Un problema de altura
La ausencia de grandes títulos en la Berlinale 2004
encumbró algunas pequeñas obras. Es el caso
del thriller de Vinko Bresan situado en plena guerra de
los Balcanes, Witness. Pese a algunas redundancias,
el filme croata resultó interesante por un uso de
la descomposición del relato –de la que tantas
veces se abusa sin justificación- para reflejar la
multiplicidad de puntos de vista que todo hecho puede tener.
Kim Ki Duk hizo elevar levemente el nivel del festival con
su cuento moral Samaria, hermoso e intenso ejercicio
visual que se diluye en el contenido.
Menos interesante resultó la odisea propuesta por
Hans Peter Moland, Beautiful Country que, como
Angelopoulos, muestra el exilio de forma algo pretenciosa,
pero que en este caso resulta insustancial hasta el punto
que el drama que se pretende mostrar a base de efectismos
desaparece. A la vez que Ken Loach demostraba estar más
empeñado en la demagogia política que en el
cine en su Ae Fond Kiss.
Sin ser una gran obra y ante la falta de propuestas interesantes
la sencillez de El abrazo partido de Daniel Burman
destacó, demostrando una vez más el pozo sin
fondo que es la nueva ola de directores (y ante todo guionistas)
argentinos.
Historia íntima y familiar, el filme es como un
diario personal del protagonista, Ariel, que va de lo individual
a lo colectivo. Encerrada en el centro comercial en el que
Ariel trabaja con su madre, los personajes son descriptos
con mimo e ironía. A través de la abuela de
origen polonés, la ausencia del padre y la posibilidad
de emigrar a Europa, la historia de Ariel pronto se constituye
en la historia de la dificultad de identidad en un país
en el que la migración ha ocupado gran parte de la
historia.
París, un romance discutible
Al enfrentarse a Before Sunset de Richard Linklater
uno no sabe muy bien si lo que se está viendo es
realmente un filme o sólo una broma. En 1994 el director
americano dirigía Before Sunrise, intenso
romance vienés entre Ethan Hawke y Julie Delpy, que
fue considerado un éxito del cine nortemericano independiente.
Seis años después los dos protagonistas se
reúnen en París en otra jornada de debate
amoroso.
Sencillo en apariencia, la hora y veinte minutos de deambular
parisino de Delpy y Hawke es algo más pretencioso.
Existe en Before Sunset cierta autosatisfacción,
con dos actores que a veces parecen más dos complacientes
Hawke y Delpy que los personajes que interpretan. Y pese
a que la planificación propuesta por Linklater sea
más que correcta –dejando paso al travelling
cuando la escena lo requiere, haciendo uso del plano contra
plano con inteligencia en el interrogante desenlace- el
filme peca de una irregularidad que se descubre desde su
planteamiento. Ni slice of life, ni segunda parte, ni una
gran experimentación, Before Sunset es una
anécdota y es cuando se plantea como tal que obtiene
el calificativo “interesante”.
John Cale Performance
Fuera de competición se presentó Process
dirigida por CS Leigh, un nuevo engendro de cine provocador,
que más que provocar deja indiferente. Veintinueve
planos secuencia con Beatrice Dalle en pleno calvario. La
banda sonora compuesta para el filme está firmada
por John Cale, que en Berlín ofreció una performance.
Asentado definitivamente en la composición de música
para películas, el autor del reciente Hobosapiens
se aprovechó de la falta de diálogos y de
algunos excesos del filme de Leigh para crear una banda
sonora llena de texturas. Más allá de la línea
melódica del piano, la propuesta de Cale se compone
de diversos recovecos sonoros, en los que la voz se convierte
en un instrumento más que modular. Desde spoken word
hasta jadeos y suspiros de ultratumba, las cuerdas vocales
de Cale, así como la guitarra distorsionada que suena
al final del filme son la mejor representación del
universo oscuro y desesperado que Leigh pretende mostrar.
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Retrospectiva: Trouble in Wanderland (New Hollywood
1967-1976)
Taxi Driver, Chinatown, El Padrino... O lo que
es lo mismo: Scorsese, Polansky, Coppola... algo pasó
en el Hollywood de los años sesenta a setenta. Actores
que se sumaban a la dirección, como Dennis Hopper,
documentales de diferentes índoles –desde el
Don’t look back sobre Dylan al manicomio
que retrató Frederick Wiseman en Titicut Follies,
pasando por la reflexión de dejes a lo Nouvelle Vague
sobre la representación de Robert Frank, Me and
my brother-, una serie B transgresora –La
noche de los muertos vivientes de Romero- y una violencia
que tiene su origen en el convulso momento en el que se
encontraban los Estados Unidos. La road movie se convirtió
en la mejor muestra de un país cuya gente iba totalmente
a la deriva. Con Badlands a la cabeza (sin olvidar
Wanda o Easy Rider), la tragedia se mezclaba
con un realismo del desencanto. En este sentido se explica,
como se apuntaba desde la organización de la retrospectiva,
que esta se abra con Bonnie and Clyde (1967) y
se cierre con Taxi Driver (1976). Diez años
entre la muerte brutalmente plástica de Bonnie Parker
y Clyde Barrow y la supervivencia en el infierno del Travis
Bickle de Scorsesse.
SUMARIO DE BERLINALE 2004