos de Habermas, como el conjunto de las personas
que hacen un uso público de la razón. Se podría
encontrar cierta similitud de intereses con Habermas respecto
a que ambos consideran la lógica de las discusiones
como una forma de razonabilidad o racionalidad argumentativa
que regula las pretensiones de veracidad de los enunciados
que los individuos realizan como agentes sociales.
Cabe señalar no sólo de la importancia de
la perspectiva discursiva del lenguaje, sino también
de la necesidad de pensar en la inscripción de la
perspectiva discursiva del lenguaje en una base epistemológica
de tipo enunciativo y mostrar el poder explicativo que podría
tener la dimensión dialógica de lenguaje.
Los principios generales de la dinámica discursiva
rigen la construcción de la significación
y del sentido y permiten que las prácticas sociales
se conviertan en instancias interiorizadas. La base epistemológica
de una teoría del discurso debe ser una teoría
de la enunciación y de la interacción. Son
Bajtín y Vygotski quienes sirven como punto de partida
en la consideración de las hipótesis que sustentarían
la base epistemológica para una Teoría del
Discurso. Como Vaz Ferreira, tanto el uno como el otro destacan
la relación intersubjetiva como el elemento funcional
significativo que permite la síntesis de la relación
entre la organización compleja de lo real y lo discursivo.
Se trata de una teoría del lenguaje con base social,
de una teoría sobre la práctica enunciativa
mediadora de la producción de sentido que inscribe
el lenguaje en una dimensión dialógica y explora
el papel activo del intercambio verbal y su unidad discursiva
(el enunciado) en la generación de procesos graduales
de generalización.
La lógica de las discusiones vazferreiriana es
análoga al modelo de la comunicación lingüística
cotidiana de Habermas que se entiende como búsqueda
participativa del entendimiento y que considera situaciones
de habla en que los sujetos son hablantes competentes, capaces
de lenguaje y acción. Para ambos autores, el entendimiento
se logra de forma intersubjetiva, formulando pretensiones
de validez con disposición a problematizarlas y a
problematizar las pretensiones de los otros sujetos, sobre
una base dialógica. Los actores se orientan hacia
el reconocimiento intersubjetivo, buscando un acuerdo, no
impuesto, sino construido, dado que todo acuerdo necesariamente
descansa sobre la base de convicciones. (Habermas, 1989:454)
La acción comunicativa no supone que todo acto de
habla sea o deba ser a la vez verdadero, recto, veraz, adecuado
e inteligible, sino que sólo se trata de establecer
que todo acto de habla presupone tales pretensiones.
Cuando alguna de ellas resulta problematizada se da lugar
a una específica forma de comunicación: el
discurso argumentativo, cuya función es
restablecer la acción comunicativa entre los hablantes,
resolviendo el cuestionamiento de una determinada pretensión
de validez.
4. Estudio de las falacias
Tradicionalmente los lógicos han empleado la palabra
"falacia" para designar aquellas argumentaciones
que son incorrectas pero que aparentemente poseen una fuerza
de prueba que de hecho no tienen. Un comienzo moderno de
este campo de reflexión lo encontramos en el Sistema
de la lógica de Stuart Mill, y su estudio de
las fallas en la enunciación, y también en
Bacon, J. Balmes y J. Bentham. Actualmente, los errores
de razonamiento y los paralogismos son objeto de interés
creciente tanto en el área de la psicología
cognitiva (Tversky y Kahneman, Nisbett y Ross) como en el
de la teoría de la argumentación (Hamblin,
Woods y Walton, Van Eemeren y Grootendorst).
Vaz Ferreira propone reunir la esquematología y
la lógica viva como teoría y práctica
de la argumentación con lo que es coincidente con
teorías actuales respecto a la argumentación,
especialmente en relación al análisis de las
falacias, más precisamente, las falacias informales.
Emplea indiferentemente los términos falacia y sofisma,
además de confusión, error o paralogismo,
para referirse a varias formas de argumentos inválidos,
pero no pretende distinguir o medir las intenciones de los
que a través de ellos, tratan de confundir o engañar,
más bien le preocupa los efectos de los argumentos
aparentes, los argumentos no válidos caracterizados
como "errores" o "descuidos" por pertenecer
a un razonamiento sistemático, teórico o práctico.
Según nuestro autor, las falacias conciernen a un
hábito generalizado, y no meramente individual, que
emerge de la falta de precaución, consciente o inconsciente,
respecto al uso de sistematizaciones discursivas o esquemas
verbales socializados en tanto cree que el mismo lenguaje
es convencionalmente pensado y usado como un sistema clasificatorio.
El paralogismo puede encontrarse en estado cambiante en
la realidad psicológica que estudia nuestro autor:
a veces hay paralogismos en la expresión literal
y no en el pensamiento; otras veces lo hay en el pensamiento
aunque no lo hay propiamente en la expresión literal;
y, más aún agrega: “ni siguiera hay
que creer que, aun en la misma persona (en el autor, por
ejemplo, o en un mismo lector) habría en todos los
momentos estados iguales. De aquí resultan cosas
complejísimas: cambios, grados, tendencias o paralogismos,
que he procurado sugerir, aunque la profundización
de todo esto no es posible en el plano didáctico.”
(Vaz Ferreira, LV, 1957:25).
En el caso de Vaz Ferreira sus condiciones críticas
proporcionan el marco teórico de la discusión
y ciertas violaciones a las reglas propuestas constituyen
una falacia, es decir, una interrupción irrazonable
del proceso de resolución de la disputa. La estructura
lógica de las argumentaciones es insuficiente para
juzgar su razonabilidad y lo que resulta crucial es su uso
en el contexto de su enunciación le conduce a reconstruir
argumentos y situaciones implícitas en las discusiones
de todos los días en ámbitos educativos, jurídicos,
médicos, etc. Así, entre las condiones que
menciona Vaz Ferreira se encuentra la de prestar especial
atención al contexto específico, puesto que
lo que resulta razonable en un contexto puedo no serlo en
otro. En consecuencia, el fracaso respecto a satisfacer
los criterios aceptables para determinado contexto, conduce
a grandes tipos de falacias: falacias de falsa precisión,
falacias verbo-ideológicas, falacias ideo-verbales,
etc. A las falacias subyace el criterio de aceptabilidad
de los razonamientos que requiere decidir si, en el contexto
dado, las razones dadas, relevantes y suficientes, realmente
apoyan el punto de vista o requieren de un apoyo adicional.
Asimismo, el análisis de los aspectos cuasi-lógicos
y psicológicos del procedimiento argumentativo está
relacionado con la propuesta de criterios que consientan
determinar las consecuencias prácticas de una creencia,
teoría u opinión. Esto sucede porque el proceso
de la discusión se vincula con los modos de pensar,
el planteo de la cuestión, esto es, la presentación
de los argumentos con la elección o la solución
y consecuentemente con la decisión.
Los criterios para una argumentación adecuada,
vinculados al aspecto psicológico de las discusiones,
tienen que ver con los modos de presentar las opiniones,
esto es, con los conceptos de modos de hablar (Vaz Ferreira,
F, 1957:135), modos de escribir (Vaz Ferreira, LV, 1957:172,174)
y efectos (Vaz Ferreira, LV, 1957:172) que producen los
planteos de las cuestiones, discusiones, debates, teorías,
proyectos u opiniones. Con esto no estamos afirmando que
Vaz Ferreira se refiera a la dispositio considerada
como mero ordenamiento de las partes del discurso sino como
parte del discurso que evalúa en forma crítica
los aspectos éticos que surgen cuando se presentan
propuestas a la consideración de un auditorio.
Comparación, analogía y metáfora
Vaz Ferreira sostiene que en la realidad psicológica
que es la que pretende estudiar, “un paralogismo cualquiera
no es una cosa fija y permanente: es un estado cambiante”
(Vaz Ferreira, LV, 1957:25) Dicho estado cambiante tiene
que ver con el acercamiento a una realidad psicológica
que la sistematización y el lenguaje ocultan, artificializan
y deforman.
La analogía es la argumentación por semejanza:
como si averiguada la causa de un fenómeno, inferimos
que otro semejante ha debido tener la misma causa. Vaz Ferreira
admite que desde el punto de vista de la comprensión
entre las cosas comparadas hay semejanzas y disimilitudes,
y la parte diferente tiende a hacer comprender mal o a desviar.
Advierte que cuando hay demasiado espíritu argumentador
o mala fe en las discusiones, las comparaciones hacen surgir
una nueva discusión, injertada en la otra, sobre
la propiedad de la comparación y sobre la aplicabilidad
de los argumentos de uno al otro caso.
En cuanto al efecto de hacer comprender, la comparación
requiere una verdadera colaboración del
que la recibe, del que ha de comprenderla: que tome únicamente
lo semejante, que se preste de buena fe y de buena voluntad
a recibir el efecto aclaratorio, prescindiendo de lo diferente,
y defendiéndose en lo posible del efecto confusivo
o erróneo que lo diferente tiende a producir. (Vaz
Ferreira, LV, 1957:251)
Es utilísimo acostumbrarse a analizar la propiedad
de las comparaciones en las discusiones: generalmente
son parcialmente adecuadas y parcialmente inadecuadas;
mucho depende de la buena voluntad, consciente e inconsciente,
de tomarlas sólo en lo adecuado, o de un acuerdo
tácito que en tal sentido se produce en el
caso; de todos modos es muy conveniente procurar aclarar
y discernir (hasta donde se pueda, porque es muy difícil)
lo que, en esas comparaciones es adecuado e inadecuado
lógicamente, así como distinguir el
valor lógico de la comparación, de esos
efectos psicológicos, reales o posibles...
(Vaz Ferreira, LV, 1957:270)
En vez de denunciar la doxa (opinión)
como inferior a la epistêmê (ciencia),
Vaz Ferreira se propone sistematizar los errores vivos,
protegiendo a la retórica frente a sus propios abusos
y con lo que se da un vínculo entre el concepto retórico
y el concepto lógico de argumentación. Según
el autor, las comparaciones no se circunscriben al lenguaje
poético y retórico, sino también en
el filosófico y el científico donde las imágenes,
las metáforas, las sustituciones son empleadas frecuentemente.
Para la retórica clásica un tropo era la
simple sustitución de una palabra por otra. Pero
la mera sustitución es una operación estéril,
mientras que en una metáfora viva la tensión
entre las palabras, o más precisamente, entre las
dos interpretaciones, una literal y la otra metafórica
en el nivel de una oración entera, suscita una verdadera
creación de sentido. La retórica clásica
no puede dar cuenta de esta creación de sentido.
La teoría de la "tensión" de la
metáfora se opone a la teoría de la "sustitución",
supone que emerge una nueva significación, la cual
incluye la oración completa. Una metáfora
es una creación instantánea, una innovación
semántica que no tiene reconocimiento en el lenguaje
ya establecido, y que sólo existe debido a la atribución
de un predicado inusual o inesperado. La metáfora
no es sólo una asociación basada en la semejanza,
es la resolución de un enigma y está constituida
por la resolución de una disonancia semántica.
Las metáforas vivas son metáforas de invención
dentro de las cuales la respuesta a la discordancia en la
oración se convierte en una nueva ampliación
del sentido, si bien es realmente cierto que tales metáforas
inventivas tienden a convertirse en metáforas muertas
por medio de la repetición.
Además de la categorización de los distintos
tipos de falacias, en Lógica viva se presenta una
distinción que afecta al empleo del lenguaje cotidiano
y que tiene que ver con la discriminación entre uso
del lenguaje literal y uso del lenguaje metafórico.
Hasta el momento, no hemos encontrado afirmaciones explícitas
referidas a la prohibición del empleo de metáforas
en la metodología científica; la apelación
a la metáfora es una constante a lo largo de toda
su obra.
Como Vaz Ferreira lo sugiere, las comparaciones deben
hacerse para explicar, para hacer comprender y requieren
–sobre todo- una verdadera colaboración de
quien la recibe, es decir, una distinción entre el
sentido literal y el sentido metafórico en el que
debe atenderse el contexto de uso. Hay que tener en cuenta
la importancia adjudicada por nuestro autor al contexto
de la expresión lingüística, porque puede
suceder que tal expresión sea interpretada literalmente
en un contexto y metafóricamente en otro, lo que
lleva a pensar que el significado metafórico emerge
en el uso lingüístico, y que, por tanto, el
problema de su explicación es algo que debe competer
a la pragmática. Dicho con las palabras de uno de
los más conocidos representantes de esta disciplina:
"el problema de explicar cómo funciona la metáfora
es un caso particular del problema general de explicar cómo
divergen el significado del hablante y el significado oracional
o léxico" (Searle, 1980:76).
La noción central que examina la pragmática
es la de significado del hablante, el significado que el
hablante confiere a sus expresiones lingüísticas
concretas en circunstancias particulares de uso. Tal significado
puede coincidir o no con el significado sistémico
de sus expresiones, con el significado convencional asignado
por el sistema lingüístico. La pragmática
debe proporcionar una explicación de cómo
tal significado puede, con todo, ser desentrañado
por una audiencia. Dicho de otro modo, la pragmática
procura explicar la relación que existe entre el
significado de las expresiones lingüísticas
y el significado de la utilización de las expresiones
lingüísticas, esto es, lo que Vaz llamaría
el empleo lógico y el efecto psicológico provocado
por los enunciados. Vaz Ferreira concibe al lenguaje:
como un sistema de signos destinados a expresar los
estados de conciencia; como estos últimos no
pueden ser conocidos sino por la misma persona que
los experimenta, es claro que, para comunicarlos a
otra persona, se necesita evocarlos por asociación
en el espíritu de ésta, lo que se hace
produciendo ciertos fenómenos intermediarios
que deben ser accesibles a la observación exterior
y que son precisamente los signos. (Vaz Ferreira,
CE, 1917:213).
Para avanzar en la propuesta es necesario recuperar la
explicación de signo y de organización estructural
del enunciado hecha por Bajtín. El concepto de signo
bajtiniano permite dar cuenta de la dinámica evolutiva
del signo. Tenemos por una parte, que la construcción
del significado no es asunto de uno solo sino de dos sujetos
socialmente organizados y la experiencia se vuelve significativa
solamente en el intercambio verbal intersubjetivo. Así,
la construcción del sujeto discursivo, del pensamiento
interior va a depender también de la experiencia
sociocultural evocada en y por el enunciado (Todorov 1981:67-92).
En este sentido, ningún enunciado desde una perspectiva
general, puede ser atribuido a un solo locutor: el enunciado
es el producto de la interacción de los interlocutores
y de manera general, el producto de toda situación
social compleja, en la cual éste surgió (Todorov,
1981:50).
Por otra parte, el signo es el resultado de la fusión
estrecha entre una forma material y el contexto, y es solamente
en esta dinámica de la construcción del signo
donde la conciencia se vuelve conciencia. El signo, a su
vez, emerge solamente en el proceso de interacción
de una conciencia individual con otra, en el proceso intersubjetivo,
lo cual significa que el signo y la situación social
están definitivamente fusionados.
Con Vaz Ferreira la tradición se mantiene sólo
como objeto hermenéutico, como unidad temática
de la interpretación, pero no ofrece, como sucede
en Gadamer, un criterio positivo de comprensión,
una legitimación «histórica» (todo
lo debilitada y no transparente que se quiera) del acto
interpretativo. En relación a la hermenéutica
integradora, la lógica de las discusiones propuesta
por nuestro autor se presenta como la disolución
extrema del propósito de comprender auténticamente,
de introducirse hasta el núcleo, si no de las cosas,
al menos del lenguaje como tradición, depósito,
repertorio de palabras-clave filosóficas. No se trata
de indicar el sentido de una tradición o la legitimidad
de una interpretación, sino desligar, disolver o
transformar en discontinuos, con la introducción
de virajes o márgenes de juego, los modelos instituidos
de interpretación.
Parece que Vaz Ferreira enmarca el lenguaje –instrumento
mediador por excelencia– en el estudio de los procesos
de apropiación, internalización y construcción
de la identidad personal, lo que resulta complementario
con la perspectiva bajtiniana de dialogicidad, alteridad,
heterogeneidad, lenguaje social y genero discursivo.
Considerando el papel mediador del discurso interno, Vygotski
ha subrayado la importancia de la auto-regulación
en cuanto característica inherentemente humana en
la actividad de resolución de problemas. La perspectiva
de Vygotski sobre la mediación semiótica en
los procesos psicológicos superiores, a la luz de
las perspectivas de la psicología actual, puede potenciarse
con la aportación de algunos constructos de la teoría
de Bajtin.
La dimensión básica de la filosofía
del lenguaje de Bajtin se sitúa en el énfasis
en el dialogo, en la valoración de la diferencia
y de la alteridad. Para este autor el diálogo ha
de ser estudiado de un modo comprensivo, en cuanto conjunto
de condiciones que son modeladas en las interacciones entre
dos personas pero que no se agotan en esa interacción.
El término usado por Bajtin capaz de integrar energías
diferenciadas es el de enunciación; la enunciación
constituye la piedra base del dialogismo bajtiniano. A partir
del dialogismo y de la enunciación, Bajtin construye
toda una teoría sobre la comunicación educativa.
De la confluencia del pensamiento de los dos autores destacamos
la naturaleza dialógica de la conciencia, la posibilidad
de centrar el foco de análisis de la acción
educativa en la comunicación y los escenarios en
que se produce y el planteamiento del discurso como comunicación
socialmente situada.
Bajtín pone de relieve los actos de discurso, inscribiéndolos
en una filosofía de la acción, en una antropología
filosófica, en la que la enunciación y sus
enunciados son el punto central en el proceso de construcción
del sujeto, en el proceso de aprendizaje de la sociedad
y en el proceso de reproducción cultural. Tenemos
entonces que la noción de contexto en una teoría
del discurso inscrita en una dimensión enunciativa
y dialógica del sentido no es como un añadido
o una sobredeterminación externa a la enunciación.
No, el contexto viene a hacer parte de la semántica
misma del enunciado en la actividad dinámica enunciativa
del discurso, y la parte verbal actualizada estará
siempre íntimamente relacionada con la parte sobreentendida
del enunciado. Esta parte sobreentendida del enunciado entra
a formar la semántica del enunciado en la que se
toman en consideración el horizonte espacial y temporal
común a los sujetos enunciadores, los saberes de
contenido social por ellos compartidos así como también
los valores comunes y diversos que los ponen en relación.
Los esquemas de conocimiento desde una dimensión
dialógica se proponen como el resultado de la relación
intersubjetiva, cuya significación discursiva resulta
de la fusión estrecha entre contexto y forma material,
lo cual responde al concepto de la creación continua
del signo y su evolución. Es por ello que sería
posible argumentar que es en la mediación realizada
en y a través de la práctica enunciativa de
la actividad discursiva que se logra la construcción
de la subjetividad, la construcción de los esquemas
cognitivos.
Partiendo de la noción de “planos mentales”,
Vaz Ferreira vincula la dimensión psicológica
de decidir y usar los lenguajes sociales y géneros
discursivos más apropiados en determinado escenario
sociocultural. Este constructo se relaciona con la adecuación
de determinado instrumento a un contexto específico.
Los procesos psicológicos explican el hecho de que
los sujetos consideran que el uso de determinados instrumentos
mediadores son más apropiados que otros en determinados
escenarios. Esto supone un concepto de negociación
dinámica. Una de las fuentes principales de este
dinamismo deriva del hecho de que el modelo de lógica
de las discusiones es accesible a la reflexión consciente
y, de este modo, al cambio personal. Una vez aplicada al
análisis del discurso educativo, la noción
de lógica de las discusiones tiene un papel fundamental
porque nos abre numerosas vías para la identificación
de voces que caracterizan este discurso.
NOTAS
(1) Según Liberati, en Uruguay, no se registra tradición
lineal en el análisis del discurso, y esto explica
en parte la dificultad y la tardanza que experimentamos
al reconocer la tonalidad vazferreiriana que prevalece en
Lógica viva, aunque no sólo en esta
obra, cuyo capítulo inicial, “Errores de falsa
oposición”, contiene un claro ejemplo de examen
lingüístico, examen de casi cuarenta textos,
en dos series, de origen oral o escrito, “tomados
de la realidad”, en los que es indiscutible la influencia
paralogística de palabras y de combinaciones de palabras
como “sino”, “pero”, “demasiado”,
“más vale”, “sólo”,
“más”, “no”, “entre”,
“mejor”, “en vez”, “muchos
más”, “sin”, etc. Todo ello sólo
para ver cómo se produce el error, para advertir
cómo se forma, para aprender a deducir con claridad
el procedimiento que llevó a la exageración
o a la falsa oposición. (Liberati, 1980:84)
(2) «Podemos imaginarnos también que todo el
proceso del uso de las palabras (...) es uno de esos juegos
por medio de los cuales aprenden los niños su lengua
materna. Llamaré a estos juegos de lenguaje
y hablaré a veces de un juego primitivo como un juego
de lenguaje (...) Llamaré también juego
de lenguaje al todo formado por el lenguaje y las acciones
con las que está entretejido» (L. Wittgenstein,
1988:7).
«En vez de indicar algo que sea común a todo
lo que llamamos lenguaje, digo que no hay nada en absoluto
común a estos fenómenos por lo cual empleamos
la misma palabra para todos, sino que están emparentados
entre sí de muchas maneras diferentes. Y a causa
de este parentesco o de estos parentescos, los llamamos
a todos lenguaje (...) El resultado de este examen
reza así: Vemos una complicada red de parecidos que
se superponen y entrecruzan. Parecidos a gran escala y de
detalle. No puedo caracterizar mejor esos parecidos que
con la expresión parecidos de familia (...)
Y diré: los juegos componen una familia».
(L. Wittgenstein, 1988, 65-67).
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