En mi estudio
Mi verdadera vida se encierra en mi estudio. Allí
es donde yo, ajeno al mundo exterior, transformo en formas
y colores mis sentimientos; me embriago con esencia de
petróleo, trementinas, y otras mezcolanzas.
Allí es donde reflexiono y me trazo nuevos caminos
estéticos por los que discurrir, desviados de lo
tradicional, y trato de liberarme completamente de las
trabas más artesanales de mi trabajo, y así
desempeñar una función más próxima
a lo intelectual, lo cual me crea grandes problemas de
conciencia, pero que al mismo tiempo me abre nuevas autopistas
de sensaciones, y me hacer dudar de otros tipos de discursos
más afines a los manuales mas tradicionales de
la historia.
Nuevas sensaciones que forman parte de
una época convulsionada de búsqueda de nuevos
lenguajes, donde la técnica y tecnología
nos llevarán inexorablemente a fronteras hoy impensables
y que hacen que los artistas figurativos que no queremos
quedar descontextualizados y reducidos a un ámbito
localista, nos subamos a ese tren evolutivo que nos acerque
más a la escena internacional.
Un periodo que aún a riesgo de abrir
más la brecha existente entre artistas y el público
está basado en la unidad de sentimiento de muchos
artistas de diferentes ramas del arte, que buscamos nuevas
herramientas con que expresarnos.
En mi estudio es donde me preparo a sabiendas
de que lo nuevo va a encontrar resistencia y de que su
aceptación constituirá una etapa más
de este largo recorrido que me he trazado. En este sentido
y con el máximo de humildad, creo que mi lenguaje
estético puede parecer agresivo incluso extravagante,
y quizás la visión de mi obra pueda propiciar
alguna confusión óptica al espectador, pero
nunca nadie podrá decir que no forma parte de mi
vida interior, de mis convicciones mas profundas, estando
seguro que el público sabrá absorber su
esencia, proporcionándole el disfrute de una experiencia
de gran intensidad emocional.
En mi universo los presupuestos hiperrealistas
no son ajenos a las vanguardias y a las nuevas tendencias
pictóricas, sino por el contrario, aunque mantengo
el tradicional estudio del natural y el dibujo, lo supedito
no sólo a la apariencia de personajes, objetos
y paisajes, sino también a su realidad conceptual,
dándose así el adagio de que "nada
se parece menos a lo real que la realidad misma".
En ese sentido tengo la sensación de estar trabajando
al margen de la vanguardia y la retaguardia y sólo
por y para el progreso y a la santa verdad de la existencia.
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Mucho más que la vista, o que los
pensamientos; se necesita un alma partícipe y consciente
para entender lo que sucede de puertas de mi estudio para
dentro. La reconstrucción de los artefactos en
un procero de dentro hacia afuera, lo que me hace incluiso
pintar interiores de aparatos que nunca se verán,
me lleva a un concepto de la realidad como exceso, poniendo
en marcha un mecanismo visual de las cosas y el conocimiento
intrínseco que tenemos de ellas, de esa manera
me acerco a un mundo más objetivo y distante del
tiempo y el espacio y por tanto imposible.
El virtuosismo y la asepsia de la técnica
no son más que elementos en el tipo de lenguaje
que utilizo, y no pueden tener mas importancia que la
propia sintaxis de la obra.
Las angustiosas referencias humanas y mi
rebelión contra todo lo establecido y el poder
poítico, me han hecho estar al margen de la dialéctica
"vanguardia" - "retaguardia" y seguir
circulando a contracorriente, padeciendo así esa
sensación de morir cada día en este proceso
de ejecución pictórica.