- Leer: Entrevista con Mahmoudan
Hawad -
I
Mirada torcida,
nervio del sílex,
Satán desnudo,
de pie,
desde que nací,
sostengo el vértigo
de los horizontes.
Si no es la sed
¿qué astilla
me servirá de entablillado?
Espasmo intestinal,
Hambre en carne viva,
Espina que brotará
del vacío,
Dardo solitario
de las márgenes del dolor
arrastrando la estela
de su párpado fraterno
hasta la raíz
de mi pupila.
Y sin embargo nada.
Nada
excepto la bruma
y el espejismo lejano
jadeante, vacilante
despuntándose las pestañas
sobre el desierto como yo.
Y de lado de acá,
y más lejos,
no veo
más que enormes intestinos
cual humanoides boas
abriendo con desmesura una garganta
que entre cielo y tierra
Engulle lo absoluto
para gritar de nuevo.
Estertor.
Abren el gaznate
y aun engullen
sus últimas tripas.
En todas partes donde el poder
de los intestinos reina
sobre la mirada
ningún otro qué mirar.
II
Bajo el febril entusiasmo amarilla
de una luna grávida,
me arrodillo y de repente,
cuerda del espasmo,
heme aquí hecho un ovillo.
Esguince
yo me acuclillo
sobre la piedra,
baliza del viento
que orientará mi tumba.
Toda fortuna
calambre de mi aflicción,
yo la reconduzco
al marco de mi medida,
la endecha del grillo
afilada por la pena.
Enhiesto, asaeto
la tormenta de la noche.
Traspaso el eclipse,
estratos de aquí
y del otro mundo
hasta el fondo del no fondo.
Tinieblas.
Mi razón espina
se embota
sobre la acre evidencia
eco ya conocido de Abel
frente a la mirada
de Caín, su hermano.
y la voz
de raíz y de guijarro
se queja.
- Oh hijo de Adán
no existe otro abismo ni vértigo
como la ausencia de ideal.
¡Ay! Compañero,
si has comprendido bien,
por qué reventar también tú
las pupilas de nuestro astro,
simplemente
por el semblante nórdico
de un euro
ya pelado y ciego
por las cálidas lágrimas
de los latinos
que no lo palparán.
III
Atrás, bajo sus pezuñas,
el abismo de la noche.
El minotauro está de pie
sobre el vértigo.
Su clavícula es polea,
su mirada, cordón nutricio.
Ante él, el incógnito desierto.
Su vista, horizonte, irriga el vacío,
Tablilla de su desencanto.
Enhiesto hacia el cielo
cantando se estira.
- Sobre nuestros dorsos de escorpión
magros y negros,
cargamos derrotas y duelos
desórdenes y costras
de un siglo XX
que agoniza.
Se inclina, recoge
un sílex rojo
y erguido, lo lanza a la faz
del moribundo sol.
Eh, oye, atrapa eso
En tu ceja.
Eso te ayudará a nacer mañana
Con puntudas pestañas nuevas.
Y él grita al astro aborto que brota
sobre la arista de su crepúsculo
- Del carcaj ya, un nuevo ideal
tírame
y te atormentaré con flores
de otros universos,
días
sobre la frente de la piedra.
¡Mi rostro,
aurora y crepúsculo fundidos
en un molde sordo!
¡Nuestro horizonte de escudillas
por una escudilla de horizontes!