Dos enormes cuadros presidieron la vida del pintor brasileño
Cícero Dias: el Guernica de Picasso y una
obra propia, también gigantesca, con la que en 1931
asombró a todos los que asistieron al Salón
Nacional de Arte de Río de Janeiro: Yo vi el
mundo... comenzaba en Recife.
En 1954, Dias logró, por el asequible precio de
una indigestión, convencer a Picasso para que enviase
el Guernica a la Bienal de Sao Paulo. La discusión
durante aquel almuerzo en Antibes fue tensa, pero ambos
eran amigos de largos años, desde que en 1937 el
brasileño llegara a París huyendo del dictatorial
Estado Novo impuesto por Getúlio Vargas.
Cícero Dias falleció recientemente en París,
a los 95 años. Siempre le incomodó ser catalogado
—“¡La palabra moderno no quiere decir
nada!”—, pero desde hace tiempo se sabía
el último eslabón del modernismo brasileño.
Él mismo recordaba sus dos impulsos hacia la pintura:
las clases de su tía Angelina y, sobre todo, un hallazgo
que presidiría su pintura como una obsesión:
el verde de Recife, el de los cañaverales playa adentro
y el del mar; “En aquella época se pintaba
azul el mar del Noreste, ¡pero era verde!”.
Aun en sus pinturas más abstractas era fácil
reconocer en el color la memoria de Recife, que le acompañó
inmutable mientras por su vida desfilaban décadas
y estilos: primitivismo, abstracción, lirismo, geometría...
A los 15 años, cambió esos paisajes por los
de Río de Janeiro y las lecciones de Angelina por
las aulas de Arquitectura de la Escuela Nacional de Bellas
Artes. Fue un mal paso: abandonó en el último
curso y siguió pintando por su cuenta la atmósfera
fantástica del surrealismo.
En 1931, con sólo 24 años, presentó
la obra que hubiera bastado para darle fama el resto de
su vida: Eu vi o mundo... ele començava no Recife.
En el cuadro mural de quince por dos metros, Cícero
hacía una genealogía de su tierra.
El impacto de la obra fue enorme. El público y los
críticos quedaron boquiabiertos. Las autoridades,
aturdidas, sólo atinaron a censurar “por inmorales”
tres metros de la pintura. No fue una sorpresa para Dias:
algún espectador disconforme ya había atacado
con un cuchillo algunas de sus obras.
Al igual que sus trabajos, sus ideales izquierdistas chocaron
con el autoritarismo en el que Brasil se anquilosaba. Aconsejado
por su gran amigo y artista, Di Cavalcanti, Dias escogió
el exilio voluntario en París.
Al año siguiente de su llegada, hacía su
primera exposición en Francia. Fue un éxito.
Sus colores fuertes y la libertad modernista de sus formas
presentaron a Monsieur Cicinho como un salvaje
espléndidamente civilizado. Entre sus admiradores
y amigos se encontraba Pablo Picasso. Con los años,
ambos llegarían a compartir charlas artísticas
y desahogos políticos: el brasileño quejándose
de la situación de su país y el malagueño
lamentando la pasividad de Francia ante el drama de la Guerra
Civil española. Dias se casó con la francesa
Raymonde; y el padrino de Sylvia, su única hija,
fue Picasso.
En 1942, con la entrada de Brasil en la II Guerra Mundial,
un guardia suspicaz y una confución acabaron con
Dias en la prisión alemana de Baden-Baden. Él
y otros compatriotas fueron canjeados por un grupo de prisioneros
nazis.
Tras el trueque, Dias debía, supuestamente, regresar
a su país. Pero sólo llegó hasta Lisboa.
Desde allí, regresa clandestinamente al sur de Francia
para hacerse con el poema Liberté, de Paul
Eluard. Después de contactar con el poeta, Dias cruza
de nuevo la frontera con España para regresar a Lisboa.
Una vez a salvo, transmite a Inglaterra el texto de Eluard:
poco después, la Royal Air Force lanzaba sobre suelo
francés millares de copias de Liberté.
Por este episodio, Francia le concedió la Orden Nacional
del Mérito.
Acabada la guerra, Dias se instaló definitivamente
en París. Sin embargo, hacía frecuentes viajes
a Brasil. El último, en el año 2002, para
la presentación del libro Cícero Dias,
una vida para la pintura. Había rebasado los
90 años y añadido a su elegante aspecto un
bastón que le servía para compensar la edad
y el eterno vaso de whisky.
Murió a las nueve de la mañana, hora de Recife,
en su residencia parisina de Rué Long Champ. Su mujer,
su hija y sus dos nietos acompañaron el entierro
en Montparnasse.
Cícero Dias, pintor brasileño, nació
el 5 de marzo de 1907 en Pernambuco y falleció el
28 de enero de 2003 en París.