-primera escena-
Odio a mi padre. Mi padre.
El amor no existe. Odio estos mensajes grabados a fuego.
El amor no. Mi padre no, tampoco mi madre. El amor no existe.
El amor no cuando soy ¿Quién, cuándo soy? ¿Cómo, cuando
el amor no existe? Odiar al padre, odiarlos a todos ellos.
El amor no existe. Odiarlos a fuerza de la autoridad con
odios que calmen sus mentiras, odiarlos cuando dicen que
el amor. Odiar a todos los padres y sus instituciones. ¿Cómo
existe? ¿Dónde? ¿Cuándo hoy? Nada. Nada creo hoy en este
día. Nada hacia adelante cuando las alucinaciones nos impiden
los propios ejercicios. Odiar al padre confundido, y a las
fuerzas que nos precipitan. Odiar odiando al padre que nos
herencia, desechando sus desechos de mentiras. El odio fortalece.
La insolencia se corrige por la fuerza. Intensos golpes
sobre cuerpos estallados, son la deuda que el padre cobrará
a su debido tiempo. Odiarlos con un odio que crece adentro,
y que mata cada cierto tiempo. Se mata para corregir mentalidades.
Los animales se alimentan y eliminan sus desechos. Mentiras
creciéndonos adentro. Agujeros al costado del deudor anidando
odios cada cierto tiempo, fabricando sueños. Odiar al padre,
a todos nuestros padres, cuando el odio va creciendo. Muy
cerca de las bestias, los demonios crecen. a los padres.
a todos nuestros padres cuando el odio crece adentro, estallado
de nefastas emociones.
-pausa-
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-ensaya
la segunda voz-
Es durante la noche que despierto
con la sensación de atravesar sueños aterradores. Sueños que se relacionan con un estado que
me hace desaparecer atrás de las palabras.
Una rabia inmensa me inunda al momento de abrir los
ojos. Sueños confundidos resisten la ubicación en
la que nos han puesto.
Se mata cada cierto tiempo.
Fortaleciendo esta rabia de vértigo que se acumula.
Nos sitúan al centro de una fragilidad insoportable.
Vulnerables a las ideas, a las exigencias y a todas sus
culpas. A punto de caer en un estado que de máquinas se
repite.
Destruidas nuestras manos
justas, ya no tiemblan.
Recurro al modelo. Un modelo que se asemeje a mi
propia intimidad. Recuerdos. Busco en un primer recuerdo, la
fragilidad del padre. Siento
íntimamente el rechazo a este modo mío con gestos de varón,
un rechazo que inunda mi crueldad, tantas veces, en el aire,
el abuso, la paciencia, la tolerancia de otras, que sí han
creído. Lo más increíble
a estas alturas es creer. Nada se puede ahora. Ni en los padres. Ni en el recuerdo que te
quede de ellos. Son
ideas desmembradas. Te
enseñan para satisfacer y agradar, muchas veces con aquellos
que no tienen siquiera una pequeña relación de altura con
tu fortaleza. Aprendes
para el servilismo. Te obligan a creer. Te enseñan a esperar. A las mujeres así la crueldad y sólo porque
sí. Ellos en cambio aprenden a mentir, a degradar, a cultivar
el engaño, muchas de las veces en lo propio, con palabras
hechas para conquistar, obtener, tener, conquistar... tener,
conquistar, hechas para conquistar, conquistar, hechas para conquistar.
Tengo esta apariencia extraña,
mezcla ajena e insoportable que me excluye. Un ejemplo ambíguo
en la necesidad de huir, salir de la tela, del propio tejido,
librarse de no se cuál de todas las trampas. ¿Dónde se pegó
esta historia? ¿Dónde me atrapó la misma historia, idéntica?
Aprendí a someter esta forma ambígua. Me someto, vuelvo
a la trampa por no saber cómo avanzar con este cuerpo repleto
de signos ambíguos, cuerpo que se agita y en su deseo atrapa.
Cuerpo mío que en la curvatura daña porque tiene gestos
de poder adentro, y porque sabe como degradar. Es lo que
aprendo, desde siempre, no sabiendo ¿cómo? con los otros,
con los de los discursos, los de las frases hechas, los
de aquellos temas repletos de incansables quejas.
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-tercera voz-
Nada creo hoy. Nada en
este día. Purificación. Depuración. Miércoles Blanco. Serapis
Bey arcángel de mi felicidad, -dicen- y ellos
dicen, que el blanco existe y también Gabriel Ángel de la
guarda, que me guarda de mi padre, que no cree que el blanco
existe y que no sabe que yo no creo, y que odio, que odio
tanto cuando me subyuga, cuando me somete. Mi padre golpea.
Golpea sobre la madre que miente. Golpea con palabras sobre
las hijas, cuando dice que la madre miente, que las mujeres
mienten. -¡Todas ustedes mienten!- Los niños juegan y aprenden
grabando y se mienten de todos estos mensajes la cabeza.
Nada creo hoy. Nada en este día. Odio a mi padre y sus desordenados
niños, de ideas grabadas con el fuego de los grandes y de
todas sus instituciones. Purificación.
Depuración. Miércoles Blanco. Serapis Bey Arcángel de mi felicidad.
Sobre tus rosas yo escribiría
estas primeras palabras, como una cábala frente a una página
en blanco, semejante a una vida en blanco, o partir por
el principio, odiar desde los recuerdos.
Acompáñame y luego cenamos
algo por ahí. Mi padre y yo acostumbrábamos a ir a la Fuente
Alemana. Recuerdo el delicioso lomo con palta. Recuerdo
y repito aquella textura de pan blando, extremadamente remojado
por abajo y la grasa insoportable de la carne. Puedo verme
hurgueteando con los dedos, en los tiempos de burlar al
padre, haciendo a un lado aquella mazamorra de pan mojado,
dejándolo todo revuelto sobre la mesa. Tengo 9 años y me
niego a comer eso, que sabe a excesos. Tengo 9 años y ya
se burlar al padre. Él no lo nota, o más bien hace como
que no lo nota. Ahora que lo pienso, es probable que mi
padre mienta buscando repetir nuestras salidas, para que
ambos inundados juguemos. Y jugábamos entre las mujeres
gordas cuando jugábamos a conversar sobre cosas de los grandes.
Conversábamos a veces sobre cosas de los grandes, sabiendo
que no habría nadie más dispuesto que yo, a atender las
estridencias de sus aseveraciones.
-pausa-
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-cuarta voz-
Nuestras madres transitan
por el instinto. El bien es tan escaso como el mal. Lo demás
es estupidez. Estupidez, por todas partes. Madre, lo he
aprendido todo de ti. Me haces perder la cabeza. Madre,
no detengas nuestro viaje, galopemos como antiguas yeguas
batidas al viento, sin otro poder que la unión de sangre
y luna. Madre, no me hables de la incoherencia, déjame susurrarte
en los oídos el dulce abandono que nos hicieron conocer.
Nos hemos vuelto hermosas, no podremos huir de nuestros
derrames. Madre, jamás dejé de contemplarte. Nunca huir
de tus brazos extendidos. No me hagas caer en esa oculta
admiración. Déjame libre y no evidenciaré nuestra atadura.
Te he traído esta cuna de pétalos. Madre no. ¡No ese espacio
vacío y a la vez repleto! Inesperado, autista, incapaz.
¡Ordena
tu caos! ¡Conéctate y todo será para ti! Mi padre miente,
engaña, engañado el padre por otro padre y así atrás, engañados
por la historia, los niños crecen, los padres callan, el
silencio es feroz. Un ojo que todo lo ve me apunta, y ofrece
sus sueños. Un mundo de odios condensa mi furia, mienten
los padres con señales de fuegos y mentiras, con sus actos
despiadados de este mundo. La química no abdica sus poderes.
Recibimos sus señales, satelitales mensajes grabados a fuego
del horror. Un imperio de cerebros mecánicos precipita nuestras
imágenes. Ahora, todo es amenaza. Atómicos experimentan
sus científicas fórmulas. ¿Cómo precisar la extraña fuerza
que aún nos obliga en la atadura? ¿No es acaso una forma
precaria de no sentirnos allí dentro, donde las voces no
responden? Un pájaro cruza el cielo, sin embargo, lejos
de mí, sus alas agitadas. Quisiera volar como los pájaros.
desaparecer.
-ensayos para la esquizofrenia-
Escritor: Identificación Probable:
hombre + hembra = hambre / HEMBRO: nombre que he dado
en llamar a especies de ambos sexos, hombre femenino, hembra
masculino, como nombre genérico que defina su condición,
momentos antes de situarse en conceptos más elaborados y
que me permitan incorporar ambos términos en una posible
clasificación.
------------ Se nos
presenta como ofrenda. Una aparición. Animal extraño. Un
animal que no puede ser clasificado desde su continente.
Una bestia, "la más hermosa", se nos ofrenda aquí, sin que
nos permita siquiera, el entendimiento del instante en que
siente la imperiosa necesidad de hacerlo. Tal vez, el único
pretexto que tiene de permearse con nuestros deseos sea
su convicción, luego de una total falta de fe. Trasladados
desencantos, modifican el "nada puede ser irremediablemente
cambiado de su sitio", por otra aseveración, esta vez irrefutable.
Dos fuerzas opuestas en un mismo signo. o una nueva instancia
que nos traspase, y nos permita el cambio de ángulos.
Hembro: La realidad se nos presentaría
como un gesto demente hacia lo imposible. Como si en los
límites entre la cordura y la ficción existiese una insignificante
línea que pudiera cambiar violentamente el rumbo de las
cosas.
Escritor: Cuando has visto que todos
los días la imagen, incluso tu propia imagen, puede ser
modificada.
Hembro: El secreto nos impide.
Un continente nos sumerge. Una tierra que al parecer se
desvanece.
Escritor: Creed en mí y seré la
sombra que corrompa tu alma desprovista.
Hembro: Cambian los números en
el calendario. Todo el sistema se modifica.
Escritor: - Nada de lo que otros
piensen puede programarte pues a la vez te reconoces fuera
de programa. No existe método, tampoco "una" experiencia
de otro, que impida la reiteración del acto, cito: "Ahora
que el siglo recoge su mantel de huesos", es momento ahora,
de una última función de máscaras.
Hembro: Cuando no encuentras la
forma de atrapar palabras. ideas, aparecidas, sutiles. aprendes
a convivir con una cabeza aturdida. Aprendes realmente a
disfrutarlo. Desde una estructura más simple, podrían excluirse
ideas menos adecuadas. Frotarías con la presión del movimiento
de las manos sobre el teclado y desde antes, la estructura
aparecería resuelta, inamovible. Avanzamos, sin entender
dónde se alojan las imágenes. ¿cómo nos sitúan? ¿incluidos
como más de esos otros?, ¿los mismos?. ¿Ingenuos de alucinaciones
extraviadas? ¿Iluminados tal vez?, o ¿locos de remate?
Escritor: - Te vas volviendo
autista. Un vicioso narciso y sin salida.
Hembro: - Destruir las palabras,
hacerlas estallar.
Escritor: - Eres francamente
insoportable. Desplazas
tus vicios al gesto y desde esa forma obviarías mi necesidad
de interrupciones aclaratorias. Para justificar el enorme
deseo que me provocan hoy las palabras.
Hembro: - ¿Digitarías con
extrema suavidad? ¿Lo harías como pidiendo ayuda? ¿Casi
frágil? Con destreza homosexual, como diríase en un lenguaje
común desde un código simple que se autoriza a sí mismo
en un idioma vulgar y falto de recursos. Me refiero a ciertos matices, intelectuales,
emocionales, empáticos.
Escritor: --- Porque si hay algo que sabes perdido
es la fe, su urgencia.
Hembro: - Justificarías así
algunos abusos respecto de la violencia entre los amantes,
o para con los hijos. Desde el lugar común, hablarías del
caso de hombres que siendo niños, fueron humillados y avergonzados,
generalmente por el padre y que a su vez. y así sucesivamente.
¡Justificándolo todo!
Dirías que tales consecuencias tendrían directa relación
con un hombre que se forma, con un niño que crece y que
luego así. Entonces,
a diferencia de escribir digitarías hábilmente, omitiendo
la palabra homosexual. Eludiendo una definición de época,
irrefutable. Registros
en que los conocimientos estarían duplicándose sistemáticamente
inundándonos de discursos, y las sospechas crecerían en
extremo. Me harías
hablar, continuando con la escritura, sin alterar ideas,
ni ofuscar esbozos. Es tuya la necesidad de soltar el poder,
sin desvirtuar su sentido, y menos vulgarizarlo.
Escritor: - ¿Quién determinaría
entonces la real importancia de las palabras? ¡La escritura
es un gesto indesmentible!
Hembro: - ¿Dónde te paras?.
¿Dónde nos paran? Del mismo modo, pereceríamos devorados
o al acecho de las fauces de un escenario carnívoro.
Hembro: Entonces ellos se preguntarían ¿qué más?, si
es que en algo les encaja con lo propio. Del mismo modo
que lo harías tú. construyendo realidades.
------------ Pero la
realidad no te pertenece.
Escritor: - Todo en estos momentos,
es finamente clasificado.
Hembro:- Y continuaríamos
ambos, con una historia desbaratada. Narcisos modernos,
o post modernos, según la intención de usted, o de usted.
o de ella... o de quien define... Hacerlo como decir. Sin
duda todos dicen. O como pensar. Hacerlo para no estarse
quieto. El silencio es feroz.
Escritor: - Ciertos de lo que
ha de hacerse, embuidos de historias personales, bajo ninguna
consigna o cualquier consigna, incluso en nombre de la fe.
Hembro: - Haciendo caso omiso
a lo que ocurre en el fondo de nuestras conciencias afectadas
nos acercamos a otros, buscando obtener reflejos de una
vasta y generosa complacencia. Nada de lo que hacemos es
realmente ingénuo, buscamos a menudo frente a nuestras pupilas,
ciegos espejos que nos aprueben o nos hagan sentir cualquier
cosa, lo que sea. Desde las herencias, hacia todas las cosas
buscamos reacios y distantes objetos de impulsos precarios.
Escritor: - ¿Y si cambiáramos
violentamente? ¡Estamos
en eso! ¿Y si yo, ahora lo hiciera? Modificara el escenario. Te situaría por ejemplo, en busca de una copa.
y todo tú necesidad, irías en busca de "algo", que te permitiera
evadir aquel modo de alterar tu depredadora inteligencia
lineal, entonces yo te haría beber lentamente esa copa,
y otra. y otra más. y otra. y otra más.
Hembro: --- Me harías fumar
un cigarrillo, por enunciar sólo lo adecuado, bien conoces
la diversidad de productos útiles para modificar en algo,
nuestro pesado e insoportable estado corporal.
Definirías tu escenario y me harías el que escribe.
¿Desde qué lugar lo haces? O más bien, ¿desde dónde? obteniendo
repertorios de imágenes todas simples. Somos simples cuerpos
buscando necesariamente ser provistos.
Escritor: Luego de la agitación,
siempre es posible una salida.
Una que te acceda al espacio neutro en que no todo
tenga que necesariamente ser transado.
Hembro: ¿Cuántos personajes simplemente
atrapados, en otro "nada que decir"? ¿Dónde estaría entonces el aporte en la creación del personaje?
Nunca parece suficiente.
Hasta detonar algo mayor, algo en que dejes de ser
tú, la única referencia. La idea es más bien eludir tu narciso
insoportable, con al menos una posibilidad de ahondar en
territorios menos predecibles.
Entonces, la escena estaría situada más bien en descubrir,
cuál es el instante donde se encuentra el pulso de la composición.
El pulso exacto y único, en que todo se junta en un mismo
eje. Sabiendo que
en ambos extremos, se puede mantener la forma cóncava, suponiendo
la oscilación de ambos paralelos.
Escritor: ¿Cómo para ahondar en
el melodrama y la rareza, sólo porque sí?
¿Dónde
------------ pasa aquel maldito instante
por ti, a la vez que por un otro?
Hembro: Ese es tu problema ¿Importa
el tiempo? Los
tiempos se conjugan luego.
Es el contenido de la escena, luces, destellos, pedacitos
de ideas, de cuerpos, de personajes mínimos.
Un intento por atrapar algo, una inédita fuerza,
que nos permita la salida.
Escritor: Cuando aprendes a convivir
con la cabeza aturdida te das cuenta de que estamos ávidos
de escenas limpias. Somos
simples páginas blancas, como vidas en blanco, si otros
no completan nuestro desproporcionado egotismo.
Hembro: Entenderse simultáneos. Somos trayectorias de imágenes que se articulan
desde las primeras sílabas.
Intentar reconstruir desde los pliegues para vernos
desde siempre escritos como fragmentos. Somos cuerpos fracturados
y susceptibles, qu enos hacen, de vez en cuando, resbalar.
Escritor: Nada es posible de intervenir
ahora. Todo está determinado.
Nuestros movimientos predecibles.
Hembro: ¿Me harías desaparecer?
Escritor: Momento de respuestas,
dicen los entrometidos, desde sus códigos de acceso. La
voz de la conciencia, gritan desde sus convenciones.
Y en nombre de la conciencia, lucran. Ellos lo hacen,
lucrar en el descontrol, asemejarse en las diferencias,
participando de los códigos comunes. Aprendidos los disfraces, desde los espacios,
extraños. Extraviados
van asimilándose a las estructuras. Es el mundo entero el
que destruye tus caderas redondeadas.
Esa sexualidad tuya es ahora nuestra mejor oferta.
¿Desde cuáles síntomas nos permitirías identificar
una realidad para tu forma?
Hembro: Desde el único que permanece,
aquel, el de los apegos.
Escritor: Cuerpos flexibles, humanizados,
sutilizados y perfectos. Insisten sus ambiguos pasos. Personajes
transformados y
diabólicos, ofertando la radicalidad de sus propuestas.
Protagonistas de mejores ofertas.
Nada es posible ahora.
Nadie está a salvo. Faltarían más propuestas, menos
ausencias, nuevos desórdenes.
Hembro: Animales de cuál especie.
bestias que se reconocen, que se funden y confunden, con
la única razón de congelar el tiempo de una raza de autómatas.
¡Déjame ser aquel animal! amando su increíble forma, aquella,
la de los ropajes. Descaradas máscaras, acoplados cuerpos,
o simplemente continúar con la historia a medida que el
hilo va perdiéndose.
Escritor: Descifrarías así, algunas ideas que te perturban. Descompuestas, desgranadas y deshechas, tus
mínimas ideas, confundidas y aturdidas entre lo privado
y lo íntimo, entre aquellos otros afuera, todos amenazantes.
Hembro: Sin embargo, el placer
nuestro es extremado, más allá del acto de llenar la boca,
necesitamos llenar el cuerpo, pero también en el interior,
un "algo" muy particular, que nos ha sido destinado -dicen-
desde tiempos inmemoriales.
Escritor: Las imágenes me refieren
al oficio. Un oficio tan antiguo como inventar. Aceptando
que nada se inventa, salvo la enfermedad.
Hembro: -- ¿No pensarás en hacer de tu vida otro
invento? Como hacerse
personalmente los zapatos. Resistiendo la mugre escurridisa
y maloliente. Eludiendo el plástico derramado, que sudoroso
se destiñe impregnando las plantas de tus pies. Siendo un
consumidor más, gastarías algunos pesos al mes siguiente,
por un nuevo par. Si
es tan barato, -dirán ellos- todo cada vez más barato.
Cantidades de objetos vendiéndose a nada, desechos,
inundándolo todo con sus advertencias repletas para el goce,
vitrinas de ofertas y escaparates plásticos, a fuerza de
los despilfarros. ¿Desde dónde aquellas voces? Poéticas, míticas, y tan repletas de miradas
ingénuas. Momentos en que la forma carecería de prácticas
irreverentes y agresivas.
La imaginación es algo que no puede durar siempre.
De recuerdos apagados, violentados por un dolor interminable. Hasta que el cansancio, finalmente te divierte.
Crecer como salida. Repetir como hacen otros, a nombre de
hábitos significantes. Siguiendo las débiles pistas, obviando
la ilusión de lo posible, buscando una pequeña
diferencia para señalarte entre muchos distraídos de caminos
y fórmulas.
Escritor: -- ¡Cansado de las
quejas!
Hembro: -- Someter el acto
más allá de lo soportable, como si con articular construcciones
repletas y cargadas, pudieras encontrar el modo de avanzar
hacia aquello, impredecible. Borradores como simulacros,
ingénuamente construidos, confundiéndonos de efectos inteligentes.
Escritor: -- Ampliando tus deseos,
en juegos menos lastimosos para situar ese "algo" que nunca
se satisface. La muerte está pasada de moda. Na que ver
-dirán. Entonces, intentar la salida una vez más. Indagando
en escenarios posibles esta vez para la entretención. ¿Mutas?
Hembro: -- ¡Ahhh déjame la
certeza de la duda!. ¡Todo multiplicándose! Ahhh intensos
quejidos. Los muros se expanden, de ninguna manera se superponen,
de ninguna manera se borran unos a otros, ni se multiplican.
Escritor: -- ¿Oír con los dedos
de los pies?
Hembro: -- Los niveles de
comunicación suelen ser infinitos. Una noche iluminada de
recuerdos. Inventos y registros, desde antes programados.
¡Ahhh la certeza de la duda! Después, bastarían palabras
sueltas como besos dulces en la piel. Bastaría con escribir
y salir corriendo, como ángeles asexuados, tormentas de
silencio y claridad en las manos. Metaforizas, aquella fierecilla
que entre palabras se las quiere todas, sería menos que
un gatito, igual a esos que pasan por tu habitación de vez
en cuando. Las ideas te hacen sentir torpe. Sobre/expuesto.
Repleta tu cabeza no se aquieta. Eres un delirante, desbaratas
causas perdidas y tan pequeñas. Inténtalo, si aún tienes
la naturaleza áspera y posees la piel agrietada.