Ingeniosa, a menudo bella y en momentos enervante, la fotografía
está entre lo más fascinante del arte australiano
que se hace hoy día. El origen de la actual confianza
se basa en el éxito de artistas como Tracey Moffatt
y Bill Henson, quienes con sus evocadoras visiones cinematográficas
se han labrado una carrera internacional que ha servido
de inspiración a otros artistas. No hay duda de que
el pasado inmediato es difícil de valorar, pero parece
justo observar que el contexto para el arte fotográfico
australiano de hoy tiene a escala nacional parangón
con el de las artes plásticas: impaciente con la
teoría, fascinado por la cultura popular e inmerso
en una investigación más ética que
política de las relaciones sociales entre el yo y
el otro.
Al reflejar lo que ha acontecido en el plano internacional,
y contrariamente a lo que cabría esperar en la vigilia
de la "revolución digital", las imágenes
fotográficas han sabido retener su poder. De hecho,
se han ido desplazando más hacia el centro del mundo
del arte. Entretanto, la fotografía ha evolucionado
hacia el dominio expandido de los medios artísticos
basados en ella -los photomedia- y para el artista joven
la diferencia entre la práctica analógica
y digital, o entre la imagen congelada y en movimiento,
es cada vez más resbaladiza. En el pasado decenio
las imágenes se han vuelto a lo largo de este proceso
más grandes -en ocasiones asemejándose al
tamaño de una pintura- y han sido ejecutadas casi
exclusivamente en color. Es posible identificar una renovada
atención por una cierta limpieza visual en la cual
la superficie, la atmósfera y la presencia espacial
se erigen en componentes clave. Incluso flirteos con estéticas
instantáneas grunge no son capaces de inhibir la
tendencia hacia una imaginería elocuente y seductora.
Acaso inspirada en modelos de ultramar, la nueva fotografía
australiana ha desviado la atención de la faceta
discursiva, deconstructiva de los últimos dos decenios
abrazando lo que podríamos calificar como "ficción
real". En efecto, ha existido algo así como
un reavivamiento del interés por la antaño
fuertemente vituperada práctica documental, tal como
atestiguan Anne Zahalka, Martin Walch y otros. Dado que
nadie parece creer en la habilidad de la cámara para
grabar aún la historia completa, tal vez no sorprenda
que el proyecto crítico para desenmascarar la "verdad"
fotográfica ya no conserve más su urgencia.
En vez de postulados teóricos observamos ahora una
penetrante sensibilidad surrealista y el nacimiento de una
a menudo humorística práctica documental de
carga conceptual. A fecha de hoy son pocos los que creen
que la fotografía vaya a poner el mundo patas arriba.
La ironía, la estrategia retórica clave asociada
a la práctica fotográfica posmoderna australiana
de los 80, ha desaparecido casi por completo. En su lugar,
el artista se ha dedicado a desvelar aquello que le rodea,
a destapar los significados ocultos de lo banal y lo trivial
de las costumbres y lugares cotidianos. La fotografía
se ha convertido en una herramienta de investigación
antropológica de la "otredad" de la vida
diaria contemporánea, lo que tal vez sea un indicativo
de una alienación general del paisaje social. En
ese desplazamiento desde una modalidad explícitamente
política hacia una fascinación antropológica,
muchos de los artistas contemporáneos trabajan en
series que se repiten, reviviendo la predilección
del arte pop por la serialización. (En este sentido,
Robert Rooney, la réplica melbournense de Edward
Ruscha, quien ahogó sus pinceles en los 70 para exponer
fotografías seriales de sus mundanos hábitos,
parece más relevante que nunca.)
Existen dentro del ámbito de esta fotografía
de lo cotidiano tendencias diversas y opuestas. Algunos
artistas construyen una taxonomía de lo reprimido,
lo olvidado y lo abyecto para sus propios fines redentores
(como ocurre con los suburbios de Glenn Sloggett o los orinales
de Scott Redford). Otro grupo de artistas comparte una preocupación
parecida por el espacio construido al producir imágenes
por lo general de gran tamaño extrañamente
huérfanas de presencia humana. Incluso en estas fotografías
de espacios vacíos, las certezas documentales se
vienen abajo a medida que el artista explora tanto lugares
específicamente cargados de memoria como ficticios
no lugares impregnados de detalles cinematográficos
narrativos. La imagen está cada vez más dotada
de unas posibilidades dramáticas inefables, aunque
a menudo incómodas.
Incluso cuando se comporta de manera más insistentemente
realista, o tal vez especialmente en esos casos, la fotografía
continúa siendo un medio surrealista por excelencia.
Por otra parte, la fotografía es y siempre ha sido
un medio fantástico. Estas virtudes parecen haber
sido finalmente entendidas en Australia, un país
con una razonable cuota de contradicciones y residuos coloniales:
desigualdades crecientes entre los más ricos y los
más pobres, la ciudad y el campo, y los ciudadanos
cosmopolitas y los denominados "australianos de a pie".
El escenario está listo para representar los excesos
de Australiana, como también para exploraciones atinadamente
históricas de residuos y huellas (como es el caso
de Anne Ferran).
En tanto en cuanto la cámara es utilizada para arrancar
la naturaleza "performativa" de la vida cotidiana,
los nuevos fotoartistas se encaminan antes bien hacia la
cultura popular que a la Historia del arte. Para algunos
de ellos, los melodramas del cine, los anuncios, los culebrones
y los famosos se han erigido en material igualmente útil.
Los artistas utilizan los gestos altamente estilizados de
la cultura pop como si se tratara de un lenguaje reinventado.
Una nueva generación de artistas -Patricia Piccinini,
Darren Silvestre- aborda con absoluta sinceridad la escenificación
de las relaciones que establecen las tecnologías
de consumo. Semejantes realidades-fantasías performativas
postulan la participación emocional del espectador
en comprometedoras escenas de inalcanzables deseos de realización
social.
La búsqueda o crítica de la verdad ha sido
usurpada por un juego de deseo. En las variadas pero igualmente
enigmáticas obras de Deborah Paauwe, Pat Brassington
y Rosemary Laing, las traviesas visiones son decididamente
"post-feministas". La maternidad ha producido
un tema nuevo para Polixeni Papapetrou, al igual que para
otros retratistas de lo familiar que suelen colaborar estrechamente.
El "tono directorial" ha dado lugar a todo tipo
de prácticas "metadocumentales".
Para una generación de artistas australianos que
creció, siguiendo el ejemplo británico, leyendo
The Face, la línea entre el arte y la moda se difumina
de manera prolífica. Este "efecto Wolfgang Tillmans"
echa el gancho a una cultura-del-háztelo-tú-mismo
en la que los ejercitantes emergen en pequeños espacios
gestionados por artistas que mantienen unas relaciones personales
directas con la escena de moda local. En un país
con demasiadas pocas personas capaces de sostener una industria
de publicaciones fotográficas viable, la aparición
reciente de dos glamourosas revistas que abarcan tanto el
campo del arte como el de la moda -Processed y Doing Bird-
constituye una noticia grata para muchos artistas emergentes.
Personajes emprendedores como Pierre Toussaint y Max Doyle
están abriendo conexiones internacionales fuera de
los circuitos establecidos del arte.
Para algunos de los más conocidos artistas australianos
representados en ARCO -Laing, Piccinini, Destiny Deacon
y Brook Andrew-, los medios artísticos basados en
la fotografía sólo constituyen una parte de
una práctica más amplia que, a menudo, implica
el abordaje de otras disciplinas. Laing y Piccinini utilizan
también objetos escultóricos y videoinstalaciones
en sus comentarios acerca de la contemporánea cultura
tecno. Entretanto, artistas indígenas como Deacon
y Andrew utilizan un incisivo humor "negro" con
el fin de subvertir estereotipos racistas. El popular estallido
del mito de terra nullius en los primeros años de
los 90 coincidió con un florecimiento de la práctica
artística indígena basada en la fotografía
y cohesionada por temas políticos comunes. En este
período pudimos ver obras aventajadas de reescenificaciones
etnográficas de artistas tales como Leah King-Smith,
Fiona Foley, Rea y Moffatt. Más recientemente y dentro
de un paisaje político cada vez más conservador,
atascado en un proceso de reconciliación entre australianos
negros y blancos, una artista como Brenda L. Croft funde
en su obra la rabia con la melancolía.
Si tenemos en cuenta la postura del gobierno australiano
respecto a los refugiados, acaso lo más tópico
en los años más recientes sean las exploraciones
novedosas de las diferencias culturales realizadas por artistas
como Cherine Fahd y Simrym Gill. A diferencia de sus predecesores
que documentaron comunidades étnicas para que adquiriesen
visibilidad política, estas artistas rechazan el
romance del multiculturalismo al tiempo que reniegan de
moralinas baratas. En su lugar, crean imaginerías
altamente performativas que se manifiestan a modo de fraguados
gestos producidos cual signos sobre la superficie del cuerpo.
Más que una extensión del "factor distintivo"
asociado al cine australiano, estas imágenes constituyen
una vital expresión de las identidades híbridas
de un país cuyo futuro permanece, a pesar de todo,
abierto a la negociación.
(*) Daniel Palmer es escritor, comisario y profesor, como
también coordinador del Departamento de Información
del Centre for Contemporary Photography (Melbourne).
| |
Bill Henson: La serie ‘Naked Youth’está
formada por alrededor de 300 fotografías de
gran formato –180x130 cm.– tomadas entre
1999 y 2002. Estas imágenes tienen un fuerte
carácter narrativo, casi cinematográfico,
con fuertes contrastes lumínicos que recuerdan
a pintores como Caravaggio, Mantegna o Fussi y a directores
de cine como David Lynch o Atom Egoyam... |
| |
Tracey Moffatt:
De ascendencia aborigen, se cría en los suburbios
en el seno de una familia blanca y en 1982 obtiene
la licenciatura de Comunicación Audiovisual
en el Queensland College of Art. Realiza una obra
de fuerte contenido autobiográfico que tiene
en su punto de mira los estereotipos sociales y cuestiones
como la raza, el género o la identidad sexual. |
| |
Polixeni Papapetrou: Su obra figura en
colecciones públicas y privadas entre las que
se ecuentran: National Gallery of Victoria; State
Library of Victoria; Museum of Contemporary Art, Sydney
National Library of Australia; Ballarat Fine Art Gallery,
Victoria; Monash Gallery of Art, Victoria; Artbank;
Bendigo Art Gallery, Victoria. |
| |
Anne Ferran: Nacida en Sydney en 1949.
Vive y trabaja en Sydney, New South Wales. Exposiciones
individuales (más de 20): Australian Centre
for Photography, Sydney; Plug In Gallery, Winnipeg;
Dunedin Public Art Gallery, Dunedin. Exposiciones
colectivas (más de 40): France, Germany, Canada,
USA, Philippines, Indonesia, Malaysia, Singapore.
|
| |
Darren Sylvester:
Nacido en Sydney (1974). Vive y trabaja en Melbourne,
Victoria. En la actualidad trabaja como escritor y
diseñador gráfico. Premios y becas:
Arts Victoria, Cultural Development Fund 2001; Arts
Victoria, Arts Development Fund 1999; Ian Potter Cultural
Trust 2001. |
| |
Anne Zahalka: Se
labró una significativa reputación en
los años 80 con sus retratos posmodernos, que
hacían irónicas referencias a la Historia
del arte y a medios de comunicación populares
como las revistas de tendencias y estilos de vida
(life-style magazine). En su proyecto más reciente
investiga el lugar central que ocupa el ocio dentro
de la cultura australiana... |
| |
Patricia
Piccinini: Nacida en Freetown, Sierra
Leona (1965). Vive en Australia desde 1972. Estudios:
Licenciada en Arte (Pintura), Victorian College of
the Arts, Licenciada en Arte (Economic History), Australian
National University, diploma en Italian Language,
Universita di Firenze, Florence. |
| |
Glenn Sloggett: Nacido
en Brisbane en 1964, Australia. Escapado a Melbourne
a los 21 años de edad. Vive y trabaja en Melbourne,
Victoria. Su obra figura en colecciones públicas
y privadas entre las que se incluyen: Albury Regional
Art Gallery, NSW. |
| |
Martin Walch:
Nacido en Hobart (1964). Vive y trabaja en Hobart,
Tasmania. Su obra figura en colecciones públicas
y privadas entre las que se incluyen: Tasmanian Museum
and Art Gallery, Hobart. Exposiciones colectivas (más
de 15): Australian Centre for Photography, Sydney;
Adelaide Biennial of Australian Art; SOFA, New York. |
| |
Pat Brassington:
Su obra figura en coleciones públicas y privadas
entre las que se incluyen: Artbank; Art Gallery of
New South Wales; Art Gallery of South Australia; Burnie
Regional Gallery, Tasmania; Devonport Gallery and
Art Centre, Tasmania; Fremantle Arts Centre, Western
Australia; Geelong Art Gallery, Victoria...
|