Rolando Córdoba comenzó, a partir del 1982,
a mostrar su entorno con una ambigüedad pasmosa, entre
lo humorístico y lo melancólico. En esa búsqueda
lo han acompañado sus ojos azules, la modestia exigente,
el constante fumar y la invisibilidad de su cuerpo.
Primero fue diseñador que fotógrafo. “Salgo
a la luz, como fotógrafo cuando me sentí seguro
que podía decir algo con una cámara y en la
intimidad de mi laboratorio”.
De esta manera nos ha ido incitando a que descubramos el
goce estético que tiene por la fotografía.
Ha expuesto en más de 30 colectivas en Cuba y en
el resto del mundo y tiene 16 muestras personales a su haber.
En Cuba, formó la Cátedra de Fotografía
del Instituto Superior de Diseño, donde impartió
clases y talleres con una muy peculiar pedagogía
y forma de enseñanza con excelentes resultados. Reconoce
que se lleva demasiado tiempo en sus proyectos fotográficos.
Cree en la intuición del ser humano, en el sexo de
los ángeles y en todo aquello que le hace detener
el paso o levantar su vieja Leica.
Así anda, siempre caminando entre la sombra y el
silencio, y debatiendo qué hacer con la luz, y el
tiempo.
-¿Vives del diseño gráfico y no de
la fotografía?
-Para vivir de la fotografía hay que llegar a un
estatus en el medio, que también se convierte en
compromiso, y eso supone un tiempo que no tengo, y tampoco
se si tengo el talento para ello. Vivo del diseño
gráfico y me doy el lujo de hacer fotografías.
-¿Cuánto tiempo te llevó
madurar, para mostrar tu obra fotográfica?
-El tiempo no se me ha acabado aun, por suerte.
-¿En que momento te consideras un artista
o un creador de imágenes?
-De entrada, sigo sin entender el término “artista”,
y en cuanto a “creador de imagen” depende mucho
por la gente que sigue mi trabajo. En Cuba, donde comencé,
se dice que marqué algunas pautas en cuanto a encuadres,
tonos etc. No soy el tipo de fotógrafo clásico,
quizás porque vengo de una escuela de diseño,
donde se enseña a componer una imagen, y se cuestiona
el espacio, el énfasis, la composición, en
vez del sistema de zona, el primer plano y el fondo. Nunca
entendí la imagen fotográfica de esa manera.
Yo solo creo en la buena y mala fotografía. Dicen
los que vieron trabajar a Cartier Bresson en la Habana,
que a veces disparaba sus cámaras invertidas, con
el visor hacia abajo, porque componía los valores
de la escena y no sus componentes. Eso siempre me causó
admiración, y no niego que lo he intentado y lo que
si te aseguro es que es un excelente ejercicio. Me considero
muy intuitivo eso si, y si, cuando me llega algo por el
visor, ya se si resultará después una toma
interesante o no.
-Tengo en mis manos una traducción de un
texto tuyo publicado por la revista “Photo”
de Alemania, donde afirmas “El desarrollo óptico-humano,
en su ejercicio de querer ver, denota un nivel de pensamiento
inmediato y connota una forma de sentir, sensación
esta que no se enseña ni se aprende; se educa y se
brinda para crear una motivación, y así se
convierte en premisa para un fotógrafo, que a diferencia
de cualquiera que maneja una cámara, asume el privilegio
del oficio y hace del ejercicio a la motivación diaria,
una actitud de práctica profesional ante la vida”
¿te gusta enseñar?
-Definitivamente si, aunque aprovecho para aprender más
de lo que enseño, y sobre todo de los más
jóvenes, esos que andan por ahí con sus camaritas,
todavía inhibidos, pero soñando con la mejor
fotografía, no con llenar una sala de exposiciones.
-En tu trabajo encuentro algo de la fusión
de tres fotógrafos reconocidos: el documento onírico
de Robert Frank, la composición irreverente de Garry
Winogrand, y la estaticidad del paisaje urbano de Lee Friedlander,
pero además en tu obra se acentúa el contraste
de las copias…¿estoy equivocado en esa apreciación?
-Noo para nada!, me atrevo a afirmar que si no conociera
el trabajo de ellos, mi trabajo sería totalmente
distinto. De Robert Frank admiro su valentía de salir
al mundo con un libro como Los Americanos, es un nuevo concepto
de “retratar” una sociedad, pienso que debería
ser un libro obligado en toda escuela de fotografía.
De Winogrand me interesó siempre su mirar fortuito,
acabo de comprar su libro póstumo, y es impresionante:
entraba a caminar una cuadra de N.Y. y ¡salìa
con 20 o 40 imágenes en apenas setenta metros! Sin
embargo la selección final que hacía era magistral.
Y de Friedlander, bueno, lo considero uno de los fotógrafos
más influyentes en mi trabajo, sobre todo en el uso
de los reflejos y las sombras, su mirar es toda una clase
de saber ver. En mis clases es material obligado al igual
que Salgado, René Burri, Walter Firmo, Cartier y
otros.
-¿ Y sobre el contraste?
-Pienso que es como preguntarle a Picasso por su período
rosa o azul, quizás también tiene que ver
con el entorno. Creo que no podría hacer esas imágenes
con la luz de Londres o Suecia, la luz del Caribe es una
luz fuerte, es un color saturado, de sombras duras y reflejos
molestos, debe ser por ello ¿no?
-Te gusta la gente pero no el documento ¿cómo
se entiende eso?
-Lo que evito es la foto-documento. Es un trabajo
que hacen muy bien muchos foto reporteros. No me interesa
la imagen por quien esté o donde se encuentre, yo
hago fotografía por mi propio goce estético,
cada imagen la convierto en un desafío, no hay más
que eso, y claro que me gusta la gente, sobre todo cuando
me desafían o los convierto en reto como te dije…
-Conoces a muchos fotógrafos acá
en Venezuela, y has visto el trabajo de otros ¿qué
te parece lo visto?
-Amén de muchos fotógrafos y muy
buenos trabajos, Venezuela se suma a todo el mal de Latinoamérica,
incluso Cuba. Existe un divorcio increíble entre
fotógrafos, por tendencias, formas de ver etc. También
la ausencia de buenas curadorías hace mucha mella
en el medio, y por otro lado me preocupa la incultura de
muchos fotógrafos, cuando se sobreentiende que este
debe ser un ente culto, capaz de hacer saltar los resortes
de un público receptor y para ello debe conocerlos,
y hasta manipularlos. Siempre digo que llamarse fotógrafo
puede ser un título para ganarse la vida, pero también
debe ser una actitud de práctica visual para representarla,
y sobre todo por lo necesario que se hace en América,
un compromiso serio a nivel fotográfico. Paolo Gasparini
una vez dijo: “fotografiar es casi unas ganas de vivir”
y creo que estaba consiente de la necesidad de ese aliento,
porque no hay dudas que en este continente, sigue faltando
aire.
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(*) Rolando Córdoba. Diseñador
gráfico, fotógrafo y profesor de fotografía
en el Instituto Superior de Diseño en Cuba. Ha
impartido talleres y conferencias sobre el medio y publicado
sus portafolios en varias revistas especializadas. Sus
imágenes han integrado más de 30 muestras
colectivas y 16 muestras personales que han sido expuestas
en Cuba, Rusia, Estados Unidos, Polonia, Hungría,
Suiza, Costa Rica, España, Alemania, Portugal,
México y Venezuela. En este último país
también ha participado como jurado y ha sido invitado
a varios eventos. Ha obtenido diversos premios y menciones,
entre ellos el Premio fotográfico Casa de las
Américas 1987.
En 1985 viaja a Guyana formando parte de una expedición
musicológica donde realiza su primer ensayo Habitando
Caminos, expuesto en varios países. En 1991
viaja a Venezuela y expone Caminar Conmigo en
el Ateneo de Caracas y en otras salas del país;
más tarde esta muestra recorrería Europa.
Establecido en Venezuela despliega un arduo trabajo vinculado
más al medio publicitario, creando imágenes
y campañas para importantes firmas de ropa, calzados
y productos, e incursiona en la realización de
comerciales en cine para t.v. En el año 2000 viaja
a México como Director Creativo de una importante
agencia de publicidad y se establece en el D.F. Colabora
con varias agencias publicitarias y revistas especializadas
publicando críticas y portafolios, retomando nuevamente
sus proyectos personales, entre ellos, la organización
de su propio stock de imágenes.
En 2003 visita Chetumal, capital de estado de Quintana
Roo, sitio al sureste de México conocido por sus
bellezas naturales, playas y decenas de sitios arqueológicos,
y se establece en dicha ciudad, donde vive actualmente.
Allí funda la agencia de publicidad Imagencenter,
donde trabaja como director creativo y viaja por toda
la región fotografiando sitios y aspectos de interés.
Parte de su trabajo se encuentra expuesto en www.encuadrelatino.com,
sitio que ha creado para publicar sus imágenes
actualizadas de modo permanente.
Para contactarse con Rolando Córdoba:
rolandocordoba@prodigy.net.mx