Hembros: Asedios a lo post-humano
(Novela instalación)
Por Eugenia Prado

 

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-primera escena-

Odio a mi padre. Mi padre. El amor no existe. Odio estos mensajes grabados a fuego. El amor no. Mi padre no, tampoco mi madre. El amor no existe. El amor no cuando soy ¿Quién, cuándo soy? ¿Cómo, cuando el amor no existe? Odiar al padre, odiarlos a todos ellos. El amor no existe. Odiarlos a fuerza de la autoridad con odios que calmen sus mentiras, odiarlos cuando dicen que el amor. Odiar a todos los padres y sus instituciones. ¿Cómo existe? ¿Dónde? ¿Cuándo hoy? Nada. Nada creo hoy en este día. Nada hacia adelante cuando las alucinaciones nos impiden los propios ejercicios. Odiar al padre confundido, y a las fuerzas que nos precipitan. Odiar odiando al padre que nos herencia, desechando sus desechos de mentiras. El odio fortalece. La insolencia se corrige por la fuerza. Intensos golpes sobre cuerpos estallados, son la deuda que el padre cobrará a su debido tiempo. Odiarlos con un odio que crece adentro, y que mata cada cierto tiempo. Se mata para corregir mentalidades. Los animales se alimentan y eliminan sus desechos. Mentiras creciéndonos adentro. Agujeros al costado del deudor anidando odios cada cierto tiempo, fabricando sueños. Odiar al padre, a todos nuestros padres, cuando el odio va creciendo. Muy cerca de las bestias, los demonios crecen. a los padres. a todos nuestros padres cuando el odio crece adentro, estallado de nefastas emociones.

-pausa-

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-ensaya la segunda voz-

Es durante la noche que despierto con la sensación de atravesar sueños aterradores.  Sueños que se relacionan con un estado que me hace desaparecer atrás de las palabras.  Una rabia inmensa me inunda al momento de abrir los ojos.  Sueños confundidos resisten la ubicación en la que nos han puesto.  Se mata cada cierto tiempo.  Fortaleciendo esta rabia de vértigo que se acumula.  Nos sitúan al centro de una fragilidad insoportable. Vulnerables a las ideas, a las exigencias y a todas sus culpas. A punto de caer en un estado que de máquinas se repite.

Destruidas nuestras manos justas, ya no tiemblan.  Recurro al modelo. Un modelo que se asemeje a mi propia intimidad.  Recuerdos. Busco en un primer recuerdo, la fragilidad del padre.  Siento íntimamente el rechazo a este modo mío con gestos de varón, un rechazo que inunda mi crueldad, tantas veces, en el aire, el abuso, la paciencia, la tolerancia de otras, que sí han creído.  Lo más increíble a estas alturas es creer.  Nada se puede ahora. Ni en los padres. Ni en el recuerdo que te quede de ellos.  Son ideas desmembradas.  Te enseñan para satisfacer y agradar, muchas veces con aquellos que no tienen siquiera una pequeña relación de altura con tu fortaleza.  Aprendes para el servilismo. Te obligan a creer.  Te enseñan a esperar.   A las mujeres así la crueldad y sólo porque sí. Ellos en cambio aprenden a mentir, a degradar, a cultivar el engaño,  muchas de las veces en lo propio, con palabras hechas para conquistar, obtener, tener, conquistar... tener,

conquistar, hechas para conquistar, conquistar, hechas para conquistar.   

Tengo esta apariencia extraña, mezcla ajena e insoportable que me excluye. Un ejemplo ambíguo en la necesidad de huir, salir de la tela, del propio tejido, librarse de no se cuál de todas las trampas. ¿Dónde se pegó esta historia? ¿Dónde me atrapó la misma historia, idéntica? Aprendí a someter esta forma ambígua. Me someto, vuelvo a la trampa por no saber cómo avanzar con este cuerpo repleto de signos ambíguos, cuerpo que se agita y en su deseo atrapa. Cuerpo mío que en la curvatura daña porque tiene gestos de poder adentro, y porque sabe como degradar. Es lo que aprendo, desde siempre, no sabiendo ¿cómo? con los otros, con los de los discursos, los de las frases hechas, los de aquellos temas repletos de incansables quejas.

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-tercera voz-

Nada creo hoy. Nada en este día. Purificación. Depuración. Miércoles Blanco. Serapis Bey arcángel de mi felicidad, -dicen- y ellos dicen, que el blanco existe y también Gabriel Ángel de la guarda, que me guarda de mi padre, que no cree que el blanco existe y que no sabe que yo no creo, y que odio, que odio tanto cuando me subyuga, cuando me somete. Mi padre golpea. Golpea sobre la madre que miente. Golpea con palabras sobre las hijas, cuando dice que la madre miente, que las mujeres mienten. -¡Todas ustedes mienten!- Los niños juegan y aprenden grabando y se mienten de todos estos mensajes la cabeza. Nada creo hoy. Nada en este día. Odio a mi padre y sus desordenados niños, de ideas grabadas con el fuego de los grandes y de todas sus instituciones. Purificación.

Depuración. Miércoles Blanco. Serapis Bey Arcángel de mi felicidad.

Sobre tus rosas yo escribiría estas primeras palabras, como una cábala frente a una página en blanco, semejante a una vida en blanco, o partir por el principio, odiar desde los recuerdos.

Acompáñame y luego cenamos algo por ahí. Mi padre y yo acostumbrábamos a ir a la Fuente Alemana. Recuerdo el delicioso lomo con palta. Recuerdo y repito aquella textura de pan blando, extremadamente remojado por abajo y la grasa insoportable de la carne. Puedo verme hurgueteando con los dedos, en los tiempos de burlar al padre, haciendo a un lado aquella mazamorra de pan mojado, dejándolo todo revuelto sobre la mesa. Tengo 9 años y me niego a comer eso, que sabe a excesos. Tengo 9 años y ya se burlar al padre. Él no lo nota, o más bien hace como que no lo nota. Ahora que lo pienso, es probable que mi padre mienta buscando repetir nuestras salidas, para que ambos inundados juguemos. Y jugábamos entre las mujeres gordas cuando jugábamos a conversar sobre cosas de los grandes. Conversábamos a veces sobre cosas de los grandes, sabiendo que no habría nadie más dispuesto que yo, a atender las estridencias de sus aseveraciones.

-pausa-

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-cuarta voz-

Nuestras madres transitan por el instinto. El bien es tan escaso como el mal. Lo demás es estupidez. Estupidez, por todas partes. Madre, lo he aprendido todo de ti. Me haces perder la cabeza. Madre, no detengas nuestro viaje, galopemos como antiguas yeguas batidas al viento, sin otro poder que la unión de sangre y luna. Madre, no me hables de la incoherencia, déjame susurrarte en los oídos el dulce abandono que nos hicieron conocer. Nos hemos vuelto hermosas, no podremos huir de nuestros derrames. Madre, jamás dejé de contemplarte. Nunca huir de tus brazos extendidos. No me hagas caer en esa oculta admiración. Déjame libre y no evidenciaré nuestra atadura. Te he traído esta cuna de pétalos. Madre no. ¡No ese espacio vacío y a la vez repleto! Inesperado, autista, incapaz. ¡Ordena tu caos! ¡Conéctate y todo será para ti! Mi padre miente, engaña, engañado el padre por otro padre y así atrás, engañados por la historia, los niños crecen, los padres callan, el silencio es feroz. Un ojo que todo lo ve me apunta, y ofrece sus sueños. Un mundo de odios condensa mi furia, mienten los padres con señales de fuegos y mentiras, con sus actos despiadados de este mundo. La química no abdica sus poderes. Recibimos sus señales, satelitales mensajes grabados a fuego del horror. Un imperio de cerebros mecánicos precipita nuestras imágenes. Ahora, todo es amenaza. Atómicos experimentan sus científicas fórmulas. ¿Cómo precisar la extraña fuerza que aún nos obliga en la atadura? ¿No es acaso una forma precaria de no sentirnos allí dentro, donde las voces no responden? Un pájaro cruza el cielo, sin embargo, lejos de mí, sus alas agitadas. Quisiera volar como los pájaros. desaparecer.

-ensayos para la esquizofrenia-

Escritor:    Identificación Probable: hombre + hembra = hambre / HEMBRO: nombre que he dado en llamar a especies de ambos sexos, hombre femenino, hembra masculino, como nombre genérico que defina su condición, momentos antes de situarse en conceptos más elaborados y que me permitan incorporar ambos términos en una posible clasificación.

------------ Se nos presenta como ofrenda. Una aparición. Animal extraño. Un animal que no puede ser clasificado desde su continente. Una bestia, "la más hermosa", se nos ofrenda aquí, sin que nos permita siquiera, el entendimiento del instante en que siente la imperiosa necesidad de hacerlo. Tal vez, el único pretexto que tiene de permearse con nuestros deseos sea su convicción, luego de una total falta de fe. Trasladados desencantos, modifican el "nada puede ser irremediablemente cambiado de su sitio", por otra aseveración, esta vez irrefutable. Dos fuerzas opuestas en un mismo signo. o una nueva instancia que nos traspase, y nos permita el cambio de ángulos.

 

Hembro:    La realidad se nos presentaría como un gesto demente hacia lo imposible. Como si en los límites entre la cordura y la ficción existiese una insignificante línea que pudiera cambiar violentamente el rumbo de las cosas.

Escritor:    Cuando has visto que todos los días la imagen, incluso tu propia imagen, puede ser modificada.

Hembro:    El secreto nos impide. Un continente nos sumerge. Una tierra que al parecer se desvanece.

 

Escritor:    Creed en mí y seré la sombra que corrompa tu alma desprovista.

Hembro:    Cambian los números en el calendario. Todo el sistema se modifica.

Escritor: - Nada de lo que otros piensen puede programarte pues a la vez te reconoces fuera de programa. No existe método, tampoco "una" experiencia de otro, que impida la reiteración del acto, cito: "Ahora que el siglo recoge su mantel de huesos", es momento ahora, de una última función de máscaras.

Hembro:    Cuando no encuentras la forma de atrapar palabras. ideas, aparecidas, sutiles. aprendes a convivir con una cabeza aturdida. Aprendes realmente a disfrutarlo. Desde una estructura más simple, podrían excluirse ideas menos adecuadas. Frotarías con la presión del movimiento de las manos sobre el teclado y desde antes, la estructura aparecería resuelta, inamovible. Avanzamos, sin entender dónde se alojan las imágenes. ¿cómo nos sitúan? ¿incluidos como más de esos otros?, ¿los mismos?. ¿Ingenuos de alucinaciones extraviadas? ¿Iluminados tal vez?, o ¿locos de remate?

Escritor: - Te vas volviendo autista. Un vicioso narciso y sin salida.

Hembro: - Destruir las palabras, hacerlas estallar.

Escritor: - Eres francamente insoportable.  Desplazas tus vicios al gesto y desde esa forma obviarías mi necesidad de interrupciones aclaratorias. Para justificar el enorme deseo que me provocan hoy las palabras.

Hembro: - ¿Digitarías con extrema suavidad? ¿Lo harías como pidiendo ayuda? ¿Casi frágil? Con destreza homosexual, como diríase en un lenguaje común desde un código simple que se autoriza a sí mismo en un idioma vulgar y falto de recursos.   Me refiero a ciertos matices, intelectuales, emocionales, empáticos.

Escritor: --- Porque si hay algo que sabes perdido es la fe, su urgencia.

Hembro: - Justificarías así algunos abusos respecto de la violencia entre los amantes, o para con los hijos. Desde el lugar común, hablarías del caso de hombres que siendo niños, fueron humillados y avergonzados, generalmente por el padre y que a su vez. y así sucesivamente.   ¡Justificándolo todo!   Dirías que tales consecuencias tendrían directa relación con un hombre que se forma, con un niño que crece y que luego así.   Entonces, a diferencia de escribir digitarías hábilmente, omitiendo la palabra homosexual. Eludiendo una definición de época, irrefutable.   Registros en que los conocimientos estarían duplicándose sistemáticamente inundándonos de discursos, y las sospechas crecerían en extremo.    Me harías hablar, continuando con la escritura, sin alterar ideas, ni ofuscar esbozos. Es tuya la necesidad de soltar el poder, sin desvirtuar su sentido, y menos vulgarizarlo.

Escritor: - ¿Quién determinaría entonces la real importancia de las palabras? ¡La escritura es un gesto indesmentible!

Hembro: - ¿Dónde te paras?. ¿Dónde nos paran? Del mismo modo, pereceríamos devorados o al acecho de las fauces de un escenario carnívoro.

Hembro:   Entonces ellos se preguntarían ¿qué más?, si es que en algo les encaja con lo propio. Del mismo modo que lo harías tú. construyendo realidades.

------------ Pero la realidad no te pertenece.

Escritor: - Todo en estos momentos, es finamente clasificado.

Hembro:- Y continuaríamos ambos, con una historia desbaratada. Narcisos modernos, o post modernos, según la intención de usted, o de usted. o de ella... o de quien define... Hacerlo como decir. Sin duda todos dicen. O como pensar. Hacerlo para no estarse quieto. El silencio es feroz.

Escritor: - Ciertos de lo que ha de hacerse, embuidos de historias personales, bajo ninguna consigna o cualquier consigna, incluso en nombre de la fe.

Hembro: - Haciendo caso omiso a lo que ocurre en el fondo de nuestras conciencias afectadas nos acercamos a otros, buscando obtener reflejos de una vasta y generosa complacencia. Nada de lo que hacemos es realmente ingénuo, buscamos a menudo frente a nuestras pupilas, ciegos espejos que nos aprueben o nos hagan sentir cualquier cosa, lo que sea. Desde las herencias, hacia todas las cosas buscamos reacios y distantes objetos de impulsos precarios.

Escritor: - ¿Y si cambiáramos violentamente?   ¡Estamos en eso!   ¿Y si yo, ahora lo hiciera?  Modificara el escenario.   Te situaría por ejemplo, en busca de una copa. y todo tú necesidad, irías en busca de "algo", que te permitiera evadir aquel modo de alterar tu depredadora inteligencia lineal, entonces yo te haría beber lentamente esa copa, y otra. y otra más. y otra. y otra más.

Hembro: --- Me harías fumar un cigarrillo, por enunciar sólo lo adecuado, bien conoces la diversidad de productos útiles para modificar en algo, nuestro pesado e insoportable estado corporal.   Definirías tu escenario y me harías el que escribe. ¿Desde qué lugar lo haces? O más bien, ¿desde dónde? obteniendo repertorios de imágenes todas simples. Somos simples cuerpos buscando necesariamente ser provistos.

Escritor:     Luego de la agitación, siempre es posible una salida.  Una que te acceda al espacio neutro en que no todo tenga que necesariamente ser transado.

Hembro:    ¿Cuántos personajes simplemente atrapados, en otro "nada que decir"?   ¿Dónde estaría entonces el aporte en la creación del personaje?   Nunca parece suficiente.   Hasta detonar algo mayor, algo en que dejes de ser tú, la única referencia. La idea es más bien eludir tu narciso insoportable, con al menos una posibilidad de ahondar en territorios menos predecibles.   Entonces, la escena estaría situada más bien en descubrir, cuál es el instante donde se encuentra el pulso de la composición. El pulso exacto y único, en que todo se junta en un mismo eje.   Sabiendo que en ambos extremos, se puede mantener la forma cóncava, suponiendo la oscilación de ambos paralelos.

Escritor:     ¿Cómo para ahondar en el melodrama y la rareza, sólo porque sí?   ¿Dónde

------------ pasa aquel maldito instante por ti, a la vez que por un otro?

Hembro:    Ese es tu problema   ¿Importa el tiempo?   Los tiempos se conjugan luego.    Es el contenido de la escena, luces, destellos, pedacitos de ideas, de cuerpos, de personajes mínimos.    Un intento por atrapar algo, una inédita fuerza, que nos permita la salida.

Escritor:     Cuando aprendes a convivir con la cabeza aturdida te das cuenta de que estamos ávidos de escenas limpias.  Somos simples páginas blancas, como vidas en blanco, si otros no completan nuestro desproporcionado egotismo.

Hembro:     Entenderse simultáneos.   Somos trayectorias de imágenes que se articulan desde las primeras sílabas.   Intentar reconstruir desde los pliegues para vernos desde siempre escritos como fragmentos. Somos cuerpos fracturados y susceptibles, qu enos hacen, de vez en cuando, resbalar.

Escritor:     Nada es posible de intervenir ahora. Todo está determinado.   Nuestros movimientos predecibles.

Hembro:     ¿Me harías desaparecer?

Escritor:    Momento de respuestas, dicen los entrometidos, desde sus códigos de acceso. La voz de la conciencia, gritan desde sus convenciones.   Y en nombre de la conciencia, lucran. Ellos lo hacen, lucrar en el descontrol, asemejarse en las diferencias, participando de los códigos comunes.    Aprendidos los disfraces, desde los espacios, extraños.    Extraviados van asimilándose a las estructuras. Es el mundo entero el que destruye tus caderas redondeadas.   Esa sexualidad tuya es ahora nuestra mejor oferta.   ¿Desde cuáles síntomas nos permitirías identificar una realidad para tu forma?

Hembro:     Desde el único que permanece, aquel, el de los apegos.

Escritor:    Cuerpos flexibles, humanizados, sutilizados y perfectos. Insisten sus ambiguos pasos. Personajes transformados  y diabólicos, ofertando la radicalidad de sus propuestas.   Protagonistas de mejores ofertas.    Nada es posible ahora.  Nadie está a salvo. Faltarían más propuestas, menos ausencias, nuevos desórdenes.

Hembro:     Animales de cuál especie. bestias que se reconocen, que se funden y confunden, con la única razón de congelar el tiempo de una raza de autómatas. ¡Déjame ser aquel animal! amando su increíble forma, aquella, la de los ropajes. Descaradas máscaras, acoplados cuerpos, o simplemente continúar con la historia a medida que el hilo va perdiéndose.

Escritor:     Descifrarías así, algunas ideas que te perturban.   Descompuestas, desgranadas y deshechas, tus mínimas ideas, confundidas y aturdidas entre lo privado y lo íntimo, entre aquellos otros afuera, todos amenazantes.

Hembro:     Sin embargo, el placer nuestro es extremado, más allá del acto de llenar la boca, necesitamos llenar el cuerpo, pero también en el interior, un "algo" muy particular, que nos ha sido destinado -dicen- desde tiempos inmemoriales.

Escritor:     Las imágenes me refieren al oficio. Un oficio tan antiguo como inventar. Aceptando que nada se inventa, salvo la enfermedad.

Hembro: -- ¿No pensarás en hacer de tu vida otro invento?   Como hacerse personalmente los zapatos. Resistiendo la mugre escurridisa y maloliente. Eludiendo el plástico derramado, que sudoroso se destiñe impregnando las plantas de tus pies. Siendo un consumidor más, gastarías algunos pesos al mes siguiente, por un nuevo par.    Si es tan barato, -dirán ellos- todo cada vez más barato.    Cantidades de objetos vendiéndose a nada, desechos, inundándolo todo con sus advertencias repletas para el goce, vitrinas de ofertas y escaparates plásticos, a fuerza de los despilfarros. ¿Desde dónde aquellas voces?    Poéticas, míticas, y tan repletas de miradas ingénuas. Momentos en que la forma carecería de prácticas irreverentes y agresivas.    La imaginación es algo que no puede durar siempre.   De recuerdos apagados, violentados por un dolor interminable.    Hasta que el cansancio, finalmente te divierte. Crecer como salida. Repetir como hacen otros, a nombre de hábitos significantes. Siguiendo las débiles pistas, obviando la  ilusión de lo posible, buscando una pequeña diferencia para señalarte entre muchos distraídos de caminos y fórmulas.

Escritor: -- ¡Cansado de las quejas!

Hembro: -- Someter el acto más allá de lo soportable, como si con articular construcciones repletas y cargadas, pudieras encontrar el modo de avanzar hacia aquello, impredecible. Borradores como simulacros, ingénuamente construidos, confundiéndonos de efectos inteligentes.

Escritor: -- Ampliando tus deseos, en juegos menos lastimosos para situar ese "algo" que nunca se satisface. La muerte está pasada de moda. Na que ver -dirán. Entonces, intentar la salida una vez más. Indagando en escenarios posibles esta vez para la entretención.   ¿Mutas?

Hembro: -- ¡Ahhh déjame la certeza de la duda!. ¡Todo multiplicándose! Ahhh intensos quejidos. Los muros se expanden, de ninguna manera se superponen, de ninguna manera se borran unos a otros, ni se multiplican.

 

Escritor: -- ¿Oír con los dedos de los pies?

 

Hembro: -- Los niveles de comunicación suelen ser infinitos. Una noche iluminada de recuerdos. Inventos y registros, desde antes programados. ¡Ahhh la certeza de la duda! Después, bastarían palabras sueltas como besos dulces en la piel. Bastaría con escribir y salir corriendo, como ángeles asexuados, tormentas de silencio y claridad en las manos. Metaforizas, aquella fierecilla que entre palabras se las quiere todas, sería menos que un gatito, igual a esos que pasan por tu habitación de vez en cuando. Las ideas te hacen sentir torpe. Sobre/expuesto. Repleta tu cabeza no se aquieta. Eres un delirante, desbaratas causas perdidas y tan pequeñas. Inténtalo, si aún tienes la naturaleza áspera y posees la piel agrietada.


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