- Leer "Casa Tomada" de Julio Cortázar
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"Lo siniestro es aquello que debiendo permanecer oculto
se ha revelado".
Schelling
"Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado
la parte del fondo".
Cortázar
Cortázar, como maestro del relato breve, ha sido precedido
por grandes escritores, algunos de los cuales están presentes
de alguna manera en la obra del argentino. Se ha destacado,
por ejemplo, la influencia de Jorge Luis Borges o de Juan
José Arreola, y el propio Cortázar acepta que su
inclinación a lo fantástico proviene de Edgar Allan Poe, que él mismo tradujo al castellano.
Pero si la presencia de Poe, como acepta Cortázar, está
presente implícitamente en sus cuentos, creemos que aparece
de forma explícita en el que nos proponemos comentar. "Casa
tomada" se nos muestra, en buena medida,
como respuesta a otro relato de Poe, "La caída de la
casa Usher", en el que se encuentran varios elementos
que se repiten en el de Cortázar, aunque desde una concepción
distinta de lo fantástico y de la propia literatura. El
fecundo diálogo entre ambas obras nos permite iluminar zonas
oscuras de la enigmática narración cortazariana y abordar
una interpretación de la misma.
"La caída de la casa Usher" de
Poe nos presenta una casa habitada desde
siglos por una familia, perpetuada siempre en línea directa,
y en la que ahora viven dos hermanos solteros, hombre y
mujer. La casa ofrece un aspecto siniestro al narrador-testigo
que visita a su antiguo amigo, Roderick Usher, atenazado
por un mal de familia que se refleja a la vez en ataques
catalépticos, especialmente en el caso de su hermana, y
en una gran sensibilidad que ha permitido a la familia Usher
dar muestra de "numerosas y elevadas concepciones artísticas".
Su hermana está a punto de morir, lo que agrava el mal de
Roderick que tiene, por otra parte, la sensación de que
la casa ejerce un influjo maléfico sobre él. Lady Madeline
muere y, dada su peculiar enfermedad y para evitar la curiosidad
médica, su hermano prefiere guardar el cadáver unos días
en una vieja cripta en lo profundo de la mansión. Una noche
de tormenta en la que el propio narrador siente una gran
agitación, recibe en su habitación a su amigo, que ha ido
empeorando en los últimos días, al que intenta tranquilizar
leyendo unas páginas de un libro en el que un personaje
fuerza la puerta de una casa y se enfrenta a un dragón.
Sin embargo, la agitación del narrador va creciendo porque
cada uno de los sonidos que describen las páginas del libro
parece tener eco en un sonido en la propia casa Usher. Roderick
confiesa finalmente que en realidad se trata de su hermana,
enterrada viva, que ha logrado liberarse del ataúd y salir
de la cripta y sube ahora las escaleras para vengar la precipitación
de su hermano. Y así es, la puerta se abre y la amortajada
y ensangrentada lady Madeline cae finalmente en un abrazo
mortal sobre su hermano. El narrador huye despavorido y
observa, ya a salvo, cómo la casa se derrumba y es tragada
por el tétrico estanque situado a sus pies.
Es evidente la importancia de la dimensión espacial en
ambos relatos en los que, desde el propio título, la casa
cobra un valor predominante, e incluso se convierte en actante
fundamental en la narración, como un personaje más. En el
relato de Poe la casa aparece personificada desde el principio
a través de la descripción que nos presenta el narrador,
incidiendo especialmente en la extraña atmósfera que la
rodea, y que se asimila a la respiración de un ser vivo, y en las ventanas que a lo largo de
la narración son comparadas a ojos vacíos. Asimismo el propio Roderick Usher
considera que la casa ejerce sobre él un influjo negativo.
También en el relato de Cortázar la condición de personaje
de la casa viene determinada por las propias palabras del
narrador quien, tras referirse brevemente a él y a su hermana,
nos da el verdadero motivo de su escribir: "Pero es
de la casa que me interesa hablar...". La casa como
personaje adquiere, además, los caracteres de personaje
siniestro que enumera Freud en su obra Das Unheimliche; es decir, aparece como portadora de
maleficios, en la impresión de su habitante, como también
resulta siniestra al visitante, y, sobre todo, como doble,
pues la casa se convierte en reflejo de toda la genealogía
que ha vivido en ella, y especialmente de Roderick. Tal
identificación se manifiesta, por ejemplo, en la coincidencia
entre las ventanas de la casa similares a ojos vacíos y
la paulatina perdida de brillo en los ojos de Roderick a
lo largo del relato, e igualmente aparece claramente al
declarar el narrador la polisemia del término casa:
"extraño y equívoco nombre de Casa Usher, nombre que
parecía incluir, entre los campesinos que lo usaban, la
familia y la mansión familiar". Cortázar incide en
esa misma idea al decirnos, al comienzo del relato, que
la casa guardaba los recuerdos de "nuestros bisabuelos,
el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia".
Y por otra parte la identificación de los personajes con
la casa que habitan está clara no sólo en la dedicación
de que es objeto por parte de los dos hermanos, sino porque
el propio narrador anuncia su deseo de destruirla antes
de su propia desaparición.
Otra coincidencia entre ambas obras es que la casa está
habitada precisamente por dos hermanos, de sexo distinto;
dos hermanos que son los últimos de una larga genealogía que está condenada a sucumbir porque
no han contraído matrimonio. Ambas obras se construyen,
principalmente, pues, en torno a un triángulo de personajes;
la casa y los dos hermanos que la habitan, y el núcleo del
relato es precisamente el conjunto de interacciones entre
ellos que, en el caso de la obra de Poe, son observadas
por un narrador-testigo.
Parece también clara la sugerencia de una posible relación
incestuosa en ambas parejas de hermanos. En el relato de
Poe se sugiere al informarnos que del antiguo tronco de
los Usher no había brotado nunca rama duradera porque "toda
la familia se limitaba a la línea de descendencia directa
y siempre, con insignificantes y transitorias variaciones,
había sido así". Además, el propio Roderick se refiere
a su hermana como "tiernamente querida" y "su
única compañía durante muchos años". Por su parte, en "Casa tomada"
el narrador nos habla de su "simple y silencioso matrimonio
de hermanos" y, como veremos, otras son las referencias
que sugieren esta posibilidad.
En ambos relatos la pareja de hermanos vive en un alto
grado de aislamiento. Roderick confiesa a su amigo que "durante
muchos años, nunca se había aventurado a salir" de
la casa, e igualmente la pareja de Cortázar abandona en
rara ocasión la suya; tan sólo él lo hace los sábados con
una clara finalidad -buscar libros franceses, aunque tal
búsqueda él mismo la sabe baldía- y ella ni siquiera, pues
confía en el gusto de él para adquirir la lana que le permite
tejer largas horas. Tal aislamiento está vinculado a la
sugerida relación incestuosa. Se trata el viejo conflicto
familia versus sociedad, que no es sino el conflicto
endogamia versus exogamia de las sociedades primitivas
donde precisamente el incesto era la norma. Pequeños grupos
humanos cerrados sobre sí mismos se perpetuaban siempre
en relaciones que no podían sino ser incestuosas, porque
precisamente lo prohibido eran las relaciones con miembros
de otros grupos. Por tanto parece que hay una clave antropológica
en la lectura de este relato que nos permite comprender
ese aislamiento como resultado de una relación incestuosa,
por latente que ésta sea en un principio. Prueba de ello
es la aceptación de que tal relación viene determinada por
la propia casa, identificada con el linaje, como hemos visto:
"A veces llegamos a creer que era ella [la casa] la
que no nos dejó casarnos", como también Roderick sospechaba
un influjo de la mansión a este respecto.
Tal aislamiento así como la cerrazón de la familia sobre
sí misma conduce finalmente a su destrucción. Tal es la
idea de "La caída de la casa Usher" donde el linaje
se agota finalmente en sí mismo y es simbólicamente tragado
por el tétrico estanque que a lo largo del relato se ha
mostrado también como doble de la casa -y por tanto del
linaje- pues la reflejaba. De esta forma, casa y linaje son
devorados por sí mismos. Se trata de la autofagia a la que
tarde o temprano conduce la endogamia, no porque el incesto
en sí lleve a la muerte -aunque evidentemente en el relato
se sugiere que el mal de familia tiene que ver con una sangre
mezclada consigo misma a lo largo del tiempo- sino porque
precisamente el aislamiento a que esa situación conduce
produce tarde o temprano su destrucción. Los grupos endogámicos
acababan por solaparse espacialmente con otros, lo que produce
una mutua hostilidad, por lo que el hombre acabó enfrentándose,
como dice Lévi-Strauss, recordando a Tylor, a la disyuntiva
entre "casarse" fuera del grupo, o ser matado
dentro del grupo. Evidentemente se optó por la primera
solución; por tanto, la prohibición del incesto no tiene
un origen moral, como puede considerarse en la actualidad,
sino "político" ya que fue una forma de evitar
los conflictos entre grupos cerrados entre sí y que, por
otra parte, se necesitaban mutuamente. La prohibición del
incesto supuso el paso de la familia a la sociedad ya que,
como dice Lévi-Strauss, "si la organización social
tuvo un principio, éste sólo pudo haber consistido en la
prohibición del incesto".
La idea del derrumbamiento de la casa que realmente acontece
en el relato de Poe, como resultado de esa autofagia de
la endogamia, también aparece en el de Cortázar aunque tan
sólo como designio anunciado por el propio narrador al principio,
pero indica en definitiva la misma idea de "necesaria
clausura de la genealogía asentada por los bisabuelos en
nuestra casa", y de destrucción de un linaje decadente.
Los personajes parecen, pues, tener claro en ambos relatos
la influencia de la casa y por consiguiente de la larga
descendencia que la ha habitado, en su situación de aislamiento
y probablemente también en ese estado de "matrimonio
de hermanos" en el que viven ambas parejas. El narrador
de "Casa tomada " manifiesta que han tenido
a veces la idea de que la casa no les dejó casarse, lo cual
es una manifestación de ese aislamiento endogámico que les
impide salir al exterior, a la sociedad y así, en buena medida, los dos hermanos
están atrapados dentro de su casa, de la misma forma que
lo estaba Roderick quien también explicaba esa situación
en relación con la casa. Pero además al reconocer el narrador
la posible influencia -maléfica en cierta medida- de la
casa, nos está presentando la casa como personaje siniestro,
es decir, como en el caso del relato de Poe, con los caracteres
de doble -doble de la familia y de los propio personajes-
y de portador de influencias maléficas que encontraba Freud
en esta clase de personajes.
Nos parece pues que esa situación de aislamiento y la identificación
de los dos hermanos con la casa que a su vez se identifica
con un largo linaje en ambos relatos, es el resultado de
una relación incestuosa que aparece quizá tan sólo de forma
latente en el cuento de Cortázar, y probablemente consumada
en el de Poe. Tal relación incestuosa nos da una clave antropológica
que nos explica el aislamiento de los hermanos, pero también
nos da una clave psicológica pues el incesto aparece como
deseo normal y habitual en los primeros estadios de la vida
del ser humano quien evidentemente tiene en los miembros
de su familia los primeros objetos de deseo sexual, como en la infancia de la humanidad,
los miembros del grupo se relacionaban sexualmente entre
sí. El paso de ese estadio primitivo a uno más avanzado,
como sucede con el crecimiento del niño, lleva a la prohibición
del incesto en un caso, y a la represión psíquica del mismo
en el otro, produciendo -según Freud- elementos fundamentales
del psiquismo humano. En ambos casos el incesto es sustituido
por otro tipo de manifestaciones sexuales. Sin embargo,
en los relatos que nos ocupan, la relación incestuosa se
nos aparece sugerida en varias ocasiones, aunque, como dice
Jean L. Andreu, nada nos permite afirmar esta relación con
seguridad.
Desde esta visión de la situación del relato podemos abordar
la hipótesis de que los invasores que, con tanta naturalidad,
van expulsando a los dos hermanos de la casa, no son en
realidad más que el deseo incestuoso que desde el inconsciente,
identificado con la parte más profunda de esta casa-familia-psiquismo,
va emergiendo hacia la superficie de la conciencia, identificada
finalmente con el exterior de la casa. Tal idea viene también
corroborada porque la situación es similar en el relato
de Poe donde Roderick intenta reprimir su deseo incestuoso
ocultando el objeto, su propia hermana, en la parte más
profunda de su casa, una vieja cripta. Sin embargo el deseo
consigue emerger finalmente y lady Madeline logra abrir
su ataúd así como la puerta de hierro y subir las escaleras
hasta la habitación donde se encuentra Roderick y consumar
ya el incesto en un macabro abrazo final que viene a tener
su paralelo en el gesto del narrador del cuento de Cortázar
de coger a Irene por la cintura.
La casa es pues, realmente, el auténtico protagonista.
El relato se inicia directamente hablando de ella: "nos
gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua....";
con lo que nos da además una primera descripción que se
continúa en el siguiente párrafo al referirse nuevamente
al placer que les produce: "Nos resultaba grato almorzar
pensando en la casa profunda y silenciosa..".
La casa, que parece evidentemente proporcionar satisfacción
a los dos hermanos, nos es presentada a través de cuatro
características básicas repartidas en dos parejas: espaciosa
y antigua, primero y, más adelante; profunda y silenciosa.
Estos cuatro adjetivos creemos que muestran una relación
básica con la mente humana. En primer lugar su antigüedad
que aunque más directamente relacionada con la lectura antropológica
no deja a su vez de relacionarse con el ámbito familiar
en el que surge el psiquismo, pues el propio narrador nos
dirá que la casa "guardaba los recuerdos de nuestros
bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la
infancia", y precisamente los recuerdo de la
infancia son fundamentales en la configuración del carácter,
por cuanto éste se origina -siempre según Freud- durante
esos primeros años y en su génesis toman parte muy activa
los deseos incestuosos. A continuación el narrador nos presenta
sus dimensiones -espaciosa y profunda- que, creemos, son
aplicables también a la mente humana caracterizada por una
amplitud que en gran medida aún nos es desconocida. Y el
último adjetivo, y fundamental como veremos, es el que se
refiere a su silencio, que también es una manifestación
de la identificación de la casa con el psiquismo, pues el
silencio frente al ruido es precisamente la simbolización
que se realiza en el relato para referirse a la represión
y a la emergencia de lo reprimido respectivamente.
El narrador presenta a continuación la idea del incesto
y la idea de la endogamia: "A veces llegamos a creer
que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó
dos pretendientes sin mayor motivo y a mí se me murió
María Esther antes de que llegáramos a comprometernos".
Y seguidamente nos presenta más claramente la situación:
"Entramos en los cuarenta años con la inexpresada
idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio
de hermanos era necesaria clausura de la genealogía
asentada por los bisabuelos en nuestra casa". El narrador
nos da ya algunas claves. Al hablar de inexpresada idea
nos sitúa ya en un ámbito de preconsciencia, y evidente
es la mención al matrimonio de hermanos, que el narrador
califica como silencioso. Prueba más de la identificación
de los personajes con la casa es que el silencio ha sido
destacado como atributo de ésta y, como veremos, el silencio
se relaciona con la situación de represión en la que los
impulsos permanecen dormidos o latentes, mientras el ruido
será la señal de la emergencia de lo reprimido. Todo lo
cual nos sitúa todavía en una situación incestuosa reprimida
-matrimonio silencioso- y en un ámbito en el que
tal deseo, y por supuesto su represión, es todavía inconsciente
-inexpresada idea-.
La influencia de la casa sobre los hermanos viene además
determinada por la dedicación de que es objeto, especialmente
a través de la limpieza, que aparece casi como una obsesión
y que asimismo podemos interpretar simbólicamente como referencia
a la represión, es decir, a la necesidad de eliminar ciertos
impulsos, como se elimina la suciedad, aquí identificada
precisamente con un polvo que por más que se limpia "después
se deposita de nuevo en los muebles y los pianos".
Los dos hermanos no atraviesan nunca la puerta de roble
que divide en dos la casa, salvo para llevar a cabo esta
tarea, que parece ser lo más importante para ellos: "nos
resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y
silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia".
Pero la represión del deseo incestuoso se ve con claridad
en el hecho de que ambos hermanos, y especialmente Irene,
subliman ese deseo realizando otra actividad. En el relato
de Poe también Roderick manifestaba una serie de sublimaciones
artísticas que, según el narrador, eran características
del linaje pues éste "se había destacado desde tiempos
inmemoriales por una peculiar sensibilidad de temperamento,
desplegada, a lo largo de muchos años, en numerosas y elevadas
concepciones artísticas". Roderick toca la guitarra,
improvisa versos y pinta, y no es casualidad que el poema
se titule "El palacio hechizado" ni tampoco que
pinte una profunda gruta que es también una representación
de su psiquismo, y viene a coincidir simbólicamente con
la cripta en la que guarda el supuesto cadáver de su hermana.
En el relato de Cortázar la sublimación es evidente en el
caso de Irene que se dedica a tejer todo el día, y él, que
se encuentra en un cajón un montón de prendas, nos dice
"no sé por qué tejía tanto". Así pues, creo que
es evidente que Irene sublima así la situación latente de
incesto, y parece claro que es una Penélope
que evita tomar marido -"Irene rechazó dos pretendientes
sin mayor motivo"-, como si esperara la llegada del
auténtico, el cual, sin embargo, resultara ser su propio
hermano tal y como pondrá de manifiesto el desvelamiento
final a modo de anagnórisis. La relación con Penélope queda
más clara cuando el narrador nos comenta que "a veces
tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque
algo no le agradaba". Por supuesto que está también
presente el mito de Ariadna y Teseo, pues en cierta medida
también la casa es un laberinto -y el laberinto es el mejor
símbolo espacial para el propio psiquismo- y no olvidemos
que el mito de Ariadna y Teseo fue tratado por Cortázar
en Los Reyes, donde precisamente a Ariadna y al Minotauro
les une un deseo incestuoso. A su vez él parece sublimar su deseo
a través de la lectura de libros franceses, pero prueba
de que su sublimación es menor es que él mismo sabe en cada
salida que no va a encontrar ningún libro interesante pues
"desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina".
Sin embargo esas salidas también proporcionan lana a Irene que confía en él para que la elija,
mostrando por una parte su falta de voluntad o al menos
su sometimiento a la voluntad del hermano -Irene significa
precisamente "paz", lo que se relaciona con la
tranquilidad y el silencio de la casa y de ese "matrimonio
de hermanos", y precisamente, por la forma en que nos
la presenta su hermano, "Irene era una chica nacida
para no molestar a nadie"-, y por otro la poca importancia
que tiene en sí la actividad de tejer, por innecesaria e
improductiva, y en la que evidentemente lo de menos es la
lana, el color, o lo que se teje, sino que lo fundamental
es esa actividad que permite "vivir sin pensar".
Los cuatro primeros párrafos constituyen una primera parte
del relato, que podemos calificar de introductoria, y finaliza,
como la mayoría de las partes, con una especie de epifonema
a modo de conclusión y resumen de lo dicho, y que es sobre
todo una forma de introducir la subjetividad del narrador
y da al relato normalidad y cotidianidad. Esta primera parte
finaliza con un "era hermoso", refiriéndose a
ver tejer a su hermana, que incide en la nostalgia de un
tiempo perdido. Pero, por ejemplo, tras la primera "toma"
de la casa el narrador concluirá, con la mayor normalidad
y como si del hecho ésta fuera la única conclusión o recuerdo
que le queda, la referencia al chaleco que en ese momento
tejía su hermana: "A mi me gustaba ese chaleco".
Otro de los fragmentos del relato concluye con un epifonema
de valor de sentencia, que no puede ser más significativo:
"se puede vivir sin pensar".
Tras la primera parte introductoria se produce una de las
pausas descriptivas de las dos que anteceden a las dos "tomas"
sucesivas de la casa. Esta primera pausa es fundamental
por cuanto describe la casa, y es aquí donde encontramos
lo que hemos llamado la espacialización del psiquismo, es
decir que se produce una relación entre la distribución
de la casa y la que se ha imaginado para el psiquismo humano.
Cortázar nos describe una casa con dos partes bien diferenciadas,
una de las cuales es precisamente la que está en el fondo
de esa "casa profunda" y que sus habitantes no
utilizan, en "la parte más retirada, la que mira hacia
Rodríguez Peñá", y entre ambas partes se encuentra
"una maciza puerta de roble [que] aislaba esa
parte del ala delantera". Parece pues evidente la relación de
esta distribución del espacio y la de la mente humana según
la representó Freud, de esta forma consideramos la parte
más retirada de la casa como el inconsciente y la parte
delantera, el preconsciente, y así entre ambas, representada
por la maciza puerta de roble, tendríamos lo que Freud llamó
censura, precisamente lo que "aísla" inconsciente
y preconsciente. El narrador además nos dice que "cuando
la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy
grande; si no, daba la impresión de un departamento de los
que se edifican ahora"; es decir, muy pequeño, y precisamente
en esa pequeña parte viven los dos hermanos.
Varios son los relatos de Cortázar en los que el espacio
exterior y el del interior de la mente se confunden o identifican,
así sucede por ejemplo en "Cefalea", donde el
espacio de la casa, con las mancuspias haciendo ruidos sobre
ella se confunde con el dolor de cabeza de los protagonistas, y precisamente esto sucede también
de noche y los personajes prefieren "no pensar y cerramos
la puerta con delicia, replegados a la casa donde todo es
más nuestro". Algo similar sucede en "Verano" donde además también tenemos una casa
habitada por una pareja-en este caso un matrimonio- y amenazada
con ser invadida por un caballo que Zulma, la mujer, teme
que deje entrar la niña que les han dejado a su cargo por
una noche. El caballo en este caso es claramente representación
de los deseos sexuales, pues como tal es un símbolo conocido,
piénsese por ejemplo en otro caballo que, simbólicamente,
amenaza una casa en La casa de Bernarda Alba de Lorca.
La relación pues entre "Verano" y "Casa tomada"
parece evidente por la repetición de una pareja rutinaria
que habita una casa y la presencia de ruidos en la noche
-que en este caso sí se identifican con un emisor concreto,
un caballo- que en definitiva representan deseos sexuales
reprimidos. También "Bestiario"nos presenta una casa amenazada por
la presencia de un animal, en este caso un tigre, que se
pasea por ella con libertad y que los habitantes deben evitar.
Precisamente entre los habitantes se encuentran dos hermanos,
uno de los cuales, el Nene, siente deseos incestuosos por
su hermana, Rema. Finalmente la niña visitante engañará
al Nene informándole mal de dónde está el tigre, que acabará
con él. Aparece así claro que la casa, y por tanto la familia,
está amenazada por la maldad del Nene que maltrata no sólo
a su hermana sino también a los demás y que finalmente será
destruido por su propia maldad, simbolizada por el tigre,
gracias a la presencia de una niña, Isabel, como en "Verano"
es también una niña la que desencadena en Zulma el temor
a sus propios deseos, a su frigidez y a su maternidad frustrada.
Y por último, para referirnos a otro de los cuentos de Bestiario,
en "Carta a una señorita en París", es evidente
la relación entre el espacio, el apartamento de Andrée,
y el alma de ésta. El propio narrador-protagonista lo deja
claro, pues precisamente su catástrofe sobreviene por "entrar
en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto
todo como una reiteración visible de su alma". Cinco relatos, cuatro de los cuales
pertenecen a Bestiario, primer libro de cuentos de
Cortázar, presentan de una forma más o menos clara la relación
espacio-mente, simbolizando que los fenómenos que acontecen
en el espacio no son sino metáforas de los procesos psíquicos
de los personajes, y en todos ellos -salvo precisamente
el que nos ocupa- el problema viene dado por la presencia
de animales: el caballo en "Verano", las fabulosas
mancuspias en "Cefalea", los conejitos en "Carta
a una señorita en París" y el tigre en "Bestiario".
Volviendo a "Casa tomada", observamos que tras
esta pausa descriptiva se inicia la segunda parte del relato
en la que se producirá la primera "toma"
de la casa. No es casual que esto suceda de noche, porque
es precisamente de noche cuando el ruido cobra mayor importancia,
pues como el narrador nos dirá más adelante "de noche
se escuchaba cualquier cosa en la casa", y por supuesto
sabido es que en la teoría de Freud la censura es más débil
durante el sueño, que generalmente tiene lugar de noche,
permitiendo la comunicación entre inconsciente y preconsciente.
Tampoco es casual que haya por parte del él un repentino
deseo de beber, es decir, "sed", pues, como es
bien sabido, la "sed" es uno de los símbolos más
claros -también en el mundo del psiquismo, y especialmente
en las representaciones oníricas- del deseo sexual. Así pues se produce una estrecha relación
entre el repentino deseo de beber por parte de él -"de
repente se me ocurrió poner al fuego la pavita de mate"-
y la "toma" de la casa, relación que volverá a
repetirse en la segunda vez.
Frente al silencio característico de la casa y de sus habitantes
-no olvidemos la "paz" de Irene-, los únicos síntomas
de que la casa está siento "tomada" es el ruido:
"Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido
en la cocina (...). Nos quedamos escuchando los ruidos...".
Lo primero que "toman" es la parte del fondo y
él llega a tiempo de impedir un mayor avance cerrando la
puerta de roble.
Llegados a este punto sorprende la total naturalidad con
que los personajes viven este suceso, así tras cerrar la
puerta de bronce él retoma su intención inicial: "fui
a la cocina, calenté la pavita...",y concluye con un
epifonema la descripción de este momento: "A mi me
gustaba ese chaleco". Se trata pues de una naturalidad
que al lector le puede chocar como espectador exterior,
pero que aparece como norma en los personajes, algo así
como la naturalidad con que en un sueño se viven las cosas
más extrañas. De hecho la sensación es la de que lo sucedido
hubiera sido tan sólo el emerger en sueños de un deseo incestuoso
que el personaje ha podido a tiempo dejar sumergido aún
en el inconsciente, cerrando la puerta de roble, para así
poder tranquilamente continuar con su vida, calentar la
pavita de mate y "vivir sin pensar".
Esta actitud de los personajes es fundamental para comprobar
la forma en que Cortázar entiende lo fantástico de forma
diferente a Poe, y entronca con una corriente más moderna
que se inicia con La Metamorfosis de Kafka, y que
tiene más que ver con la lógica de los sueños que con la
de la realidad. La angustia en el lector crece precisamente
por el contraste entre la forma en que él entiende lo que
sucede como siniestro y la forma natural con que lo viven
los personajes. En cierta medida tendría también que ver
con la condición expuesta por Freud de que lo siniestro
es aquello tan familiar que asusta porque ha dejado de serlo,
sólo que en las obras neofantásticas sólo ha dejado de ser familiar para
el lector, puesto que los personajes lo viven con total
normalidad.
En cualquier caso lo siniestro, como en Poe, viene dado
por el espacio, la casa que, siguiendo los rasgos de lo
siniestro que enumera Freud, se nos aparece también como
lo muerto que parece vivo, lo inanimado que actúa como animado.
Respecto al plural que usa el narrador -"han tomado
la parte del fondo"- debemos entenderlo como un plural
impersonal que se refiere a algo indefinido, que evidentemente
aumenta aún más la polisemia del relato. La lectura más
superficial nos mostraría que quienes han tomado la casa
son unos seres sobrenaturales, por ejemplo, los ancestros
de los dos hermanos, cuyos espíritus van adueñándose de
la casa, quizá para evitar el designio anunciado por los
dos hermanos al inicio del relato de destruirla antes de
morir. En este sentido cabe recordar la referencia inicial
de que la casa contenía "los recuerdos de nuestros
bisabuelos, el abuelo paterno,...". Evidentemente tal
interpretación, como muchas otras, es válida y tiene cabida
en el relato, pero igualmente nos parece que es posible
una lectura en que esos invasores innominados e innominables
no son sino lo reprimido -el deseo incestuoso- que va poco
a poco escapando del inconsciente e intentando fluir a la
conciencia. Múltiples son las posibles interpretaciones
como es propio de una auténtica obra literaria y especialmente
en la creación cortazariana, y además se consigue también dotar
a la obra de la misma ambigüedad de las manifestaciones
del psiquismo. Pero, si seguimos comparando "Casa tomada"
con el cuento de Poe, vemos que en éste se produce una situación
similar, representada por la hermana emergiendo desde su
tumba provisional, desclavando su propio féretro y abriendo
una puerta de "hierro macizo" hasta las habitaciones
altas de la casa donde muere abrazada a su hermano. En el
relato de Cortázar la puerta de roble, una vez traspasada,
significará el paso al preconsciente, mientras atravesar
la segunda puerta, la puerta cancel, significa ya el paso
a la conciencia, al exterior, simbolizada por la salida
a la calle por parte de los dos hermanos, igualmente abrazados.
Tras la primera "toma", el relato nos describe
cómo era la vida de los dos hermanos y al margen de la pérdida
de algunos objetos más o menos queridos, la situación no
parece preocuparles demasiado ni alterar su forma de vida,
e incluso saben encontrarle ventajas pues "la limpieza
se simplificó" considerablemente. Los dos hermanos
parecen seguir viviendo en un estado de cierta inconsciencia
como nos dice el propio narrador en el epifonema final de
esta parte: "estábamos bien, y poco a poco empezábamos
a no pensar. Se puede vivir sin pensar". Quizá
ese deseo de no pensar se deba a la cercanía de lo reprimido
al preconsciente donde se puede hacer consciente con una
facilidad mayor.
Se inicia a continuación la segunda pausa descriptiva que
divide de nuevo el relato y da lugar a la tercera y última
parte en la que se produce la segunda y última "toma"
de la casa. Estas divisiones, marcadas tipográficamente
por espacios en blanco, articulan su vez el relato en tres
partes separadas por las pausas descriptivas: la descripción
de la casa en primer lugar y después la descripción de la
vida cotidiana a pesar de la primera "toma" y
ahora la descripción de las noches de los dos hermanos.
Estas tres partes podemos asociarlas igualmente a inconsciente,
preconsciente y consciencia; de esta forma mente, casa y
el propio relato se construyen de forma paralela. En esta
pausa nos encontramos también en el mundo inconsciente,
en este caso en el mundo de los sueños, pues Irene "soñaba
en alta voz" y él se desvelaba. Se refiere también
a "los mutuos y frecuentes insomnios" y a que,
como ya hemos comentado, "de noche se escuchaba cualquier
cosa en la casa". Así pues durante la noche lo reprimido
aflora a través de los sueños que se manifiestan en ruidos
-que ya hemos visto representan la emergencia de lo reprimido-
en forma de la voz en sueños de Irene, y eso precisamente
provoca mutuos y frecuentes insomnios. La noche es el ámbito
de lo reprimido que afluye pues el narrador insiste en la
presencia de los ruidos: "de noche se escuchaba cualquier
cosa en la casa".
La tercera parte es la de la definitiva "toma"
de la casa. Y de nuevo, la noche; y de nuevo, la sed, y
la relación entre ambas: "De noche siento sed",
y no olvidemos la referencia a los mutuos y frecuentes insomnios.
La sed y la noche vuelven a marcar el inicio de la "toma"
de la casa que de nuevo se manifiesta a través de ruidos.
Esta vez ya ha sido atravesada la puerta de roble y, por
tanto, lo reprimido está ya en un nivel preconsciente. Pero
esta situación, al contrario que en el relato de Poe, donde
desencadenaba la destrucción de casa y linaje, en Cortázar
lo que produce es un desvelamiento -y el consecuente aceptamiento
de la situación, o al menos una resignación- y la casa arroja
de sí a los dos hermanos o, dicho de otra forma, lo reprimido
sale al exterior, es decir, a la conciencia representada
por la calle, después de haber ido emergiendo desde lo más
profundo del psiquismo. La aceptación de la situación queda
bien representado por el abandono de la "tela de Penélope"
-pues ya no la necesita una vez producida la anagnórisis-,
pues los ovillos han quedado del otro lado e Irene, al darse
cuenta -es decir, al ser consciente de ello- suelta el tejido.
Otro síntoma de la aceptación es la escena final en la que
él coge a Irene por la cintura, tocando por primera vez
a su hermana en el relato; imagen ésta que no puede dejar
de recordarnos a otra imagen pictórica, la de la Expulsión
de Adán y Eva representada por Massaccio en la capilla
Brancacci.
- Leer "Casa Tomada" de Julio Cortázar
-
NOTAS
"Hay,
desde luego, una veta borgiana (que procede del Borges de
Ficciones) en él, como hay elementos comunes con
la concepción de la literatura que se evidencia en el Confabulario
y el Bestiario de Arreola; pero sus cuentos eluden
el carácter frecuentemente abstracto de los del primero
y la extremada brevedad de los del segundo", D. Lagmanovich,
"Prólogo: Para una caracterización general de los cuentos
de Julio Cortázar", Estudios sobre los cuentos de
Cortázar, Barcelona, Hispam, 1975, p. 9.
"Las
huellas de escritores como Poe están innegablemente en los
niveles más profundos de mis cuentos, y creo que sin "Ligeia",
sin "La caída de la casa Usher", no hubiera tenido
esa disposición hacia lo fantástico...", citado por
J. Alazraki, En busca del unicornio: Los cuentos de Julio
Cortázar, Madrid, Gredos, 1983, p. 27.
Precisamente
es el primer cuento que Cortázar publica y lo hace en una
revista dirigida por Jorge Luis Borges, Los Anales
de Buenos Aires, Buenos Aires, I, nº 11, dic. de 1946.
Posteriormente sería incluido en Bestiario, Buenos
Aires, Editorial Sudamericana, 1951.
Edgar Allan
Poe, Cuentos (Prólogo y traducción de Julio Cortázar),
2 vls. Madrid, Alianza, 1970, I.317-337. Todas las citas
del cuento pertenecen a esta edición.
"Su evidencia -la evidencia de esa sensibilidad
[de la casa]- podía comprobarse, dijo (y al oírlo me estremecí),
en la gradual pero segura condensación de una atmósfera
propia en torno a las aguas y a los muros", p. 329.
Sería
interesante analizar en profundidad el espacio de ambos
relatos y observar las coincidencias existentes, sirva como
ejemplo que la insistencia en el relato de Poe en las ventanas
parecidas a ojos vacíos parece tener una correspondencia
en la ausencia de ventanas en la descripción que de la casa
hace el narrador del cuento cortazariano. Esta ausencia
de ventanas nos la hace notar Jean L. Andreu, "Inexplicablement
les ouvertures ou les fenêtres, semblent totalement absentes
de cette maison don la seule issue est la <<puerta
cancel>> qui donne sur la rue", Jean L. Andreu,
"Pour une lecture de Casa tomada de Julio Cortázar",
Cahiers du monde hispanique et luso-brasilien, nº
10, (1968), p. 49-66; p. 62. Evidentemente la ausencia de
ventanas o su carácter tétrico ayuda a conseguir la atmósfera
de angustia en ambos relatos y a caracterizar un espacio
opresivo.
S. Freud,
Lo siniestro, Ed. Americana, Buenos Aires, 1943.
En esta obra indaga Freud sobre los caracteres de lo siniestro
para lo cual analiza obras de E.T.A. Hoffmann y elabora
un breve catálogo de temas siniestros entre los que se encuentran
la presencia del doble, las amputaciones o la presencia
de partes del cuerpo que cobran autonomía propia, la presencia
de un personaje -generalmente con caracteres de doble- que
porta una mala influencia, repetición de una misma situación,
la encarnación de lo fantástico o el cumplimiento de deseos
o de fantasías que ya considerábamos imposibles o irreales,
etc. (Véase también E. Trías, Lo bello y lo siniestro,
Barcelona, Ariel, 1988). Pero todos estos temas no consiguen
lo siniestro por sí solos, pues muchos de ellos aparecen
en cuentos maravillosos donde no se da lo siniestro, precisamente
porque no se da la duda de si lo increíble no será en realidad
posible. Lo siniestro es aquello que siendo familiar -en
ese sentido Freud muestra como heimlich (familiar,
íntimo) y unheimlich son a veces sinónimos- ha dejado
de serlo, y concluye que precisamente lo familiar que ha
dejado de serlo es lo inconsciente reprimido, de ahí por
ejemplo lo siniestro que resultan las imágenes de amputaciones
que no son sino el recuerdo del temor infantil a la castración
por parte del padre-rival (y Freud nos recuerda que precisamente
el castigo que se autoimpone Edipo al conocer su pecado
es el de arrancarse los ojos).
"Nosotros mismos la voltearíamos justicieramente
antes de que fuese demasiado tarde", J. Cortázar, Bestiario,
Madrid, Alfaguara, 1987 (4ª edición), p. 14. Todas las citas
de los cuentos de Bestiario remiten a esta edición.
En el relato de Poe varias son las referencias
a esa larga genealogía, así nos dice que "su antiquísima
familia se había destacado desde tiempos inmemoriales
por una peculiar sensibilidad de temperamento, desplegada,
a lo largo de muchos años, en numerosas y elevadas concepciones
artísticas...", p. 319. En el relato de Cortázar, por
su parte, también se nos dan referencias que indican que
la casa ha sido habitado por varios antepasados de los dos
hermanos, así el narrador nos dice que la casa, como comentábamos
arriba, "guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos,
el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia"
(p. 13).
Como vemos diversas son las sugerencias
de una relación incestuosa en el relato de Poe, sin embargo,
algunos críticos, como Louis Vax, creen que todas esas sugerencias
responden en realidad a factores estructurantes del relato
o de otra índole que no pretenden sugerir el incesto entre
los hermanos: "El efecto que profesa a su hermana moribunda
pone de relieve, de forma tan natural como trivial, el desamparo
de Usher. La simpatía que liga a los dos personajes se explica,
desde el punto de vista de lo verosímil, por su calidad
de gemelos, y, desde el punto de vista artístico, por la
necesidad de presentarlos, no como personalidades bien perfiladas
enfrentándose en situaciones diversas, sino como individualidades
distintas, ligadas por afinidades de naturaleza extraordinaria,
y que se confunden con la mansión de su raza. En lugar de
suponerle tendencias incestuosas, imaginemos por un momento
que Usher ha tomado esposa: ¿no sentimos que la obra perdería
calidad? Aunque su unión fuera estéril, dos esposos no podrían
estar ligados por la misma simpatía misteriosa que dos gemelos
(...). El parentesco de sangre da cuenta de la solemnidad
macabra del relato mejor que el amor culpable...",
L. Vax, Las obras maestras de la literatura fantástica,
Madrid, Taurus, 1980, p.110.
Igualmente varios son los críticos
que niegan el incesto en el relato, por ejemplo, María Cecilia
Quintero Marín, La cuentística de Julio Cortázar,
Madrid, Editorial Complutense, 1981: "No aceptamos
la relación incestuosa pues el mecanismo significativo del
texto no sugiere en su totalidad dicho enfoque", p.
41.
"...empujé mi caballo a la escarpada
orilla de un estanque negro y fantástico que extendía su
brillo tranquilo junto a la mansión; pero con un estremecimiento
aún más sobrecogedor que antes contemplé la imagen reflejada
e invertida de los juncos grises, y los espectrales troncos,
las vacías ventanas como ojos", p. 318. Más adelante
el propio Roderick insiste en el estanque como doble de
la mansión: "las condiciones de la sensibilidad [de
la casa] habían sido satisfechas, imaginaba él, (...) sobre
todo por la prolongación inmodificada de este orden y su
duplicación en las quietas aguas del estanque",
p. 328 y 329.
El incesto en sí no produce monstruos
ni enfermedades, sino que lo que hace es, lógicamente, perpetuar
las características de una determinada rama, sea buena o
mala. Por esa razón los criadores de caballos suelen cruzar
hermanos cuando éstos son de pura raza, pero evidentemente
cuando en una rama familiar existe una enfermedad hereditaria
el incesto conduce a que tal enfermedad sea heredada irremediablemente
por los descendientes, pensemos por ejemplo en enfermedades
que precisan que sean portadores de la misma los dos progenitores.
Evidentemente en una relación incestuosa la probabilidad
de que se junten dos genes enfermos es mayor que en una
relación no incestuosa.
C. Lévi-Strauss, La mirada distante,
Barcelona, Argos-Vergara, 1985, cap. III.
Ibidem. Véase también su obra Antropología
estructural, Barcelona, Paidós, 1987: "Es conocida
la función que la prohibición del incesto cumple en las
sociedades primitivas. Al proyectar -si cabe decirlo así-
las hermanas y las hijas fuera del grupo consanguíneo y
asignarles esposos provenientes de otros grupos, anuda,
entre estos grupos naturales, vínculos de alianza que son
los primeros que pueden calificarse de sociales. La prohibición
del incesto funda de esta manera la sociedad humana y es,
en un sentido, la sociedad" (p. 35).
"A veces llegamos a creer
que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó
dos pretendientes sin mayor motivo, y a mí se me murió María
Esther antes de que llegáramos a comprometernos" (p.
13)
"Estaba dominado por ciertas
impresiones supersticiosas relativas a la morada que ocupaba
y de donde, durante muchos años, nunca se había aventurado
a salir, supersticiones relativas a una influencia cuya
supuesta energía fue descrita en términos demasiado sombríos
para repetirlos aquí, una influencia que algunas peculiaridades
de la simple forma y material de la casa familiar habían
ejercido sobre su espíritu, decía, a fuerza de soportarlas
largo tiempo; efecto que el aspecto físico de los
muros y las torrecillas grises y el oscuro estanque en el
cual éstos se miraban había producido, a la larga, en la
moral de su existencia", pp. 323 y ss.
Más adelante lo reconoce directamente al hablar de "esa
silenciosa, mas importuna y terrible influencia que durante
siglos había modelado los destinos de la familia, haciendo
de él eso que ahora estaba yo viendo, eso que él
era", p. 329.
Conocida es la importancia del complejo
de Edipo en la obra de Freud. Podemos resumir la idea diciendo
que el niño encuentra el objeto sexual en la madre y a la
vez el rival en el padre lo cual origina un conflicto que
se acaba solucionando "introyectando" el objeto
del deseo -la madre-, es decir haciendo que el "Yo"
se parezca al objeto deseado, y, por otra parte, identificándose
con el rival -el padre-, con lo que también "introyecta"
al padre dentro de sí, al intentar parecerse a él, de tal
forma se origina en buena medida su carácter, su psiquismo,
y especialmente lo que Freud denomina "Superyo"
que, en cierta medida, es producto de la "introyección"
de la autoridad paterna. Por supuesto simplifico enormemente
las ideas freudianas. Veáse por ejemplo El yo y el ello
y otros escritos de metapsicología, Madrid, Alianza,
1973, especialmente el capítulo 5.
"Rien ne permet d´affirmer
l´inceste, tout pourtant le suggère", art. cit, p.
64.
Evidentemente la misma idea está presente
en el relato de Poe, donde ya hemos mencionado que el sustantivo
"casa" funcionaba con el doble valor de espacio
habitable y de linaje.
Cortázar se refiere a la actividad
de tejer como forma de escapar de la propia inquietud:
"Yo tengo en mi familia gente un poco anormal, mujeres
que tejen mucho, es una manera de escapar de su propia
inquietud y tejen y tejen y tengo un poema que se llama
`Las tejedoras´", E. Picon Garfield, Cortázar por
Cortázar, México, Universidad veracruzana, 1978, p.
90.
"Sólo yo sé. ¡Espanto,
aleja esas alas pertinaces! ¡Cede lugar a mi secreto amor,
no calcines sus plumas con tanta horrible duda !¡Cede
lugar a mi secreto amor! ¡Ven, hermano, ven, amante al fin !¡Surge
de la profundidad que nunca osé salvar, asoma desde la hondura
que mi amor ha derribado! ¡Brota asido al hilo que te lleva
el insensato! ¡Desnudo y rojo, vestido de sangre, emerge
y ven a mí, oh hijo de Pasifae, ven a la hija de la reina,
sedienta de tus belfos rumorosos ", J. Cortázar,
Los reyes, Madrid, Alfaguara, 1985, p. 57. El hilo se
convierte en un instrumento de liberación no para Teseo
sino para el propio Minotauro y una forma también de unirle
a Ariadna.
Por tanto, las salidas están motivadas
únicamente por la necesidad de obtener la materia que les
permite sublimar su deseo incestuoso.
Aunque es arriesgado intentar establecer
equivalencias entre la vida de un autor y los contenidos
de su obra, creo que es necesario dejar constancia de un
dato y es que cuando los Cortázar vuelven a Buenos Aires
en 1918 desde Bruselas donde el padre era funcionario, se
instalan precisamente en la calle Rodríguez Peña -María
Celia Quintero Marín, op. cit., p. 12- por
tanto en esta casa pasa Julio su infancia, pues al llegar
a Buenos Aires tiene cuatro años, y en esta casa convive
con su hermana Ofelia, precisamente a la que en 1927 dedica
la "Oda a Memet", pues tal era el nombre familiar
de Ofelia. Cortázar reconoce llevarse bastante mal con su
hermana, que en nada se parece a él, pero también dice:
"me he despertado muchas veces impresionado porque
me he acostado con mi hermana en el sueño", E. Picon
Garfield, Op. cit., p. 43.
"Cómo no acordarme de
la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos,
la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la
parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente
un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte
del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros
dormitorios y el living central, al cual comunicaban los
dos dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un
zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living.
De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel
y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros
dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte
más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la
puerta de roble y más allá empezaba el otro lado de la casa,
o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de
la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba
a la cocina y al baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía
uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión
de un departamento de los que se edifican ahora, apenas
para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte
de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble,
salvo para hacer la limpieza..."(p. 15 y 16). Prueba
de la importancia de la casa es el espacio dedicado, en
un relato tan corto, a la descripción de la misma.
"...un acto psíquico pasa
generalmente por dos estados o fases, entre las cuales se
halla intercalada una especie de examen (censura). En la
primera fase es inconsciente y pertenece al sistema Inc.
Si al ser examinado por la censura es rechazado, le será
negado el paso a la segunda fase; lo calificaremos de "reprimido"
y tendrá que permanecer inconsciente. Pero si sale triunfante
del examen, pasará a la segunda fase(...). No es todavía
consciente, pero sí es capaz de conciencia (...).
Atendiendo a esta capacidad de conciencia, damos también
al sistema Cc. el nombre de "preconsciente".
Si más adelante resulta que también el acceso de lo preconsciente
a la conciencia se halla codeterminado por una cierta censura,
diferenciaremos más precisamente entre sí los sistemas Prec.
y Cc....", S. Freud, "Metapsicología",
incluida en el volumen El malestar en la cultura,
Madrid, Alianza, 1992, pp. 172 y 173. Véase también Más
allá del principio del placer, Madrid, Alianza, 1969,
y El yo y el ello, ed. citada, donde ya expone la
teoría en términos de "Yo", "Ello" y
"Superyo". Por otra parte creo legítimo servirme
de las ideas de Freud para la interpretación de la obra
de Cortázar porque él mismo estaba interesado por este autor
y reconoce su importancia en su vida y en su obra: "Yo
verifico en mí mismo la verdad de muchas afirmaciones de
Freud", E. Picón Garfield, op. cit., p. 69.
"Tenemos que forzar la
voz para oírnos entre el clamor de las mancuspias, otra
vez las sentimos cerca de la casa, en los techos, rascando
las ventanas, contra los dinteles", Bestiario,
ed. citada, p. 83. "El cráneo comprime el cerebro como
un casco de acero -bien dicho. Algo viviente camina en circulo
dentro de la cabeza. (Entonces la casa es nuestra cabeza,
la sentimos rondada, cada ventana es una oreja contra el
aullar de las mancuspias ahí fuera..." (p. 84).
La relación entre "Cefalea"
y "Casa tomada" ha sido destacada por Noe Jitrik :
"...si la `casa´, en Casa tomada es presentada
como el recinto en el que de pronto sobreviene un enemigo
que nos expulsa, en Cefalea se aclara el sentido
de `casa´ y el papel que juega en ambas narraciones: `entonces
la casa es nuestra cabeza´. Y sí al consumarse la expulsión
`casa´ y `enemigo´ se fusionan, se sigue de esto que las
fuerzas invasoras están en nosotros mismo, que la expulsión
se produce a partir del momento en que conseguimos objetivarlas
y ponerlas afuera", "Notas sobre la `zona sagrada´
y el mundo de los `otros´ en Bestiario de Julio Cortázar",
La vuelta a Cortázar en nueve ensayos (ed. de Noe
Jitrik), Carlos Pérez Editor, Buenos Aires, 1968, p. 14.
Julio Cortázar, Octaedro, Madrid
Alianza Tres, 1979 (2ª edición), p. 69-79.
También era una pareja la que habitaba
la casa en "Cefalea" y una pareja que el propio
Cortázar compara a la de "Casa tomada": "Imaginé
esa pareja que es un poco la pareja de "Casa tomada" ,
más confuso todavía porque no se sabe si son dos hombres
o dos mujeres o un hombre y una mujer, si son marido y mujer,
si son hermanos", E. Picón Garfield, op. cit. p. 96.
En "Cefalea", por otra parte, la pareja cuida
de las mancuspias con el mismo orden y rutina con que en
"Casa tomada" se cuida la propia casa.
Bestiario, ed. citada,
pp. 127-149.
También aquí se trata de un orden
que se rompe y curiosamente es el ruido el que sirve de
metáfora al narrador para expresar esa ruptura: "Mover
esa tacita vale por un horrible rojo inesperado en medio
de una modulación de Ozenfant, como si de golpe las cuerdas
de todos los contrabajos se rompieran al mismo tiempo con
el mismo espantoso chicotazo en el instante más callado
de una sinfonía de Mozart", ed. citada, p. 24.
Ya que hemos mencionado a Lorca en
relación a "Verano" y al simbolismo del caballo,
no está de mas recordar la importancia del agua y de la
sed como representación del deseo sexual igualmente en La
casa de Bernarda Alba. Precisamente la tragedia, en
ese "pueblo sin río", se desencadena una noche
en la que Adela va a encontrarse con su amante y al ser
sorprendida dice: "Me despertó la sed". La sed,
los deseos sexuales, despiertan durante la noche a los personajes
de esta obra, como sucede también en el cuento de Cortázar.
De hecho el propio Cortázar explica
este cuento como nacido de una pesadilla en la que soñó
la situación del cuento: "Es uno de mis cuentos más
oníricos. Yo soñé no exactamente el cuento sino la situación
del cuento. Allí no había nada incestuoso. Yo estaba solo
en una casa muy extraña con pasillos y codos y todo era
muy normal, ya no me acuerdo de lo que estaba haciendo en
mi sueño. En un momento dado desde el fondo de uno de los
codos se oía un ruido muy claramente y eso era ya la sensación
de pesadilla. Había algo allí que me producía un terror
como sólo en las pesadillas. Entonces yo me precipitaba
a cerrar la puerta y a poner todos los cerrojos para dejar
la amenaza de otro lado. Y entonces durante un minuto me
sentí tranquillo y parecía que la pesadilla volvía a convertirse
en un sueño pacífico. Pero entonces de este lado de la puerta
empezó de nuevo la sensación de miedo. Me desperté con la
sensación de angustia de la pesadilla. Ahora, despertarme
equivalía a ser definitivamente expulsado del sueño mismo.
Entonces me acuerdo muy bien que tal como estaba en pijama
y sin lavarme los dientes ni peinarme, me fui a la máquina
y en una hora -es muy corto el cuento-, una hora y media
estuvo escrito. Por razones técnicas nacieron los dos hermanos
y se organizó todo el contenido del cuento (...) para mí
no tiene absolutamente ningún contexto de ninguna naturaleza
salvo la pesadilla. Eso no impide que mi pesadilla es la
que hay que analizar.", E. Picón Garfield, op. cit.,
p. 89. Y no está de mas recordar que el propio Cortázar
se ha referido a sus cuentos como una forma de exorcizar
pesadillas o neurosis.
Para Todorov, (Introducción a la
literatura fantástica, Buenos Aires, Tiempo Contemporáneo,
1972) La Metamorfosis inaugura lo fantástico en el
siglo XX, donde ya no se da esa vacilación en el texto acerca
de la realidad de los sucesos que sí se da en lo fantástico
del s. XIX (y que tampoco se da en los cuentos maravillosos,
como vimos que también nos mostraba Freud).
Véase J. Alazraki, op. cit.
En quien, como en Kafka, hay un principio
de indeterminación fundando en la ambigüedad que funciona
como principio estructurador del relato. Véase Jaime Alazraki,
op. cit., p. 124.
Quizá una insinuación de que la relación
entre los hermanos pudiera no ser simplemente fraterna la
encontramos en el comentario del narrador respecto a sus
sueños: "Irene decía que mis sueños consistían en grandes
sacudones que a veces hacían caer el cobertor." (p.
19). Dado que los dos hermanos duermen en distintas habitaciones
la únicas forma de que Irene conociera las caídas del cobertor
era viéndolo o teniendo la misma capacidad auditiva que
manifestaba Roderick en el relato de Poe, debida a la hipersensibilidad
de su mal.
Para los que ven en el relato una
recreación del episodio de la expulsión de Adán y Eva del
paraíso -por ejemplo Antonio Planells, Cortázar: Metafísica
y erotismo, Madrid, Purrúa, 1979, p. 83-84- podemos
recordar que precisamente ésta es una pareja incestuosa
que da origen a un linaje que sólo puede reproducirse de
la misma forma. Por otra parte, la bella imagen de la expulsión
como el nacimiento de los dos hermanos arrojados del paraíso
de la casa-madre ("Les signes avant-coureurs, l´expulsion
convulsive des frères dans l´impossibilité de comprendre
ce qui leur arrive, qui l´acceptent comme une fatalité et
qui se retrouvent à la rue desemparés: les affres d´un accouchement
douloureux. Et Irène, dans un dernier geste, coupera le
cordon umbilical.", Jean L. Andreu, art. cit., p.63) tiene
igualmente relación con la imagen de la expulsión de Adán
y Eva, pues esta parábola bíblica ha sido vista también
como una metáfora del nacimiento individual. En cualquier
caso la historia de Adán y Eva nos lleva a la infancia de
la humanidad, que nos conduce a la clave antropológica que
hemos esbozado y que explica el aislamiento de los hermanos
como resultado de una situación endogámica de los grupos
humanos primitivos, mientras que la imagen del nacimiento
nos lleva a la infancia individual en la que también los
deseos incestuosos son fundamentales para originar el erotismo
humano y configurar también el carácter individual derivado
de los conflictos que esa primera sexualidad provoca.
(*) © 1998 Valentín Pérez Venzalá
- Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad
Complutense de Madrid
(**) Valentín Pérez Venzalá
(valentin.perez@retemail.es)
es Licenciado en Filología Hispánica por
la Universidad Complutense de Madrid, investigador especializado
en la literatura española de los siglos de oro,
ha publicado trabajos sobre El Buscón
de Quevedo (Revista de Dialectología y Tradiciones
Populares del CSIC,Tomo LII, Cuaderno Segundo, 1997) y
la Pícara Justina (Revista Dicenda, Universidad
Complutense de Madrid,1999,Nº 17). También
ha colaborado con el Seminario de Estudios Teatrales de
la Universidad Complutense de Madrid, participando en
la edición de Las Mocedades del Cid de
Jerónimo de Cáncer (Cuadernos para la Investigación
de la Literatura Hispánica,1998,Nº 23) , y
es autor del Cd Rom Miguel de Cervantes editado
por Digital Dreams Multimedia en 1998. Desde 1997 es Director
de la revista de arte y literatura Minotauro Digital:
www.minotaurodigital.net
- Leer "Casa Tomada" de Julio Cortázar
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